{"id":2050,"date":"2025-05-08T17:54:41","date_gmt":"2025-05-08T22:54:41","guid":{"rendered":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/?post_type=enciclopedia_virtual&#038;p=2050"},"modified":"2025-09-22T13:36:32","modified_gmt":"2025-09-22T18:36:32","slug":"perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion","status":"publish","type":"enciclopedia_virtual","link":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/","title":{"rendered":"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans"},"content":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n entre el feminismo y la teor\u00eda y pol\u00edtica trans es sorprendentemente conflictiva. El objetivo de esta entrada es esbozar algunos de los principales problemas filos\u00f3ficos en sus intersecciones, lo cual solo puede lograrse atendiendo a la historia de la pol\u00edtica feminista y trans tal como se ha desarrollado en los Estados Unidos. Lo \u201ctransg\u00e9nero\u201d como pol\u00edtica y los \u201cestudios trans\u201d como el gemelo de los \u201cestudios queer\u201d (Stryker 2004) surgieron a principios de la d\u00e9cada de 1990, y esta emergencia est\u00e1 entrelazada con la teor\u00eda y la pol\u00edtica feminista, as\u00ed como con la teor\u00eda y la pol\u00edtica queer. (Estos t\u00e9rminos se explicar\u00e1n m\u00e1s adelante). En consecuencia, esta entrada seguir\u00e1 un orden aproximadamente cronol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Uno de los principales conjuntos de temas filos\u00f3ficos se relaciona con concepciones en competencia sobre el yo y su relaci\u00f3n con el cuerpo sexuado y el g\u00e9nero. (El sexo biol\u00f3gico suele distinguirse del g\u00e9nero, entendido como los roles culturales asignados en funci\u00f3n del sexo). \u00bfExiste el yo antes de la instituci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero? \u00bfEs el sexo el \u201chardware\u201d sobre el cual se ejecuta el programa del g\u00e9nero, o el sexo mismo es enteramente cultural? Si el yo est\u00e1 irrevocablemente inmerso en el g\u00e9nero como construcci\u00f3n cultural, \u00bfc\u00f3mo es posible resistir la opresi\u00f3n de g\u00e9nero? Adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo deber\u00edan las respuestas a estas preguntas informar la teor\u00eda y la pol\u00edtica feminista? \u00bfY c\u00f3mo deber\u00edan informar la teor\u00eda y la pol\u00edtica trans?<\/p>\n<p>Otro conjunto de temas est\u00e1 relacionado con las dificultades pol\u00edticas y filos\u00f3ficas de formular una teor\u00eda de la opresi\u00f3n de g\u00e9nero y estrategias de resistencia cuando se reconocen m\u00faltiples modalidades de opresi\u00f3n: si las personas trans son oprimidas como personas trans y las mujeres son oprimidas como mujeres, entonces parecer\u00eda necesario un marco que contemple al menos dos modalidades distintas de opresi\u00f3n de g\u00e9nero. \u00bfEstas dos modalidades conducen inevitablemente a pol\u00edticas en conflicto entre s\u00ed? Y si es as\u00ed, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edamos dar cuenta de quienes son oprimidas tanto como mujeres como personas trans? \u00bfC\u00f3mo es posible construir coaliciones entre feministas no trans y activistas trans? \u00bfD\u00f3nde se encuentran los puntos en com\u00fan? \u00bfD\u00f3nde surgen las tensiones?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"indice\"><\/a><b>\u00cdndice<\/b><\/h2>\n<p><a href=\"#_Toc197554791\">1. Terminolog\u00eda<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554792\">2. El fen\u00f3meno transexual<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554793\">3. El imperio transexual<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554794\">4.\u00a0El <em>imperio<\/em> contraataca<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554795\">4.1. El Manifiesto<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554796\">4.2. Ciborg y mestiza<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554797\">4.3. El paradigma transg\u00e9nero<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554798\">5. El (trans) g\u00e9nero en disputa<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554799\">5.1. El g\u00e9nero en disputa<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554800\">5.2. Cuerpos que importan<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554801\">5.3. Las cr\u00edticas trans a Butler<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554802\">5.4. Deshaciendo el g\u00e9nero<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554803\">6. La tecnolog\u00eda y la producci\u00f3n del g\u00e9nero<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554804\">7. Guerras fronterizas Butch\/FTM y habitantes de zonas fronterizas<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554805\">7.1. Masculinidad femenina<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554806\">7.2. No hay lugar como el hogar<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554807\">7.3. Encontrar una voz en las fronteras<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554808\">8. Solidaridad feminista despu\u00e9s de la teor\u00eda queer<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554809\">8.1. Jud\u00edos seculares y mujeres transexuales<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554810\">8.2. El g\u00e9nero como relacional<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554811\">8.3. Analog\u00edas de raza\/sexo<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554812\">8.4. Identidades aspirantes<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554813\">9. La fenomenolog\u00eda de la corporeizaci\u00f3n trans<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554814\">10. Hacia un trans\/feminismo<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554815\">10.1. Un manifiesto transfeminista<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554816\">10.2. Manifiesto de las mujeres trans<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554817\">10.3. Personas enga\u00f1adoras malvadas o simuladoras<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc197554818\">11. Conclusi\u00f3n<\/a><\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554791\"><\/a><strong>1. Terminolog\u00eda<\/strong><\/h1>\n<p>El t\u00e9rmino <em>transg\u00e9nero<\/em> a menudo se utiliza para referirse a personas que \u201cno se ajustan a las expectativas predominantes sobre el g\u00e9nero\u201d al presentar y vivir g\u00e9neros que no les fueron asignados al nacer, o al presentar y vivir g\u00e9neros de formas que pueden no ser f\u00e1cilmente inteligibles en t\u00e9rminos de concepciones de g\u00e9nero m\u00e1s tradicionales. Empleado como t\u00e9rmino paraguas, por lo general busca agrupar a varios tipos diferentes de personas, como las transexuales, <em>drag queens<\/em> y <em>kings<\/em>, algunas lesbianas <em>butch<\/em> y travestidos masculinos (heterosexuales). Anteriormente, el t\u00e9rmino <em>transgenerista<\/em> hab\u00eda sido empleado por Virginia Prince, pionera del movimiento travesti en Estados Unidos, para designar a una persona que vive en el g\u00e9nero \u201copuesto\u201d al que le fue asignado al nacer, pero que no es un transexual (Stryker 2008, 123). Tal parece que Leslie Feinberg fue una de las primeras en utilizarlo como un t\u00e9rmino paraguas pol\u00edtico (<em>ibid.<\/em>).<\/p>\n<p>En la actualidad, el t\u00e9rmino reivindica la postura pol\u00edtica \u2014especialmente en los Estados Unidos anglosajones\u2014 de resistencia a la patologizaci\u00f3n m\u00e9dica de las personas trans. Esto lo sit\u00faa en oposici\u00f3n <em>prima facie<\/em> a la antigua noci\u00f3n de <em>transexual<\/em> (al menos en el sentido m\u00e1s tradicional de esa palabra). El t\u00e9rmino <em>transg\u00e9nero<\/em> se utiliza tambi\u00e9n en ocasiones como equivalente a <em>transgenerista<\/em>, para referirse a las personas que viven a tiempo completo en un rol distinto al que se les asign\u00f3 al nacer, pero que no se consideran a s\u00ed mismas transexuales.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino <em>transexual<\/em> se emplea con frecuencia para referirse a personas que utilizan tecnolog\u00edas hormonales y\/o quir\u00fargicas para modificar sus cuerpos con el fin de adecuarse a su percepci\u00f3n generizada de s\u00ed mismas, de maneras que puedan ser construidas en contradicci\u00f3n con el sexo asignado al nacer o de maneras que podr\u00edan no ser f\u00e1cilmente inteligibles desde el punto de vista de las concepciones tradicionales de los cuerpos sexuados. Tambi\u00e9n podr\u00eda utilizarse para referirse a personas que se autoidentifican y viven como el sexo \u201copuesto\u201d al que se les asign\u00f3 al nacer. La condici\u00f3n de ser transexual ha sido recogida por los t\u00e9rminos transexualismo y transexualidad, el \u00faltimo de los cuales se utilizar\u00e1 en este texto.<\/p>\n<p>Tradicionalmente, el t\u00e9rmino <em>transexual<\/em> ha estado vinculado con nociones psiqui\u00e1tricas como la disforia de g\u00e9nero y tambi\u00e9n se ha asociado a la met\u00e1fora \u201catrapado en el cuerpo equivocado\u201d. El t\u00e9rmino (escrito con una s en ingl\u00e9s) fue utilizado por primera vez en ingl\u00e9s por David Caldwell. Luego fue popularizado por Harry Benjamin (escrito con dos s en ingl\u00e9s). En la actualidad, el t\u00e9rmino <em>transexual<\/em> tambi\u00e9n se ha utilizado de manera que se puede adaptar y ser subsumido en el t\u00e9rmino m\u00e1s reciente de transg\u00e9nero (dependiendo, en parte, de la postura pol\u00edtica de cada quien). Tambi\u00e9n puede utilizarse como t\u00e9rmino pol\u00edtico para indicar una ruptura con el t\u00e9rmino <em>transg\u00e9nero<\/em> y como posible impugnaci\u00f3n de la ideolog\u00eda pol\u00edtica subyacente del \u201cmovimiento transg\u00e9nero\u201d.<\/p>\n<p><em>FTM<\/em> y <em>MTF<\/em> son abreviaturas de <em>female-to-male<\/em> y <em>male-to-female<\/em>. Originalmente estuvieron relacionadas con el discurso transexual (m\u00e9dico) para referirse a las personas que transicionan\u00a0 al sexo \u201copuesto\u201d. En la actualidad se emplean de maneras que se alejan de este discurso m\u00e9dico y pueden emplearse de forma m\u00e1s amplia para referirse a personas que pasan de ser hombres (o mujeres) asignados al nacer hacia la \u201cotra\u201d direcci\u00f3n. Tambi\u00e9n pueden utilizarse como t\u00e9rminos primitivos (no definidos). Esto significa que no se tratan como abreviaturas que indican la transici\u00f3n de un sexo a otro; en cambio, se utilizan simplemente para categorizar a las personas de forma an\u00e1loga a las categor\u00edas <em>hombre<\/em> y <em>mujer<\/em>.<\/p>\n<p><em>Queer<\/em> es un t\u00e9rmino pol\u00edtico y te\u00f3rico y una reivindicaci\u00f3n de una palabra utilizada como insulto. En t\u00e9rminos pol\u00edticos, estuvo asociada con grupos como Queer Nation y se utiliza como t\u00e9rmino paraguas para aplicarlo a las personas que con frecuencia son asociadas con las categor\u00edas lesbiana, gay, bisexual y trang\u00e9nero (LGBT). Generalmente indica una oposici\u00f3n a las categor\u00edas basadas en la identidad y se\u00f1ala un fuerte rechazo a la \u201cheteronormatividad\u201d (b\u00e1sicamente: los acuerdos sociales y sexuales que se dan por sentados en una visi\u00f3n del mundo heterosexual-centrada). Dicho a grandes rasgos, la <em>Teor\u00eda Queer<\/em> se aplica al trabajo te\u00f3rico \u2014t\u00edpicamente inspirado en Foucault y Derrida\u2014 que pretende estudiar y \u201cdeconstruir\u201d la ideolog\u00eda heteronormativa. Surgi\u00f3 en la d\u00e9cada de 1990 a trav\u00e9s de pensadoras como Judith Butler y Eve Kosofsky Sedgwick. El t\u00e9rmino <em>g\u00e9nero-queer<\/em> se basa en la fuerza pol\u00edtica de <em>queer<\/em>. Se utiliza como t\u00e9rmino de autoidentificaci\u00f3n por parte de personas que no adhieren a la divisi\u00f3n binaria tradicional entre macho\/hembra, hombre\/mujer y masculino\/femenino. Una persona que se autoidentifica puede reivindicar ambos sexos o g\u00e9neros, ninguno de ellos o una mezcla compleja de ellos.<\/p>\n<p>Desde aproximadamente el a\u00f1o 2010, el t\u00e9rmino <em>trans<\/em>* se ha empleado en lugar de <em>transg\u00e9nero<\/em> y <em>trans<\/em> para ofrecer m\u00e1s posibilidades. Una de las razones para esto es que muchas de las personas que se autoidentifican como trans (o como transg\u00e9nero) se identifican como hombres o mujeres y, por lo tanto, se sit\u00faan de alguna manera dentro de las categor\u00edas binarias tradicionales. En consecuencia, quienes no se sit\u00faan dentro del binario (por ejemplo, las personas g\u00e9nero-queer) quedan efectivamente excluidas, a pesar de la intenci\u00f3n original de que el t\u00e9rmino transg\u00e9nero sea un t\u00e9rmino paraguas inclusivo. Desafortunadamente, desde su introducci\u00f3n, el t\u00e9rmino tambi\u00e9n se utiliza con frecuencia como un adjetivo que se a\u00f1ade a mujer u hombre (como en hombre trans* y mujer trans*) en un esfuerzo de inclusi\u00f3n bien intencionado. Sin embargo, el problema es que este uso puede reproducir el mismo problema que condujo a la introducci\u00f3n de trans* en primer lugar, al generar la expectativa de que las personas trans* son o bien hombres trans* o bien mujeres trans*, eludiendo as\u00ed las identidades trans* que se resisten a ser colocadas dentro de un binario de g\u00e9nero. Adem\u00e1s, es posible que muchas personas trans no se autoidentifiquen como trans*, por lo que existe el problema de imputar err\u00f3neamente identidades (y agendas pol\u00edticas) que van en contra de las autoidentificaciones.<\/p>\n<p>En este texto, <em>trans<\/em> se emplear\u00e1 como marcador de posici\u00f3n para las tensiones pol\u00edticas posiblemente productivas que se han discutido antes (transexual vs. transg\u00e9nero, trans* vs. transg\u00e9nero). Dado que muchas formas de transfobia involucran la categorizaci\u00f3n de personas en contra de su propia percepci\u00f3n de s\u00ed mismas, es necesario tener cuidado al aplicar los t\u00e9rminos a personas que pueden no autoidentificarse con ellos. Por lo tanto, el uso del t\u00e9rmino <em>trans<\/em> no debe entenderse como uno que atribuye una identidad o una visi\u00f3n pol\u00edtica compartida. Se trata m\u00e1s bien de un t\u00e9rmino funcional restringido \u00fanicamente a este texto, y no se pretende invocar una categor\u00eda compartida entre diversas personas. Las expresiones <em>mujeres trans<\/em> y <em>hombres trans<\/em> se utilizar\u00e1n para referirse a las personas MTF y FTM que se autoidentifican como mujeres y hombres respectivamente (donde <em>trans<\/em> funciona como un marcador de posici\u00f3n restringido al contexto debido a las tensiones pol\u00edticas antes mencionadas).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554792\"><\/a><strong>2. El fen\u00f3meno transexual<\/strong><\/h1>\n<p>Hasta el a\u00f1o 2013, el Desorden de Identidad de G\u00e9nero hab\u00eda sido una categor\u00eda de diagn\u00f3stico tanto del DSM-IV-TR (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) de la Asociaci\u00f3n Americana de Psiquiatr\u00eda y de la CIE-10 (Clasificaci\u00f3n Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud) de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud. El m\u00e1s reciente DSM-V sustituye la categor\u00eda de diagn\u00f3stico de Desorden de Identidad de G\u00e9nero por la de Disforia de G\u00e9nero en un esfuerzo por reducir la estigmatizaci\u00f3n. No obstante, las experiencias trans siguen estando incluidas en las categor\u00edas de diagn\u00f3stico de los manuales que proporcionan criterios sobre trastornos mentales.<\/p>\n<p>Si bien la homosexualidad se elimin\u00f3 del DSM como categor\u00eda de diagn\u00f3stico en 1973, la transexualidad se a\u00f1adi\u00f3 en el DSM-III de 1980. Sin embargo, la visi\u00f3n de la transexualidad y otros fen\u00f3menos trans-relacionados como condiciones psiqui\u00e1tricas y\/o m\u00e9dicas tiene una historia mucho m\u00e1s larga. Sin duda, no todas las descripciones de los fen\u00f3menos trans fueron patologizantes (de hecho, algunas ten\u00edan como objetivo la liberaci\u00f3n pol\u00edtica). Sin embargo, queda claro que los primeros debates acad\u00e9micos sobre el fen\u00f3meno trans se desarrollaron en el campo de la sexolog\u00eda \u2014el estudio \u201ccient\u00edfico\u201d de la sexualidad humana\u2014. Algunos de los pensadores m\u00e1s destacados son Karl Heinrich Ulrichs, Richard von Krafft-Ebing ([1886] 1965), Havelock Ellis ([1905] 1942) y Magnus Hirshfeld ([1910] 1991).<\/p>\n<p>A principios del siglo XX, los cient\u00edficos europeos empezaron a experimentar con el \u201ccambio de sexo\u201d (Meyerowitz 2002, 16-21). En 1953, la protagonista medi\u00e1tica Christine Jorgensen se hab\u00eda convertido en la primera \u201ccelebridad\u201d transexual MTF en los Estados Unidos y se encendi\u00f3 la controversia cient\u00edfica sobre si la transexualidad era una condici\u00f3n psicol\u00f3gica o f\u00edsica (Meyerowitz 2002). Si bien la primera postura (entonces dominante en Estados Unidos) sosten\u00eda que el fen\u00f3meno trans era de naturaleza puramente psicol\u00f3gica y deb\u00eda tratarse en t\u00e9rminos psicoterap\u00e9uticos para \u201ccurar la enfermedad mental\u201d, la segunda (modelo europeo) sosten\u00eda una \u201cteor\u00eda de la bisexualidad\u201d que sustentaba que hab\u00eda una mezcla f\u00edsica de hombre y mujer en todos los seres humanos y que los casos especiales daban lugar a una condici\u00f3n de \u201csexo mixto\u201d que en algunos casos justificaba la intervenci\u00f3n quir\u00fargica (Meyerowitz 2002, 98-129).<\/p>\n<p>Los trabajos de John Money, Joan Hampson y John Hampson sobre la intersexualidad (el hecho de tener caracter\u00edsticas biol\u00f3gicas tanto femeninas como masculinas) condujeron a la introducci\u00f3n del t\u00e9rmino t\u00e9cnico <em>g\u00e9nero<\/em> (1955). Estas investigaciones pretend\u00edan eludir el debate entre la psicolog\u00eda y la biolog\u00eda, argumentando que, si bien la capacidad de aprender un rol y una orientaci\u00f3n de g\u00e9nero (como un lenguaje) ten\u00eda una base biol\u00f3gica, el rol y la orientaci\u00f3n nativos espec\u00edficos que se aprend\u00edan (como el lenguaje) depend\u00edan del entorno social, el cual se \u201cfijaba\u201d a una edad muy temprana (1957). Posteriormente, Robert Stoller y Ralph Greenson acu\u00f1aron en 1964 la expresi\u00f3n <em>identidad de g\u00e9nero<\/em>, que ayud\u00f3 a separar en t\u00e9rminos terminol\u00f3gicos la noci\u00f3n de rol social de la noci\u00f3n psicol\u00f3gica del sentido-del-yo. Finalmente, fue adoptada por personas de la talla de Money y Harry Benjamin (Meyerowitz 2002, 117-9), y aunque continu\u00f3 el debate sobre la etiolog\u00eda, las perspectivas que consideran tanto la biolog\u00eda como el entorno social en la determinaci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero lograron de alg\u00fan modo una mayor prominencia (Meyerowitz 2002, 119). En particular, seg\u00fan estos puntos de vista, la identidad de g\u00e9nero es una demanda biol\u00f3gica en la medida en la que la capacidad de la identidad de g\u00e9nero (como la capacidad del lenguaje) se considera innata. Este punto de vista parece sugerir que el g\u00e9nero, al igual que el lenguaje, forma parte integral del yo humano.<\/p>\n<p>En 1966, Benjamin public\u00f3 el hist\u00f3rico libro <em>The Transsexual Phenomenon<\/em>, y ese mismo a\u00f1o se inaugur\u00f3 el programa de cirug\u00eda de reasignaci\u00f3n de sexo en la Universidad Johns Hopkins, desatando un periodo de grandes cl\u00ednicas de identidad de g\u00e9nero basadas en universidades que dur\u00f3 hasta finales de los a\u00f1os 1970. Al cerrarse el programa en la universidad Johns Hopkins en 1979, ya se hab\u00eda formado la Asociaci\u00f3n Internacional de Disforia de G\u00e9nero Harry Benjamin (desde entonces redenominada como Asociaci\u00f3n Mundial de Profesionales para la Salud Transg\u00e9nero o WPATH, por sus siglas en ingl\u00e9s) y hab\u00eda aprobado criterios estandarizados para el tratamiento de personas transexuales. Un a\u00f1o despu\u00e9s, el <em>transexualismo<\/em> se incluy\u00f3 en el DSM.<\/p>\n<p>De manera notable, hasta principios de los a\u00f1os 1990, el medio a trav\u00e9s del cual las personas transexuales escrib\u00edan sobre sus propias experiencias era en gran medida la autobiograf\u00eda. Algunos ejemplos son <em>The Story of a Transsexual<\/em> (1977) de Canary Conn, <em>Emergence: A Transsexual Autobiography<\/em> (1977) de Mario Mario, y <em>Conundrum: An Extraordinary Narrative of Transsexualism<\/em> (1986) de Jan Morris.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554793\"><\/a><strong>3. El imperio transexual<\/strong><\/h1>\n<p>Muchas de las primeras aproximaciones feministas no-trans acerca de las personas transexuales estaban impregnadas de hostilidad. Uno de los primeros ejemplos de reacciones feministas no-trans hacia las mujeres trans fue la expulsi\u00f3n de Beth Elliott de las Hijas de Bilitis y la posterior controversia sobre su participaci\u00f3n en la Conferencia de Lesbianas de la Costa Oeste en Los \u00c1ngeles en 1973 (Stryker 2008). En dicha conferencia, Robin Morgan acus\u00f3 a Elliot de \u201coportunista, infiltrada y destructora \u2014con la mentalidad de una violadora\u2014\u201d (Morgan 1978, 181). Este tema de la \u201cviolaci\u00f3n\u201d tambi\u00e9n puede encontrarse en <em>Gyn\/Ecology<\/em> de Mary Daly (1978, 71). Una versi\u00f3n m\u00e1s elaborada se encuentra en <em>The Transsexual Empire: The Making of the She-Male <\/em>(1979) de Janice Raymond, donde esta autora escribe:<\/p>\n<p>Todas las personas transexuales violan los cuerpos de las mujeres al reducir la forma femenina real a un artefacto, apropi\u00e1ndose de este cuerpo para s\u00ed mismas. Sin embargo, la transexual construida como lesbiana-feminista viola tambi\u00e9n la sexualidad y el esp\u00edritu de las mujeres. La violaci\u00f3n, aunque suele hacerse por la fuerza, tambi\u00e9n puede llevarse a cabo mediante el enga\u00f1o. (104)<\/p>\n<p>La tesis de que las personas transexuales MTF son violadoras porque se apropian de los cuerpos de las mujeres para s\u00ed mismas o mediante el enga\u00f1o es dif\u00edcil de evaluar, ya que no parece haberse presentado argumentos en su defensa. Sin embargo, merece la pena intentar dejar de lado estas representaciones extremas para aislar los supuestos centrales que fundamentan la posici\u00f3n de Raymond, as\u00ed como para apreciar su cr\u00edtica feminista a la transexualidad como fen\u00f3meno m\u00e9dico.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n de Raymond se apoya en un subtexto escrito entre l\u00edneas sobre el sexo, seg\u00fan el cual el sexo existe como algo dado antes de las maquinaciones de la cultura; los roles sexuales sociales se asignan entonces sobre la base del sexo (Raymond no suele utilizar el t\u00e9rmino <em>g\u00e9nero<\/em>, prefiriendo, en su lugar, la expresi\u00f3n <em>rol sexual<\/em>). La pertenencia a la categor\u00eda <em>mujer<\/em> viene determinada por los cromosomas y por la historia de la experiencia de la persona asignada a un rol sexual (1979, 4, 18, 114). A la luz de esto, Raymond sostiene que las personas transexuales MTF son realmente hombres y los transexuales FTM son realmente mujeres. La \u00faltima condici\u00f3n (la historia de la experiencia) es importante al se\u00f1alar que las personas transexuales MTF han evitado la historia de los da\u00f1os causados a las mujeres que han sufrido toda una vida bajo la opresi\u00f3n del rol sexual. Sin embargo, vale la pena reconocer que, si bien las personas MTF podr\u00edan haber evitado esta opresi\u00f3n antes de la transici\u00f3n, muchas de ellas sufren acoso sexual y discriminaci\u00f3n en el lugar de trabajo, la amenaza de todas las variantes de violaci\u00f3n, el trabajo sexual de supervivencia y la violencia dom\u00e9stica <em>despu\u00e9s<\/em> de la transici\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, algunas personas MTF viven como mujeres desde una edad muy temprana.<\/p>\n<p>Un segundo supuesto subyacente de la posici\u00f3n de Raymond es que la opresi\u00f3n que experimentan las personas transexuales (y las personas trans en general) no es m\u00e1s que un aspecto de la opresi\u00f3n sexista impuesta a trav\u00e9s del rol sexual (1979, xviii, 16). En otras palabras, las personas MTF son realmente hombres que son v\u00edctimas de la violencia ejercida a trav\u00e9s del sistema de roles sexuales r\u00edgidamente impuesto, y las personas FTM son realmente mujeres, quienes, como tales, son los objetivos centrales de este sistema. La disforia de g\u00e9nero que experimentan las personas transexuales, seg\u00fan este punto de vista, debe entenderse como un descontento con el sistema existente de roles sexuales. Esto quiere decir que Raymond no reconoce una modalidad distinta de opresi\u00f3n que se dirija espec\u00edficamente a las personas trans de una manera que no se pueda reducir a la opresi\u00f3n sexista inherente a los roles sexuales. Raymond plantea la pregunta ret\u00f3rica: \u201c\u00bfUna persona negra que quiere ser blanca sufre la \u2018enfermedad\u2019 de ser \u2018transracial\u2019?\u201d, y luego observa que \u201cno hay demanda de intervenci\u00f3n m\u00e9dica transracial precisamente porque la mayor\u00eda de las personas negras reconocen que es su sociedad, no su piel, la que necesita un cambio\u201d (Raymond 1994, xvi). Lo que falta en este planteamiento es la posibilidad de que las personas transexuales sean oprimidas <em>como<\/em> transexuales.<\/p>\n<p>Sobre la base de estas dos tesis, Raymond llega a considerar que la medicalizaci\u00f3n de la variaci\u00f3n de g\u00e9nero y las cl\u00ednicas de identidad de g\u00e9nero no son m\u00e1s que veh\u00edculos para afianzar los roles sexuales sexistas. As\u00ed, para ella, una sociedad sexista es \u201cla primera causa\u201d de la transexualidad (1979, 16). El papel del tratamiento m\u00e9dico de la transexualidad es convertir a los hombres en \u201cmujeres\u201d y a las mujeres en \u201chombres\u201d cuando no pueden ser normalizados\/as en sus roles sexuales asignados naturalmente. Para Raymond, la frase <em>imperio transexual<\/em> se aplica al establishment m\u00e9dico patriarcal que perpet\u00faa la opresi\u00f3n de los roles sexuales mediante la intervenci\u00f3n quir\u00fargica (ella emplea la palabra <em>imperio<\/em> para referirse a \u201cuna unidad pol\u00edtica que tiene un territorio de gran extensi\u00f3n, o una serie de territorios bajo una \u00fanica autoridad soberana\u201d (xv). Considera que el \u201cimperio\u201d m\u00e9dico incluye numerosas especialidades como la urolog\u00eda, la ginecolog\u00eda, la endocrinolog\u00eda, etc. Ve tambi\u00e9n la colaboraci\u00f3n de la psicolog\u00eda y la psiquiatr\u00eda para ocultar lo que ella llama la soberan\u00eda del \u201cimperio\u201d m\u00e9dico, cuando se\u00f1alan que parece existir alguna necesidad de intervenci\u00f3n m\u00e9dica transexual, as\u00ed como la participaci\u00f3n de abogados y legisladores. Sin embargo, para Raymond, es el establishment m\u00e9dico el que posee esta soberan\u00eda. As\u00ed, es el establishment m\u00e9dico el que constituye la autoridad unificadora del \u201cimperio transexual\u201d (ib\u00edd.)).<\/p>\n<p>Ahora bien, Raymond tiene raz\u00f3n al se\u00f1alar que la medicalizaci\u00f3n de la transexualidad implic\u00f3 la perpetuaci\u00f3n de normas sexistas (y heterosexistas). Sin embargo, la lucha real de algunos cient\u00edficos y cirujanos para poner las cirug\u00edas a disposici\u00f3n de las personas transexuales es ignorada en el an\u00e1lisis de Raymond (Riddell 2006). Estos defensores de la cirug\u00eda transexual eran una minor\u00eda (ciertamente en Estados Unidos), y ellos mismos experimentaron hostilidad y marginaci\u00f3n. Esto significa que lo que Raymond llama el imperio transexual, no era monol\u00edtico. Y dada la <em>marginaci\u00f3n<\/em> de estos defensores de la cirug\u00eda transexual, parece que el establishment m\u00e9dico no era especialmente amigable con la transexualidad (Riddell 2006). En general, en gran medida la transexualidad era y sigue siendo inaceptable en la sociedad. En contraposici\u00f3n a lo que opina Raymond, en gran medida <em>no<\/em> est\u00e1 suscrita por \u201cel patriarcado\u201d.<\/p>\n<p>La comparaci\u00f3n de Raymond entre <em>integraci\u00f3n<\/em> e <em>integridad<\/em> pone de manifiesto un aspecto fundamental de su imagen de la liberaci\u00f3n. La <em>integraci\u00f3n<\/em>, para Raymond, implica unir partes para formar un todo complejo (1979, 163). Ella considera que la androginia es una especie de mezcla entre lo masculino y lo femenino y argumenta que la cirug\u00eda transexual tambi\u00e9n produce tales mezclas (construyendo al individuo en una especie de ser hermafrodita) (1979, 165). Por el contrario, la <em>integridad<\/em> implica una totalidad previa de la que no se puede extraer ninguna parte (193). Para Raymond, la verdadera liberaci\u00f3n no puede asegurarse mediante una mera mezcla de roles sexuales. M\u00e1s bien, debe asegurarse a trav\u00e9s de una <em>trascendencia<\/em> del rol sexual en su totalidad (164). Esto sugiere una noci\u00f3n del yo que es anterior al rol sexual o, al menos, una noci\u00f3n del yo que puede liberarse de las interpretaciones culturales del sexo. La soluci\u00f3n de Raymond al \u201cproblema\u201d de la transexualidad, que ella considera que promueve la violaci\u00f3n quir\u00fargica de la integridad corporal, es \u201cordenar moralmente que desaparezca\u201d (178) a trav\u00e9s del trabajo en contra de la opresi\u00f3n del rol sexual mediante la educaci\u00f3n y la toma de conciencia (178-185).<\/p>\n<p>La representaci\u00f3n que hace Raymond de las propias personas transexuales merece un comentario especial. M\u00e1s all\u00e1 de los dos supuestos clave mencionados anteriormente, Raymond adopta una postura en la cual las subjetividades transexuales son obliteradas. Esto significa que construye representaciones monol\u00edticas y estereotipadas de las personas trans (basadas en su propia ideolog\u00eda), de manera que excluye la posibilidad de registrar las experiencias variables reales de las personas trans (sobre este punto, v\u00e9ase Riddell 2006, 152-3, Stone 1991, 298, Heyes 2003, 1095). Por un lado, ella se\u00f1ala las formas en las que (algunas personas) MTF asumen los roles sexuales tradicionales (y, por lo tanto, son c\u00f3mplices) (77-79) y, sin embargo, critica a las personas MTF identificadas como lesbianas-separatistas que han evitado dichos roles por considerarlos opresivamente masculinos (102-6). De este modo, ella ubica a las personas transexuales MTF ante un doble dilema: o bien las personas MTF adoptan los roles sexuales tradicionales y, por lo tanto, son sexistas, o bien evitan estos roles sexuales tradicionales y, por lo tanto, son sexistas (v\u00e9ase Califia 1997, 102, 104-5; Serano 2007, 49). Una teor\u00eda de este tipo no est\u00e1 preparada para dar cabida a las experiencias variables reales de las personas MTF que intentan negociar el g\u00e9nero en un mundo sexista y transf\u00f3bico. De este modo, la teor\u00eda de Raymond borra las experiencias reales de las personas MTF a trav\u00e9s de representaciones monol\u00edticas e ideol\u00f3gicas de las mismas. Es m\u00e1s, debido a que Raymond considera la transexualidad como un fen\u00f3meno esencialmente masculino, su discusi\u00f3n sobre las personas FTM es m\u00ednima. Sostiene que las personas FTM son meras fichas que se utilizan para apuntalar la afirmaci\u00f3n de que la transexualidad es un fen\u00f3meno universal y ocultar as\u00ed su verdadero car\u00e1cter patriarcal. De este modo, la transexualidad FTM queda en gran medida fuera del panorama (xxiii, 27-28, 140; para una mayor cr\u00edtica, v\u00e9ase Califia 1997, 100-1, Serano 2007, 48). Esto le permite evitar hablar de las personas transexuales FTM con alguna profundidad. Y esto significa que las complejas, variables y cotidianas experiencias de las personas FTM no quedan representadas en absoluto. Consideremos, por ejemplo, la afirmaci\u00f3n de Raymond: \u201cTodas las personas transexuales violan los cuerpos de las mujeres al reducir la forma femenina real a un artefacto, apropi\u00e1ndose de este cuerpo para s\u00ed mismas\u201d. Si bien la afirmaci\u00f3n pretende ser universal, tambi\u00e9n es una afirmaci\u00f3n espec\u00edfica sobre las personas transexuales MTF. En el planteamiento de Raymond, no hay lugar para las personas FTM. Se las oblitera.<\/p>\n<p>Si bien esta tendencia a renunciar a una consideraci\u00f3n de las experiencias de la vida real de las personas trans en favor de representaciones monol\u00edticas y estereotipadas de las mismas (o a trav\u00e9s de su total obliteraci\u00f3n) parece haber sido com\u00fan en los textos acad\u00e9micos de la \u00e9poca, tambi\u00e9n vale la pena se\u00f1alar los profundos compromisos te\u00f3ricos y pol\u00edticos en juego. El an\u00e1lisis de Raymond se sit\u00faa dentro de un paradigma separatista de las lesbianas que considera que la opresi\u00f3n de las mujeres est\u00e1 garantizada a trav\u00e9s de las relaciones heterosexuales obligatorias (Radicalesbians [1970] 1988). En este contexto heterosexual, las mujeres se ven obligadas a adoptar una identidad dominada por el macho (identificada con el hombre). La liberaci\u00f3n de la colonizaci\u00f3n de la identidad solo puede obtenerse a trav\u00e9s de relaciones l\u00e9sbicas y de una comunidad de mujeres identificadas como mujeres. Por lo tanto, para este paradigma de opresi\u00f3n\/liberaci\u00f3n es central la idea de que la identidad de la mujer pueda estar completamente colonizada, as\u00ed como la idea de que esto pueda eliminarse mediante relaciones l\u00e9sbicas amorosas (Frye 1983). Por lo tanto, no considera que el yo est\u00e9 intr\u00ednsecamente ligado al g\u00e9nero o al rol sexual.<\/p>\n<p>Dado este planteamiento, no es de extra\u00f1ar que Raymond critique la opini\u00f3n de Money sobre que la identidad de g\u00e9nero, si bien est\u00e1 determinada por factores del entorno, se \u201cfija\u201d a una edad temprana (1979, 62-8). Y dada la separaci\u00f3n entre sexo y rol, resulta evidente por qu\u00e9 las afirmaciones de las personas transexuales sobre la identidad de g\u00e9nero son dif\u00edciles de desentra\u00f1ar. Por un lado, la identidad podr\u00eda implicar la internalizaci\u00f3n de y la identificaci\u00f3n con los roles de g\u00e9nero sexistas respecto de los cuales, seg\u00fan Raymond, necesitamos encontrar la trascendencia. Esto evidentemente exigir\u00eda una intervenci\u00f3n feminista. Por otro lado, dado que Raymond acepta una visi\u00f3n seg\u00fan la cual el sexo es un sustrato biol\u00f3gico dado sobre el cual se asigna un rol cultural, la identidad puede considerarse simplemente como el reflejo del reconocimiento del propio sexo biol\u00f3gico invariable (macho o hembra). Tal identidad sobrevivir\u00eda a cualquier trascendencia del rol sexual cultural. En este caso, sin embargo, cualquier supuesto desajuste entre el cuerpo y la identidad parecer\u00eda profundamente desencaminado (ya que la identidad simplemente refleja el propio sexo biol\u00f3gico invariable).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554794\"><\/a><strong>4. El <em>imperio<\/em> contraataca<\/strong><\/h1>\n<p>En 1977 estall\u00f3 una controversia en los c\u00edrculos l\u00e9sbico-separatistas en torno a Sandy Stone, una mujer abiertamente transexual e ingeniera que hab\u00eda estado trabajando en Olivia Records (una compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica solo para mujeres). Tanto ella como Olivia fueron expl\u00edcitamente atacadas por Raymond en <em>The Transsexual Empire.<\/em> Tras dejar Olivia, Stone se doctor\u00f3 con Donna Haraway en Santa Cruz, y en 1991 public\u00f3 una respuesta a Raymond que se convertir\u00eda en el ensayo fundacional de los estudios transg\u00e9nero, \u201cThe <em>Empire<\/em> Strikes Back: A (post)transsexual manifest\u00f3\u201d (Stryker 2008, 105, 124-5).<\/p>\n<h2><\/h2>\n<h2><a name=\"_Toc197554795\"><\/a><strong>4.1. El Manifiesto<\/strong><\/h2>\n<p>Stone adopta una tercera posici\u00f3n en oposici\u00f3n tanto a la visi\u00f3n medicalizada de la transexualidad, caracterizada por <em>The Transsexual Phenomenon <\/em>de Benjamin, como a la cr\u00edtica feminista ofrecida por Raymond en <em>The Transsexual Empire<\/em>. El planteamiento fundamental del ensayo es ver a las personas transexuales como una especie de \u201cminor\u00eda oprimida\u201d. Si bien Stone no sit\u00faa a las personas transexuales como un tercer g\u00e9nero, s\u00ed propone que las personas transexuales \u201cocupan actualmente una posici\u00f3n que no est\u00e1 en ninguna parte, que est\u00e1 fuera de las oposiciones binarias del discurso generizado\u201d (1991, 295). Debido a que Stone desea evitar apelar a una clase preexistente de personas que luego son oprimidas, representa a la transexualidad como un <em>g\u00e9nero<\/em> (<em>genre<\/em>) del discurso. La idea es que el discurso m\u00e9dico tradicional sobre la transexualidad constituye una <em>forma<\/em> distintiva y regulada de hablar y teorizar lo que Stone denomina un <em>g\u00e9nero<\/em> (<em>genre<\/em>). (Comp\u00e1rese, por ejemplo, el discurso m\u00e9dico tradicional sobre la transexualidad con el discurso feminista de Raymond sobre la transexualidad). Stone no conf\u00eda en apelar a un grupo de personas anterior al funcionamiento de un discurso particular (es decir, que se concibe como independiente de un discurso particular) ya que, seg\u00fan la preocupaci\u00f3n posmoderna, tal apelaci\u00f3n a este grupo de personas estar\u00eda, sin embargo, dando cuenta de ellas <em>dentro<\/em> de un discurso \u2014un discurso que podr\u00eda ser moldeado por convicciones ideol\u00f3gicas\u2014. As\u00ed, en lugar de intentar hacer tal planteamiento, Stone identifica a un grupo de personas como representadas a trav\u00e9s del discurso m\u00e9dico tradicional sobre la transexualidad.<\/p>\n<p>Bas\u00e1ndose en las autobiograf\u00edas de algunas mujeres transexuales, Stone coincide con Raymond en su preocupaci\u00f3n por lo que considera la adopci\u00f3n de estereotipos sexistas por parte de (algunas personas) MTF (1991, 289). Sin embargo, <em>tambi\u00e9n<\/em> menciona la insistencia de (algunas personas) MTF sobre un binario masculino\/femenino y la ausencia de un \u00e1mbito de g\u00e9nero intermedio o m\u00e1s complejo (286). M\u00e1s all\u00e1 de esto, critica las afirmaciones generales que borran la subjetividad en la obra de Raymond (por ejemplo, \u201cTodas las personas transexuales violan los cuerpos de las mujeres\u201d), junto con la negaci\u00f3n impl\u00edcita de la subjetividad transexual comentada antes (298).<\/p>\n<p>Lo que falta, seg\u00fan Stone, es espacio para el discurso de las personas transexuales <em>como<\/em> transexuales. Se\u00f1ala c\u00f3mo la medicalizaci\u00f3n de la transexualidad ha exigido tanto la adopci\u00f3n de un comportamiento sexista, <em>as\u00ed como<\/em> la aceptaci\u00f3n de un estricto binario de g\u00e9nero. De este modo, argumenta, las personas transexuales han sido c\u00f3mplices por contar una historia dentro de un g\u00e9nero <em>(genre)<\/em> que no refleja necesariamente sus propias experiencias subjetivas (1991, 295). Al mismo tiempo, argumenta Stone, las personas transexuales tambi\u00e9n han desarrollado sus propias subculturas, as\u00ed como pr\u00e1cticas distintivas dentro de esas subculturas que van totalmente en contra del planteamiento oficial sobre la transexualidad (como ayudarse mutuamente a saber qu\u00e9 decir y c\u00f3mo actuar para ser designada m\u00e9dicamente como persona transexual) (291-2). La soluci\u00f3n, sostiene Stone, es que las personas transexuales empiecen a contar sus propias historias (295). Esto requiere, como m\u00ednimo, que las personas transexuales postoperadas salgan del closet como transexuales y renuncien a pasar por hombres y mujeres (no-transexuales) (298-9). Para Stone, el requisito m\u00e9dico tradicional de que una persona construya una historia no-transexual plausible para ocultar su pasado, socava la posibilidad de establecer relaciones aut\u00e9nticas. Dado que el mandato que exige renunciar a pasar por el sexo (no-transexual) al que una ha transicionado va totalmente en contra del discurso predominante de la transexualidad <em>como tal<\/em>, Stone presenta el giro pol\u00edtico como post-transexual (299). Considera que, si bien muchas personas transexuales son c\u00f3mplices del discurso predominante, no obstante, <em>van m\u00e1s all\u00e1<\/em> al intentar, por ejemplo, ayudarse mutuamente a \u201ctrabajar\u201d en las regulaciones m\u00e9dicas (como se ha explicado antes). As\u00ed, sus experiencias y acciones <em>superan<\/em> los informes m\u00e9dicos \u201coficiales\u201d de la transexualidad. Sin embargo, esta \u201csuperaci\u00f3n\u201d se vuelve invisible en cualquier intento c\u00f3mplice de encajar en un informe m\u00e9dico que requiere que la propia condici\u00f3n de transexual sea negada en \u00faltima instancia en la vida cotidiana (a trav\u00e9s de esta construcci\u00f3n de una historia falsa). Para Stone, evitar este discurso es importante porque oculta las complejas y variables experiencias de las diferentes personas trans, quienes a menudo se posicionan de manera contestataria frente a este discurso. El objetivo no es encontrar un relato aut\u00e9ntico y uniforme de las personas transexuales m\u00e1s all\u00e1 del discurso m\u00e9dico. Se trata m\u00e1s bien de despejar el camino para los discursos desde los que al menos sea posible hablar y hablar pol\u00edticamente <em>como<\/em> una persona transexual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554796\"><\/a><strong>4.2. Ciborg y mestiza<\/strong><\/h2>\n<p>El manifiesto de Stone se basa en un an\u00e1lisis de la opresi\u00f3n\/resistencia que rompe bruscamente con la visi\u00f3n ut\u00f3pica de la obra de Raymond. En su lugar, se basa en gran medida en las ideas de \u201cA Cyborg Manifesto\u201d de Haraway (1983, 1991) y en la teor\u00eda de la mestiza de Gloria Anzald\u00faa (1987). Vale la pena discutir brevemente estos puntos de vista para se\u00f1alar la naturaleza del giro te\u00f3rico de Stone con respecto a Raymond.<\/p>\n<p>La imagen posmoderna del ciborg que propone Haraway (y que se explica m\u00e1s adelante) pretende suscitar preocupaciones, derivadas en gran medida de los escritos de las mujeres de color, sobre los relatos \u00fanicos y monol\u00edticos (basados en la identidad) de la opresi\u00f3n\/liberaci\u00f3n. A Haraway le preocupan los an\u00e1lisis pol\u00edticos que postulan un estado original de inocencia y una posterior ca\u00edda en desgracia y que, a continuaci\u00f3n, imaginan un futuro ut\u00f3pico que promete un retorno a la inocencia.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Haraway, la dificultad de este tipo de teor\u00edas es que son parciales en su an\u00e1lisis del mundo (aunque asumen la universalidad) y por ello terminan ignorando (e incluso promoviendo) ciertas formas de opresi\u00f3n (1991, 156). Por ejemplo, una visi\u00f3n feminista que postula una experiencia compartida de opresi\u00f3n entre las mujeres y recomienda el lesbo-separatismo como soluci\u00f3n, tal y como est\u00e1 formulada, deja fuera la experiencia de opresi\u00f3n racial entre las mujeres de color (Combahee River Collective 1981). \u00bfPor qu\u00e9 se espera que las mujeres de color renuncien a la solidaridad con los hombres de color progresistas?<\/p>\n<p>El ciborg, por lo tanto, es un conjunto de partes dispares e incongruentes: cada persona contiene m\u00faltiples elementos de opresora y oprimida. Como met\u00e1fora, pretende rechazar las postulaciones de inocencia original y futuro ut\u00f3pico (1991, 151). En su lugar, la resistencia para Haraway solo es posible debido a la posibilidad de que el ciborg se vuelva en contra de las intenciones de su creador en un entorno dist\u00f3pico (151). Esta idea es retomada notablemente por Susan Stryker (1994), quien utiliza la met\u00e1fora del monstruo de Frankenstein en su respuesta a la representaci\u00f3n de Mary Daly (1978) de las personas transexuales como monstruosas violadoras de los l\u00edmites.<\/p>\n<p>Esta noci\u00f3n de mezcla tambi\u00e9n es fundamental en la obra de Anzald\u00faa, que se pronuncia en contra del \u00e9nfasis en la pureza y a favor de la noci\u00f3n de una raza mestiza (1987, 99). Se reconoce a s\u00ed misma como una habitante de la frontera, desgarrada entre las exigencias de las culturas en conflicto (por ejemplo, la anglo y la mexicana) (1987, 100). La experiencia de estar atrapada en la confluencia de m\u00faltiples culturas conduce a una especie de multiplicidad o fragmentaci\u00f3n del yo. Por ejemplo, una puede representarse de forma racista en las formas dominantes de feminismo blanco y de forma sexista en las formas dominantes de resistencia racial. Esta tensi\u00f3n entre las perspectivas culturales en conflicto da lugar a la posibilidad de una conciencia \u201cdoble\u201d o \u201cmestiza\u201d, que implica la capacidad de verse a s\u00ed misma acorde a las formas dominantes en las que una est\u00e1 representada en t\u00e9rminos opresivos y limitados de maneras diferentes y a menudo conflictivas (101-2).<\/p>\n<p>Es precisamente la capacidad de ser consciente de esta pluralidad del yo, en opini\u00f3n de Anzald\u00faa, lo que permite la resistencia, ya que existe una conciencia que supera las m\u00faltiples formas de opresi\u00f3n al verlas juntas, as\u00ed como en conflicto (1987, 102). Dicha conciencia tambi\u00e9n permite la posibilidad del \u201cterrorismo ling\u00fc\u00edstico\u201d \u2014la mezcla creativa de lenguas y culturas dispares de manera que se oponga al car\u00e1cter monol\u00edtico de cada una (1987, 75-86)\u2014. Por ejemplo, el espa\u00f1ol chicano de Texas y el tex-mex implican una mezcla ling\u00fc\u00edstica de este tipo. Anzald\u00faa escribe: \u201cHasta que no sea libre de escribir de forma biling\u00fce y de cambiar de c\u00f3digo sin tener que traducir siempre&#8230; mi lengua ser\u00e1 ileg\u00edtima\u201d (81). Y: \u201cSomos vuestra pesadilla ling\u00fc\u00edstica, vuestra aberraci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica, vuestro mestizaje ling\u00fc\u00edstico&#8230;\u201d (80).<\/p>\n<p>Si bien ni Haraway ni Anzald\u00faa hablan expl\u00edcitamente de Raymond, queda claro que la posici\u00f3n articulada en <em>The Transsexual Empire <\/em>es vulnerable a sus preocupaciones. La visi\u00f3n de Raymond proporciona tanto un relato de origen como la promesa de salvaci\u00f3n: la imposici\u00f3n original de los roles sexuales y el logro final de la <em>integridad<\/em> mediante la liberaci\u00f3n de los mismos (1979, 164). Y el rechazo de Raymond a la <em>integraci\u00f3n<\/em> (la mezcla de partes incongruentes) es precisamente celebrado por Haraway y Anzald\u00faa, que no tienen paciencia con la supuesta \u201cinocencia\u201d y \u201cpureza\u201d de la <em>integridad<\/em>. De manera significativa, Anzald\u00faa identifica un estado entre el hombre y la mujer como un lugar para la resistencia creativa:<\/p>\n<p>Hay algo convincente en ser a la vez hombre y mujer, en tener una entrada en ambos mundos. En contra de algunos postulados psiqui\u00e1tricos, quienes son mitad y mitad no sufren una confusi\u00f3n de identidad sexual, ni siquiera una confusi\u00f3n de g\u00e9nero. Lo que sufrimos es una dualidad d\u00e9spota absoluta que dice que solo podemos ser una cosa o la otra. (1987, 41)<\/p>\n<p>Si bien Stone no utiliza expl\u00edcitamente la expresi\u00f3n \u201cdoble conciencia\u201d, es evidente que est\u00e1 presente en su sugerencia de que las personas transexuales han aprendido a adoptar el discurso de la medicalizaci\u00f3n cuando lo hacen dentro de una cultura transexual subalterna que no se corresponde exactamente con el planteamiento oficial. Ciertamente, su sugerencia de que las personas transexuales hablan m\u00e1s all\u00e1 del binario de g\u00e9nero se anuncia en la obra de Anzald\u00faa, al igual que su llamamiento a mezclar y combinar g\u00e9neros <em>(genres)<\/em>.<\/p>\n<p>Las diferencias entre una visi\u00f3n del yo como el lugar de una potencial colonizaci\u00f3n\/descolonizaci\u00f3n de g\u00e9nero (como presupone Raymond) y una visi\u00f3n que pone \u00e9nfasis en la \u201cconciencia mestiza\u201d son significativas. Mar\u00eda Lugones (1990), por ejemplo, sostiene que el primer tipo de visi\u00f3n, tal como la articulan fil\u00f3sofas como Frye (1983), simplemente no puede tener \u00e9xito como teor\u00eda de la resistencia. La dificultad, en parte, es que la primera parece postular un yo subyacente al trabajo cultural de la opresi\u00f3n o, al menos, la posibilidad de un yo que se ha liberado o podr\u00eda liberarse por completo de la cultura (o al menos del g\u00e9nero). Sin embargo, si esa posibilidad no es realista, como parece no serlo, es dif\u00edcil ver c\u00f3mo puede afianzarse cualquier forma de resistencia a la opresi\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo puede la mente colonizada estar abierta a la transformaci\u00f3n y la resistencia si ya est\u00e1 colonizada? Es precisamente esta posibilidad de \u201cdoble conciencia\u201d, argumenta Lugones (1990), la que hace posible la resistencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554797\"><\/a><strong>4.3. El paradigma transg\u00e9nero<\/strong><\/h2>\n<p>El art\u00edculo de Stone sent\u00f3 las bases para la aparici\u00f3n de los estudios transg\u00e9nero, que pueden caracterizarse como llegar-a-tener-una-voz-acad\u00e9mica por parte de (algunas) personas trans contra una historia de objetivaci\u00f3n acad\u00e9mica. Los primeros a\u00f1os de la d\u00e9cada de los noventa tambi\u00e9n fueron testigos de la aparici\u00f3n de la actual pol\u00edtica transg\u00e9nero, articulada en las obras populares de Leslie Feinberg (1992, 1993, 1996, 1998) y Kate Bornstein (1994). Tres rasgos principales de lo que podr\u00eda denominarse el paradigma transg\u00e9nero son afines a las ideas de Stone: 1) el reconocimiento de la opresi\u00f3n basada en el g\u00e9nero, normalmente dirigida a las personas trans, como algo distinto y no reducible a la opresi\u00f3n sexista; 2) el posicionamiento de las personas trans como situadas de forma problem\u00e1tica con respecto a las categor\u00edas binarias <em>hombre<\/em> y <em>mujer<\/em>; y 3) el respaldo a una pol\u00edtica de visibilidad.<\/p>\n<p>Esto no quiere decir que estas pol\u00edticas sean uniformes. Por ejemplo, mientras que Feinberg tiende a enfatizar la persistencia hist\u00f3rica de las personas trans como un tipo de personas o grupo oprimido, Bornstein tiende a enfatizar la naturaleza construida (y opresiva) de las categor\u00edas de g\u00e9nero en su conjunto, la conveniencia de ver el g\u00e9nero como una moda y la importancia de avanzar hacia un sistema de g\u00e9nero m\u00e1s consensual. En particular, Bornstein se basa en el trabajo etnometodol\u00f3gico de Garfinkel (1967) y Kessler y McKenna (1977). El trabajo de Kessler y McKenna es especialmente destacable por su amplio y temprano uso del t\u00e9rmino \u201cg\u00e9nero\u201d para aplicarlo incluso al sexo biol\u00f3gico, con el fin de indicar la implicaci\u00f3n del sexo en la interpretaci\u00f3n y la pr\u00e1ctica cultural. La etnometodolog\u00eda es un an\u00e1lisis sociol\u00f3gico del modo en el que las personas construyen su conocimiento de sentido com\u00fan acerca del mundo en contextos sociales. Bornstein se basa principalmente en la noci\u00f3n de Garfinkel de la <em>actitud natural acerca del sexo<\/em>. Esta actitud, para Garfinkel, constituye el \u201csentido com\u00fan\u201d cotidiano acerca del sexo. La sostienen aquellas personas que \u00e9l denomin\u00f3 \u201cnormales\u201d, para quienes las categor\u00edas macho y hembra son exclusivas, exhaustivas e invariables, y se aplican sobre la base de los genitales. En particular, una parte de la actitud natural consiste en desestimar los contraejemplos (por ejemplo, las personas intersexuales que demuestran que la categorizaci\u00f3n clara de los seres humanos en dos categor\u00edas discretas es falsa) como anormales y aberrantes.<\/p>\n<p>En cualquier caso, estas y otras obras populares caracterizaron y quiz\u00e1 sentaron las bases de la emergente pol\u00edtica transg\u00e9nero angloamericana de los a\u00f1os 1990, que, al tiempo que insist\u00eda en la distinci\u00f3n entre identidad y presentaci\u00f3n de g\u00e9nero (por un lado) y orientaci\u00f3n sexual (por otro), tambi\u00e9n luchaba por estar representada en la pol\u00edtica LGB. Esto condujo al desarrollo de una pol\u00edtica LGBT algo m\u00e1s inclusiva, basada en la idea de que las personas con variaciones de g\u00e9nero siempre han sido, en primer lugar, fundamentales para la liberaci\u00f3n de gays y lesbianas y que los propios gays y lesbianas pueden ser objeto de discriminaci\u00f3n por su presentaci\u00f3n de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El surgimiento de la pol\u00edtica transg\u00e9nero incluy\u00f3 el prolongado conflicto entre activistas trans y feministas no trans por la exclusi\u00f3n de las mujeres trans del Festival de M\u00fasica para Mujeres <em>(womyns)<\/em> de Michigan. En 1994, el grupo de activistas trans, Transexual Menace, organiz\u00f3 el \u201cCampamento Trans\u201d justo enfrente del festival. (El t\u00e9rmino transexual, escrito con una <em>s<\/em>, pretend\u00eda se\u00f1alar una ruptura con la concepci\u00f3n m\u00e9dica tradicional de la transexualidad). El objetivo era desafiar lo que se consideraba el intento transf\u00f3bico de quienes organizaron el festival al excluir a las mujeres trans mediante su pol\u00edtica de \u201cmujeres nacidas mujeres\u201d. El conflicto pol\u00edtico persiste hasta hoy.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1994 se reedit\u00f3 <em>The Transsexual Empire <\/em>con una nueva introducci\u00f3n de Raymond que retoma expl\u00edcitamente la nueva pol\u00edtica transg\u00e9nero. Su cr\u00edtica se centra en gran medida en la afirmaci\u00f3n de que cualquier transgresi\u00f3n de g\u00e9nero por parte de las personas transexuales sigue implicando la adopci\u00f3n de roles de g\u00e9nero sexistas y, por lo tanto, no se logra una genuina trascendencia de g\u00e9nero (1994, xxix). En opini\u00f3n de Raymond, la mayor\u00eda de las personas que se autoidentifican transg\u00e9nero son predominantemente hombres que, de alguna manera, performan una feminidad estereotipada y sexista (ib\u00edd.). Sin embargo, tambi\u00e9n se refiere a <em>Stone Butch Blues<\/em> de Feinberg, una novela que tuvo un papel importante e informativo en la aparici\u00f3n de la pol\u00edtica transg\u00e9nero. En esta novela, seguimos a la protagonista, Jess, quien pasa de la categor\u00eda <em>butch<\/em>\u00a0 (en la subcultura l\u00e9sbica <em>butch-femme<\/em>) a la categor\u00eda <em>transexual<\/em>, y que luego reconoce que la transici\u00f3n de femenino a masculino tampoco es satisfactoria. Jess acaba ocupando un lugar intermedio, identific\u00e1ndose simplemente como \u201c\u00e9l-ella\u201d. La principal preocupaci\u00f3n de Raymond con esta trayectoria es que, en \u00faltima instancia, Jess rechaza identificarse como <em>mujer<\/em> (1994, xxxii).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El marco te\u00f3rico de Raymond relativo a la trascendencia del g\u00e9nero y a un estricto binario biol\u00f3gico previo a la imposici\u00f3n cultural orienta esta discusi\u00f3n. Dada su distinci\u00f3n entre integraci\u00f3n e integridad, cualquier mezcla y combinaci\u00f3n de g\u00e9neros no lograr\u00eda el objetivo de una completa trascendencia de g\u00e9nero y, por lo tanto, fracasar\u00eda como pol\u00edtica de liberaci\u00f3n. Adem\u00e1s, dado que no da cabida a un tercer espacio entre el hombre y la mujer, puesto que no reconoce la opresi\u00f3n trans como algo independiente de la opresi\u00f3n sexista, y dado que las mujeres identificadas como mujeres son fundamentales para su punto de vista sobre la resistencia, no es de extra\u00f1ar que est\u00e9 decepcionada por la decisi\u00f3n de Jess. Aparte de los problemas mencionados anteriormente con esta teor\u00eda, vale la pena a\u00f1adir que, como se\u00f1ala Cressida Heyes, la teor\u00eda de Raymond, que rechaza la resistencia transg\u00e9nero a priori, parece ser infalseable (2003, 1108).<\/p>\n<h1><\/h1>\n<h1><a name=\"_Toc197554798\"><\/a><strong>5. El (trans) g\u00e9nero en disputa<\/strong><\/h1>\n<p>El impacto de <em>Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity<\/em> (1990) de Judith Butler fue inmediato y profundo. En lugar de ser una oposici\u00f3n, el innovador trabajo de Butler guarda una relaci\u00f3n mucho m\u00e1s compleja con las personas transg\u00e9nero y con los estudios trans.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554799\"><\/a><strong>5.1. El g\u00e9nero en disputa<\/strong><\/h2>\n<p>El trabajo de Butler estuvo motivado en parte por el deseo de responder a la preocupaci\u00f3n de que las representaciones de g\u00e9nero queer (como en una relaci\u00f3n <em>butch-femme<\/em> o <em>drag<\/em> masculino gay) se limiten a replicar las normas patriarcales tradicionales. Para Butler, este punto de vista presupone un sesgo heterosexual que ensombrece el modo en el que se reelabora el g\u00e9nero en los contextos queer. Lo que tiene en mente es que en la subcultura queer las pr\u00e1cticas de g\u00e9nero no siempre tienen el mismo significado que en los contextos culturales dominantes. Por ejemplo, la presentaci\u00f3n femenina en algunos contextos queer puede implicar un grado de iron\u00eda que no se encuentra en los casos convencionales de esa presentaci\u00f3n femenina. Tratar las pr\u00e1cticas de g\u00e9nero queer como si simplemente repitieran o imitaran pr\u00e1cticas no queer sin ning\u00fan cambio significativo en su significado, es entender todas las pr\u00e1cticas de g\u00e9nero de una manera que les asigna significados heterosexuales dominantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La performance de g\u00e9nero queer, lejos de replicar las normas patriarcales, puede subvertir dichas normas exponiendo su car\u00e1cter no natural e imitativo (1990, 174-80). En ocasiones, la performance de g\u00e9nero queer puede implicar la iron\u00eda y\/o la parodia a trav\u00e9s de la exageraci\u00f3n. (Se pueden encontrar buenos ejemplos de esto en las primeras pel\u00edculas de John Waters, como <em>Female Trouble<\/em>). El g\u00e9nero queer puede burlarse de las pr\u00e1cticas de g\u00e9nero heterosexuales exager\u00e1ndolas y parodi\u00e1ndolas de forma que parezcan teatrales y artificiosas. Y el <em>drag<\/em> masculino gay, para Butler, puede mostrar que la presentaci\u00f3n femenina no es propiedad exclusiva de las personas femeninas. Una vez que se reconoce que dicho comportamiento se asigna \u00fanicamente de forma contingente a grupos de personas, la propia idea de que el <em>drag<\/em> gay implica simplemente la imitaci\u00f3n de las mujeres heterosexuales como el original, asigna una prioridad a este \u00faltimo sobre el primero. Esta priorizaci\u00f3n, para Butler, refleja un sesgo heterosexual. Y, por lo tanto, para Butler, la identificaci\u00f3n feminista de <em>todo<\/em> comportamiento de g\u00e9nero como <em>inherentemente<\/em> sexista (como, por ejemplo, se encuentra en la obra de Raymond) no es m\u00e1s que una tendencia heterosexista a atribuir una primac\u00eda a la actuaci\u00f3n de g\u00e9nero heterosexual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El planteamiento de Butler sobre el g\u00e9nero pretende poner en tela de juicio la preexistencia de un grupo de personas (es decir, mujeres, hembras) antes de la imposici\u00f3n del rol de g\u00e9nero. En cambio, en opini\u00f3n de Butler, el sexo biol\u00f3gico est\u00e1 instituido culturalmente y, en este sentido, es \u201cel g\u00e9nero de siempre\u201d. <em>Prima facie, <\/em>este punto de vista parece contraintuitivo. Una forma de motivarlo es reconocer que, en contra de la actitud natural sobre el sexo (ya comentada), los seres humanos no pueden dividirse siempre de forma n\u00edtida en macho y hembra. En efecto, una vez que reconocemos las distintas caracter\u00edsticas que intervienen en la determinaci\u00f3n del sexo (sexo cromos\u00f3mico, sexo gonadal, sexo genital, etc.), vemos que el sexo no es una caracter\u00edstica \u00fanica, unitaria y f\u00e1cilmente determinable. Sin embargo, en la medida en la que la actitud natural prevalece, las personas act\u00faan <em>como si<\/em> la actitud natural fuera cierta. El sexo se entiende ahora en t\u00e9rminos de una actitud particular que da forma a las pr\u00e1cticas sociales cotidianas. Y en la medida en la que dicha actitud ayuda a fundamentar las pr\u00e1cticas m\u00e9dicas destinadas a asignar quir\u00fargicamente a los beb\u00e9s intersexuales uno u otro sexo, parece que el dimorfismo sexual est\u00e1 instituido m\u00e9dicamente. En la medida en la que los cuerpos est\u00e1n hechos para ajustarse a una determinada ideolog\u00eda cultural sobre el sexo \u2014una ideolog\u00eda que rige las pr\u00e1cticas sociales\u2014, tiene cierto sentido decir que el propio sexo biol\u00f3gico est\u00e1, en esta medida, \u201cculturalmente instituido\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En opini\u00f3n de Butler, siempre que hablamos del cuerpo, tambi\u00e9n lo estamos representando de formas culturalmente espec\u00edficas. Hablar del cuerpo biol\u00f3gicamente sexuado como algo previo a los discursos particulares sobre \u00e9l es, al proceder as\u00ed, hablar ir\u00f3nicamente de \u00e9l dentro de alg\u00fan discurso particular y, por lo tanto, conlleva representarlo de alguna manera. Seg\u00fan Butler, el sexo se instituye culturalmente mediante la representaci\u00f3n del cuerpo como el <em>contenedor natural<\/em> de un yo interior de g\u00e9nero. El sexo se entiende como la expresi\u00f3n corporal que esconde la esencia de una mujer o de un hombre. Para Butler, esta visi\u00f3n es falsa. Sin embargo, al igual que la actitud natural puede ser tratada como si fuera verdadera aunque no lo sea, tambi\u00e9n los cuerpos pueden ser tratados falsamente como contenedores de los yo generizados. En la medida en la que este punto de vista es omnipresente y regulador de la conducta humana, se puede decir \u2014en este sentido\u2014 que el sexo se construye socialmente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Butler, las manifestaciones conductuales del g\u00e9nero con frecuencia se consideran\u00a0 la expresi\u00f3n de una identidad de g\u00e9nero previa contenida en un cuerpo naturalmente sexuado. As\u00ed, el comportamiento femenino es visto como la expresi\u00f3n de un n\u00facleo femenino interno (contenido dentro del cuerpo sexuado femenino). Por el contrario, en su opini\u00f3n, tales performances simplemente sirven para generar la ficci\u00f3n de una identidad de g\u00e9nero preexistente, as\u00ed como la ficci\u00f3n del cuerpo sexuado como contenedor natural de esta identidad (1990, 178-9). Es decir: las manifestaciones conductuales son previas a la identidad de g\u00e9nero y al cuerpo sexuado (y no al rev\u00e9s). La ilusi\u00f3n de un cuerpo sexuado estable, de una identidad de g\u00e9nero central y de una orientaci\u00f3n sexual (hetero) se perpet\u00faa a trav\u00e9s de performances corporales repetidas y estilizadas que son <em>performativas<\/em> en el sentido de que producen la ficci\u00f3n de una identidad, una orientaci\u00f3n y un cuerpo sexuado estables como previos al comportamiento de g\u00e9nero (173).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esto le permite a Butler responder a la acusaci\u00f3n de que las performances de g\u00e9nero queer se limitan a replicar el comportamiento sexista de los roles de g\u00e9nero. Desde su punto de vista, <em>todo<\/em> comportamiento de g\u00e9nero es de naturaleza imitativa. La identidad de g\u00e9nero heterosexual implica una inestabilidad que trata de disimular: si bien pretende basarse en un n\u00facleo de g\u00e9nero natural, no es m\u00e1s que un intento repetido de imitar instancias pasadas de comportamiento generizado (1990, 185). Por lo tanto, en su opini\u00f3n tambi\u00e9n existe un potencial subversivo en la performance de g\u00e9nero <em>queer drag<\/em> y <em>camp<\/em>, en la medida en la que puede parodiar y, por lo tanto, <em>exponer,<\/em> esta cualidad imitativa oculta (1990, 174-6). En consecuencia, Butler celebra la proliferaci\u00f3n de comportamientos de g\u00e9nero queer que resignifican, parodian y exponen los mecanismos por los que se crea la ficci\u00f3n del g\u00e9nero heterosexista normativo (1990, 184-190).<\/p>\n<h2><\/h2>\n<h2><a name=\"_Toc197554800\"><\/a><strong>5.2. Cuerpos que importan<\/strong><\/h2>\n<p>Si bien la teor\u00eda de Butler fue considerada inicialmente por algunas personas como una especie de voluntarismo de g\u00e9nero, queda claro que esto est\u00e1 muy lejos de su visi\u00f3n real, perfeccionada en <em>Bodies that Matter<\/em> (1993). Butler aclara que en lugar de una especie de teatralidad voluntaria que se pone y se quita un agente preexistente, la performance de g\u00e9nero es constitutiva del propio agente. Para Butler, a pesar de que el yo sea el mero efecto de repetidas performances de g\u00e9nero, no deja de ser real: los yo existen, estos se construyen socialmente. Para Butler, lo que es estrictamente ficcional es la visi\u00f3n de que son n\u00facleos unificados que existen previos al comportamiento generizado. Butler <em>no<\/em> quiere negar la existencia de nuestras vidas ps\u00edquicas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Butler, la performance de g\u00e9nero es <em>citacional<\/em> en el sentido de que t\u00e1citamente cita o se basa en las normas de g\u00e9nero (1993, 12-3; 230-33). Pero es precisamente este citar la norma <em>como<\/em> autorizada lo que <em>confiere<\/em> autoridad a la norma (1993, 13). De hecho, la propia agente como alguien que cumple o no cumple voluntariamente la norma autorizada, es producida igualmente a trav\u00e9s de este proceso de citaci\u00f3n (1993, 13, 225, 232). As\u00ed, Butler ve a la agente en tanto fuente unificada de comportamiento generizado como constituida performativamente a trav\u00e9s de actos repetidos de comportamiento generizado. Es decir: la \u201cagente\u201d, lejos de ser la causa de la performance generizada, es su efecto (1990, 184-5; 1991, 24; 1993, 232).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este punto de vista produce una suerte de paradoja: si la agente es el mero efecto de los actos repetidos, entonces, \u00bfc\u00f3mo se producen los propios actos? La preocupaci\u00f3n puede mitigarse en cierta medida si se reconoce que Butler est\u00e1 interesada en la formaci\u00f3n misma de la identidad del yo tal como es comprendido dentro de una tradici\u00f3n psicoanal\u00edtica. Ella sigue a Freud al considerar que el ego se forma en gran medida a trav\u00e9s de un proceso de identificaciones complejas. La identificaci\u00f3n, en este contexto, debe entenderse como la \u201cadopci\u00f3n\u201d ps\u00edquica estable de las propiedades percibidas de un objeto de amor perdido (1990, 73-84; 1991 26-7). De este modo, el objeto perdido pasa a formar parte del ego a trav\u00e9s de un proceso de imitaci\u00f3n: el objeto es interiorizado (y \u201cpreservado\u201d ps\u00edquicamente).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En opini\u00f3n de Butler, el tab\u00fa contra el incesto (heterosexual) presupone un tab\u00fa previo contra la homosexualidad (que efectivamente constituye al deseo heterosexual como tal) (1990, 82). Sin embargo, el tab\u00fa exige que se renuncie tanto al objeto amado como al propio deseo homosexual. En un proceso de melancol\u00eda, el objeto perdido no es sometido a duelo porque el deseo ni siquiera puede ser reconocido en primer lugar. As\u00ed, el objeto perdido se interioriza a trav\u00e9s de este proceso de identificaci\u00f3n por el que la persona adopta ahora ps\u00edquicamente los atributos del objeto perdido, adquiriendo as\u00ed una identidad de g\u00e9nero heterosexual (1990, 78-81; 1991, 26-7). De este modo, la imitaci\u00f3n se encuentra en la ra\u00edz de la propia formaci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Butler, el t\u00e9rmino <em>psique<\/em> se aplica a algo m\u00e1s que el simple yo o el ego tal y como se constituye a trav\u00e9s de la imitaci\u00f3n del g\u00e9nero. Adem\u00e1s del yo consciente, tambi\u00e9n se interesa por el funcionamiento ps\u00edquico del inconsciente tal y como se postula en el psicoan\u00e1lisis. En opini\u00f3n de Butler, la psique supera a la agente constituida performativamente en tanto los actos repetidos no imitan completamente a los anteriores y, de hecho, en tanto ellos deben repetirse (1991, 24). Butler permite el \u201cexceso ps\u00edquico\u201d que se aplica a lo que se presupone y, a la vez, se excluye de las identidades de g\u00e9nero heterosexuales. Por ejemplo, el amor por el objeto perdido del que hablamos antes no puede ser admitido en la identidad de g\u00e9nero heterosexual. No obstante, forma parte de la psique \u2014es un \u201cexceso ps\u00edquico\u201d\u2014 en la medida en la que es esencialmente presupuesto y, no obstante, rechazado en la formaci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero heterosexual. Dicho exceso se manifiesta, para Butler, en fracasos performativos y en comportamientos que exponen el car\u00e1cter imitativo del g\u00e9nero (24-5).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esto supone un notable alejamiento del modelo de resistencia (e identidad) de la \u201cdoble conciencia\u201d que se ha discutido antes. En lugar de destacar la mezcla simult\u00e1nea de reivindicaciones culturales conflictivas para configurar una posici\u00f3n de sujeto que es constituida por su estatus de frontera, Butler despliega la noci\u00f3n de \u201cexceso ps\u00edquico\u201d y se dirige hacia las resignificaciones de la performance (como dentro de una cadena hist\u00f3rica) de manera que subviertan por completo una posici\u00f3n de sujeto estable. Esto significa que Butler sit\u00faa la subversi\u00f3n en las disrupciones que fracasan en el intento de imitar de la misma manera, las cuales exponen y socavan la ilusi\u00f3n de un yo estable. Sin embargo, a pesar de esta diferencia, tanto la noci\u00f3n de \u201cdoble conciencia\u201d como la teor\u00eda de Butler sobre la performatividad de g\u00e9nero se alejan igualmente de la visi\u00f3n de Raymond, la cual postula un yo al menos idealmente liberado de las maquinaciones opresivas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A la luz de su apelaci\u00f3n a la citacionalidad, Butler aclara adem\u00e1s que el potencial subversivo de la performance de g\u00e9nero est\u00e1 significativamente restringido ya que, para que la performance de g\u00e9nero sea subversiva, debe todav\u00eda citar las normas de g\u00e9nero existentes en tanto normas (1993, 122-4, 226-7). Esto significa que la subversi\u00f3n de g\u00e9nero est\u00e1 limitada por la historia de las iteraciones pasadas de la performance de g\u00e9nero. Butler tambi\u00e9n admite que existen formas en las que la performance de g\u00e9nero puede replicar y subvertir, a la vez, las normas sexistas, racistas y heterosexistas. Por ejemplo, ella se propone defender una imagen ambivalente de la cultura plasmada en la pel\u00edcula de 1991 de Jennie Livington, <em>Paris is Burning<\/em>, la cual documenta las competiciones en encuentros drag <em>(drag balls)<\/em> de varias \u201ccasas\u201d de la ciudad de Nueva York, protagonizadas mayoritariamente por hombres <em>queer<\/em>, transexuales y <em>queens<\/em> negros y latinos (1993, 121-140).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n de Butler sobre la pel\u00edcula es especialmente notable por su tratamiento expl\u00edcito de la transexualidad. Ella en gran medida le est\u00e1 respondiendo a bell hooks, quien critica la pel\u00edcula por la invisibilidad de la posici\u00f3n de sujeto de la directora (una mujer blanca, educada en Yale y lesbiana) en la configuraci\u00f3n de un espect\u00e1culo objetivador del g\u00e9nero y la sexualidad no-blanca (1992, 150-1) y del propio comportamiento y actitudes de las personas documentadas en la pel\u00edcula (147-50). Siguiendo la tradici\u00f3n de Raymond, hooks plantea su preocupaci\u00f3n por la masculinidad implicada en las performances <em>drag<\/em> (citando el car\u00e1cter competitivo de los encuentros, as\u00ed como la celebraci\u00f3n de la objetivaci\u00f3n sexual) (148-9). Adem\u00e1s, ella se\u00f1ala que la feminidad blanca parece exaltarse en estos encuentros como la forma can\u00f3nica de feminidad (150). Butler, por el contrario, se propone destacar tanto la subversi\u00f3n como las formas en las que dicha subversi\u00f3n se ve limitada e incluso obliterada por las formas heterosexistas dominantes de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La mayor parte de la defensa que Butler hace de esta ambivalencia se deriva de su an\u00e1lisis de la vida y la muerte de Venus Xtravaganza, una mujer latina de piel clara y autoidentificada como transexual pre-operativa. Xtravaganza sue\u00f1a con una vida feliz, suburbana y heterosexual, pero trabaja como prostituta y finalmente es asesinada. Por un lado, Butler ve el asesinato como el efecto del orden dominante para aniquilar lo que lo subvierte (en este caso, el cuerpo \u201cintermedio\u201d de Xtravaganza y su incongruencia de g\u00e9nero) (1993, 131). Por otro lado, Butler considera que el asesinato de Xtravaganza fluye de su \u201ctr\u00e1gica mala lectura del mapa social del poder\u201d, en el que sus esperanzas de vivir una vida feliz en los suburbios se ven truncadas al ser tratada de la forma en la que se trata a las mujeres de color (1993, 131). Si bien Butler considera que la vida de Xtravaganza es genuinamente subversiva con respecto a las regulaciones dominantes de g\u00e9nero, tambi\u00e9n plantea preocupaciones sobre la naturaleza del deseo de Xtravaganza de realizar su g\u00e9nero como mujer heterosexual de clase media (133). En opini\u00f3n de Butler, este deseo es principalmente un intento de trascender la raza y la clase a trav\u00e9s de la transformaci\u00f3n de g\u00e9nero (130).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554801\"><\/a><strong>5.3. Las cr\u00edticas trans a Butler<\/strong><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La teor\u00eda de Butler tiene la ventaja de responder al supuesto de Raymond de que todo comportamiento de g\u00e9nero replica inherentemente las normas sexistas, y as\u00ed ofrece una base te\u00f3rica para el potencial subversivo de algunas performances de g\u00e9nero queer y para desechar una visi\u00f3n que considera el sexo biol\u00f3gico masculino\/femenino como independiente de la cultura. En este sentido, su obra es muy af\u00edn a la teor\u00eda y la pol\u00edtica transg\u00e9nero. Sin embargo, la teor\u00eda de Butler tambi\u00e9n presenta algunas dificultades importantes que han llevado a algunas personas acad\u00e9micas trans a expresar fuertes objeciones a su trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En particular, la teor\u00eda de Butler deja que los cargos de replicaci\u00f3n de g\u00e9nero sean totalmente aplicables a aquellas personas trans que se ven a s\u00ed mismas y se comportan como hombres y mujeres \u201creales\u201d, como indica su relato referido a Xtravaganza. La tensi\u00f3n tiene que ver con su planteamiento acerca de la identidad de g\u00e9nero como algo construido socialmente, as\u00ed como con su planteamiento acerca de la subversi\u00f3n (por un lado), y con la importancia de la identidad de g\u00e9nero y la realidad de g\u00e9nero para algunas personas trans (por otro). Por cierto,\u00a0 aqu\u00ed no existe una tensi\u00f3n te\u00f3rica obvia, ya que Butler puede explicar la importancia de la identidad y la realidad de g\u00e9nero. M\u00e1s bien, el problema es que esta visi\u00f3n puede no ser pol\u00edticamente \u00fatil para la gente trans que busca enfatizar la importancia de la identidad y la realidad de g\u00e9nero para algunas personas trans.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n parece derivarse, en parte, del hecho de que Butler se propone defender algunas formas de comportamiento de g\u00e9nero queer en oposici\u00f3n al comportamiento de g\u00e9nero heterosexual. En este modelo, la performance transgresora de g\u00e9nero est\u00e1 estrechamente ligada a la sexualidad no heterosexual (Prosser 1998, 31-32). Al argumentar que Xtravaganza es asesinada por su subversi\u00f3n de g\u00e9nero, Butler debe comprender esto como una ruptura con las exigencias de la heterosexualidad (Prosser 1998, 46). Lo que falta en este planteamiento es el reconocimiento de la opresi\u00f3n trans como una modalidad que en cierto modo difiere del heterosexismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo que quiz\u00e1s sea m\u00e1s problem\u00e1tico es que la sugerencia de Butler sobre que Xtravanganza es asesinada por ser una mujer de color elude los aspectos espec\u00edficos de la violencia contra las mujeres trans: Xtravangaza no fue asesinada como mujer latina, sino como transexual latina, que trabajaba como prostituta (Prosser 1998, 47, Namaste 2000, 13). Adem\u00e1s, la sugerencia de Butler de que el cambio de sexo, para Xtravaganza, es un veh\u00edculo imaginario para trascender sus condiciones econ\u00f3micas y raciales no toma suficientemente en serio su identidad <em>transexual<\/em> (Namaste 2000, 13-4).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De hecho, tanto Jay Prosser (1998, 50-55) como Viviane Namaste (2000, 14) sostienen que el tratamiento que Butler hace de Xtravaganza implica la <em>alegorizaci\u00f3n<\/em> de su vida y su muerte como una forma de apuntalar sus propios puntos de vista, al tiempo que no deja espacio para Xtravaganza como persona que vivi\u00f3 y muri\u00f3 como transexual. Adem\u00e1s de estas preocupaciones, tanto Prosser (1998) como Namaste (2000) plantean preocupaciones te\u00f3ricas m\u00e1s profundas sobre la posici\u00f3n de Butler.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Prosser (1998) cuestiona la perspectiva de Butler en el nivel te\u00f3rico de la identidad y el cuerpo. Para Butler, la adquisici\u00f3n de una identidad de g\u00e9nero (junto con el correspondiente deseo heterosexual) implica la selecci\u00f3n de ciertos placeres corporales como aceptables y el rechazo de otros como inaceptables (1990, 89-90). Esta selecci\u00f3n del placer apropiado se determina de tal manera que los placeres no se derivan literalmente de una parte particular del cuerpo \u201cdonde\u201d estos se encuentran (90-1). M\u00e1s bien, el placer sexual se deriva de la erotizaci\u00f3n de esa parte del cuerpo (es decir, por su papel como <em>objeto<\/em> en la fantas\u00eda er\u00f3tica). En la \u201cincorporaci\u00f3n\u201d heterosexual, la erotizaci\u00f3n de las partes del cuerpo es literalizada falsamente y entonces la parte del cuerpo es construida como el \u201ccontenedor\u201d y la \u201cfuente\u201d del placer sexual corporal (87-90). De este modo, la experiencia subjetiva del propio cuerpo sexuado no es m\u00e1s que una fantas\u00eda literalizada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En respuesta a este planteamiento, Prosser afirma que Butler malinterpreta a Freud, seg\u00fan el cual, argumenta, el ego corporal realmente surge del cuerpo (1998, 40-2). Prosser apela a la noci\u00f3n de Didier Anzieu del \u201cego piel\u201d \u2014la \u201cexperiencia interna\u201d del cuerpo que surge de las sensaciones corporales\u2014 que sirve de interfaz significativa entre la psique y el cuerpo (65- 67). Esto le permite a Prosser argumentar que los transexuales apelan a la noci\u00f3n del \u201ccuerpo equivocado\u201d porque simplemente lo <em>sienten<\/em> as\u00ed (68-9). Su planteamiento sobre el ego corporal se aleja del de Butler al enfatizar la sensaci\u00f3n corporal y la autoconciencia propioceptiva, antes que la visualizaci\u00f3n de la superficie corporal (78-9). Prosser despliega las nociones de <em>agnosia<\/em> corporal (la incapacidad neurol\u00f3gica de rastrear partes del propio cuerpo) (78) y las experiencias de la extremidad fantasma (84-5) para ayudar a explicar el modo en el que la imagen corporal de una persona transexual puede no coincidir con su cuerpo real.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El punto de vista de Prosser tiene la ventaja de ofrecer una explicaci\u00f3n m\u00e1s plausible del ego corporal. Sin embargo, tambi\u00e9n merece la pena se\u00f1alar que se presta poca atenci\u00f3n al modo en el que las concepciones sociales del cuerpo pueden afectar al ego. Al basar la transexualidad tan profundamente en el cuerpo, el punto de vista de Prosser no parece estar bien equipado para dar cabida a las autoidentificaciones transexuales como <em>mujer<\/em> u <em>hombre<\/em> cuando dichas identificaciones involucran algo m\u00e1s que el cuerpo e incluyen tambi\u00e9n el rol social. De este modo, Prosser parece ofrecer una concepci\u00f3n del yo (o al menos del yo corporal) que es de manera implausible independiente de las exigencias culturales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si bien el trabajo de Prosser se centra principalmente en el planteamiento psicoanal\u00edtico de Butler sobre la formaci\u00f3n del ego, el de Viviane Namaste (2000) se centra en el planteamiento que propone Butler sobre lo <em>drag queer<\/em> como subversivo. En opini\u00f3n de Namaste, Butler no presta atenci\u00f3n al contexto social m\u00e1s amplio en el que se sit\u00faa el <em>drag<\/em> masculino gay y a trav\u00e9s del cual se regula el g\u00e9nero. Namaste se refiere al hecho social de que la performance <em>drag<\/em> masculina gay suele estar restringida al entretenimiento en el escenario, donde es vista como \u201cmera performance\u201d. Por el contrario, la identidad sexual masculina gay no est\u00e1 restringida al escenario y no es vista como \u201cmera performance\u201d (10- 13). Sin embargo, dado que Butler permite una ambivalencia en la subversi\u00f3n, no queda claro que su punto de vista no pueda dar cabida a estos hechos sociales en la forma en la que ella teoriza la performance <em>drag<\/em> en <em>Paris is Burning<\/em>. Sin embargo, Namaste apunta a una cr\u00edtica te\u00f3rica m\u00e1s profunda y acusa a Butler de estar apart\u00e1ndose de un marco post-estructuralista que sit\u00faa tales fen\u00f3menos precisamente dentro de un an\u00e1lisis social m\u00e1s amplio, algo que ella ve que falta en el planteamiento de Butler (16- 23).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al utilizar lo <em>drag<\/em> como una forma de representar y teorizar todas las relaciones de g\u00e9nero, argumenta Namaste, Butler no examina las m\u00faltiples formas concretas en las que el g\u00e9nero es regulado en la vida cotidiana (20-1). No queda claro que esto, por s\u00ed mismo, socave la afirmaci\u00f3n de Butler de que algunos comportamientos de g\u00e9nero pueden ser genuinamente subversivos (y, de hecho, Butler no apunta solo a lo <em>drag<\/em>, sino tambi\u00e9n a las presentaciones de g\u00e9nero <em>butch\/femme<\/em>). Sin embargo, puede suscitar dudas acerca del intento de Butler de ofrecer una teor\u00eda uniforme del g\u00e9nero como imitaci\u00f3n. Dado ese grado de abstracci\u00f3n de las circunstancias sociales concretas, es posible que Butler omita elementos cruciales del g\u00e9nero que son espec\u00edficos de diversas pr\u00e1cticas sociales concretas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554802\"><\/a><strong>5.4. Deshaciendo el g\u00e9nero<\/strong><\/h2>\n<p>El trabajo m\u00e1s reciente de Butler ha intentado en cierta medida mitigar algunas de las preocupaciones antes mencionadas (2004). Indica que se ha inspirado en lo que denomina \u201cLa Nueva Pol\u00edtica de G\u00e9nero\u201d (es decir, el activismo iniciado por personas intersexuales, transg\u00e9nero y transexuales) (Butler 2004, 4). Mientras que la noci\u00f3n de \u201chacer\u201d el g\u00e9nero es fundamental en su trabajo anterior, la noci\u00f3n de \u201cdeshacer\u201d se convierte ahora en algo central. Le preocupa espec\u00edficamente la noci\u00f3n de lo \u201chumano\u201d y el hecho de que algunas personas sean reconocidas como menos humanas o, en cierto modo, no sean reconocidas como humanas en absoluto (2004, 2). En la medida en la que esto es una funci\u00f3n de lo que cuenta como g\u00e9nero inteligible, una puede ser \u201cdeshecha\u201d por el g\u00e9nero (convertido en ininteligible o reconocido como menos humano) (2-3). En tanto el g\u00e9nero es relacional, y para Butler ahora a menudo implica actuar para otra persona, una puede ser \u201cdeshecha\u201d por aquellas personas ante las cuales somos vulnerables (22-5). As\u00ed, podemos deshacernos a trav\u00e9s de la p\u00e9rdida de una persona amiga cercana, del mismo modo en el que podemos ser deshechas mediante actos de violencia f\u00f3bica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Butler intenta ahora encontrar un equilibrio entre la demanda de autonom\u00eda (exigida por un ideal democratizador que ella suscribe expl\u00edcitamente) y el hecho de que dicha autonom\u00eda no fluye de un yo atomizado, sino que se basa en las ideolog\u00edas e instituciones particulares que necesariamente nos conectan con otras personas y que niegan a ciertas personas la condici\u00f3n de humanas (37-9, 223-7). Por lo tanto, demanda distinguir entre las normas que excluyen la posibilidad de vidas vivibles para las personas consideradas marginales, y aquellas que abren posibilidades \u201cpara vivir, respirar y moverse\u201d (2004, 8, 31,219). De este modo, pretende ofrecer un enfoque m\u00e1s matizado sobre la importancia de la identidad en la pol\u00edtica democr\u00e1tica, retomando expl\u00edcitamente una \u201ctensi\u00f3n que surge entre la teor\u00eda queer y el activismo intersexual y transexual\u201d que \u201cse centra en la cuesti\u00f3n de la asignaci\u00f3n del sexo y la deseabilidad de las categor\u00edas de identidad\u201d (7). En efecto, Butler reconoce que, en la medida en la que la teor\u00eda queer pretende socavar la \u201cilusi\u00f3n\u201d de las identidades estables, al mismo tiempo que argumenta contra la viabilidad de una pol\u00edtica basada en las categor\u00edas de identidad, la teor\u00eda queer se opone al activismo intersexual y transexual, ambos centrados en las identidades (es decir, la identidad intersexual y la identidad transexual). Cediendo algo de terreno, Butler reconoce que una vida vivible \u201crequiere varios grados de estabilidad\u201d (8). Su trabajo anterior solo encontraba la subversi\u00f3n en la <em>disrupci\u00f3n<\/em> de la identidad estable. Sin embargo, aqu\u00ed reconoce que sin cierta estabilidad, la vida no es vivible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n reconsidera su anterior referencia al <em>drag<\/em>. Para Butler, lo que es importante del \u201c<em>drag<\/em>\u201d es tan solo que revela la posibilidad de que lo que se da por dado es en realidad cultural y que puede ser impugnado y se le puede asignar nuevos significados (213-9). Sin embargo, si bien su planteamiento anterior hab\u00eda insistido con mayor fuerza en la importancia de subvertir la norma a trav\u00e9s de su exposici\u00f3n como imitaci\u00f3n, lo que ahora parece m\u00e1s importante son los diferentes <em>tipos<\/em> de normas que est\u00e1n en juego, y si conducen a posibilidades de vidas vivibles para las personas que son marginadas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En particular, Butler considera la tensi\u00f3n pol\u00edtica entre las personas activistas trans que se oponen al Trastorno de Identidad de G\u00e9nero por considerarlo patologizante y paternalista, y aquellas que insisten en su importancia para asegurar el acceso a las tecnolog\u00edas m\u00e9dicas, recomendando el uso estrat\u00e9gico del diagn\u00f3stico. Si bien este \u00faltimo punto de vista subestima el grado en el que tal medida fortalece a\u00fan m\u00e1s al acuerdo estructural existente e inflige da\u00f1os a quienes se someten a las regulaciones (82-3), el primero no ve c\u00f3mo, en la pr\u00e1ctica, la medida para alejarse de cierta regulaci\u00f3n m\u00e9dica no va a ser posible sin tambi\u00e9n socavar completamente el acceso a la tecnolog\u00eda (90-1). En opini\u00f3n de Butler, los mecanismos institucionales que permiten el acceso a trav\u00e9s de la regulaci\u00f3n m\u00e9dica y la evaluaci\u00f3n psicol\u00f3gica, permiten una especie de acceso culturalmente circunscrito a la autonom\u00eda, pero solo a costa de \u201cdeshacerse\u201d a una misma (91). Butler considera que esta encrucijada de \u201cdeshacerse\u201d para \u201chacerse\u201d es caracter\u00edstica de la forma general en la que se niega y otorga culturalmente la autonom\u00eda (100-1).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si bien la perspectiva modificada de Butler alivia en cierto modo la tensi\u00f3n entre su teor\u00eda del g\u00e9nero y las demandas de la pol\u00edtica trans, cabe se\u00f1alar que la teor\u00eda no ofrece muchos detalles en lo que respecta a la opresi\u00f3n trans y las posibilidades de resistencia. Su discusi\u00f3n sobre el Trastorno de Identidad de G\u00e9nero es un ejemplo de ello. Nos deja una poderosa idea acerca de sus afirmaciones te\u00f3ricas sobre la autonom\u00eda; sin embargo, no ofrece mucho en t\u00e9rminos de estrategias pol\u00edticas concretas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554803\"><\/a><strong>6. La tecnolog\u00eda y la producci\u00f3n del g\u00e9nero<\/strong><\/h1>\n<p>El libro de Bernice Hausman <em>Changing Sex: Transsexualism, Technology, and the Idea of Gender <\/em>(1995) busca ofrecer un an\u00e1lisis feminista sobre la transexualidad dentro de un paradigma foucaultiano. Aunque su marco te\u00f3rico difiere notablemente del de Raymond, ella tambi\u00e9n comparte la preocupaci\u00f3n de Raymond por la transexualidad, as\u00ed como su profunda desconfianza acerca de la intervenci\u00f3n m\u00e9dica en el cuerpo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Hausman, el hito principal de la transexualidad es la gran demanda de cirug\u00edas transexuales mediante las cuales los sujetos transexuales se constituyen <em>como tales<\/em> (1995, 110). En consecuencia, ella considera que la subjetividad transexual depende totalmente de la tecnolog\u00eda m\u00e9dica. En opini\u00f3n de Hausman, las personas transexuales y los m\u00e9dicos trabajan de forma interdependiente para producir \u201cla versi\u00f3n est\u00e1ndar\u201d de la transexualidad que sirve de \u201ccobertura\u201d para la demanda de cirug\u00eda y para justificar el acceso a las tecnolog\u00edas m\u00e9dicas (110, 138-9). Detr\u00e1s de la \u201ccobertura\u201d solo se encuentra la problem\u00e1tica demanda de \u2014a trav\u00e9s de la tecnolog\u00eda\u2014 dise\u00f1arse a s\u00ed misma un sujeto. Por ello, Hausman afirma que la agencia transexual puede \u201cleerse a trav\u00e9s\u201d del discurso m\u00e9dico (110).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un corolario de su punto de vista es que la propia noci\u00f3n de g\u00e9nero (como entidad psicol\u00f3gica y rol cultural distinto del sexo) es una consecuencia de la tecnolog\u00eda m\u00e9dica y, en parte, de la aparici\u00f3n de la transexualidad. Antes que surgir como consecuencia de los roles de g\u00e9nero sexistas, sostiene Hausman, la transexualidad es uno de los veh\u00edculos a trav\u00e9s de los cuales el g\u00e9nero mismo se produce como un efecto de los discursos dise\u00f1ados para justificar el acceso a cierta tecnolog\u00eda m\u00e9dica (140). Al defender esta postura, Hausman apunta a la aparici\u00f3n hist\u00f3rica de las expresiones <em>g\u00e9nero<\/em> e <em>identidad de g\u00e9nero<\/em> en la obra de personas como John Money y Robert Stoller (ya comentada). Considera estos desarrollos hist\u00f3ricos no como momentos de descubrimiento intelectual, sino de desarrollo discursivo. Es precisamente el desarrollo de este nuevo discurso de g\u00e9nero el que introduce el g\u00e9nero y la identidad de g\u00e9nero. Y ese discurso es posible, para Hausman, gracias al avance de la tecnolog\u00eda que permite el tratamiento quir\u00fargico de las personas intersexuales y transexuales. En efecto, el discurso del g\u00e9nero y de la identidad de g\u00e9nero surge como una forma de motivar y justificar el despliegue de ciertas tecnolog\u00edas m\u00e9dicas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A la luz de esto, Hausman critica a Butler por suponer un uso ahist\u00f3rico del g\u00e9nero\/sexo en su intento de leer el sexo como el \u201cg\u00e9nero de siempre\u201d. Por el contrario, argumenta Hausman, el g\u00e9nero fue un desarrollo hist\u00f3rico (179). Antes del g\u00e9nero, argumenta Hausman, el sujeto reproductivo (es decir, la mujer o el hombre entendido dentro de un marco heterosexual) se entend\u00eda en t\u00e9rminos del cuerpo como significante del sexo. Con el desarrollo del g\u00e9nero, el sujeto reproductivo (ahora entendido en t\u00e9rminos de rol de g\u00e9nero heterosexual) se toma para significar la identidad de g\u00e9nero (como la base misma del sexo biol\u00f3gico) (187-88). Hausman se resiste al llamado de Butler (1990) para la proliferaci\u00f3n de g\u00e9neros, e insiste en cambio en el retorno a la noci\u00f3n de sexo (180).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un componente importante de la perspectiva de Hausman es que la agencia transexual es inherentemente c\u00f3mplice del modelo m\u00e9dico (140). Para Hausman, las personas transexuales se definen por su deseo de conversi\u00f3n quir\u00fargica, y su subjetividad est\u00e1 constituida por y a trav\u00e9s de los relatos m\u00e9dicos de la transexualidad. Seg\u00fan Hausman, m\u00e1s all\u00e1 del modelo m\u00e9dico, no es posible ninguna subjetividad transexual. Mientras que Stone (1991) intent\u00f3 desbaratar la narrativa transexual tradicional dando cabida a las experiencias de las personas transexuales (plasmadas en la \u201cdoble visi\u00f3n\u201d) y generando nuevas narrativas h\u00edbridas (\u201cmezcla de g\u00e9neros\u201d), Hausman niega que haya algo m\u00e1s que decir (174). En particular, Hausman parece tergiversar a Stone al afirmar que hay una \u00fanica realidad o verdad que contar, oculta por la narrativa m\u00e9dica (146). Sin embargo, tambi\u00e9n parece rechazar cualquier posibilidad de \u201cdoble conciencia\u201d y de resistencia trans al modelo m\u00e9dico (195-6). Este rechazo, sin embargo, es emp\u00edricamente falso, como demuestran las observaciones de Stone sobre las actividades subversivas en la subcultura transexual (comentadas anteriormente). De hecho, dado que la propia Stone, una transexual, parece capaz de articular un relato del yo que supera y cuestiona el modelo m\u00e9dico, no queda claro por qu\u00e9 y c\u00f3mo Hausman puede negar que la subjetividad transexual resistente sea posible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Hausman, las autobiograf\u00edas transexuales cumplen la funci\u00f3n de justificar el acceso a la cirug\u00eda mediante el despliegue de relatos m\u00e9dicos. El prop\u00f3sito de tales narraciones es obligar al lector a conformarse con la experiencia de la autora y a interpretar su propia vida de la misma manera (156). De hecho, Hausman argumenta que estas mismas narrativas ocultan varias contradicciones y son en realidad autodestructivas. Por ejemplo, Hausman observa una tensi\u00f3n autodestructiva entre las afirmaciones de las personas transexuales de que siempre han sido \u201cdel otro sexo\u201d y la correspondiente demanda de cirug\u00eda de \u201ccambio de sexo\u201d (148). Si uno siempre ha sido de ese sexo, \u00bfpor qu\u00e9 operarse para cambiar de sexo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En respuesta a esta afirmaci\u00f3n, Prosser (1998) sostiene que la narrativa autobiogr\u00e1fica es esencial para comprender la subjetividad transexual (103). Desde su punto de vista, la narrativa autobiogr\u00e1fica \u2014requerida por el cl\u00ednico, y luego quiz\u00e1s revisada a trav\u00e9s de una autobiograf\u00eda formal\u2014 permite a las personas transexuales conferir inteligibilidad a sus vidas. Estos relatos, se\u00f1ala Prosser, son siempre retrospectivos. Y suponen una escisi\u00f3n entre el yo narrado y el yo narrador. Estas tensiones entre las afirmaciones de haber pertenecido siempre a un sexo (por un lado) y de haber pasado por un proceso de cambio de sexo quir\u00fargico (por otro) son simplemente constitutivas de los tipos de tensiones que surgen en la narrativa autobiogr\u00e1fica (1998, 114-120).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, tanto si Prosser est\u00e1 en lo correcto como si no, la identificaci\u00f3n que hace Hausman de las tensiones que se socavan a s\u00ed mismas es d\u00e9bil. La afirmaci\u00f3n de haber pertenecido siempre a un sexo y la afirmaci\u00f3n de haberse convertido en un sexo a trav\u00e9s de una intervenci\u00f3n quir\u00fargica solo est\u00e1n en tensi\u00f3n si \u201csexo\u201d se utiliza de forma un\u00edvoca en las dos afirmaciones. Pero no queda claro que esto sea as\u00ed. Si la afirmaci\u00f3n de haber pertenecido siempre a un sexo se utiliza para se\u00f1alar una identidad de g\u00e9nero y quiz\u00e1s la sensaci\u00f3n de que uno deber\u00eda haber nacido en el otro sexo (por un lado), mientras que la afirmaci\u00f3n de haber cambiado de sexo se utiliza para se\u00f1alar la transformaci\u00f3n corporal (por otro lado), entonces no parece haber una tensi\u00f3n autodestructiva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hausman tambi\u00e9n considera sucintamente la pol\u00edtica transg\u00e9nero como una posible fuente de resistencia a la concepci\u00f3n m\u00e9dica de la transexualidad. Ella reconoce que la posibilidad de que las personas trans trabajen de forma contraria a la regulaci\u00f3n m\u00e9dica del g\u00e9nero, choca con su intento de reducir la subjetividad transexual a la complicidad. Sin embargo, en respuesta, Hausman se pone del lado de Raymond al afirmar que la mera mezcla y combinaci\u00f3n de la presentaci\u00f3n de g\u00e9nero no hace nada por trascender el g\u00e9nero, bas\u00e1ndose en una visi\u00f3n inaceptable del g\u00e9nero como algo de alg\u00fan modo voluntario (197-8). Tambi\u00e9n se\u00f1ala que Bornstein (a quien ve como representante de toda la pol\u00edtica transg\u00e9nero actual) sigue dando cabida a las identidades transexuales y a la cirug\u00eda transexual, lo que considera fundamentalmente problem\u00e1tico (198). Sin embargo, aunque Hausman tenga raz\u00f3n en que algunas personas activistas transg\u00e9nero adoptan esta postura sobre las personas transexuales, no ha abordado del todo el punto principal de que existen formas de subjetividad trans que superan el modelo m\u00e9dico. Y aunque ciertamente tiene raz\u00f3n en que no toda la mezcla de g\u00e9neros es subversiva, no est\u00e1 claro por qu\u00e9 ninguna lo es.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Uno de los aspectos m\u00e1s destacados del trabajo de Hausman (as\u00ed como de la nueva introducci\u00f3n de Raymond a <em>The Transsexual Empire<\/em>) fue el mayor reconocimiento por parte de la comunidad acad\u00e9mica trans de la fragilidad de los estudios transg\u00e9nero. Preocupado por la continua transfobia inherente a algunas escritoras feministas no trans, C. Jacob Hale redact\u00f3 \u201cSuggested Rules for Non-Transsexuals Writing about Transsexuality, Transsexualism, or Trans\u201d (1997) para ayudar a las personas no trans a escribir sobre las personas trans de forma que se eviten, y no se perpet\u00faen, las estrategias y representaciones transf\u00f3bicas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554804\"><\/a><strong>7. Guerras fronterizas Butch\/FTM y habitantes de zonas fronterizas<\/strong><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En gran medida, el debate feminista (no trans) sobre las cuestiones trans parece haber circulado en torno al estatus problem\u00e1tico percibido de las personas trans (y, en particular, de las personas transexuales). Adem\u00e1s, en general se ha puesto demasiado \u00e9nfasis en las MTF en particular. Por lo tanto, merece la pena llamar la atenci\u00f3n sobre las opiniones feministas (trans) m\u00e1s significativas que han surgido de las disputas en las comunidades subalternas entre varias personas de g\u00e9nero no normativo, en particular las asignadas como hembras al nacer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las tensiones entre las personas identificadas como FTM y las identificadas como lesbianas <em>butch<\/em> han dado lugar a disputas con gran carga pol\u00edtica sobre el significado de la masculinidad. Para algunas lesbianas, las personas FTM representaban una traici\u00f3n al ser-mujer y una deserci\u00f3n de la comunidad l\u00e9sbica. Para algunas personas FTM, la masculinidad <em>butch<\/em> era una manifestaci\u00f3n menor y quiz\u00e1s \u201cartificial\u201d de la masculinidad en contraste con la masculinidad ejemplificada por las personas FTM. Estas formas contrapuestas de entender la masculinidad condujeron a lo que a veces se ha llamado \u201c<em>guerras fronterizas Butch\/FTM<\/em>\u201d (Halberstam y Hale, 1998).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este conflicto se articul\u00f3 en una disputa sobre la identidad de g\u00e9nero y la orientaci\u00f3n sexual de una persona joven masculina, asignada como mujer al nacer, Brandon (Teena), que fue asesinado en Humbolt, Nebraska, en 1993, cuando se descubri\u00f3 que era \u201crealmente una mujer\u201d. (Hale [1998a] sostiene que no hay pruebas contundentes de que Brandon utilizara el nombre de <em>Brandon Teena<\/em>. Sin embargo, se ha convertido en una forma com\u00fan de referirse a esta persona. Pongo el nombre de Teena entre par\u00e9ntesis para se\u00f1alar la naturaleza problem\u00e1tica de esta construcci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica). Un art\u00edculo en el <em>Village Voice<\/em>, de Donna Minkowitz, titulado \u201cLove Hurts. Brandon Teena Was a Woman Who Lived and Loved as a Man. She was Killed for Carrying It Off\u201d, llev\u00f3 a la formaci\u00f3n de Amenaza Transexual, un grupo de activistas trans que protest\u00f3 por la aparente invalidaci\u00f3n de la identidad de Brandon como persona transg\u00e9nero (Prosser 1997, 316).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la literatura acad\u00e9mica surgieron tensiones similares. El innovador ensayo de Judith Halberstam \u201cF2M: The Making of Female Masculinity\u201d (1994) fue objeto de considerables cr\u00edticas dentro de las comunidades FTM (Halberstam 1998a). El ensayo de Jay Prosser \u201cNo Place Like Home: The Transgendered Narrative of Leslie Feinberg&#8217;s <em>Stone Butch Blues<\/em>\u201d (1995) busc\u00f3 ofrecer una respuesta acad\u00e9mica a la invalidaci\u00f3n que Halberstam percib\u00eda de las identidades FTM.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554805\"><\/a><strong>7.1. Masculinidad femenina<\/strong><\/h2>\n<p>En \u201cF2M\u201d, Halberstam intenta socavar la representaci\u00f3n de la transici\u00f3n FTM como una forma m\u00e1s radical que otras de cruce de g\u00e9nero (como la presentaci\u00f3n de g\u00e9nero lesbiana <em>butch<\/em>) (1994, 212; 1998a, 289). Ella se\u00f1ala el fracaso del esquema est\u00e1ndar (<em>straight<\/em>\/lesbiana\/transexual) al momento de dar cuenta de las m\u00faltiples y muy espec\u00edficas formas de identidad y deseo en las \u201cidentidades lesbianas posmodernas\u201d. Argumenta en contra de la noci\u00f3n de pasar de una categor\u00eda a otra a la luz de la proliferaci\u00f3n de tales identidades situadas en supuestos \u201ccruces\u201d (1994, 212). Con esto quiere decir que tales identidades pueden tomarse por derecho propio como reivindicaci\u00f3n de formas de estar en el mundo que impugnan las propias categor\u00edas dominantes que las situar\u00edan como \u201ccruces\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Halberstam afirma que la intervenci\u00f3n quir\u00fargica en el caso del \u201ccambio de sexo\u201d sirve para \u201cficcionalizar\u201d el g\u00e9nero (es decir, convertirlo o exponerlo como artificial) (1994, 216). Del mismo modo, sostiene que las presentaciones de g\u00e9nero alternativas, que implican un atuendo o una fantas\u00eda, pueden \u201cficcionalizar\u201d el g\u00e9nero, y que en todos los casos la \u201cficci\u00f3n\u201d requiere un\/a lector\/a (221). Estas \u201cficciones\u201d pueden desempe\u00f1ar un papel importante en las identidades y el deseo de las personas. El punto es que no hay nada distintivo en la transexualidad FTM para \u201cficcionalizar\u201d el g\u00e9nero. Por el contrario, una lesbiana <em>butch<\/em> que performa de forma masculina, por ejemplo, tambi\u00e9n lo ficcionaliza. El \u201ccambio de sexo\u201d y el \u201ctravestismo\u201d est\u00e1n en gran medida a la par en cuanto a su importancia central para la identidad y el deseo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A la luz de este planteamiento, Halberstam se\u00f1ala de manera notoria: \u201cTodas las persona somos transexuales. No hay transexuales\u201d (1994, 212) para subrayar la pluralidad de formas en las que el g\u00e9nero (como n\u00facleo de la identidad y el deseo) puede ser \u201cficcionalizado\u201d. Este intento de socavar la especificidad de la transexualidad FTM suscit\u00f3 el malestar de algunos c\u00edrculos FTM y Halberstam atenu\u00f3 posteriormente su afirmaci\u00f3n (1998a, 306). Sin embargo, su objetivo (como explic\u00f3 posteriormente) era delimitar el espacio para la noci\u00f3n de <em>butch<\/em> <em>transg\u00e9nero <\/em>como una posici\u00f3n que se resiste a un continuo en el que la masculinidad lesbiana <em>butch<\/em> se representa como menos que la masculinidad plenamente lograda de las personas transexuales FTM (1998a, 289).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554806\"><\/a><strong>7.2. No hay lugar como el hogar<\/strong><\/h2>\n<p>En su respuesta a Halberstam, Prosser contrasta lo que \u00e9l considera las posiciones opuestas de lo queer y lo trans. No est\u00e1 de acuerdo con la tendencia de la teor\u00eda queer a considerar el g\u00e9nero\/sexo como una performance y, en la obra de Halberstam, como una ficci\u00f3n. (Como se ha se\u00f1alado, para algunas personas trans, la visi\u00f3n de que el g\u00e9nero es irreal o artificial parece anular sus propios intentos de verse como \u201chombres reales\u201d o \u201cmujeres reales\u201d). Sin embargo, aunque puede haber motivos para alguna demanda pol\u00edtica con este planteamiento te\u00f3rico, Prosser cae en una visi\u00f3n que considera que la presentaci\u00f3n masculina de las lesbianas <em>butch<\/em> es meramente artificial o un juego de g\u00e9nero, en contraste con la \u201crealidad\u201d y la \u201cprofundidad\u201d presentes en el caso de las personas FTM. De este modo, no diferencia lo suficiente entre las vidas vividas que pueden (o no) describirse como \u201cqueer\u201d (por ejemplo, las masculinidades <em>butch<\/em>) y un punto de partida te\u00f3rico acad\u00e9mico queer\/postmoderno (1995, 487). Esto \u00faltimo puede muy bien implicar que se considere todo el g\u00e9nero como una performance y la identidad como algo ficcional. Sin embargo, las vidas \u201cqueer\u201d (que implican masculinidades <em>butch<\/em>) no tienen por qu\u00e9 ser vistas de esta manera. Considerar lo <em>butch<\/em> como artificial y lo transexual como real es negarse a reconocer la relaci\u00f3n de muchas personas <em>butch<\/em> con el g\u00e9nero y la identidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La estrategia de Prosser para establecer un punto de vista te\u00f3rico trans consiste en hacer un contraste entre la centralidad de la performance (en la teor\u00eda queer) y la narrativa (para las personas transexuales). Se\u00f1ala correctamente una tendencia en la teor\u00eda queer posmoderna a plantear cuestiones sobre el papel pol\u00edtico de las narrativas (1995, 484). Se puede considerar que dichas narrativas implican la ilusi\u00f3n de una falsa unidad y tambi\u00e9n pueden implicar una pol\u00edtica de exclusi\u00f3n. Sin embargo, las narrativas, seg\u00fan Prosser, son fundamentales para los testimonios de las personas transexuales y dichas narrativas implican la noci\u00f3n de hogar y pertenencia (1995, 488). Esta apuesta por la narrativa parece estar en tensi\u00f3n con una imagen que subraya la fragmentaci\u00f3n de las narrativas coherentes en diversas performances y que identifica la subversi\u00f3n con la disrupci\u00f3n de las identidades basadas en la narrativa. Seg\u00fan Prosser, las narrativas coherentes, incluso si en \u00faltima instancia son ficcionales, desempe\u00f1an un importante papel de inteligibilidad en la vida de las personas transexuales. Y esto no se puede ajustar bien a los relatos que pretenden socavar dicha coherencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de Prosser, las narrativas transexuales est\u00e1n conducidas por un sentimiento de no sentirse como en casa en el propio cuerpo a trav\u00e9s de un viaje de cambio quir\u00fargico, el que finalmente culmina en un retorno a casa con uno mismo (y con el propio cuerpo) (1995, 490). De este modo, el cuerpo y el malestar corporal constituyen la \u201cprofundidad\u201d o la \u201crealidad\u201d que contrasta con la visi\u00f3n de que el cuerpo est\u00e1 sexuado a trav\u00e9s del comportamiento performativo del g\u00e9nero que lo constituye como el contenedor de la identidad de g\u00e9nero. A la luz de esto, Prosser concluye que el uso que la teor\u00eda queer hace de las personas transexuales para socavar el g\u00e9nero como mera performance, no hace justicia a la importancia de la narrativa y la pertenencia en las identidades trans.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bas\u00e1ndose en el <em>Stone Butch Blues<\/em> de Feinberg, Prosser sostiene que el transg\u00e9nero (construido como una desviaci\u00f3n de la transexualidad tradicional) tambi\u00e9n implica una estructura narrativa. En este caso, sin embargo, la narrativa implica hacer un hogar del espacio intermedio entre el hombre y la mujer (1995, 500). Sin embargo, dado que implica algo m\u00e1s que la mera performance (es decir, la disforia en relaci\u00f3n con el propio cuerpo), as\u00ed como la centralidad de la narrativa, deber\u00eda distinguirse de las comprensiones gen\u00e9ricas de lo queer. M\u00e1s adelante modifica ligeramente su punto de vista, situando lo transg\u00e9nero en un espacio liminar entre lo queer y lo transexual, admitiendo mucha m\u00e1s ambivalencia en torno a la noci\u00f3n de hogar y pertenencia (1998, 177).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si bien Prosser podr\u00eda tener raz\u00f3n cuando destaca la importancia de las narrativas en las identidades de las personas transexuales y transg\u00e9nero, no queda nada claro que pueda mantener bastante n\u00edtidas las distinciones que pretende establecer entre transexual, transg\u00e9nero y queer. La estructura narrativa de la identidad (as\u00ed como las nociones de hogar y pertenencia) pueden ser importantes para muchas personas (incluidas las que se identifican como queer). Y, aunque para Prosser lo distintivo de las narrativas transexuales\/transg\u00e9nero es que implican un sentimiento de falta de pertenencia corporal, no queda claro por qu\u00e9 esa disforia puede no estar presente entre las personas no identificadas como trans. Adem\u00e1s, su punto de vista parece dar por sentado que para las personas trans siempre hay un \u201chogar\u201d al que se puede volver (o, al menos, imaginar). Sin embargo, esto supone que las personas trans tienen los medios para encontrar esta pertenencia (en sus cuerpos, etc.). Sin embargo, dadas las realidades econ\u00f3micas, esto no est\u00e1 nada claro. De hecho, dada la escasez de recursos ling\u00fc\u00edsticos para explicar siquiera las experiencias trans, no es obvio c\u00f3mo, en algunos casos, podr\u00eda formularse siquiera un hogar imaginario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554807\"><\/a><strong>7.3. Encontrar una voz en las fronteras<\/strong><\/h2>\n<p>La obra de C. Jacob Hale es una especie de intervenci\u00f3n filos\u00f3fica en estas disputas fronterizas. Ofrece una de las primeras teorizaciones acerca de las cuestiones trans desde la tradici\u00f3n anal\u00edtica. Y, en cierto modo, su perspectiva une las sensibilidades trans, queer y feminista desde un punto de vista distintivo queer, feminista y ftm. (Hale utiliza el t\u00e9rmino <em>ftm<\/em> en lugar de <em>FTM<\/em> como una forma de rechazar el t\u00e9rmino como una abreviatura de <em>femenino-a-masculino<\/em>. En cambio, para Hale, es un t\u00e9rmino espec\u00edfico de la comunidad. Esta reflexi\u00f3n sobre Hale respetar\u00e1 sus decisiones terminol\u00f3gicas). Su trabajo se centra en torno al an\u00e1lisis de las categor\u00edas de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hale (1996) examina la pol\u00e9mica afirmaci\u00f3n de Monique Wittig (1992) sobre que las lesbianas no son mujeres. (El objetivo de Wittig era revertir el punto de vista heterosexista acerca de que las lesbianas no cuentan como mujeres, argumentando que las lesbianas se salen de la categor\u00eda opresiva de mujer que requiere relaciones heterosexuales con hombres). Hale es uno de los primeros en defender la opini\u00f3n (ahora adoptada por muchas fil\u00f3sofas feministas) de que la categor\u00eda <em>mujer<\/em> es lo que Wittgenstein llam\u00f3 un concepto de parecido de familia. El concepto <em>mujer<\/em>, en opini\u00f3n de Hale, tiene trece caracter\u00edsticas de diferente peso, ninguna de las cuales es necesaria o suficiente para pertenecer a la categor\u00eda (1996, 107-12). Esta posici\u00f3n le permite a Hale argumentar, al igual que Wittig, que algunas lesbianas son mujeres, otras no, y que para algunas no existe el hecho de serlo (1996, 115).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En opini\u00f3n de Hale, la categor\u00eda mujer es inherentemente normativa (1996, 104). Las personas que la conforman pueden ser evaluadas en funci\u00f3n del grado en el que se ajustan a las trece caracter\u00edsticas. Para Hale, la categor\u00eda se rige por ejemplares positivos y negativos. Los ejemplares negativos sirven para proscribir ciertas formas de comportamiento y amenazan con la posibilidad de salirse de la categor\u00eda por completo (1996, 105). Sin embargo, aunque la amenaza de salirse de la categor\u00eda debe existir para regular la conducta, debido a los requisitos culturales de preservar el sentido com\u00fan imperante sobre el g\u00e9nero, muy pocas personas deben realmente salirse de la categor\u00eda por completo (105-6).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De manera similar, Hale sostiene que no existe ninguna caracter\u00edstica que pueda distinguir entre personas <em>butch<\/em> y <em>ftm<\/em> (excepto, quiz\u00e1s, la mera autoidentificaci\u00f3n con las propias etiquetas <em>butch<\/em> o <em>ftm<\/em>). No todas las personas <em>ftm<\/em> se autoidentifican como hombres y no todos las <em>butch<\/em> se autoidentifican como mujeres, algunas <em>butch<\/em> se identifican m\u00e1s fuertemente con la masculinidad que algunos <em>ftm<\/em>, y algunas <em>butch<\/em> se valen de tecnolog\u00edas m\u00e9dicas que alteran el cuerpo, mientras que algunas <em>ftm<\/em> no lo hacen (1998a, 321-2). Hale tambi\u00e9n critica el \u201cdeseo de pene\u201d como l\u00ednea divisoria entre las <em>butch<\/em> y las personas <em>ftm<\/em> (199a, 326-30): este intento borra los complejos deseos de las <em>butch<\/em>, as\u00ed como la relaci\u00f3n idiosincr\u00e1tica de las personas <em>ftm<\/em> con sus cuerpos, al tiempo que da cuenta de las distinciones entre <em>butch\/ftms<\/em> de forma faloc\u00e9ntrica. Adem\u00e1s, se basa en un modelo de \u201ccirug\u00eda de cambio de sexo\u201d que se toma prestado de los contextos masculinos a femeninos (en los que \u201cla cirug\u00eda\u201d se identifica con la cirug\u00eda genital) y, por lo tanto, promueve a\u00fan m\u00e1s la dominaci\u00f3n masculina-a-femenina en los contextos trans (329-30). Con esto Hale quiere decir que \u201cla cirug\u00eda\u201d se utiliza normalmente para referirse a la cirug\u00eda de reconstrucci\u00f3n genital. Sin embargo, la centralidad de una cirug\u00eda es especialmente problem\u00e1tica en contextos <em>ftm<\/em>. La doble mastectom\u00eda y la histerectom\u00eda son otras cirug\u00edas importantes. De hecho, la \u201ccirug\u00eda superior\u201d (como se denomina a veces) suele ocupar un lugar m\u00e1s destacado en los contextos <em>ftm<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En cambio, Hale sugiere que ambas categor\u00edas se analizar\u00edan mejor como conceptos de semejanza familiar (1998a, 323). De ser as\u00ed, afirma Hale, ser\u00eda mejor hablar de una zona fronteriza en la que las categor\u00edas se solapan parcialmente entre s\u00ed antes que buscar una frontera firme entre ambas (323). El modelo le permite a Hale, tal vez en el esp\u00edritu de Anzald\u00faa, hablar de \u201chabitantes de la zona fronteriza\u201d: personas que viven en los l\u00edmites de m\u00faltiples categor\u00edas de identidad que se solapan. Sostiene que, dada la evidencia, Brandon (Teena) parece haber sido un habitante de esa zona fronteriza (317-9). Los intentos de reivindicar a los muertos (o a los vivos) que viven en esas zonas fronterizas, argumenta Hale, hacen a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil que esas personas vivan all\u00ed (319). Hace m\u00e1s dif\u00edcil vivir all\u00ed al amenazar con eliminar por completo el espacio de la zona fronteriza tratando de obligar a las personas que lo ocupan a entrar en otros marcos. Del mismo modo, los habitantes de las zonas fronterizas pueden verse presionados a reclamar categor\u00edas de identidad que no funcionan bien y que amenazan con borrar lo espec\u00edfico de sus experiencias vividas (336). Estas posiciones de sujeto (constituidas por la falta de una categor\u00eda de identidad central) son importantes, aunque es dif\u00edcil hablar de ellas (en parte porque no parece haber ning\u00fan lenguaje disponible). Sin embargo, dicha especificidad debe mantenerse, argumenta Hale, en parte mediante el cuestionamiento de la funci\u00f3n de las definiciones y las categor\u00edas, en parte mediante el esfuerzo art\u00edstico que intenta dar voz de forma creativa a las experiencias que no est\u00e1n bien recogidas en el lenguaje disponible (336-7). Hale insta encarecidamente a que se \u201cdesmilitaricen\u201d las zonas fronterizas <em>butch\/ftm<\/em> (es decir, que los diferentes \u201ccampos\u201d, como la comunidad <em>ftm<\/em> y la comunidad lesbiana, dejen de intentar reclamar a los habitantes de la zona fronteriza como propios) para dejar sitio a los propios habitantes marginados de la zona fronteriza (340).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hale ampl\u00eda su noci\u00f3n de habitante de la zona fronteriza para esbozar lo que podr\u00eda ser la articulaci\u00f3n de una voz feminista <em>ftm<\/em> (1998b). Se apoya principalmente en la noci\u00f3n de Mar\u00eda Lugones de \u201cviajar por el mundo\u201d (Lugones 1987). En su opini\u00f3n, las personas marginadas por la corriente principal pueden ocupar diferentes \u201cmundos\u201d donde pueden construirse como personas diferentes. (Para Lugones, un cambio en el yo constituye un cambio en el \u201cmundo\u201d). Para Hale, por lo tanto, quienes habitan zonas fronterizas, u ocupan \u201cubicaciones dislocadas\u201d, pueden encajar en diferentes categor\u00edas (\u201chombre\u201d, \u201cftm\u201d, \u201cbutch\u201d, \u201cgenderqueer\u201d, etc.) que corresponden a diferentes \u201cmundos\u201d culturales (1998b, 116-7). Sin embargo, dado que tales habitantes de la zona fronteriza son marginales con respecto a las categor\u00edas, su inserci\u00f3n en todos los casos ser\u00e1 solo limitada y tenue. De este modo, Hale modifica la concepci\u00f3n de Lugones de los viajes por el mundo (que no postula una inserci\u00f3n tan tenue en las categor\u00edas) (117). Por el contrario, la concepci\u00f3n de Lugones insiste en la multiplicidad de lenguajes y sistemas de significado, algo que no se destaca en el modelo de Hale.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hale argumenta que, dado que muchas personas <em>ftm<\/em> han tenido la experiencia de vivir como ni\u00f1as o mujeres, tienen una historia de haberse movido en \u201cmundos\u201d feministas y pueden ser mucho m\u00e1s conscientes de la importancia de las representaciones masculinas, existe una base s\u00f3lida para querer evitar ciertas formas de masculinidad y, al mismo tiempo, abrazar las que se ajustan a los valores feministas (1998b, 118). Esto requiere, seg\u00fan Hale, mantener los v\u00ednculos humanos con las mujeres feministas no trans y viajar a sus \u201cmundos\u201d, sin dejar de reconocerse como habitante de la frontera. Esto es dif\u00edcil, sin embargo, dados los supuestos de las feministas no trans que no tienen la experiencia de ciertas formas de opresi\u00f3n de g\u00e9nero (como la transfobia) (118).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se requiere cautela con respecto a los tipos de identificaciones que una hace. Para Hale, la identificaci\u00f3n <em>como<\/em> miembro de una categor\u00eda implica tanto identificaciones <em>con<\/em> miembros de ese grupo como identificaciones <em>como no<\/em>-miembros de alguna otra categor\u00eda (119). Puede haber presi\u00f3n, a trav\u00e9s de la adopci\u00f3n de la categor\u00eda <em>ftm<\/em>, por ejemplo, para identificarse principalmente con los hombres no trans y desidentificarse con las lesbianas <em>butch<\/em>. Esta presi\u00f3n, para Hale, debe evitarse (119). La identificaci\u00f3n <em>con<\/em> puede operar independientemente de la identificaci\u00f3n <em>como<\/em> un miembro de la categor\u00eda (sobre la base de, por ejemplo, v\u00ednculos hist\u00f3ricos). La realizaci\u00f3n de tales identificaciones debe estar guiada por el ejercicio de la agencia moral y pol\u00edtica. A la luz de esto, Hale argumenta que las autoidentidades generizadas deben ser secundarias a las identificaciones morales y pol\u00edticas (120).<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554808\"><\/a><strong>8. Solidaridad feminista despu\u00e9s de la teor\u00eda queer<\/strong><\/h1>\n<p>Despu\u00e9s de Butler, ha habido notables contribuciones feministas no trans al estudio de las cuestiones trans, centradas en gran medida en la cuesti\u00f3n de la solidaridad feminista y las identidades trans. En marcado contraste con los trabajos de Raymond y Hausman, estas contribuciones constituyen esfuerzos sinceros por promover la coalici\u00f3n feminista trans y no trans.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554809\"><\/a><strong>8.1. Jud\u00edos seculares y mujeres transexuales<\/strong><\/h2>\n<p>Naomi Scheman (1997) estudia el modo en el que ciertas formas dominantes de normatividad necesitan \u201cabyectos otros\u201d que son requeridos pero que resultan imposibles e ininteligibles para los yo normativamente privilegiados. Scheman rechaza las opciones de reclamar un lugar en el centro de las formas de vida normalizadas (de las que una persona ha sido inicialmente excluida) o de negarse a participar en las formas de identidad dominantes (aceptando su estatus \u201cmarginal\u201d). En cambio, Scheman pretende cuestionar el centro normativo centralizando a aquellas personas que han sido marginadas (126-7). Para ello, parte de la base de que las vidas marginadas \u201cson vividas y, por lo tanto, vivibles\u201d (132).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Scheman recurre a su propia falta de claridad sobre la identidad jud\u00eda, como jud\u00eda secular, para ayudar a poner en tela de juicio el estatus no problem\u00e1tico de su propio g\u00e9nero. Ella ve un pueblo jud\u00edo conceptualmente exigido por la normatividad cristiana y, sin embargo, considerado ininteligible por su representaci\u00f3n de todas las religiones como totalmente basadas en la conversi\u00f3n (1997, 128). En estas condiciones, resulta dif\u00edcil explicar qu\u00e9 es identificarse como jud\u00edo secular. Del mismo modo, considera que la transexualidad implica una incoherencia necesaria. Dado que la heteronormatividad requiere un binario \u201cnatural\u201d de mujeres y hombres, las personas transexuales se definen parad\u00f3jicamente por la insistencia en haber sido siempre del otro sexo y, por lo tanto, se les exige que nieguen sus propias historias (como argumenta Stone) (138-9). En este sentido, Scheman se\u00f1ala que la normatividad cristiana y la heteronormatividad son contrastantes: la primera representa a todas las religiones como impulsadas por la elecci\u00f3n y la conversi\u00f3n, la segunda representa a todos los g\u00e9neros como determinados naturalmente al nacer (142).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tanto la \u201ccondici\u00f3n de persona jud\u00eda\u201d como la \u201ccondici\u00f3n de mujer\u201d, para Scheman, pueden entenderse como conceptos con un parecido de familia (1997, 144). Sin embargo, aquellos que han sido asignados a la categor\u00eda de jud\u00edo sobre la base de la ascendencia o a un g\u00e9nero sobre la base del nacimiento constituyen la base de dichos conceptos, sin los cuales estos no existir\u00edan en absoluto (144). Introduce la expresi\u00f3n \u201cperinatalmente rosalizada\u201d para describir a aquellas personas que han experimentado la opresi\u00f3n como mujeres desde su nacimiento y la recomienda como una forma de entender la necesidad de un espacio \u201cmujer-nacida-mujer\u201d que considera destinado a sanar el da\u00f1o infligido a trav\u00e9s de la asignaci\u00f3n natal como mujer en una sociedad mis\u00f3gina (141-2).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin embargo, al igual que las personas pueden convertirse al juda\u00edsmo y volverse jud\u00edas, sugiere Scheman, se puede entender que las personas MTF se \u201cconvierten\u201d a la condici\u00f3n de mujer. En ambos casos, estas personas no son menos reales que quienes tienen asignadas las categor\u00edas al nacer (144). Si bien se\u00f1ala varias des-analog\u00edas (por ejemplo, en el caso de la transexualidad una persona no elige simplemente, como podr\u00eda ser el caso de la conversi\u00f3n a una religi\u00f3n), tambi\u00e9n sugiere que si se considera el sexo\/g\u00e9nero como algo m\u00e1s an\u00e1logo a la condici\u00f3n de ser jud\u00edo en este sentido, se podr\u00eda socavar parte de su car\u00e1cter opresivo (145). La noci\u00f3n de unirse a una colectividad es importante, para Scheman, porque subraya la importancia de los v\u00ednculos, valores y compromisos compartidos. Al final, esto es lo m\u00e1s importante, argumenta: \u201cLa cuesti\u00f3n, entonces, no es qui\u00e9n es o no es realmente lo que sea, sino con qui\u00e9n se puede contar cuando vienen por cualquiera de nosotras: la base s\u00f3lida no es la identidad, sino la lealtad y la solidaridad\u201d (153).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554810\"><\/a><strong>8.2. El g\u00e9nero como relacional<\/strong><\/h2>\n<p>Cressida Heyes contin\u00faa con este proyecto feminista no trans de encontrar motivos de solidaridad entre las feministas (no trans) y las personas trans. Siguiendo a Hale, argumenta que la <em>mujer<\/em> es un concepto con parecido de familia, regulado de diferentes maneras para diferentes prop\u00f3sitos pol\u00edticos (2000, 84-5). Y siguiendo a Scheman, se\u00f1ala que en algunos casos las diferencias entre las mujeres trans y las no trans (como el hecho de ser \u201cperinatalmente rosalizadas\u201d) puede ser necesario enfatizarlas con fines pol\u00edticos (93). Ofrece una cr\u00edtica a las posturas feministas no trans de Raymond y Hausman, a la vez que critica lo que considera tendencias preocupantes en algunas pol\u00edticas transg\u00e9nero (como el trabajo de Leslie Feinberg) de adoptar una concepci\u00f3n liberal del yo como atomista (2003). De este modo, trata de encontrar un punto medio, un terreno com\u00fan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Heyes argumenta que tanto Raymond como Hausman est\u00e1n atrapadas en una imagen que les impide examinar su propio privilegio de g\u00e9nero, al tiempo que excluye la posibilidad de percibir la resistencia trans (2003, 1095). Esta exclusi\u00f3n se consigue asimilando toda la subjetividad transexual a un discurso m\u00e9dico heteropatriarcal sobre la transexualidad (2003, 1095). Utilizando el libro <em>Trans Liberation<\/em> de Feinberg como ejemplo, Heyes tambi\u00e9n se preocupa por una pol\u00edtica transg\u00e9nero que dice que la expresi\u00f3n de g\u00e9nero individual no deber\u00eda ser objeto de cr\u00edtica, restricci\u00f3n u opresi\u00f3n. Observa que el g\u00e9nero no es simplemente un estilo est\u00e9tico o la expresi\u00f3n de un yo aislado. Es relacional y a menudo est\u00e1 inmerso en sistemas problem\u00e1ticos de opresi\u00f3n. Por ejemplo, esto significa que las formas de masculinidad implican interactuar con las mujeres de determinadas maneras. Algunas formas de masculinidad implican misoginia. Lo que significa ser un \u201c<em>hombre real<\/em>\u201d puede implicar relacionarse con las mujeres de forma hostil y destructiva. Estos comportamientos de g\u00e9nero <em>deben<\/em> ser criticados. Lo que falta en los planteamientos que se limitan a exaltar la libertad de expresi\u00f3n de g\u00e9nero, sostiene Heyes, es una rica \u201c\u00e9tica de la transformaci\u00f3n\u201d que distinga entre las transformaciones progresivas de las personas oprimidas y marginadas y las formas hegem\u00f3nicas (es decir, dominantes, opresivas) de g\u00e9nero que solo fomentan la opresi\u00f3n y la marginaci\u00f3n (2003, 1111-3).<\/p>\n<h2><\/h2>\n<h2><a name=\"_Toc197554811\"><\/a><strong>8.3. Analog\u00edas de raza\/sexo<\/strong><\/h2>\n<p>Heyes tambi\u00e9n analiza el uso de la analog\u00eda sexo\/raza en las preguntas sobre la transexualidad y un hipot\u00e9tico \u201ctransracialismo\u201d. Recordemos la pregunta ret\u00f3rica de Raymond: \u201c\u00bfUn negro que quiere ser blanco padece la \u201cenfermedad\u201d de ser un \u201ctransracial\u201d?\u201d. Esa pregunta pretende demostrar que, puesto que el \u201ctransracialismo\u201d es pol\u00edtica y moralmente sospechoso, tambi\u00e9n lo es la transexualidad. Christine Overall, por el contrario, sostiene lo opuesto de lo que afirma Raymond, es decir, que quienes aceptan la moralidad de la transexualidad deber\u00edan aceptar tambi\u00e9n la moralidad del \u201ctransracialismo\u201d (2004).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Heyes observa que la afirmaci\u00f3n de Raymond de que \u201cno hay demanda de intervenciones m\u00e9dicas transraciales precisamente porque la mayor\u00eda de los negros reconocen que es su sociedad, y no su piel, lo que hay que cambiar\u201d [1994, xvi] es en realidad emp\u00edricamente falsa (2003, 1102). <em>Existen<\/em> procedimientos cosm\u00e9ticos cuyo objetivo es modificar los rasgos \u00e9tnicos o raciales (por ejemplo, tratamientos para alisar el pelo, operaciones de nariz, cirug\u00eda de p\u00e1rpados). Heyes hace referencia al uso que hace Raymond de la analog\u00eda sexo\/raza para descartar a los transexuales como \u201ccaprichosos o apropiadores\u201d (2006, 269). La analog\u00eda se utiliza, seg\u00fan Heyes, como base para evaluar las motivaciones y la pol\u00edtica de las personas que cambian de identidad de una forma que supone, de manera problem\u00e1tica, que dichas motivaciones pueden estar basadas en una \u201cevaluaci\u00f3n pol\u00edtica transparente de sus beneficios e inconvenientes\u201d (ib\u00edd.).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Heyes afirma que, si bien Overall ofrece un an\u00e1lisis mucho m\u00e1s matizado, sigue tratando la raza y el sexo de una manera que se abstrae de las condiciones hist\u00f3ricas y asume que dicha historia es irrelevante para la evaluaci\u00f3n \u00e9tica (2006, 269-70). En particular, Heyes sostiene que al establecer analog\u00edas entre la raza y el sexo existe el peligro de no prestar suficiente atenci\u00f3n a las historias contrastantes de la raza y el sexo. Por ejemplo, dado que el sexo se ha considerado un hecho ontol\u00f3gico fundamental en un esquema binario, se dan las condiciones para la posibilidad del cambio de sexo, as\u00ed como para el discurso transexual medicalizado que reinscribe este binario b\u00e1sico y ontol\u00f3gico (2003, 1102; 2006, 2006, 277). Por el contrario, aunque la raza tambi\u00e9n ha sido considerada como una categor\u00eda natural, existe otro discurso racial que la entiende como una caracter\u00edstica superficial bajo la cual los seres humanos son todos iguales. Esto, junto con la falta del mismo binario estricto, no proporciona las mismas condiciones que har\u00edan del \u201ctransracialismo\u201d una posibilidad similar (2003, 1103).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Heyes se\u00f1ala el papel hist\u00f3rico desempe\u00f1ado por la herencia en la determinaci\u00f3n de la raza (pero no del sexo). Ella argumenta que esto mitiga la posibilidad del \u201ctransracialismo\u201d de una manera que no se da en el caso del sexo (2006, 271). En relaci\u00f3n con esto, el cambio de raza se asocia hist\u00f3ricamente con el \u201cpasar a\u201d, lo que dejar\u00eda a cualquier \u201ctransracialista\u201d sujeto a acusaciones de \u201cpasar a\u201d de una forma que no se da en el caso del cruce sexual (272). Heyes se\u00f1ala, pues, que quienes promueven los procedimientos cosm\u00e9ticos que cambian los rasgos \u00e9tnicos o raciales se cuidan de evitar las cuestiones relacionadas con la traici\u00f3n racial, haciendo hincapi\u00e9 en la autoexpresi\u00f3n y la est\u00e9tica individuales (273-4). Por el contrario, argumenta Heyes, dado que el sexo no se considera hereditario, la posibilidad del cambio de sexo ha sido m\u00e1s viable. De hecho, el sexo contempor\u00e1neo debe entenderse como parcialmente constituido por la historia de los desarrollos tecnol\u00f3gicos en la modificaci\u00f3n del sexo (del mismo modo que el \u201cpasar a\u201d ha constituido parcialmente la raza), lo que ha <em>permitido<\/em> precisamente dicho cambio de sexo dentro del discurso de la patolog\u00eda y la identidad interna de g\u00e9nero (277).<\/p>\n<h2><strong>\u00a0<\/strong><\/h2>\n<h2><a name=\"_Toc197554812\"><\/a><strong>8.4. Identidades aspirantes<\/strong><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al considerar la metaf\u00edsica de la transici\u00f3n de sexo\/g\u00e9nero (es decir, la transici\u00f3n de hombre a mujer o de mujer a hombre), Christine Overall (2009) critica dos planteamientos al respecto. Ambos coinciden en que, en cierto modo, no existe ning\u00fan cambio de sexo\/g\u00e9nero. Una persona sigue siendo el sexo\/g\u00e9nero que siempre fue. A ambas las llama \u201chip\u00f3tesis de la mascarada\u201d (12). En la primera versi\u00f3n, adoptada normalmente por (algunas) personas no trans, la persona trans que transiciona de un sexo\/g\u00e9nero a otro se limita a ponerse una m\u00e1scara o a realizar un simulacro que oculta lo que siempre ha sido (la \u201cverdadera persona\u201d). En tal versi\u00f3n, la persona trans es representada como enga\u00f1osa o ilusa. En la segunda versi\u00f3n, adoptada normalmente por (algunas) personas trans, la persona trans que transiciona simplemente se convierte en lo que siempre ha sido, quit\u00e1ndose una especie de m\u00e1scara corporal que no expresa lo que es \u201cpor dentro\u201d (la \u201cverdadera persona\u201d). En ambos casos, el sexo\/g\u00e9nero es invariable. En lugar de cambiar de sexo\/g\u00e9nero, una persona entra en el estado de m\u00e1scara o sale de \u00e9l. Overall sostiene que tanto el enga\u00f1o como la mascarada se aplican de forma inveros\u00edmil a las diversas vidas de todas las personas trans y, de hecho, son desmentidos por las vidas de muchas personas trans (13-14). Rechaza el segundo planteamiento de la mascarada porque se basa en una metaf\u00edsica sospechosa (14-18).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En cambio, seg\u00fan Overall, deber\u00edamos entender la transici\u00f3n de sexo\/g\u00e9nero como algo an\u00e1logo a \u201cotras aspiraciones de transformaci\u00f3n personal y autorrealizaci\u00f3n que cambian la vida y la mejoran\u201d (19). Algunos de los ejemplos que da son: convertirse en inmigrante, unirse a un programa de doce pasos para dejar el alcohol, unirse a una religi\u00f3n o convertirse en madre. \u201cAlgunas metas y aspiraciones\u201d, escribe Overall, \u201cson profundamente sentidas y tienen un valor central para determinadas personas, y son esas metas y aspiraciones las que proporcionan los impulsos dominantes de la persona\u201d (19). En vez de las dos visiones de la mascarada, propone que veamos la transici\u00f3n de sexo\/g\u00e9nero como un cambio real de sexo\/g\u00e9nero. Lo que permanece constante no es un yo de g\u00e9nero reificado. Por el contrario, la persona \u201cpersiste en la medida en la que su forma de ser, despu\u00e9s de la transici\u00f3n, es deseada y buscada activamente por su yo anterior, de modo que la forma de ser despu\u00e9s de la transici\u00f3n surge del yo anterior, es generada por el yo anterior y puede ser entendida en t\u00e9rminos de caracter\u00edsticas del yo anterior\u201d (20).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una consecuencia desafortunada de este punto de vista es que un hombre trans (por ejemplo) no puede afirmar sinceramente que es un hombre antes de la transici\u00f3n. No cabe duda de que ser un hombre es una parte fundamental de su identidad tanto antes de la transici\u00f3n como despu\u00e9s, ya que convertirse en un hombre es una aspiraci\u00f3n que cambia la vida y que se realiza posteriormente. Por lo tanto, su testimonio es significativamente diferente del primer planteamiento de la mascarada, en el sentido que se toma en serio las identidades trans, consider\u00e1ndolas como una lucha por un tipo de autenticidad. Pero su pretensi\u00f3n de ser un hombre (o var\u00f3n) antes de la transici\u00f3n sigue siendo falsa. Para ver esto con m\u00e1s claridad, consideremos que, en la medida en la que Overall (2009) define efectivamente el sexo en t\u00e9rminos de genitales (11), se deduce que un hombre trans que no se ha sometido a una faloplast\u00eda no ha cambiado todav\u00eda su sexo (y sigue siendo, por lo tanto, hembra, y posiblemente todav\u00eda una mujer). El problema es que, en parte debido a su costo, muchos hombres trans deciden no someterse a este tipo de cirug\u00eda. No obstante, pueden seguir consider\u00e1ndose hombres (e incluso machos). Esto deja abierta la posibilidad de que vuelva a surgir la acusaci\u00f3n de autoenga\u00f1o o autodecepci\u00f3n a pesar del intento de Overall de evitarlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Overall (2012) utiliza su concepci\u00f3n de la transici\u00f3n de g\u00e9nero\/sexo como aspirante, para socavar la visi\u00f3n de que las personas trans y cisg\u00e9nero son muy diferentes entre s\u00ed. Su objetivo no es eludir las formas de violencia y discriminaci\u00f3n a las que est\u00e1n sometidas las personas trans por serlo, sino cuestionar la idea de que ser cisg\u00e9nero es normal, mientras que ser trans es desviado (252-3).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ella distingue entre identidades adquiridas y aspirantes. Las primeras se asignan o se ganan de tal manera que no se requiere ning\u00fan trabajo adicional para mantenerlas (255). Por ejemplo, ser madre biol\u00f3gica es una identidad adquirida. La identidad aspirante, por el contrario, requiere un trabajo constante para mantenerla (256). Por ejemplo, ser madre (como cuidadora de uno o m\u00e1s hijos) requiere un mantenimiento constante. Overall sostiene que la identidad de g\u00e9nero (con la que se refiere a las categor\u00edas sociales ni\u00f1o\/hombre y ni\u00f1a\/mujer) es aspirante por naturaleza. \u201cUna persona puede aspirar a ejemplificar un g\u00e9nero a trav\u00e9s del mencionado estilo corporal, la autopresentaci\u00f3n y las actividades generizadas, todo lo cual debe ser permanente para que se mantenga la identidad de g\u00e9nero\u201d (256-57). Tambi\u00e9n afirma que el propio sexo puede estar convirti\u00e9ndose en una identidad aspirante (al menos para algunos), en la medida en la que tanto las personas cis como las trans buscan la cirug\u00eda y otros procedimientos m\u00e9dicos (por ejemplo, la terapia hormonal) para alterar o aumentar las caracter\u00edsticas sexuales de sus cuerpos (258).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, Overall sostiene que las personas trans y cis tienen las siguientes caracter\u00edsticas en com\u00fan (en lo que respecta a la identidad aspirante). Ambas est\u00e1n inmersas en un sistema de mantenimiento compulsivo del g\u00e9nero; ambas est\u00e1n sujetas a restricciones en cuanto\u00a0 a la forma en la que sus identidades de g\u00e9nero son mantenidas, a la vez que se les ofrecen diversas oportunidades para expresar sus identidades; ambas est\u00e1n sujetas a diversos peligros relacionados con el mantenimiento del g\u00e9nero (por ejemplo, las personas trans pueden ser objeto de violencia transf\u00f3bica por \u201ctergiversar\u201d su estado genital, mientras que las mujeres cis pueden ser objeto de violencia por su presentaci\u00f3n de g\u00e9nero); y por \u00faltimo (y en contra de una supuesto com\u00fan), ambas pueden experimentar formas de continuidad y discontinuidad en sus aspiraciones de g\u00e9nero. Por ejemplo, una persona trans puede albergar aspiraciones de g\u00e9nero de ser ni\u00f1a\/mujer durante la mayor parte de su vida, mientras que una mujer cis puede, como consecuencia del feminismo, alterar sus aspiraciones de mujer. De este modo, Overall contin\u00faa este proyecto feminista no trans de encontrar motivos de solidaridad entre las feministas no trans y las personas trans.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554813\"><\/a><strong>9. La fenomenolog\u00eda de la corporeizaci\u00f3n trans<\/strong><\/h1>\n<p>El trabajo de Gayle Salamon (2010) se refiere a la fenomenolog\u00eda de la corporeizaci\u00f3n generizada y, en particular, a las experiencias trans de disonancia entre el \u201ccuerpo sentido\u201d y la apariencia externa del cuerpo. Vuelve a revisar la disputa entre Judith Butler (quien afirma que el yo generizado es socialmente construido) y las\/los te\u00f3ricas\/os trans, como Jay Prosser (1998), quien en lugar de tomar la transexualidad como evidencia de la constructividad del g\u00e9nero, la se\u00f1ala como evidencia de algo que trasciende dicha construcci\u00f3n (1998, 7 y 65). Adem\u00e1s de argumentar que Prosser malinterpreta tanto a Freud como a Didier Anzieu (2010, 39-40), Salamon defiende la implausibilidad de considerar la conciencia propioceptiva del cuerpo como algo culturalmente trascendente. Sostiene que el cuerpo postulado en tal visi\u00f3n es en \u00faltima instancia irreconocible como humano (88). En su opini\u00f3n, \u201clas mismas fuerzas sociales que constituyen un cuerpo como culturalmente legible o ilegible, tambi\u00e9n dan forma a los mismos sentimientos de corporeizaci\u00f3n que parecer\u00edan ser los m\u00e1s personales, los m\u00e1s individuales y los m\u00e1s inmunes a los mandatos reguladores\u201d (77).<\/p>\n<p>Bas\u00e1ndose en el trabajo de Schilder (1950), Salamon considera que la imagen corporal de una persona no es innata, sino que se construye a lo largo del tiempo mediante el contacto con el mundo a trav\u00e9s de la experiencia (incluidas las interacciones con otras personas). A la luz de esto, Salamon argumenta que la falta de ajuste entre la sensaci\u00f3n del cuerpo y la apariencia externa del cuerpo experimentada por algunas personas trans es, de hecho, omnipresente \u2014relevante para las personas trans y no trans por igual: \u201cLa producci\u00f3n del propio g\u00e9nero normativo\u201d, escribe, \u201cse basa en una disyunci\u00f3n entre la &#8216;sensaci\u00f3n sentida&#8217; del cuerpo y los contornos corporales del cuerpo y&#8230; esta disyunci\u00f3n no tiene por qu\u00e9 verse como una estructura patol\u00f3gica\u201d (2010, 2)\u2014.<\/p>\n<p>Sin embargo, no queda claro c\u00f3mo una explicaci\u00f3n ambiental de este tipo puede explicar la g\u00e9nesis de las experiencias trans de corporeizaci\u00f3n \u201cerr\u00f3nea\u201d. Consideremos que no todas las mujeres trans poseen una identidad consciente de ser mujer (o ni\u00f1a) desde una edad muy temprana, y no todos los hombres trans poseen una identidad consciente de ser hombre (o ni\u00f1o) desde una edad temprana. Imaginemos, pues, a una mujer trans que ha sido educada para verse a s\u00ed misma como hombre y para seguir las normas de g\u00e9nero \u201cadecuadas\u201d. Esta persona deber\u00eda, seg\u00fan el criterio ambiental, desarrollar una imagen corporal que se describir\u00eda m\u00e1s o menos como \u201cmacho\u201d. Ya que, de acuerdo con las normas de g\u00e9nero externas y la identidad de g\u00e9nero interiorizada, esta persona habr\u00e1 tenido, por lo general, los tipos de experiencias mundanas interactivas que se esperar\u00eda que produjeran dicha imagen. Por lo tanto, si esa imagen es incongruente con el g\u00e9nero asignado, no debe haberse desarrollado de esa manera ambiental.<\/p>\n<p>Sin embargo, adem\u00e1s de poseer una percepci\u00f3n interna del propio cuerpo, tambi\u00e9n se tiene una inversi\u00f3n afectiva en \u00e9l. Es decir, una se interesa por \u00e9l y tiene fuertes emociones respecto a \u00e9l. Salamon escribe: \u201cSin esa inversi\u00f3n, nuestra relaci\u00f3n con nuestros cuerpos es de extra\u00f1eza despersonalizada: mi sentido del \u201cser-m\u00edo\u201d de mi propio cuerpo \u2014y, sobre todo, incluso mi sentido de su coherencia\u2014 depende de esta inversi\u00f3n narcisista\u201d (2010, 42). Esto brinda una forma de ir m\u00e1s all\u00e1 de las limitaciones de la experiencia ambiental (socialmente regulada) en la medida en la que tales actitudes afectivas no est\u00e1n sujetas al mismo tipo de restricci\u00f3n mundana.<\/p>\n<p>Sin embargo, el desaf\u00edo es explicar esta inversi\u00f3n de manera que no se reduzca a la sexualidad o a formas de erotismo. Expresiones como la <em>inversi\u00f3n libidinal<\/em> de Schilder tienen fuertes connotaciones sexuales. Y la preocupaci\u00f3n es que apelar a tales nociones reducir\u00eda las experiencias trans de disforia corporal a <em>sentimientos sexuales<\/em>. Esto es especialmente preocupante a la luz de la antigua tendencia (como se\u00f1ala Salamon, 2010, 45) de construir la transexualidad en t\u00e9rminos de deseo sexual, a reducir la identificaci\u00f3n g\u00e9nero-cruzado a una especie de fetiche sexual y a eludir la disforia corporal de g\u00e9nero trans como un fen\u00f3meno discreto. Desafortunadamente, en su an\u00e1lisis de esta cuesti\u00f3n, Salamon apela a la noci\u00f3n de Butler del imaginario morfol\u00f3gico, que en realidad parece privilegiar lo sexual. Lo que queda por explicar \u2014una grave laguna\u2014 es la inversi\u00f3n afectiva no sexual en el cuerpo generizado que presumiblemente debe fundamentar la disyunci\u00f3n entre la sensaci\u00f3n sentida del cuerpo generizado y el cuerpo visual en los casos de disforia corporal trans.<\/p>\n<p>Sin embargo, en su propio planteamiento sobre el deseo sexual, Salamon es notablemente cuidadosa al evitar reducir la transexualidad al erotismo. En su lugar, se interesa simplemente por dar cabida a las experiencias trans de la sexualidad de una manera que no sea invalidante (2010, 45). Salamon se basa en las nociones de Merleau-Ponty sobre el esquema sexual y la transposici\u00f3n. Al experimentar el deseo sexual, una persona se orienta hacia un objeto de deseo. En la transposici\u00f3n, el propio cuerpo (que \u201calberga\u201d) el deseo sexual viene a ser sustituido por (o en realidad se convierte en) el propio deseo. Salamon ilustra el punto de la siguiente manera. Cuando tengo sed y extiendo la mano para coger un vaso de agua, \u201cmi brazo, sin doblar y extendi\u00e9ndose, ya no es el lugar de mi sensaci\u00f3n, sino que se convierte en el gesto a trav\u00e9s del cual me dirijo al otro. El brazo es el conducto del deseo, pero no la sede de su sensaci\u00f3n\u201d (54).<\/p>\n<p>En el planteamiento de Salamon, lo importante no es la parte del cuerpo en s\u00ed, sino su papel en el deseo sexual, y este proceso de transposici\u00f3n: \u201cLa articulaci\u00f3n entre el deseo y el cuerpo es el lugar de la sexualidad, y esa articulaci\u00f3n puede ser un pene, o alg\u00fan otro falo, o alguna otra parte del cuerpo, o una regi\u00f3n del cuerpo que no est\u00e1 individuada en una parte, o un auxiliar corporal que no est\u00e1 org\u00e1nicamente unido al cuerpo\u201d (2010, 51). De esta manera, la apelaci\u00f3n de Salamon a Merleau-Ponty es similar a la noci\u00f3n de Butler del imaginario morfol\u00f3gico con respecto al papel de lo er\u00f3tico en la incorporaci\u00f3n de la parte a trav\u00e9s de una forma de sexualidad (o, en realidad, toda la forma de ser hacia otro). Sin embargo, el an\u00e1lisis de Salamon le permite mostrar c\u00f3mo el \u201csentido interno del g\u00e9nero\u201d de una persona puede ser capaz de ser atestiguado por otros en el mundo. Porque en lugar de hablar simplemente de un sentimiento interno, estamos hablando de formas de estar\/ser en el mundo, en interacci\u00f3n con otros\/as.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554814\"><\/a><strong>10. Hacia un trans\/feminismo<\/strong><\/h1>\n<p>Muchas mujeres trans, por ser <em>mujeres<\/em>, conocen bien los mecanismos del sexismo y la violencia sexual. Es m\u00e1s, en ocasiones el sexismo y la transfobia pueden mezclarse inseparablemente. Por ejemplo, algunas mujeres trans pueden encontrarse a veces con que se las representa estereotipadamente como prostitutas por el simple hecho de ser vistas como <em>mujeres trans<\/em>. Teniendo en cuenta estas consideraciones, una postura transfeminista podr\u00eda implicar considerar la opresi\u00f3n de las mujeres trans como punto de partida. Varias escritoras han esbozado posiciones \u201ctransfeministas\u201d distintivas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554815\"><\/a><strong>10.1. Un manifiesto transfeminista<\/strong><\/h2>\n<p>Emi Koyama define el transfeminismo como \u201cprincipalmente un movimiento de y para las mujeres trans que consideran que su liberaci\u00f3n est\u00e1 intr\u00ednsecamente ligada a la liberaci\u00f3n de todas las mujeres y m\u00e1s all\u00e1\u201d (2003, 244). Para Koyama, el transfeminismo \u201cdefiende tanto a las mujeres trans como a las no trans, y pide a las no trans que defiendan a su vez a las mujeres trans\u201d, acogiendo as\u00ed la pol\u00edtica de coalici\u00f3n feminista (ib\u00edd.). Algunas de las cuestiones que preocupan al transfeminismo, para Koyama, son la imagen corporal, la violencia contra las mujeres y la salud y la elecci\u00f3n reproductiva.<\/p>\n<p>Koyama profundiza en el debate sobre las tensiones, identificadas por Heyes, entre la libertad de expresi\u00f3n de g\u00e9nero (por un lado) y la preocupaci\u00f3n por las implicancias pol\u00edticas del g\u00e9nero entendido como relacional (por otro). Aunque Koyama pide a las mujeres trans que eviten la adopci\u00f3n de formas sexistas de g\u00e9nero y que rechacen cualquier apelaci\u00f3n tradicional a una identidad de g\u00e9nero esencializadora, tambi\u00e9n reconoce que las mujeres trans pueden encontrarse en situaciones en las que la adopci\u00f3n de formas tradicionales de g\u00e9nero es necesaria para garantizar el acceso a las tecnolog\u00edas m\u00e9dicas, la legitimaci\u00f3n como \u201cmujeres reales\u201d y la prevenci\u00f3n de la violencia transf\u00f3bica mediante haci\u00e9ndose pasar\u00a0 (como no trans) (2003). Le preocupa la exigencia purista de que una mujer trans erradique todos los estereotipos de g\u00e9nero en una sociedad en la que dichos estereotipos est\u00e1n muy presentes. En su lugar, insiste en la prioridad de una pol\u00edtica de coalici\u00f3n a mayor escala, dejando que las mujeres en forma individual tomen sus propias decisiones personales sobre c\u00f3mo negociar el g\u00e9nero, libres de juicios sobre qui\u00e9n cuenta y qui\u00e9n no como feminista (2003).<\/p>\n<p>Koyama tambi\u00e9n aborda las cuestiones de la exclusi\u00f3n trans en la pol\u00edtica de \u201cmujeres nacidas mujeres\u201d del Michigan Womyn&#8217;s Music Festival. Koyama critica los esfuerzos de algunas mujeres trans postoperadas por aceptar una pol\u00edtica de \u201ccompromiso\u201d que habr\u00eda admitido solo a mujeres trans postoperadas. Dicha pol\u00edtica, argumenta Koyama, favorecer\u00eda injustamente a las mujeres trans con mayores recursos econ\u00f3micos y, en consecuencia, es clasista y racista (2006, 700). Koyama tambi\u00e9n argumenta que, incluso si es cierto que las mujeres no trans requieren su propio espacio, esto no excluye la admisi\u00f3n de las mujeres trans en el festival, ya que mientras las mujeres de color tienen un espacio especial de exclusi\u00f3n en el terreno, esto no supone que las mujeres blancas no puedan entrar en el festival en absoluto (701). Adem\u00e1s, se\u00f1ala Koyama, ese espacio especial para las mujeres de color no excluye a las mujeres de color que pueden pasar por blancas (y, por lo tanto, recibir ciertos privilegios) (701). De hecho, Koyama sostiene que la exclusi\u00f3n de las mujeres trans es intr\u00ednsecamente racista en la medida en la que utiliza las diferencias de experiencia para excluir a las mujeres trans, una pol\u00edtica que solo puede tener sentido si se presupone que la solidaridad feminista requiere una experiencia compartida monol\u00edticamente (704).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554816\"><\/a><strong>10.2. Manifiesto de las mujeres trans<\/strong><\/h2>\n<p>Otra versi\u00f3n de la pol\u00edtica transfeminista ha sido elaborada por Julia Serano, que distingue entre el sexismo tradicional (que ella considera que es la creencia de que los hombres y la masculinidad son superiores a las mujeres y la feminidad) y el sexismo de oposici\u00f3n (que ella concibe como la creencia de que el hombre y la mujer, junto con la masculinidad y la feminidad, constituyen categor\u00edas exclusivas) (2007, 12-3). Serano acu\u00f1a la expresi\u00f3n <em>trans-misoginia<\/em> para referirse a las formas de discriminaci\u00f3n que afectan espec\u00edficamente a las mujeres trans y que tienen como objetivo principal su feminidad percibida (13). Por ejemplo, Serano se\u00f1ala las formas en las que algunas mujeres trans son representadas en los medios de comunicaci\u00f3n ya sea como impostoras sexualmente depravadas o como falsas pat\u00e9ticas y risibles (36). En opini\u00f3n de Serano, estas representaciones se derivan en gran medida de un enfoque sexista de la presentaci\u00f3n femenina de las mujeres trans y de la tendencia a considerar la feminidad como algo artificial (43-44). Serano tambi\u00e9n argumenta provocativamente que la devaluaci\u00f3n de los hombres femeninos es una forma distintiva de sexismo tradicional que ella llama \u201cafemiman\u00eda\u201d (129, 287).<\/p>\n<p>Serano postula la existencia de un \u201csexo subconsciente\u201d para captar la noci\u00f3n tradicional de identidad de g\u00e9nero sin necesidad de una conciencia inicial del \u201ccuerpo equivocado\u201d que, seg\u00fan sugiere, tiene una base biol\u00f3gica y se limita en gran medida al cuerpo y no al papel social (78-82). (De este modo, su noci\u00f3n hace eco de la apelaci\u00f3n de Prosser al \u201cego corporal\u201d). Serano emplea el t\u00e9rmino cisexualismo para indicar la ventaja de aquellas personas para las que el sexo biol\u00f3gico y el sexo subconsciente est\u00e1n alineados. El t\u00e9rmino cisgenerismo, por el contrario, indica la suposici\u00f3n de que los hombres deben ser masculinos y las mujeres deben ser femeninas (donde la masculinidad y la feminidad est\u00e1n constituidas por el conjunto de atributos normalmente asociados con los hombres y las mujeres, respectivamente) (90). Serano adopta la postura de que, si bien algunas formas de feminidad pueden ser instituidas socialmente, muchos atributos femeninos tambi\u00e9n pueden tener una base biol\u00f3gica. Escribe:<\/p>\n<p>Habr\u00eda que tener una visi\u00f3n bastante sombr\u00eda de la poblaci\u00f3n femenina para creer que a la mayor\u00eda se le puede \u201clavar el cerebro\u201d o \u201ccoaccionar\u201d para que adopte con entusiasmo un conjunto de expresiones de g\u00e9nero totalmente artificiales. De hecho, parece incomprensible que tantas mujeres puedan gravitar tan activamente hacia la feminidad a menos que haya algo en ella que resuene con ellas a un nivel profundo. (2007, 339)<\/p>\n<p>Es preocupante, sin embargo, que Serano subestime el grado y la profundidad de la subordinaci\u00f3n femenina, as\u00ed como su fracaso te\u00f3rico a la hora de distinguir entre la \u201cresonancia personal\u201d y la aquiescencia social forzada. En opini\u00f3n de Serano, muchas feministas (no trans) han realizado valoraciones negativas de la feminidad (consider\u00e1ndola estrictamente un artificio impuesto) y, por tanto, se han implicado en una forma de sexismo. De hecho, Serano afirma que cualquier cr\u00edtica feminista a la feminidad trans es inherentemente antifeminista:<\/p>\n<p>En otras palabras, cuando criticamos cualquier g\u00e9nero como \u201cbueno\u201d o \u201cmalo\u201d, estamos siendo sexistas por definici\u00f3n. Despu\u00e9s de todo, \u00bfno es en primer lugar nuestra frustraci\u00f3n por el hecho de que otras personas a menudo colocan significados y valores m\u00e1s bien arbitrarios en nuestros cuerpos sexuados, expresiones de g\u00e9nero y sexualidades lo que nos lleva a muchas personas al feminismo y al activismo queer? (2007, 360)<\/p>\n<p>Si bien Serano puede tener raz\u00f3n al plantear su preocupaci\u00f3n por las formas en las que el comportamiento de las mujeres trans se ha juzgado indebidamente, una posici\u00f3n que no permite ning\u00fan an\u00e1lisis del comportamiento de g\u00e9nero pol\u00edticamente problem\u00e1tico parece perjudicar seriamente a la fuerza cr\u00edtica del feminismo. La cuesti\u00f3n central es que Serano no ve el g\u00e9nero como algo fundamentalmente relacional. Esto le permite ver el g\u00e9nero como algo que todo el mundo deber\u00eda ser libre de expresar de la manera que quiera (sin que se juzgue como \u201cbueno\u201d o \u201cmalo\u201d). Sin embargo, una vez que el g\u00e9nero se considera relacional, parece totalmente apropiado plantear preocupaciones feministas sobre ciertas formas de masculinidad que implican tratar mal a las mujeres y ciertas formas de feminidad que implican aceptar un mal trato. Una vez que se reconoce que el g\u00e9nero es relacional (es decir, que conlleva el trato de personas de otro g\u00e9nero de determinadas maneras), puede ser objeto de una evaluaci\u00f3n \u00e9tica (por ejemplo, \u201cque el comportamiento de g\u00e9nero implique hacer da\u00f1o a las personas\u201d).\u00a0 Por el propio bien de las mujeres trans y su seguridad, una intervenci\u00f3n transfeminista de este tipo es sin duda apropiada.<\/p>\n<p>Para ser imparciales, Serano no deja de se\u00f1alar las relaciones sexistas entre hombres y mujeres. De hecho, ofrece una rica descripci\u00f3n de la sexualizaci\u00f3n de las mujeres trans (2007, 253-262). Sin embargo, en su opini\u00f3n, estos rasgos relacionales negativos que se atribuyen a la feminidad se derivan de la interpretaci\u00f3n y evaluaci\u00f3n inadecuadas de la feminidad, m\u00e1s que de la feminidad en s\u00ed misma. Dicho esto, la dificultad estriba en c\u00f3mo distinguir la feminidad abstra\u00edda de tales significados sociales relacionales. Incluso si un proyecto como este fuese posible, parece bastante claro que las feministas est\u00e1n preocupadas precisamente por las formas da\u00f1inas de la masculinidad y la feminidad que est\u00e1n profundamente implicadas en los sistemas de significado social. Y parece injusto acusar a las feministas que se preocupan por esas formas de sexismo de ser ellas mismas sexistas, interpret\u00e1ndolas como si evaluaran negativamente alguna forma culturalmente abstracta de feminidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc197554817\"><\/a><strong>10.3. Personas enga\u00f1adoras malvadas o simuladoras<\/strong><\/h2>\n<p>Talia Mae Bettcher (2012a; 2013; 2014) se opone tanto a la versi\u00f3n tradicional de la transexualidad basada en el cuerpo equivocado (en la que la identidad de g\u00e9nero se considera innata, y que supuestamente determina el sexo \u201creal\u201d de la persona) como a la visi\u00f3n m\u00e1s reciente, m\u00e1s all\u00e1 del binario, que surgi\u00f3 con la nueva pol\u00edtica transg\u00e9nero de los a\u00f1os noventa. Afirma que ambas visiones invalidan las identidades trans: la primera, al invalidar las autoidentidades de las personas trans que no consideran que sus genitales son incorrectos; la segunda, al representar a todas las personas trans como problem\u00e1ticamente posicionadas con respecto al binario (2013, 53). Adem\u00e1s, ambos planteamientos fracasan en sus propios t\u00e9rminos. Mientras que la pol\u00edtica m\u00e1s all\u00e1 del binario tiende a marginar a las personas trans que se posicionan dentro del binario y, por lo tanto, fracasa como explicaci\u00f3n completa de la opresi\u00f3n y la resistencia trans (2014, 387), el planteamiento del cuerpo equivocado no garantiza las reivindicaciones de la identidad trans de pertenecer a sus categor\u00edas de g\u00e9nero preferidas (por ejemplo, ella argumenta que, seg\u00fan el significado dominante de mujer, una persona MTF que se ha sometido a una cirug\u00eda de reconstrucci\u00f3n genital es, en el mejor de los casos, un caso dif\u00edcil (posiblemente un hombre debido a los cromosomas, posiblemente una mujer debido a los genitales) (2014, 386). El objetivo de Bettcher (2012a, 2014), por tanto, es proporcionar un discurso sobre la pol\u00edtica trans que no margine a las personas trans que se sit\u00faan dentro del binario y que fundamente con \u00e9xito sus reivindicaciones de autoidentidad.<\/p>\n<p>En lugar de intentar justificar las reivindicaciones de la autoidentidad trans, Bettcher (2012a) sostiene que dichas reivindicaciones deber\u00edan aceptarse como presuntamente v\u00e1lidas a modo de punto de partida de la teor\u00eda y la pol\u00edtica trans (245-6). Adopta el punto de vista general de que (muchas) personas trans tienden a oponerse a los significados de los t\u00e9rminos y pr\u00e1cticas de g\u00e9nero dominantes. En muchas subculturas trans, argumenta, el significado de t\u00e9rminos como <em>mujer<\/em> y <em>hombre<\/em> se altera de modo que tanto los hombres como las mujeres trans resultan ser instancias paradigm\u00e1ticas de hombres y mujeres respectivamente (241). Por ejemplo, la posesi\u00f3n de cromosomas XY no se considera en contra de la reivindicaci\u00f3n de la feminidad de la mujer trans en la medida en la que una mujer trans es un tipo de mujer que tiende a tener cromosomas XY. Como consecuencia de esto, una persona MTF puede considerarse como hombre en la cultura dominante mientras que puede considerarse como mujer en una subcultura trans resistente (242). M\u00e1s profundamente, sostiene Bettcher (2009, 110-12), el cambio de significado implica no solo una expansi\u00f3n de la categor\u00eda, sino tambi\u00e9n un cambio de uso, que se refleja en la gram\u00e1tica de las afirmaciones en primera y tercera persona. Ya no se trata simplemente de si la categor\u00eda se predica verazmente respecto al objeto en cuesti\u00f3n. En su lugar, hay una declaraci\u00f3n de g\u00e9nero en primera persona y en tiempo presente. Por ejemplo, la afirmaci\u00f3n \u201cSoy una mujer trans\u201d puede ser una declaraci\u00f3n de un sentido profundo de \u201cqui\u00e9n es una\u201d (es decir, de los valores y compromisos m\u00e1s profundos de una) donde las declaraciones de g\u00e9nero anulables se toman presuntamente como autorizadas (2009, 110-12). El conflicto pol\u00edtico, en cualquier caso, se enmarca en t\u00e9rminos de formaciones culturales que compiten entre s\u00ed, en las que la dominante posee el poder institucional y la capacidad de imponer un modo de vida y una forma de ver el mundo, independientemente de los costes personales de las personas trans implicadas y de las pr\u00e1cticas sociales subculturales que contribuyen a dar sentido a sus vidas (2009, 115; 2012, 243; 2013, 53-54; 2014, 388-90). (Una ausencia notable, desde este punto de vista, es la explicaci\u00f3n de c\u00f3mo se motiva a las personas trans a realizar la transici\u00f3n y a ocupar estos espacios culturales trans en primer lugar. Es decir, no se explica la disforia de g\u00e9nero subyacente).<\/p>\n<p>Bettcher caracteriza la naturaleza de la opresi\u00f3n trans en gran medida en t\u00e9rminos de una forma de transfobia que ella, en trabajos anteriores, denomina Negaci\u00f3n B\u00e1sica de la Autenticidad (BDA) (2006b, 181) y, en trabajos posteriores, imposici\u00f3n de la realidad (2013, 58-9; 2014, 392). En este tipo de transfobia, la invalidaci\u00f3n de la identidad de los hombres y mujeres trans se sit\u00faa en los discursos sobre la apariencia, la realidad, la exposici\u00f3n, el descubrimiento y el enga\u00f1o. Por ejemplo, una mujer trans puede ser vista como \u201crealmente un hombre disfrazado de mujer\u201d. Es importante destacar que, para Bettcher, la invalidaci\u00f3n est\u00e1 relacionada con formas de verificaci\u00f3n genital. La verificaci\u00f3n genital expl\u00edcita implica exponer o tocar literalmente a la persona trans de forma inapropiada para determinar \u201clo que realmente es\u201d. La verificaci\u00f3n genital impl\u00edcita implica preguntas y afirmaciones eufem\u00edsticas (\u201c\u00bfTe has operado?\u201d \u201c\u00bfEres hombre o mujer?\u201d). La verificaci\u00f3n de la realidad adopta dos formas dadas por las posibilidades de que la persona trans sea visiblemente trans o pase por no trans. En este \u00faltimo caso, las personas trans pueden ser vistas como enga\u00f1osas (cuando est\u00e1n \u201cexpuestos\u201d), mientras que en el primer caso pueden ser vistas como un juego de simulaci\u00f3n inofensivo. En cualquier caso, afirma, las autoidentidades trans quedan invalidadas (2007, 50-51).<\/p>\n<p>Bettcher sostiene que una explicaci\u00f3n de la transfobia que apela \u00fanicamente a la imposici\u00f3n de un binario estricto hombre\/mujer no puede dar cuenta de la aplicaci\u00f3n de la realidad y conduce a una visi\u00f3n restringida y problem\u00e1tica de la pol\u00edtica trans. Estas invalidaciones de la identidad no suelen implicar una perplejidad por parte del transf\u00f3bico sobre c\u00f3mo posicionar categ\u00f3ricamente a la persona trans. Por el contrario, las personas trans son vistas como \u201crealmente hombres\u201d o \u201crealmente mujeres\u201d (2006b, 184-7). Adem\u00e1s, critica la pol\u00edtica de visibilidad transg\u00e9nero. Ya que, dado que la imposici\u00f3n de la realidad siempre produce un doble-v\u00ednculo, Bettcher argumenta que esta pol\u00edtica no siempre es prometedora. De hecho, si resulta imposible que las personas trans digan la verdad porque cualquier cosa que hagan (\u201cpasar\u201d como no trans o \u201csalir del armario\u201d como trans) da lugar a la opini\u00f3n de que son enga\u00f1adoras o simuladoras fraudulentas, entonces, en primera instancia, parece que no es posible decir la verdad (2006b, 188-90, 195). De ser as\u00ed, la exigencia de \u201cdecir la verdad sobre una misma\u201d parecer\u00eda estar fuera de lugar.<\/p>\n<p>Bettcher argumenta que al reconocer la imposici\u00f3n de la realidad y las respuestas que se resisten a ella, se puede mitigar mejor el conflicto percibido (discutido previamente en esta secci\u00f3n) entre las teor\u00edas que reducen el g\u00e9nero a una construcci\u00f3n social y la necesidad pol\u00edtica de tomar en serio las identidades trans que reclaman la realidad del g\u00e9nero. En la medida en la que la imposici\u00f3n de la realidad tiene peso, las personas trans son inevitablemente construidas como fraudes o falsificaciones (2006b, 194). Pero la afirmaci\u00f3n general de que todo g\u00e9nero se construye socialmente simplemente no aborda las formas espec\u00edficas en las que las personas trans son construidas como fraudulentas. Bettcher argumenta que una vez que reconocemos la imposici\u00f3n de la realidad, las personas trans que impugnan dicha invalidaci\u00f3n reivindicando la realidad del g\u00e9nero tambi\u00e9n pueden ser vistas como resistentes a la opresi\u00f3n transf\u00f3bica, socavando as\u00ed la tendencia (presente en Butler) de descartar a dichas personas como meramente reaccionarias o conservadoras en materia de g\u00e9nero (2014, 397-99). De hecho, el propio Planteamiento del Cuerpo-Equivocado la puede verse como una respuesta a la imposici\u00f3n de la realidad a trav\u00e9s de una especie de inversi\u00f3n en la que el cuerpo se ve ahora como la apariencia enga\u00f1osa que esconde la verdadera identidad de g\u00e9nero oculta (2014, 399-404).<\/p>\n<p>Una tesis central en el planteamiento de Bettcher es que la imposici\u00f3n de la realidad se explica por el hecho de que la presentaci\u00f3n de g\u00e9nero (tomada como \u201capariencia\u201d) significa literalmente el sexo f\u00edsico y, en particular, el estado genital (tomado como \u201crealidad profunda\u201d). Si es cierto que las personas trans que \u201cdesalinean\u201d la presentaci\u00f3n de g\u00e9nero con el cuerpo sexuado son enga\u00f1adoras o simuladoras, entonces las que alinean \u201ccorrectamente\u201d la presentaci\u00f3n con el cuerpo dicen la verdad. A la luz de esto, Bettcher argumenta que existe una relaci\u00f3n de representaci\u00f3n entre la presentaci\u00f3n de g\u00e9nero y el cuerpo sexuado (2007, 52-3). Bettcher llama la atenci\u00f3n sobre la iron\u00eda de que el atuendo est\u00e9 destinado a ocultar las \u201cpartes privadas\u201d de una, mientras que tambi\u00e9n sirve para revelar simb\u00f3licamente lo que es privado (2007, 53). En la medida en la que es invasivo exigir informaci\u00f3n corporal privada a una persona completamente desconocida, argumenta, un sistema, impuesto por la violencia, que requiere la revelaci\u00f3n del estado genital, es inherentemente abusivo. A la luz de esto, argumenta, la aplicaci\u00f3n de la realidad est\u00e1 intr\u00ednsecamente ligada al abuso sexual (2006a, 205-6).<\/p>\n<p>Bettcher introduce la noci\u00f3n de condici\u00f3n de persona \u00edntima (2012b) para esclarecer a\u00fan m\u00e1s la imposici\u00f3n de la realidad y su fundamento en la presentaci\u00f3n del g\u00e9nero como representaci\u00f3n genital. Desde este punto de vista, las personas nos son dadas a trav\u00e9s de formas de acceso sensorial (y discursivo) que admiten la cercan\u00eda interpersonal (intimidad) y la distancia (324). Este acceso, argumenta, y por lo tanto la propia condici\u00f3n de persona \u00edntima, requiere la existencia de l\u00edmites interpersonales normativos en el acceso sensorial a los cuerpos, mientras que la estructura real de los l\u00edmites es culturalmente contingente (325). En nuestra cultura, la desnudez como posibilidad social y forma de autopresentaci\u00f3n, sostiene, est\u00e1 tan construida socialmente como la presentaci\u00f3n (p\u00fablica) del g\u00e9nero (322). Est\u00e1 determinada por la sujeci\u00f3n de los cuerpos a los l\u00edmites de privacidad y decencia diferenciados por sexo, que protegen tanto al objeto como al sujeto del acceso sensorial y que proporcionan la justificaci\u00f3n subyacente para la ocultamiento p\u00fablico (322-3). Los pezones femeninos, por ejemplo, est\u00e1n sujetos a los l\u00edmites del acceso sensorial, mientras que los masculinos no. Adem\u00e1s, mientras que el hecho de que un hombre vea los genitales de una mujer puede constituir una violaci\u00f3n de su intimidad, el hecho de que una mujer vea los de un hombre puede implicar que este cometa un delito de indecencia contra ella (327). As\u00ed, en su opini\u00f3n, al igual que existen dos formas de presentaci\u00f3n p\u00fablica del g\u00e9nero, tambi\u00e9n existen dos formas de desnudez diferenciadas por sexo (326), y su tesis central de que la presentaci\u00f3n del g\u00e9nero comunica el estado genital se convierte en la perspectiva m\u00e1s refinada de que la presentaci\u00f3n de g\u00e9nero vestida representa la presentaci\u00f3n del g\u00e9nero desnuda a trav\u00e9s de medios eufem\u00edsticos (329-330).<\/p>\n<p>Bettcher sostiene que esta relaci\u00f3n de representaci\u00f3n de g\u00e9nero-genital forma parte de un sistema de comunicaci\u00f3n no verbal m\u00e1s amplio que se utiliza en la sexualidad heterosexual manipuladora. Por ejemplo, el atuendo femenino se ha utilizado para justificar la violaci\u00f3n en las argumentaciones de \u201cella se lo busc\u00f3\u201d. En opini\u00f3n de Bettcher, la presentaci\u00f3n del g\u00e9nero como representaci\u00f3n genital forma parte de este tipo de \u201ccomunicaci\u00f3n\u201d sexual: una de las razones de la comunicaci\u00f3n del estatus genital es asegurar una sexualidad heterosexual manipuladora (2007, 56). En particular, esto genera dificultades espec\u00edficas para las mujeres trans que surgen en las intersecciones del sexismo y la transfobia. Por ejemplo, una mujer trans que se hace pasar por no trans puede ser objeto de un escrutinio sexualizado (lo que aumenta sus posibilidades de ser \u201cle\u00edda\u201d) (2006a, 207). Adem\u00e1s, el mismo comportamiento que la abre a las manipulaciones de doble v\u00ednculo de la sexualidad (hetero), puede aparecer necesariamente con el fin de evitar ser expuesta como una \u201cenga\u00f1adora\u201d (2006a, 207).<\/p>\n<p>Bettcher se\u00f1ala las formas en las que se entrecruzan la ideolog\u00eda racista, la violaci\u00f3n y la acusaci\u00f3n racista de violaci\u00f3n. Considera la violaci\u00f3n de mujeres negras por parte de hombres blancos y el linchamiento de hombres negros (justificado mediante la falsa acusaci\u00f3n de haber violado a mujeres blancas) como t\u00e1cticas hist\u00f3ricas de subordinaci\u00f3n racial. Bettcher sostiene que, puesto que la imposici\u00f3n de la realidad est\u00e1 implicada en relaciones m\u00e1s amplias de violencia sexual y puesto que dicha violencia se ha entrelazado con la injusticia racial, la imposici\u00f3n de la realidad est\u00e1 igualmente basada en la opresi\u00f3n racial (2007, 57). De hecho, Bettcher sugiere que los intentos de abordar la transfobia que no toman en serio las realidades de la opresi\u00f3n racial (trabajando acr\u00edticamente con el sistema de justicia penal, por ejemplo) est\u00e1n destinados al fracaso (2007, 58-60). Bettcher concluye que su an\u00e1lisis puede servir de base te\u00f3rica para la solidaridad feminista antirracista trans y no trans (2007, 57-8). Tambi\u00e9n puede dilucidar que las representaciones feministas transf\u00f3bicas de las mujeres trans como enga\u00f1adoras y violadoras se basan fundamentalmente en un sistema (hetero) sexista, sexualmente abusivo y facilitador de la violaci\u00f3n en el que la presentaci\u00f3n de g\u00e9nero comunica el estado genital. Dada la interconexi\u00f3n entre la exigencia de realidad y las formas sexistas y racistas de opresi\u00f3n, corresponde a las feministas no trans cuestionar el valor pol\u00edtico de desplegar tales representaciones.<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc197554818\"><\/a><strong>11. Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h1>\n<p>Si bien las primeras perspectivas feministas (no trans) sobre las cuestiones trans estaban marcadas por la hostilidad, conviene reconocer que los estudios y las pol\u00edticas trans han surgido en compleja reacci\u00f3n e interacci\u00f3n con la teor\u00eda y las pol\u00edticas feministas y queer. Con el paso del tiempo, parece que se est\u00e1 haciendo realidad la posibilidad de una interacci\u00f3n productiva entre la teor\u00eda y la pol\u00edtica feminista y trans, as\u00ed como la solidaridad entre las feministas trans y no trans. Esto sugiere un futuro prometedor para las investigaciones filos\u00f3ficas transfeministas. A la luz de la historia de la interacci\u00f3n trans\/feminista, parece que el yo y su relaci\u00f3n con la opresi\u00f3n y la resistencia seguir\u00e1 siendo un tema de investigaci\u00f3n fruct\u00edfero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","class_list":["post-2050","enciclopedia_virtual","type-enciclopedia_virtual","status-publish","hentry"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.0 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Perspectivas feministas sobre cuestiones trans - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_US\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La relaci\u00f3n entre el feminismo y la teor\u00eda y pol\u00edtica trans es sorprendentemente conflictiva. El objetivo de esta entrada es esbozar algunos de los principales problemas filos\u00f3ficos en sus intersecciones, lo cual solo puede lograrse atendiendo a la historia de la pol\u00edtica feminista y trans tal como se ha desarrollado en los Estados Unidos. Lo [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2025-09-22T18:36:32+00:00\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"110 minutes\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/\",\"url\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/\",\"name\":\"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/#website\"},\"datePublished\":\"2025-05-08T22:54:41+00:00\",\"dateModified\":\"2025-09-22T18:36:32+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"en-US\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/#website\",\"url\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/\",\"name\":\"C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior\",\"description\":\"Unesco PUCP\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"en-US\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/","og_locale":"en_US","og_type":"article","og_title":"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior","og_description":"La relaci\u00f3n entre el feminismo y la teor\u00eda y pol\u00edtica trans es sorprendentemente conflictiva. El objetivo de esta entrada es esbozar algunos de los principales problemas filos\u00f3ficos en sus intersecciones, lo cual solo puede lograrse atendiendo a la historia de la pol\u00edtica feminista y trans tal como se ha desarrollado en los Estados Unidos. Lo [&hellip;]","og_url":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/","og_site_name":"C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior","article_modified_time":"2025-09-22T18:36:32+00:00","twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Est. reading time":"110 minutes"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/","url":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/","name":"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior","isPartOf":{"@id":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/#website"},"datePublished":"2025-05-08T22:54:41+00:00","dateModified":"2025-09-22T18:36:32+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/#breadcrumb"},"inLanguage":"en-US","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-de-la-globalizacion\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Perspectivas feministas sobre cuestiones trans"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/#website","url":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/","name":"UNESCO Chair on Gender Equality in Higher Education Institutions","description":"Unesco PUCP","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"en-US"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/wp-json\/wp\/v2\/enciclopedia_virtual\/2050","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/wp-json\/wp\/v2\/enciclopedia_virtual"}],"about":[{"href":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/enciclopedia_virtual"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2050"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}