{"id":2141,"date":"2025-09-12T21:24:16","date_gmt":"2025-09-13T02:24:16","guid":{"rendered":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/?post_type=enciclopedia_virtual&#038;p=2141"},"modified":"2025-09-22T13:38:49","modified_gmt":"2025-09-22T18:38:49","slug":"perspectivas-feministas-sobre-los-mercados-sexuales","status":"publish","type":"enciclopedia_virtual","link":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-sobre-los-mercados-sexuales\/","title":{"rendered":"Perspectivas feministas sobre los mercados sexuales"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los mercados de materiales sexualmente expl\u00edcitos (pornograf\u00eda) y de servicios sexuales (prostituci\u00f3n) generan numerosas preocupaciones para fil\u00f3sofos y feministas. La principal inquietud es que dichos mercados parecen ser ineludiblemente perjudiciales para las mujeres, tanto a nivel individual como colectivo. Utilizando conceptos de la filosof\u00eda moral y pol\u00edtica, as\u00ed como de la filosof\u00eda del lenguaje y del arte, las fil\u00f3sofas feministas han analizado c\u00f3mo la prostituci\u00f3n y la pornograf\u00eda perjudican a las mujeres.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"indice\"><\/a><b>\u00cdndice<\/b><\/h2>\n<p><a href=\"#1h\">1. Pornograf\u00eda<\/a><br \/>\n<a href=\"#1.1h\">1.1. \u00bfPor qu\u00e9 las feministas critican espec\u00edficamente la pornograf\u00eda?<\/a><br \/>\n<a href=\"#1.2h\">1.2. \u00bfLas obras pornogr\u00e1ficas silencian y subordinan a las mujeres?<\/a><br \/>\n<a href=\"#1.3h\">1.3. \u00bfLa pornograf\u00eda objetiviza sexualmente a las mujeres?<\/a><br \/>\n<a href=\"#1.4h\">1.4. \u00bfPuede alguna pornograf\u00eda servir a fines feministas?<\/a><br \/>\n<a href=\"#2h\">2. Prostituci\u00f3n<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.1h\">2.1. \u00bfDeben prohibirse algunos mercados del sexo?<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.2h\">2.2. \u00bfPodemos distinguir entre trata de personas y trabajo sexual consensuado?<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.3h\">2.3. \u00bfPueden regularse eficazmente los mercados de servicios sexuales?<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"1h\"><\/a><b>1. Pornograf\u00eda<\/b><\/h2>\n<h3><a name=\"1.1h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">1.1. \u00bfPor qu\u00e9 las feministas critican espec\u00edficamente la pornograf\u00eda?<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Anne Eaton sostiene que la pornograf\u00eda muestra la subordinaci\u00f3n de las mujeres como sexualmente placentera y, por esta raz\u00f3n, es m\u00e1s efectiva que otros materiales de representaci\u00f3n para dar forma a las actitudes y los deseos de las personas espectadoras (Eaton 2007: 680). La pornograf\u00eda nos involucra y nos entrena para excitarnos sexualmente ante las im\u00e1genes que exponen a las mujeres como seres sociales inferiores y, de este modo, refuerza los \u201cmecanismos, normas y mitos\u201d que sostienen el estatus social desigual de las mujeres (679). Eaton reconoce que no toda la pornograf\u00eda erotiza la desigualdad y ella concentra su cr\u00edtica en la \u201cpornograf\u00eda desigualitaria\u201d. Su hip\u00f3tesis es que los da\u00f1os causados por la exposici\u00f3n a la pornograf\u00eda desigualitaria van desde el incremento de las tasas de discriminaci\u00f3n, acoso y agresi\u00f3n sexuales hasta la degradaci\u00f3n del estatus de la mujer. La autora reconoce que su modelo causal requiere sustento emp\u00edrico y que todav\u00eda no se han realizado los estudios necesarios para confirmarlo o refutarlo. Debido a que la pornograf\u00eda desigualitaria no es el \u00fanico tipo de cultura de masas que promueve actitudes y comportamientos sexistas, podr\u00eda ser complejo distinguir entre los efectos de los materiales sexistas que son sexualmente gr\u00e1ficos y los que no lo son.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En los primeros a\u00f1os del movimiento feminista de la segunda ola, las activistas hicieron campa\u00f1a en contra de todos los medios populares violentos y sexistas. Carolyn Bronstein sostiene que el giro desde la condena a las im\u00e1genes violentas y sexistas de los medios de comunicaci\u00f3n a la condena tan solo de la pornograf\u00eda (incluso la no violenta) se debi\u00f3 a dos factores principales. En primer lugar, las feministas radicales empezaron a percibir la proliferaci\u00f3n de la pornograf\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">hardcore<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como parte de una represalia m\u00e1s amplia en contra de los progresos relativos a la igualdad de la mujer. La saturaci\u00f3n de la sociedad con revistas como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Playboy<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Hustler<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Deep Throat,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> librer\u00edas para adultos y, finalmente, televisi\u00f3n por cable y pornograf\u00eda en v\u00eddeo en las d\u00e9cadas de 1960 y 1970, fue interpretada por algunas activistas como una campa\u00f1a orquestada para mantener a las mujeres en su esfera social asignada. Algunas feministas acusaron a sus oponentes de difundir una poderosa propaganda mis\u00f3gina singularmente seductora y poderosa, la cual describ\u00eda falsa y maliciosamente a las mujeres como deseosas y merecedoras de un uso sexual coercitivo y degradante. En segundo lugar, Bronstein, al se\u00f1alar como culpable a la pornograf\u00eda antes que al sexismo en los medios de comunicaci\u00f3n, alega que el movimiento feminista antipornograf\u00eda sac\u00f3 ventaja del clima conservador de la d\u00e9cada de 1980. En particular, los conservadores sociales religiosos pasaron a ser m\u00e1s cr\u00edticos de la revoluci\u00f3n sexual de los a\u00f1os 1960 y percibieron el crecimiento de la industria pornogr\u00e1fica como una evidencia del giro cultural en su pa\u00eds [Estados Unidos]. La convergencia de prop\u00f3sitos entre las feministas y sectores conservadores les permiti\u00f3 a las primeras conseguir apoyo financiero de organizaciones no feministas e incluso antifeministas (Bronstein 2011: 322).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El trabajo de base del movimiento antipornograf\u00eda culmin\u00f3 con el desarrollo de un nuevo enfoque para restringirla, el cual no se basaba en la censura gubernamental del discurso obsceno. Catharine MacKinnon y Andrea Dworkin redactaron un modelo de ordenanza antipornograf\u00eda que prontamente fue adoptado por la ciudad de Indian\u00e1polis con la ayuda de organizaciones cristianas evang\u00e9licas (Bronstein 2011: 324). La ordenanza defin\u00eda la pornograf\u00eda como la \u201csubordinaci\u00f3n sexualmente expl\u00edcita de las mujeres, representadas gr\u00e1ficamente, mediante im\u00e1genes y\/o palabras\u201d, y les permit\u00eda a las potenciales v\u00edctimas interponer demandas civiles contra los productores y distribuidores de materiales con el contenido especificado. En respuesta, muchos activistas por la libertad de expresi\u00f3n se organizaron para impugnar esta nueva ley y otras similares que se hab\u00edan propuesto en ciudades de todo el pa\u00eds. En 1986, la Corte Suprema [de los Estados Unidos] declar\u00f3 inconstitucional la ordenanza de Indian\u00e1polis y al poco tiempo el movimiento feminista antipornograf\u00eda se desarticul\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si bien el movimiento feminista antipornograf\u00eda de la segunda ola ha evolucionado hasta convertirse en el movimiento feminista sexo-positivo de la tercera ola, varias acad\u00e9micas feministas est\u00e1n intentando reavivar la oposici\u00f3n societal a la pornograf\u00eda (Eaton 2007; Langton 2009; Hornsby 1995; Brison 1998). Mediante el empleo de herramientas del an\u00e1lisis filos\u00f3fico y de las ciencias sociales emp\u00edricas, las acad\u00e9micas feministas pretenden fortalecer los fundamentos intelectuales del movimiento antipornograf\u00eda. Al contar con una mejor comprensi\u00f3n del impacto de la pornograf\u00eda en las personas y la sociedad, y de los mecanismos psicol\u00f3gicos y sociales que pueden explicar su influencia, las comunidades pueden movilizar respuestas m\u00e1s eficaces a su producci\u00f3n, distribuci\u00f3n y consumo. Ahora que Internet permite que la pornograf\u00eda llegue a p\u00fablicos m\u00e1s amplios, su impacto puede ser m\u00e1s grande que nunca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Helen Longino fue una de las primeras fil\u00f3sofas feministas que articul\u00f3 una teor\u00eda sobre c\u00f3mo la pornograf\u00eda perjudica a las mujeres. Argument\u00f3 que esta muestra a hombres y mujeres disfrutando de actividades que cosifican a la mujer y la tratan como menos que humana. Al representar a las mujeres como objetos deshumanizados, la pornograf\u00eda fomenta la idea de que las mujeres pueden ser tratadas sin consideraciones morales (es decir, violadas y subyugadas). Longino escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que est\u00e1 mal en la pornograf\u00eda, por lo tanto, es la representaci\u00f3n degradante y deshumanizadora de las mujeres, y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">no<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> su contenido sexual. La pornograf\u00eda, por su propia naturaleza, exige que las mujeres est\u00e9n subordinadas a los hombres y que sean meros instrumentos para la satisfacci\u00f3n de las fantas\u00edas masculinas. (Longino 1980: 45)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Siguiendo al fil\u00f3sofo Immanuel Kant, Longino asume que el sexo es moralmente problem\u00e1tico porque es dif\u00edcil, si no imposible, tener relaciones sexuales sin tratar a otra persona como un \u201cmero medio\u201d para la propia satisfacci\u00f3n. El deseo sexual es irracional y nos lleva a reducir a otras personas a partes sexuales de su cuerpo, por lo que es cosificador, deshumanizador y degradante. Longino le a\u00f1ade un elemento feminista al pensamiento de Kant al argumentar que, como los hombres tienen m\u00e1s poder social que las mujeres, ellos est\u00e1n en condiciones de utilizar a las mujeres como instrumentos para satisfacer sus fines sexuales. Las representaciones pornogr\u00e1ficas del sexo heterosexual, por lo tanto, glorifican y promueven el trato inmoral y subordinado de las mujeres por parte de los hombres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De manera similar, el conocido an\u00e1lisis de Catharine MacKinnon y Andrea Dworkin sobre la pornograf\u00eda incorpora un modelo kantiano de moralidad sexual con un giro feminista (Shrage 2005). Los actos heterosexuales son inherentemente violentos para las mujeres en la medida en la que implican que los hombres traten a las mujeres como objetos intercambiables cuya integridad y l\u00edmites no se respetan. Para Dworkin, los actos heterosexuales ordinarios implican que los hombres invadan y ocupen los cuerpos de las mujeres (Dworkin 1987). Por lo tanto, la pornograf\u00eda se equipara con la evidencia visual y la documentaci\u00f3n del abuso de determinadas mujeres y, por lo tanto, quienes la miran colaboran en su violaci\u00f3n. Seg\u00fan MacKinnon, en las sociedades patriarcales las mujeres no son libres de negarse a mantener relaciones sexuales con los hombres y, por lo tanto, su participaci\u00f3n en el sexo con hombres no es plenamente consensual. El sexo con personas que no est\u00e1n en condiciones de dar un verdadero consentimiento, el cual es convertido en espect\u00e1culo p\u00fablico a trav\u00e9s de la pornograf\u00eda, ampl\u00eda los par\u00e1metros temporales y espaciales del crimen. Cuando las mujeres ven pornograf\u00eda, a menudo reviven su propia violaci\u00f3n y humillaci\u00f3n p\u00fablica. Por lo tanto, seg\u00fan MacKinnon y Dworkin, la pornograf\u00eda tiene el poder de traumatizar repetidamente a las mujeres y no se limita a registrar un abuso pasado. La pornograf\u00eda adulta es similar a la pornograf\u00eda infantil, la cual registra y amplifica el abuso a menores violentadas\/os; ambas permiten que otras personas participen y exploten la victimizaci\u00f3n de alguien para obtener un placer s\u00e1dico. Adem\u00e1s, MacKinnon sostiene que la pornograf\u00eda adulta es una herramienta que puede utilizarse para obtener la cooperaci\u00f3n de una mujer con su agresor, al igual que la pornograf\u00eda infantil puede hacerlo con un ni\u00f1o o una ni\u00f1a. Se\u00f1ala que los hombres utilizan la pornograf\u00eda \u201cpara entrenar a las mujeres en la sumisi\u00f3n sexual\u201d (MacKinnon 1987: 188).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">MacKinnon tambi\u00e9n afirma que \u201cla pornograf\u00eda s\u00ed causa directamente algunas agresiones. Algunas violaciones <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">son<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> realizadas por hombres vali\u00e9ndose de manuales en sus bolsillos\u201d (MacKinnon 1987: 184). Y como \u201cla pornograf\u00eda condiciona el orgasmo masculino a la subordinaci\u00f3n femenina\u201d (MacKinnon 1987: 190), indirecta e subconscientemente suscita en los hombres comportamientos sexuales controladores. La pornograf\u00eda moldea el deseo sexual femenino y masculino en los roles de v\u00edctima\/abusador, y representa los comportamientos sexuales depredadores como formas naturales de expresi\u00f3n sexual y de g\u00e9nero. Por lo tanto, la pornograf\u00eda es perjudicial para los hombres que la consumen, as\u00ed como para las mujeres que tienen contacto sexual con hombres, dentro y fuera de la pantalla. En palabras de MacKinnon, la pornograf\u00eda representa:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">sexo forzado en mujeres reales con el fin de que pueda ser vendido con fines de lucro para ser forzado en otras mujeres reales; cuerpos de mujeres atados y mutilados y violados y convertidos en cosas para ser heridas y obtenidas y accedidas, y esto presentado como la naturaleza de las mujeres; la coerci\u00f3n que es visible y la coerci\u00f3n que se ha vuelto invisible \u2014esto y m\u00e1s molesta a las feministas acerca de la pornograf\u00eda&#8230; la pornograf\u00eda causa actitudes y comportamientos violentos y discriminadores que definen el trato y el estatus de la mitad de la poblaci\u00f3n\u2014. (MacKinnon 1987: 147)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por estas razones, las feministas antipornograf\u00eda generalmente sostienen que la pornograf\u00eda no es simplemente una molestia sexista que puede abordarse mediante llamamientos al boicot de los consumidores y a la responsabilidad empresarial. Por el contrario, la pornograf\u00eda \u201calimenta el sexismo\u201d (Longino 1980: 54) y la falta de respeto hacia las mujeres de formas que se traducen en violaciones de los derechos morales y civiles b\u00e1sicos de las mujeres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Longino sostiene que la pornograf\u00eda no deber\u00eda recibir la misma protecci\u00f3n legal que otros materiales de expresi\u00f3n. Junto con MacKinnon, propone que la pornograf\u00eda deber\u00eda restringirse, no como una forma de expresi\u00f3n obscena, sino como un producto que puede causar graves da\u00f1os a las mujeres tanto en t\u00e9rminos individuales como grupales. Longino sostiene que la tolerancia liberal a la pornograf\u00eda constituye la aceptaci\u00f3n del trato inmoral a las mujeres (Longino 1980: 48). MacKinnon y Dworkin llevan este argumento un paso m\u00e1s all\u00e1 y alegan que la pornograf\u00eda a menudo registra actos de violaci\u00f3n criminal y, por lo tanto, su difusi\u00f3n agrava a\u00fan m\u00e1s los da\u00f1os de dichos actos (MacKinnon 1987: 128, 148-49; Dworkin 1979: 201). La tolerancia hacia la pornograf\u00eda desempodera a todas las mujeres porque perpet\u00faa un clima en el que las mujeres se sienten constantemente amenazadas de ser violadas, lo que les imposibilita ejercer los derechos formales que han conquistado. La ordenanza modelo de MacKinnon y Dworkin pretend\u00eda que \u201cla pornograf\u00eda fuera punible como una violaci\u00f3n de los derechos civiles\u201d de modo que las mujeres tuvieran recursos legales cuando los materiales pornogr\u00e1ficos impidieran el ejercicio de sus derechos o causaran da\u00f1os personales (MacKinnon 1993: 22, 121, n. 32). Seg\u00fan MacKinnon, al proteger el discurso de los porn\u00f3grafos y eximirlos de responsabilidad, el Estado no cautela la igualdad ni los derechos civiles de las mujeres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">MacKinnon y Dworkin ofrecen tan solo un sustento emp\u00edrico anecd\u00f3tico para sus afirmaciones sobre la nocividad de la pornograf\u00eda; sin embargo, su trabajo indujo a varias cient\u00edficas sociales a realizar estudios controlados con el fin de hallar m\u00e1s sustento emp\u00edrico para sus afirmaciones. Diana Scully repasa la literatura cient\u00edfica disponible en ese momento y escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">la proliferaci\u00f3n de productos culturales, como la pornograf\u00eda, intensifica la cantidad y la calidad de la violencia en las fantas\u00edas de los hombres. Adem\u00e1s, en particular cuando se representa a las mujeres recibiendo placer a trav\u00e9s de la violencia dirigida a ellas, la pornograf\u00eda trivializa la violaci\u00f3n y, por lo tanto, puede alentar a m\u00e1s hombres a actuar sus fantas\u00edas. Armados con los mitos que se celebran en la pornograf\u00eda violenta, como que en secreto las mujeres desean ser violadas, los hombres que violan pueden creer, y de hecho creen, que su comportamiento est\u00e1 dentro de los l\u00edmites normativos de la cultura. (Scully 1990: 155)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La propia investigaci\u00f3n de Scully compar\u00f3 el consumo de material pornogr\u00e1fico por parte de violadores convictos con un grupo control conformado por delincuentes. Si bien se\u00f1ala algunos problemas con el dise\u00f1o de su investigaci\u00f3n, concluye que sus:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">datos s\u00ed establecen que la mayor\u00eda de los violadores convictos estaban familiarizados con la pornograf\u00eda y que el uso que hac\u00edan de ese material era algo mayor que el de otros delincuentes. (Scully 1990: 154)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En su an\u00e1lisis de la investigaci\u00f3n sobre pornograf\u00eda, Neil Malamuth, Tamara Addison y Mary Koss se\u00f1alan que:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Los resultados obtenidos sugieren que para la mayor\u00eda de los hombres estadounidenses, la exposici\u00f3n a la pornograf\u00eda (incluso en los niveles m\u00e1s altos evaluados aqu\u00ed) no est\u00e1 asociada con altos niveles de agresi\u00f3n sexual&#8230; Pero entre los que se encuentran en el nivel m\u00e1s alto de riesgo \u201cde predisposici\u00f3n\u201d para la agresi\u00f3n sexual (algo por encima del 7% de toda la muestra), los que consumen pornograf\u00eda con mucha frecuencia (alrededor del 12% de este grupo de alto riesgo) tienen niveles de agresi\u00f3n sexual aproximadamente cuatro veces m\u00e1s altos que sus hom\u00f3logos que no consumen pornograf\u00eda con mucha frecuencia. (Malamuth, Addison y Koss 2000: 85)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En una revisi\u00f3n m\u00e1s reciente de la bibliograf\u00eda sobre ciencias sociales, Christopher Ferguson y Richard Hartley informan que:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Las evidencias de una relaci\u00f3n causal entre la exposici\u00f3n a la pornograf\u00eda y la agresi\u00f3n sexual son escasas y, en ocasiones, pueden haber sido exageradas por pol\u00edticos, grupos de presi\u00f3n y algunos cient\u00edficos sociales. Parte del debate se ha centrado en la pornograf\u00eda violenta, pero las pruebas de cualquier efecto negativo son inconsistentes, y la pornograf\u00eda violenta es comparativamente poco frecuente en el mundo real. Las tasas de victimizaci\u00f3n por violaci\u00f3n en Estados Unidos demuestran una relaci\u00f3n inversa entre el consumo de pornograf\u00eda y las tasas de violaci\u00f3n. Datos de otras naciones han sugerido relaciones similares. (Ferguson y Hartley 2009)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar de que Ferguson y Hartley no abordan estudios que tengan en cuenta \u00fanicamente la pornograf\u00eda desigualitaria, como sugiere el trabajo de Eaton, hablan de un estudio de 2004 que \u201cdescubri\u00f3 que la pornograf\u00eda protege contra las actitudes negativas hacia las mujeres\u201d, y hablan tambi\u00e9n de un estudio de 2007 que \u201cno encontr\u00f3 ninguna relaci\u00f3n entre el consumo de pornograf\u00eda y las actitudes negativas hacia las mujeres\u201d. Por otro lado, el estudio de 2004 indica que \u201clos consumidores de pornograf\u00eda pueden ser m\u00e1s propensos al sexismo benevolente, que implica creencias de que las mujeres deben ser protegidas del da\u00f1o\u201d (2009: 326). Contrariamente a lo que afirman Longino y MacKinnon, la pornograf\u00eda no parece \u201calimentar el sexismo\u201d en sus formas malevolentes.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Deborah Cameron y Elizabeth Frazer se preguntan si cualquier explicaci\u00f3n de las propiedades causales de la pornograf\u00eda es de ayuda o esclarecedora. Sostienen que tales explicaciones asumen un modelo determinista del comportamiento humano, uno en el que los hombres pierden el control sobre su conducta y responden a los est\u00edmulos pornogr\u00e1ficos, en cierto modo, sin pensar (Cameron y Frazer 2000: 248-251). La idea de que los hombres simplemente imitan lo que ven en la pornograf\u00eda, o que est\u00e1n condicionados a comportarse de ciertas maneras a trav\u00e9s de la exposici\u00f3n a la pornograf\u00eda, implica que los hombres no son capaces de interpretar creativa y cr\u00edticamente los materiales pornogr\u00e1ficos. Aunque algunos hombres copien irreflexivamente lo que ven, o incluso se vuelvan \u201cadictos\u201d a la violencia sexual a trav\u00e9s de la pornograf\u00eda, estos hombres son la excepci\u00f3n, no la regla (Cameron y Frazer 2000: 243). Al tratar la violencia sexual como un producto de la exposici\u00f3n a la pornograf\u00eda, las feministas promueven una visi\u00f3n que exime a los depredadores sexuales de la responsabilidad de sus actos, y culpan en cambio de sus acciones a los materiales expresivos o a las condiciones patol\u00f3gicas que estos materiales supuestamente causan. Aunque las teor\u00edas causales que invocan la p\u00e9rdida de control individual a trav\u00e9s de la \u201cimitaci\u00f3n\u201d y la \u201cadicci\u00f3n\u201d pueden ser \u00fatiles para los acusados en casos de agresi\u00f3n sexual y asesinato, Cameron y Frazer se\u00f1alan que estas teor\u00edas socavan el objetivo feminista de demostrar que la violencia sexual es una funci\u00f3n de las normas culturales y las desigualdades estructurales, en lugar de un debilitamiento o una enfermedad mental (Cameron y Frazer 2000: 248). Ir\u00f3nicamente, los modelos causales pueden engendrar simpat\u00eda social hacia los autores de la violencia sexual y dificultar su castigo (Cameron y Frazer 2000: 247). Cameron y Frazer concluyen que las feministas pueden ser cr\u00edticas de \u201clos discursos que orientan la pr\u00e1ctica sexual\u201d e imaginar discursos alternativos, sin con ello promover modelos problem\u00e1ticos del comportamiento humano (Cameron y Frazer 2000: 253).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No todas las fil\u00f3sofas feministas est\u00e1n de acuerdo con la cr\u00edtica feminista a la pornograf\u00eda. Si bien coinciden en que el contenido de la pornograf\u00eda tolera el trato censurable a la mujer, Ann Garry fue una de las primeras en cuestionar si la pornograf\u00eda deb\u00eda considerarse responsable de las omnipresentes violencia y discriminaci\u00f3n basadas en g\u00e9nero. Garry escribe<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Gran parte de la investigaci\u00f3n sobre los efectos de la pornograf\u00eda indica que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cualquier<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> efecto que tenga \u2014positivo o negativo\u2014 es de corta duraci\u00f3n. (Garry 1978: 404)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Garry tambi\u00e9n cuestiona si el hecho de tratar a una mujer como objeto sexual es siempre malo, y sugiere que la pornograf\u00eda consigue perjudicar a las mujeres, en parte, porque los espectadores asumen que el sexo es generalmente perjudicial para las mujeres (Garry 1979: 136-37; v\u00e9ase tambi\u00e9n Garry 2001). Garry anima a las feministas a apoyar la producci\u00f3n de pornograf\u00eda no sexista en lugar de intentar suprimir los materiales pornogr\u00e1ficos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"1.2h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">1.2. \u00bfLas obras pornogr\u00e1ficas silencian y subordinan a las mujeres?<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La ordenanza modelo de MacKinnon y Dworkin capt\u00f3 el punto de vista feminista predominante que considera que la pornograf\u00eda es una forma de discurso de odio contra las mujeres, la cual no solo desencadena la agresi\u00f3n sexual en los hombres sino que tambi\u00e9n insensibiliza a los dem\u00e1s ante el sufrimiento de las v\u00edctimas. MacKinnon escribe: \u201cNo se les cree a las mujeres que acusan a los hombres de abusos sexuales. La visi\u00f3n pornogr\u00e1fica sobre ellas es: lo quieren; todas lo quieren\u201d (MacKinnon 1987: 191). Cuando comunican que no est\u00e1n dispuestas a participar en una actividad sexual, sus interlocutores deducen que est\u00e1n falseando sus deseos. De este modo, la pornograf\u00eda silencia a las mujeres, porque refuerza el prejuicio de que las mujeres son deshonestas o t\u00edmidas cuando expresan poco o ning\u00fan inter\u00e9s sexual por los hombres que buscan el contacto sexual con ellas. Del mismo modo, cuando un miembro del jurado escucha el testimonio de una v\u00edctima de agresi\u00f3n sexual, su percepci\u00f3n de la sinceridad de esta se ver\u00e1 sesgada por su exposici\u00f3n a la pornograf\u00eda (Langton 2009: 297). Desde este punto de vista, la pornograf\u00eda es un mecanismo que puede esgrimirse para negarles a las mujeres igual derecho a la libertad de expresi\u00f3n, al respeto social y a la seguridad personal y, por lo tanto, las subordina y silencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Rae Langton utiliza las herramientas de la teor\u00eda de los actos de habla para explicar c\u00f3mo la pornograf\u00eda silencia y subordina a las mujeres (Langton 1995: 215). Langton se\u00f1ala que las palabras e im\u00e1genes pornogr\u00e1ficas, al igual que los enunciados en general, son una forma de acci\u00f3n social. El contenido literal (fuerza ilocutiva) de una obra pornogr\u00e1fica incluye la representaci\u00f3n de determinados actos sexuales que tienen el efecto (fuerza perlocutiva) de excitar a algunos espectadores y moldear sus actitudes hacia las mujeres. La fuerza ilocutiva de una obra pornogr\u00e1fica se refiere a las acciones sociales que se performan al representar el sexo y las mujeres, tales como informar, ordenar, entretener, aprobar, y as\u00ed por el estilo. Por ejemplo, un cartel con las palabras \u201cSolo para blancos\u201d performa el acto social de ordenar y hacer cumplir la segregaci\u00f3n racial en un contexto con ciertos tipos de normas sociales formales o informales que involucran el estatus racial. De manera similar, una obra pornogr\u00e1fica puede performar la funci\u00f3n de recomendar o aprobar determinados comportamientos sexualmente depredadores en un contexto donde prevalecen ciertos tipos de normas sociales acerca del estatus y los derechos de los tipos de personajes mostrados. La fuerza ilocutiva de un determinado acto de habla, signo u obra expresiva depende de una variedad de factores, como las intenciones del autor y las convenciones ling\u00fc\u00edsticas y sociales que vinculan las palabras con determinados significados y pr\u00e1cticas sociales. Un letrero de \u201cSolo para blanco[s]\u201d colocado en un cesto de ropa sucia performa un acto ilocutivo diferente del que se coloca en una fuente de agua o en el asiento de un autob\u00fas. Un acto de habla exitoso, en el que el p\u00fablico capte lo que el hablante pretende comunicar o hacer, depende de diversas caracter\u00edsticas hist\u00f3ricas, jur\u00eddicas y de otras caracter\u00edsticas del contexto de uso (Saul 2006b; Bianchi 2008; Mikkola 2008). Langton sostiene que existen buenas razones, si bien no concluyentes, para pensar que existen factores de fondo que permiten que los textos pornogr\u00e1ficos avalen, recomienden u ordenen actos hostiles contra las mujeres. Sin embargo, tambi\u00e9n sugiere que la fuerza ilocutiva de la pornograf\u00eda puede ser bloqueada eficazmente por los actos de habla de sus cr\u00edticos, m\u00e1s que por la censura (Langton 1995: 216).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Jennifer Hornsby tambi\u00e9n utiliza la teor\u00eda de los actos de habla para explicar c\u00f3mo la pornograf\u00eda silencia a las mujeres. Hornsby sostiene que los materiales pornogr\u00e1ficos refuerzan ideas sobre las mujeres que privan a sus enunciados de su significado ilocutivo ordinario (Hornsby 1995: 227). Por ejemplo, las obras pornogr\u00e1ficas pueden transmitir la idea de que las mujeres a las que los hombres encuentran <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">sexy<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> est\u00e1n deseosas de satisfacer sus apetitos sexuales, de modo que cuando estas mujeres dicen \u201cno\u201d, su enunciado no constituye un acto de rechazo sino un acto de burla. De este modo, la pornograf\u00eda refuerza los c\u00f3digos sociales que les permiten a los hombres malinterpretar y descartar sistem\u00e1ticamente el habla de las mujeres. Por lo tanto, las mujeres pueden ser silenciadas, no suprimiendo su discurso, sino modificando las condiciones de fondo necesarias para el \u00e9xito de los actos de habla, como el rechazo. Si la pornograf\u00eda interfiere con la capacidad de las mujeres de comunicar, entonces las mujeres no pueden contrarrestar el da\u00f1o de la pornograf\u00eda con m\u00e1s habla, sino solo mediante la supresi\u00f3n de los materiales pornogr\u00e1ficos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una consecuencia de la afirmaci\u00f3n de que la pornograf\u00eda causa que los hombres malinterpreten los actos comunicativos de las mujeres, es que les ofrece potencialmente una defensa a los depredadores sexuales que afirman que cre\u00edan sinceramente que sus v\u00edctimas pretend\u00edan transmitir algo opuesto al significado ordinario de sus enunciados. Mari Mikkola sostiene que esta preocupaci\u00f3n no socava el an\u00e1lisis de Langton y Hornsby sobre la pornograf\u00eda. Por el contrario, esta consecuencia de su argumento deber\u00eda obligarnos a repensar hasta qu\u00e9 punto una condena en un caso de violaci\u00f3n deber\u00eda depender de que el acusado tenga motivos o intenciones maliciosas (Mikkola 2011). Mary Kate McGowan <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">et al.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> sostienen que<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">incluso si el consumo de pornograf\u00eda hace que algunos hombres crean que las mujeres consienten (cuando no es as\u00ed), esto es insuficiente para demostrar que estas creencias son razonables. La mera creencia en el consentimiento no reduce en nada la responsabilidad de un violador (en cualquier caso, en la mayor\u00eda de las jurisdicciones), a menos que esa creencia sea tambi\u00e9n razonable. (McGowan <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">et al.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> 2011: 145)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, si la pornograf\u00eda puede inhabilitar o frustrar la comunicaci\u00f3n ordinaria, \u00bfc\u00f3mo deber\u00edan garantizar las personas razonables y morales que sus actos sexuales son consensuales? Las campa\u00f1as contra las agresiones sexuales que proponen reglas sencillas, tales como \u201cno es no\u201d y \u201cs\u00ed es s\u00ed\u201d, nos ense\u00f1an sobre todo a equiparar la fuerza ilocutiva de un enunciado con su significado literal durante un encuentro sexual. Si la pornograf\u00eda tiene el poder de despojar al habla de sus significados ordinarios, entonces una forma prudente y razonable de garantizar el consentimiento para un acto sexual podr\u00eda requerir que se recurra por defecto a la interpretaci\u00f3n literal, con la consecuencia de que quienes no lo hagan ser\u00e1n sometidos a acusaciones penales y castigos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Susan Brison explora la tesis de la subordinaci\u00f3n y sostiene que la pornograf\u00eda es una forma de libelo grupal que puede socavar la autonom\u00eda del grupo objetivo. Al difundir falsedades sobre la mujer, la pornograf\u00eda reduce el abanico de opciones y oportunidades sociales de las que disponen las mujeres. Las integrantes de grupos vilipendiados socialmente por la literatura de odio tienen m\u00e1s dificultades para alcanzar sus objetivos o intentar desempe\u00f1ar determinados papeles sociales (Brison 1998). Langton sostiene que, aunque la pornograf\u00eda se refiera a la fantas\u00eda y deba comprenderse como ficticia, puede desinformar. Seg\u00fan Langton, la pornograf\u00eda proyecta las creencias y las fantas\u00edas de quienes son poderosos en t\u00e9rminos sociales, y dado que quienes tienen menos poder social pueden adaptar su comportamiento a esas creencias, estas se autocumplen. De este modo, el discurso pornogr\u00e1fico da\u00f1a a las mujeres al cambiar el mundo que aparenta describir (Langton 2009: 301-309). De forma similar,\u00a0 McGowan argumenta que la pornograf\u00eda funciona como \u201cun juicio err\u00f3neo pero autorizado sobre la naturaleza de las mujeres\u201d, del mismo modo que la decisi\u00f3n de un \u00e1rbitro establece los hechos sobre los acontecimientos de un partido (McGowan 2005: 43). Abigail Levin afirma que \u201cla pornograf\u00eda y el discurso de odio son la voz del poder hegem\u00f3nico mayoritario\u201d y, por lo tanto, operan para privilegiar y reivindicar los intereses de las mayor\u00edas poderosas y de los grupos dominantes (Levin 2009: 371-2).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Louise Antony cuestiona el uso que hace Langton de la teor\u00eda de los actos de habla para explicar la aparente naturaleza autoverificadora de la pornograf\u00eda. Antony sostiene que un acto de habla no puede describir un estado de cosas y, a la vez, hacer que ese estado de cosas exista. Seg\u00fan Antony, la explicaci\u00f3n de Langton confunde \u201cpoder\u201d con \u201cautoridad\u201d, y aunque la pornograf\u00eda puede tener el poder o la capacidad de influir en el mundo, no est\u00e1 investida de la autoridad para hacerlo. Antony se\u00f1ala que la autoridad se produce a trav\u00e9s de acuerdos o convenciones sociales, y la pornograf\u00eda no tiene, en este sentido, la autoridad de un \u00e1rbitro (o de la ley) para imponer sus \u00f3rdenes o su visi\u00f3n de la realidad, aunque a veces consiga influir en las creencias o el comportamiento de las personas espectadoras (Antony 2017; v\u00e9ase tambi\u00e9n Stewart 2019).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nadine Strossen cuestiona la noci\u00f3n de que las obras pornogr\u00e1ficas tengan significados singulares con autoridad que sean inherentemente sexistas o mis\u00f3ginos. Ella se\u00f1ala:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Las feministas pro censura pueden considerar degradante la aparente aceptaci\u00f3n de una mujer de tener sexo con un hombre, pero ello se debe a sus actitudes negativas hacia la capacidad de las mujeres para tomar decisiones sexuales. Es probable que otros espectadores vean esa escena como positiva y saludable. (Strossen 1995: 162)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por otra parte, seg\u00fan Strossen<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Las interpretaciones ambiguas y positivas se aplican a toda la gama del discurso sexual, incluidas las im\u00e1genes violentas y las que bien podr\u00edan etiquetarse de \u201csubordinantes\u201d o \u201cdegradantes\u201d, como las escenas de violaci\u00f3n y las que dramatizan el llamado mito de la violaci\u00f3n \u2014es decir, que las mujeres quieren ser violadas\u2014. (Strossen 1995: 146)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para ilustrar que los textos pornogr\u00e1ficos pueden producir respuestas divergentes, Strossen examina reacciones opuestas a diversos medios populares, entre ellos pel\u00edculas que muestran violaciones, im\u00e1genes controvertidas de mujeres en anuncios de gran tirada y las novelas sexualmente gr\u00e1ficas de la propia Andrea Dworkin. Strossen afirma que el efecto en algunas personas espectadoras, incluidas las mujeres, puede ser positivo:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">La pornograf\u00eda, incluidas las escenas pornogr\u00e1ficas de violaci\u00f3n, pueden tener otro fin sumamente pol\u00edtico para las mujeres que las leen o las ven: van en contra de la corriente, lo que permite a las personas espectadoras expresar rebeli\u00f3n e individualidad. En este sentido, tambi\u00e9n las palabras o im\u00e1genes que representan literalmente la impotencia de una mujer pueden tener un impacto empoderador en las espectadoras. (Strossen 1995: 174)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La existencia de interpretaciones y respuestas divergentes ante las obras pornogr\u00e1ficas pone en entredicho la idea de que la pornograf\u00eda tenga un impacto \u00fanico y perjudicial sobre las condiciones de fondo de la comunicaci\u00f3n. En resumen, las obras pornogr\u00e1ficas pueden invitar o provocar que las personas espectadoras desaf\u00eden las normas sociales opresivas, en lugar de meramente ajustarse a ellas. Como m\u00ednimo, estos materiales ponen a disposici\u00f3n del debate p\u00fablico y de la cr\u00edtica aspectos preocupantes de la sexualidad humana (Strossen 1995: 176).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Georgia Warnke invierte la hip\u00f3tesis del silenciamiento al sugerir que<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">el feminismo antipornograf\u00eda silencia las distintas autoexpresiones sexuales de las mujeres al condenar como falsa conciencia aquellas con las que no est\u00e1 de acuerdo&#8230; [y] promoviendo una legislaci\u00f3n que suprimir\u00eda los materiales a trav\u00e9s de los cuales las mujeres pueden descubrir distintas visiones de una sexualidad aut\u00e9ntica y, de hecho, distintas formas de ser sexual. (Warnke 1999: 124)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Consuelo Concepci\u00f3n sostiene que el feminismo antiporno<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">muestra poco respeto por las diferentes pr\u00e1cticas sexuales de las mujeres, ya sean relaciones heterosexuales o sadomasoquismo l\u00e9sbico. Esta forma de universalizaci\u00f3n niega la agencia sexual de las mujeres porque asume que nuestras ideas sobre la sexualidad no tienen legitimidad y ser\u00edan cooptadas por el patriarcado&#8230; [y] deslegitima las voces sexuales disidentes de las mujeres; en consecuencia, puede representar nuestras sexualidades como una forma de desviaci\u00f3n moral. (Concepci\u00f3n 1999: 98)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En resumen, no todas las mujeres est\u00e1n traumatizadas o silenciadas por la pornograf\u00eda. Algunas mujeres disfrutan de la pornograf\u00eda como consumidoras de formas que transgreden o desaf\u00edan, en lugar de reforzar, las normas sociales o las creencias err\u00f3neas sobre la naturaleza de la mujer. Las feministas antiporno pasan por alto y marginan las formas no convencionales y diversas de expresi\u00f3n sexual de las que disfrutan algunas mujeres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Amy Allen critica los debates feministas sobre la pornograf\u00eda por reducir la idea de poder a la capacidad de subordinar a alguien o de resistirse a la subordinaci\u00f3n. Las feministas antipornograf\u00eda comprenden la influencia de la pornograf\u00eda solo en t\u00e9rminos de la subordinaci\u00f3n de las mujeres por parte de los hombres, y de este modo tratan a todas las mujeres como v\u00edctimas y pasan por alto las formas de poder social que tienen algunas mujeres en virtud de su raza, nacionalidad o clase. Las feministas pro-sexo ven la pornograf\u00eda como una herramienta para subvertir las normas sexuales y empoderar a las mujeres permiti\u00e9ndoles resistir la represi\u00f3n sexual y las construcciones sexistas de la respetabilidad femenina. Siguiendo a Foucault, Allen argumenta que el poder de oprimir o resistir est\u00e1 interconectado, en el sentido de que ambos est\u00e1n conformados por una comprensi\u00f3n com\u00fan de las necesidades y deseos humanos que pueden ser controlados o liberados por otros. Allen escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">la pornograf\u00eda no tiene el poder de construir nuestra realidad social, como sostienen MacKinnon y Dworkin, ni nosotras como personas tenemos el poder de decidir construir la pornograf\u00eda como necesariamente subversiva. Dicha transformaci\u00f3n del impacto de la pornograf\u00eda solo puede llevarse a cabo, si acaso, mediante un movimiento social colectivo. (Allen 2001: 528)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde este punto de vista sobre la influencia de la pornograf\u00eda, su capacidad para mantener o subvertir las normas sociales dominantes est\u00e1 condicionada por una tercera forma de poder: la capacidad de actuar en solidaridad con otras\/otros.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"1.3h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">1.3. \u00bfLa pornograf\u00eda objetiviza sexualmente a las mujeres?<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Alison Assiter emplea la comprensi\u00f3n di\u00e1dica de Hegel sobre la dominaci\u00f3n y la resistencia para criticar la pornograf\u00eda. Ella escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">la dial\u00e9ctica Amo-Esclavo parece capturar la relaci\u00f3n entre las personas en el erotismo pornogr\u00e1fico. En gran parte de la pornograf\u00eda, las personas, normalmente mujeres, se convierten en objetos para otra&#8230; En el caso de la pornograf\u00eda, lo que ocurre es que una persona se convierte en un cuerpo deseado por la otra, pero esto no es rec\u00edproco. (Assiter 1988: 65)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tratar a alguien como un mero cuerpo para uso de otro, sin reconocer que ella tambi\u00e9n es un sujeto con deseos, es tratar a alguien como un esclavo, como una criatura u objeto infrahumano y, por lo tanto, viola su dignidad como ser humano. Assiter explica que para Hegel:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">la dial\u00e9ctica Amo-Esclavo\u201d es una fase en el desarrollo de la historia del mundo \u2014en la progresi\u00f3n hacia la libertad del \u201cEsp\u00edritu\u201d que controla el cambio hist\u00f3rico\u2014. De hecho, la relaci\u00f3n es desventajosa tanto para el esclavo como para el amo. (Assiter 1988: 65)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">ya que ninguno de los dos obtiene las formas de reconocimiento necesarias para tener la conciencia de s\u00ed mismo y la realizaci\u00f3n emocional.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Harry Brod argumenta que la pornograf\u00eda da\u00f1a a los hombres individualmente, aun cuando aumenta el poder colectivo de los hombres (Brod 1992: 158). Brod aplica conceptos morales kantianos, hegelianos y marxistas, y escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">La mujer est\u00e1 ah\u00ed principalmente como objeto sexual, no como sujeto sexual. O, si no est\u00e1 completamente cosificada, ya que los hombres tambi\u00e9n quieren ser deseados, la de ella es al menos una subjetividad subyugada. Pero uno necesita otro sujeto independiente, no un objeto o una subjetividad capturada, si se quiere validar las propias proezas o si simplemente se desea interacci\u00f3n humana. A los hombres que funcionan en el modo pornogr\u00e1fico de la sexualidad masculina, en el que los hombres dominan a las mujeres, se les niega la satisfacci\u00f3n de estos deseos humanos. (Brod 1992: 154)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seg\u00fan Brod, la pornograf\u00eda aumenta el poder pol\u00edtico de los hombres sobre las mujeres, al mismo tiempo que disminuye la calidad de las relaciones intersubjetivas de los hombres con las mujeres, contribuyendo as\u00ed a la p\u00e9rdida de interacci\u00f3n humana positiva y de autorrealizaci\u00f3n. Brod tambi\u00e9n sostiene que la pornograf\u00eda contribuye a la mercantilizaci\u00f3n de la sexualidad, lo que aumenta el poder de los hombres como consumidores, aunque no necesariamente su aut\u00e9ntica autonom\u00eda y libertad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Catharine MacKinnon tambi\u00e9n utiliza la filosof\u00eda moral de Kant para articular el problema de la pornograf\u00eda:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Una persona, en una perspectiva kantiana, es un agente libre y racional cuya existencia es un fin en s\u00ed mismo, por oposici\u00f3n a lo instrumental. En la pornograf\u00eda, las mujeres existen con el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">fin<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> del placer masculino. (MacKinnon 1987: 158)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para MacKinnon, la pornograf\u00eda implica que los hombres traten a las mujeres como meros instrumentos para satisfacer sus deseos sexuales. Ese trato, en el mejor de los casos, no reconoce a las mujeres como personas libres e iguales y, en el peor, las deshumaniza y fomenta su victimizaci\u00f3n. En respuesta a MacKinnon, Martha Nussbaum se pregunta si la cosificaci\u00f3n sexual implica siempre tratar a alguien como un mero medio para los fines de otro, o si solo lo hace en determinados contextos (Nussbaum 1999: 214).<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Nussbaum identifica siete tipos distintos de acciones que pueden o no formar parte de la cosificaci\u00f3n en una instancia determinada: instrumentalidad, negaci\u00f3n de la autonom\u00eda, inercia, fungibilidad, violabilidad, propiedad y negaci\u00f3n de la subjetividad (Nussbaum 1999: 218). Algunas de estas acciones son siempre moralmente problem\u00e1ticas, pero otras son aceptables cuando forman parte de una relaci\u00f3n m\u00e1s amplia que implica respeto mutuo. Nussbaum escribe:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La negaci\u00f3n de la autonom\u00eda y la negaci\u00f3n de la subjetividad son objetables si persisten a lo largo de una relaci\u00f3n adulta, pero como fases en una relaci\u00f3n caracterizada por la consideraci\u00f3n mutua pueden estar bien, o incluso ser bastante maravillosas&#8230; De una forma estrechamente relacionada, a veces puede ser espl\u00e9ndido tratar a la otra persona como pasiva o incluso inerte. La penetraci\u00f3n emocional de los l\u00edmites parece potencialmente una parte muy valiosa de la vida sexual, y algunas formas de penetraci\u00f3n f\u00edsica de los l\u00edmites tambi\u00e9n, aunque no est\u00e1 tan claro cu\u00e1les son. Tratar a alguien como fungible es sospechoso cuando la persona as\u00ed tratada pertenece a un grupo que con frecuencia ha sido mercantilizado y utilizado como un instrumento o premio; entre iguales sociales estos problemas desaparecen&#8230; (Nussbaum 1999: 238-39)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En otras palabras, algunas acciones en las que disfrutamos sexualmente del cuerpo de otra persona son consistentes con el reconocimiento de la persona as\u00ed utilizada como un fin en s\u00ed mismo, y no implican tratarla como un mero objeto en el sentido kantiano. Pero Nussbaum concluye que la mayor parte de la pornograf\u00eda convencional, como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Playboy<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, no cumple la norma moral kantiana, y:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">describe una exhaustiva fungibilidad y mercantilizaci\u00f3n de las parejas sexuales y, en el proceso, separa el sexo de cualquier conexi\u00f3n profunda con la autoexpresi\u00f3n o la emoci\u00f3n. (Nussbaum 1999: 234)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por lo tanto, Nussbaum coincide con MacKinnon en que la pornograf\u00eda dominante trata a las mujeres como meros objetos o trofeos \u2014cosas que mejoran el estatus de los hombres o que se pueden intercambiar a demanda por el siguiente cuerpo atractivo\u2014.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si bien Nussbaum simpatiza con el an\u00e1lisis de MacKinnon y Dworkin sobre la pornograf\u00eda, formula cuatro salvedades con respecto a las ordenanzas que pretenden responsabilizar legalmente a los porn\u00f3grafos de los supuestos da\u00f1os causados por sus materiales. En primer lugar, la justificaci\u00f3n de la ordenanza no distingue entre los da\u00f1os morales que son legalmente punibles y los que no lo son. En segundo lugar, la violencia contra las mujeres tiene diversas causas y es dif\u00edcil aislar la contribuci\u00f3n espec\u00edfica de la pornograf\u00eda. En tercer lugar, es probable que responsabilizar a los autores de las acciones delictivas que su obra pueda inspirar tenga un efecto amedrentador sobre la expresi\u00f3n valiosa. Y en cuarto lugar, es probable que los funcionarios y los tribunales apliquen err\u00f3neamente tales ordenanzas a expresiones controvertidas pero no perjudiciales (Nussbaum 1999: 248-249). La cr\u00edtica de Nussbaum evita invocar un derecho ilimitado o excesivamente amplio para la libertad de expresi\u00f3n, ya que se\u00f1ala que no toda expresi\u00f3n est\u00e1 protegida por la Primera Enmienda (Nussbaum 1999: 247). Se\u00f1ala tambi\u00e9n que los fabricantes de otros productos que incitan al vicio, como el tabaco, pueden ser considerados responsables de los efectos perjudiciales de sus productos, y que otros pa\u00edses democr\u00e1ticos occidentales permiten restricciones al discurso de odio. No obstante, Nussbaum sugiere que los da\u00f1os de la pornograf\u00eda pueden abordarse mediante el di\u00e1logo moral y el an\u00e1lisis cultural. Del mismo modo, Langton, que simpatiza mucho con el an\u00e1lisis de MacKinnon sobre la pornograf\u00eda, la considera ante todo una cuesti\u00f3n moral y un problema filos\u00f3fico relativo a lo que significa vivir una buena vida (Langton 2009: 24).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Linda LeMoncheck cuestiona la opini\u00f3n de que la pornograf\u00eda implique formas inaceptables de cosificaci\u00f3n sexual argumentando que las fantas\u00edas sexuales representadas en la pornograf\u00eda implican que las subjetividades de las mujeres son reconocidas por los consumidores de este material (LeMoncheck 1997: 133). La fantas\u00eda de superar la voluntad de una mujer supone que ella tiene una voluntad a superar (LeMoncheck 1997: 131), y la fantas\u00eda de que las mujeres disfrutan siendo explotadas sexualmente supone que tienen deseos que el uso sexual de los hombres satisface (LeMoncheck 1997: 133). LeMoncheck escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">el trabajo sexual no consiste simplemente en tratar a la mujer como un objeto ni en deshumanizarla. El trabajo sexual es una dial\u00e9ctica compleja entre sujeto y objeto en la que la deshumanizaci\u00f3n de la mujer tiene \u00e9xito precisamente porque se la percibe como una persona cuya voluntad, seductividad y poder est\u00e1n debidamente subordinados a los hombres. (LeMoncheck 1997: 134)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde este punto de vista, los materiales pornogr\u00e1ficos y los consumidores de porno reconocen la agencia de las mujeres al tiempo que imaginan someterla. As\u00ed, las mujeres son reconocidas como sujetos con fines propios y no son representadas como meros objetos subhumanos. Susan Bordo reconoce igualmente que las mujeres son construidas como sujetos en la pornograf\u00eda, pero argumenta que son sujetos cuya agencia se expresa solo como un deseo para complacer al espectador masculino proyectado. Ella escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">un ingrediente esencial en la pornograf\u00eda&#8230; es la representaci\u00f3n de una subjetividad (o personalidad) que reduce voluntariamente sus posibilidades y su placer a uno \u2014la aceptaci\u00f3n y gratificaci\u00f3n del var\u00f3n&#8230;\u2014. La mujer en la pornograf\u00eda abdica de su voluntad, de su discriminaci\u00f3n sexual, de su independencia, pero no para convertirse en un cuerpo mudo para el hombre. (Bordo 1994: 276)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para Bordo, existe una mente dentro del cuerpo femenino pornogr\u00e1fico, pero solo comunica una gama limitada de deseos no amenazadores y, por lo tanto, existe como un yo truncado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Shrage refuta la noci\u00f3n kantiana de que el sexo es moralmente problem\u00e1tico porque inevitablemente implica utilizar a otro como un mero instrumento. La agencia de los actores sexuales no tiene un mayor potencial para cosificar inmoralmente a otros que la agencia de los empleadores, consumidores y numerosos agentes que explotan las capacidades humanas para lograr sus propios fines. Shrage sostiene que la utilizaci\u00f3n de otras personas en la pornograf\u00eda no es inmoralmente cosificadora siempre que los consumidores y los productores respeten los fines de los actores y modelos empleados. Estos fines incluyen el deseo de beneficiarse econ\u00f3micamente de su atractivo sexual dentro de los l\u00edmites convencionales establecidos por diversos g\u00e9neros de representaci\u00f3n y entretenimiento sexual. Las relaciones entre las estrellas porno y los consumidores de su trabajo son relaciones de mercado y deben regirse por las normas de esas relaciones, no por las normas de la amistad y el romance (Shrage 2005). Del mismo modo, Patricia Marino sostiene que el respeto por la autonom\u00eda y el consentimiento del otro es lo que resulta crucial para evitar la cosificaci\u00f3n sexual inmoral, y no si el uso sexual es mutuo o si tiene lugar dentro de una relaci\u00f3n adulta en curso. Una persona evita tratar a otra como un mero objeto o instrumento si est\u00e1 atenta a si su pareja est\u00e1 dando, t\u00e1cita o abiertamente, un consentimiento continuo al tipo de uso y a la instancia concreta del mismo. M\u00e1s a\u00fan, las condiciones de fondo deben ser tales que la persona utilizada como medio para los fines de otra puede considerarse que consiente voluntaria y genuinamente. Cuando estos criterios se cumplen en un intercambio comercial o casual unilateral, el uso instrumental no es inmoral (Marino 2008).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Jennifer Saul explora la posible conexi\u00f3n entre la cosificaci\u00f3n \u2014tratar a las personas como cosas\u2014 y la personificaci\u00f3n \u2014tratar a las cosas como personas\u2014. Saul critica las afirmaciones feministas tempranas que sostienen que el uso de im\u00e1genes pornogr\u00e1ficas por parte de los hombres implica tratar trozos de papel como si fueran mujeres y, por lo tanto, implica reducir a las mujeres a instrumentos inanimados (Saul 2006a, 49-50). Melinda Vadas, por ejemplo, sostiene que la producci\u00f3n de objetos que pueden utilizarse, como las mujeres, para satisfacer apetitos sexuales, sit\u00faa a las mujeres y a sus sustitutos pornogr\u00e1ficos en una \u00fanica categor\u00eda ontol\u00f3gica \u2014<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">e.g.,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> la categor\u00eda de entidades que pueden despertar y satisfacer el deseo sexual\u2014. Esto refuerza la idea sexista de que todas las cosas femeninas y seductoras, sean personas o no, son sexualmente consumibles sin consentimiento, es decir, son violables (Vadas 2005). Saul sostiene que la personificaci\u00f3n y la cosificaci\u00f3n solo est\u00e1n vinculadas de forma problem\u00e1tica si previamente se cumplen algunas condiciones para una cosificaci\u00f3n moralmente problem\u00e1tica. Saul se basa en el trabajo hist\u00f3rico de Rachel Maines sobre el desarrollo de un dispositivo que ahora se conoce como vibrador personal, y sostiene que el uso de vibradores por parte de las mujeres para alcanzar el placer sexual y el orgasmo representa una forma de personificaci\u00f3n. Para algunas mujeres, los vibradores acabaron sustituyendo a un servicio que hab\u00eda sido prestado por los m\u00e9dicos (y las comadronas y los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">spas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">). Sin embargo, no se trata de una forma problem\u00e1tica de personificaci\u00f3n \u2014una vinculada a formas problem\u00e1ticas de cosificaci\u00f3n\u2014 porque no es probable que los m\u00e9dicos sean confundidos con juguetes sexuales como resultado del uso masturbatorio que las mujeres hacen de la tecnolog\u00eda vibratoria. Los m\u00e9dicos tienen otros usos m\u00e9dicos reconocidos, as\u00ed como fines propios. Por lo tanto, la transformaci\u00f3n de su papel hist\u00f3rico en el tratamiento de las mujeres sexualmente frustradas (o \u201chist\u00e9ricas\u201d), tanto por los nuevos conocimientos sobre la salud reproductiva y sexual de las mujeres como por los avances en la tecnolog\u00eda de los vibradores, no contribuye a la opresi\u00f3n de los m\u00e9dicos. La discusi\u00f3n de Saul sobre la posible equiparaci\u00f3n de personas y cosas, y las circunstancias de fondo que pueden permitirlo, es \u00fatil para considerar algunos de los nuevos avances tecnol\u00f3gicos en la pornograf\u00eda. Las nuevas tecnolog\u00edas de imagen digital y de computadoras personales permiten a los usuarios interactuar y \u201ctener sexo\u201d con animaciones en la pantalla de la computadora. Las interacciones mediadas por computadora con personas simuladas digitalmente pero ficticias pueden ser a veces dif\u00edciles de distinguir de las interacciones en l\u00ednea mediadas por una computadora con personas reales. Sin embargo, estas posibilidades pornogr\u00e1ficas no implican necesariamente una cosificaci\u00f3n o personificaci\u00f3n moralmente problem\u00e1tica, siempre que las condiciones sociales de fondo nos obliguen a diferenciar a los seres humanos de carne y hueso, no virtuales, de los objetos pasivos, y a tratar a los primeros como sujetos o como agentes activos y aut\u00f3nomos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nancy Bauer recurre a las ideas de Beauvoir sobre la construcci\u00f3n social de la feminidad, y sugiere que las mujeres son, en cierta medida, responsables de la autocosificaci\u00f3n, y no meros agentes pasivos sobre los que act\u00faan los hombres. Bauer critica a las fil\u00f3sofas feministas contempor\u00e1neas, como Langton, por no esclarecer las culturas y pr\u00e1cticas sexuales contempor\u00e1neas de forma que puedan conducir a una aut\u00e9ntica autocr\u00edtica y autoconciencia. El discurso filos\u00f3fico, como el discurso pornogr\u00e1fico, es una forma de acci\u00f3n social, y el libro de Bauer insta a las fil\u00f3sofas feministas a considerar en qu\u00e9 tipo de acci\u00f3n social se involucran cuando ofrecen un an\u00e1lisis ling\u00fc\u00edstico t\u00e9cnico de la influencia de la pornograf\u00eda (Bauer 2015). \u00bfSirven sus actos comunicativos como un comentario social que tiene el fin de guiar la acci\u00f3n, o como una ex\u00e9gesis te\u00f3rica dentro del mundo insular de la filosof\u00eda acad\u00e9mica? \u00bfPuede un an\u00e1lisis de las propiedades causales de la pornograf\u00eda decirnos qu\u00e9 hacer con ella o sobre ella?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ann Cahill sostiene que la noci\u00f3n de \u201ccosificaci\u00f3n\u201d es la herramienta equivocada para analizar las distintas formas de trabajo sexual. Los an\u00e1lisis que se basan en este concepto interpretan el respeto por la subjetividad y la autonom\u00eda de las personas como un deber moral, mientras que tratar a una persona como una cosa f\u00edsica o un cuerpo es moralmente inadmisible. De este modo, estas interpretaciones privilegian la mente sobre el cuerpo y tratan los componentes corporales del yo como menos importantes o dignos. Las feministas y otros te\u00f3ricos de la moral cuyas cr\u00edticas al trabajo sexual se basan en los supuestos males de la cosificaci\u00f3n de las personas no pueden \u201cexplicar c\u00f3mo la experiencia de ser tratado como un cuerpo sexualmente atractivo puede en realidad mejorar en lugar de socavar el sentido de uno mismo\u201d (Cahill 2014: 842). Cahill propone que degradamos a los dem\u00e1s cuando reconocemos en otro sujeto solo aquellos aspectos de su subjetividad que son importantes para nosotros. Los \u201csujetos derivatizados\u201d a menudo se reducen a los roles que cumplen para otro sujeto (por ejemplo, mesero, madre, etc.), y solo son valorados por los rasgos adecuados para estos roles. La derivatizaci\u00f3n degrada a las personas no por tratarlas como un mero cuerpo, sino por tratarlas de modo tal que sus cualidades subjetivas e identidades son determinadas por las necesidades de otros. Cahill sostiene que el trabajo sexual es problem\u00e1tico cuando implica la derivatizaci\u00f3n de las personas que lo ejercen (defini\u00e9ndolas en funci\u00f3n de las demandas de sus clientes), pero que el trabajo sexual no implica inherentemente este tipo de degradaci\u00f3n. Sugiere que la derivatizaci\u00f3n es especialmente problem\u00e1tica en t\u00e9rminos morales cuando refleja y reproduce privilegios sociales injustos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"1.4h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">1.4. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPuede alguna pornograf\u00eda servir a fines feministas?<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas te\u00f3ricas feministas sostienen que la pornograf\u00eda es acerca del voyerismo, y que algunas mujeres (y algunos hombres) sienten placer al contemplar representaciones del sexo. Para explorar el uso que hacen las mujeres de la pornograf\u00eda, las investigadoras feministas han estudiado los g\u00e9neros pornogr\u00e1ficos <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">soft-core<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que se comercializan entre las mujeres, tales como la ficci\u00f3n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pulp<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> rom\u00e1ntica (Radway 1991). Algunas han estudiado la pornograf\u00eda l\u00e9sbica para cuestionar la idea de que la pornograf\u00eda siempre implica a hombres que subordinan a mujeres (Ross 2000). En 1986, un grupo de feministas public\u00f3 <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Caught Looking: Feminism, Pornography, and Censorship,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que sostiene que las feministas se han centrado en la pornograf\u00eda por su frustraci\u00f3n ante la falta de avances en la reducci\u00f3n de la violencia contra las mujeres. El libro muestra una variedad de im\u00e1genes pornogr\u00e1ficas con el fin de ilustrar los tipos de materiales que pueden ser restringidos bajo las regulaciones legales apoyadas por las feministas (Duggan, Hunter y Vance 1986). En la introducci\u00f3n, Kate Ellis, Barbara O&#8217;Dair y Abby Tallmer sostienen que:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">el movimiento feminista no debe verse arrastrado, en nombre de la protecci\u00f3n de las mujeres, a la pr\u00e1ctica de censurar la representaci\u00f3n o la expresi\u00f3n sexual \u201cdesviada\u201d&#8230; Las mujeres tuvimos que aprender, con el apoyo de otras mujeres, a articular experiencias que quedaban fuera de la esfera propia de la \u201cchica buena\u201d, a reconocer nuestras fantas\u00edas y a sentirnos orgullosas de nuestras elecciones sexuales&#8230; Debemos denunciar cuando somos v\u00edctimas, pero tambi\u00e9n reconocer lo que nos excita y apoyar a las mujeres que se ganan la vida proveyendo esa excitaci\u00f3n a los hombres y a nosotras mismas\u201d. (Ellis <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">et al<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. 1986: 6)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ann Snitow aboga por reenfocar los debates feministas sobre sexualidad en \u201cel derecho a exigir una sexualidad m\u00e1s centrada en el placer femenino\u201d, en lugar de centrarse en controlar la sexualidad masculina (Snitow 1986: 11).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Caught Looking<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Lisa Duggan, Nan Hunter y Carole Vance cuestionan las estrategias pol\u00edticas de las feministas antipornograf\u00eda. Se preguntan \u201c\u00bfc\u00f3mo pueden las feministas confiarle al Estado patriarcal la tarea de distinguir legalmente entre im\u00e1genes sexuales permisibles e inadmisibles?\u201d (73). Cualquier forma no normativa de expresi\u00f3n sexual, como el BDSM consentido o la er\u00f3tica l\u00e9sbica, podr\u00eda ser objeto de ordenanzas al estilo MacKinnon\/Dworkin. Gayle Rubin elabora<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">El uso de la pornograf\u00eda como chivo expiatorio crear\u00e1 nuevos problemas, nuevas formas de abuso legal y social, y nuevos modos de persecuci\u00f3n. Un movimiento pol\u00edtico responsable y progresista no tiene por qu\u00e9 seguir estrategias que desemboquen en cazas de brujas. (Rubin 1993: 38)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Duggan, Hunter y Vance ofrecen otras tres razones para oponerse a las leyes antipornograf\u00eda:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">en primer lugar, las im\u00e1genes sexuales en cuesti\u00f3n no causan m\u00e1s da\u00f1o que otros aspectos de la cultura mis\u00f3gina; en segundo lugar, el discurso sexualmente expl\u00edcito, incluso en una sociedad dominada por los hombres, cumple funciones sociales positivas para las mujeres; y en tercer lugar, es m\u00e1s probable que la aprobaci\u00f3n y la aplicaci\u00f3n de leyes antipornograf\u00eda, como las apoyadas en Minneapolis e Indiana, impidan, en lugar de impulsar, los fines feministas. (Duggan Hunter y Vance 1986: 80-81)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Drucilla Cornell critica el modelo de ordenanza de MacKinnon y Dworkin por su tendencia a consagrar en la ley un viejo estereotipo de la mujer \u2014la mujer vulnerable y necesitada de protecci\u00f3n\u2014. Alega que el enfoque de la ordenanza se basa en la ley como medio para hacer cumplir las normas sociales y, por lo tanto, no lucha \u201cm\u00e1s all\u00e1 de las formas simb\u00f3licas que han sido profundamente inscritas en y por las estructuras de g\u00e9nero\u201d, como a veces hacen las nuevas formas de erotismo (Cornell 2000a: 554).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Judith Butler examina el papel de la fantas\u00eda en la pol\u00edtica feminista y aboga por mantener unas condiciones que permitan diversas representaciones de la mujer. Butler escribe: \u201cla teor\u00eda feminista se basa en la capacidad de postular a trav\u00e9s de la fantas\u00eda un futuro que todav\u00eda no es\u201d (Butler, J. 2000: 487). Seg\u00fan Butler, las feministas antipornograf\u00eda asumen acr\u00edticamente una ontolog\u00eda realista representacional en la que las \u201crepresentaciones\u201d imitan y pueden perturbar causalmente alguna realidad preexistente. Butler argumenta por una comprensi\u00f3n m\u00e1s compleja de la relaci\u00f3n entre las representaciones y sus referentes, centr\u00e1ndose en c\u00f3mo las representaciones pueden cuestionar el estatus ontol\u00f3gico de las entidades y en c\u00f3mo \u201clo real\u201d se produce a trav\u00e9s de la acci\u00f3n social. Restringir las representaciones producir\u00e1 nuevas formas de acci\u00f3n social en lugar de proteger alguna versi\u00f3n preferida no-perturbada de la realidad. En palabras de Butler:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">ciertos tipos de esfuerzos para restringir las pr\u00e1cticas de representaci\u00f3n con la esperanza de reinar en el imaginario, controlando lo fantasmag\u00f3rico, terminan reproduciendo y proliferando lo fantasmag\u00f3rico de maneras inadvertidas, de hecho, de maneras que contradicen los prop\u00f3sitos previstos de las propias restricciones. (Butler, J. 2000: 490)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Butler se\u00f1ala que los esfuerzos por censurar las im\u00e1genes homoer\u00f3ticas han conducido a su mayor producci\u00f3n y exposici\u00f3n. Ella concluye que:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">La teor\u00eda y la pol\u00edtica feministas no pueden regular la representaci\u00f3n de las \u201cmujeres\u201d sin producir esa misma \u201crepresentaci\u00f3n\u201d: y si eso es en cierto sentido una inevitabilidad discursiva de la pol\u00edtica representacional, entonces la tarea debe ser salvaguardar la productividad abierta de esas categor\u00edas, cual fuese el riesgo. (Butler, J. 2000: 503)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Butler coincide con las feministas que sostienen que el discurso nocivo puede, en la mayor\u00eda de los casos, abordarse mediante acciones que impliquen un discurso cr\u00edtico y reflexivo. Por ejemplo, las representaciones perturbadoras del \u201csexo real\u201d pueden rebatirse con comentarios perspicaces y nuevos tipos de im\u00e1genes er\u00f3ticas. Cornell desarrolla este enfoque argumentando que \u201cla acci\u00f3n pol\u00edtica, no la acci\u00f3n legal, deber\u00eda ser el principal modo de intervenir en la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">producci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de pornograf\u00eda\u201d (Cornell 2000a: 551). Por acci\u00f3n pol\u00edtica, Cornell entiende que las feministas deber\u00edan formar alianzas con las feministas de la industria pornogr\u00e1fica para crear representaciones de la sexualidad que beneficien a las mujeres. Al igual que Snitow, Cornell sostiene que el activismo feminista deber\u00eda centrarse \u201cen liberar el imaginario femenino, y no en constre\u00f1ir a los hombres\u201d (Cornell 2000a: 553). Cornell examina la obra cinematogr\u00e1fica y perform\u00e1tica de Candida Royalle, Ona Zee y Annie Sprinkle para mostrar c\u00f3mo la pornograf\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cfemme\u201d<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y feminista desaf\u00eda las formas en las que la pornograf\u00eda convencional captura a las mujeres y el sexo. Al igual que Butler, Cornell subraya la importancia de la fantas\u00eda para llevar a cabo proyectos feministas transformadores. Escribe: \u201cSin nuevas im\u00e1genes y nuevas palabras con las que expresar nuestra sexualidad, seremos incapaces de crear un nuevo mundo para las mujeres\u201d (Cornell 2000a: 564).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Anne Eaton explora la producci\u00f3n y comercializaci\u00f3n de pornograf\u00eda feminista y argumenta que, as\u00ed como la pornograf\u00eda convencional moldea nuestros gustos er\u00f3ticos de maneras que refuerzan los valores patriarcales, la pornograf\u00eda feminista puede y debe ser cooptada para fines feministas. La pornograf\u00eda puede producirse de modo que erotice pr\u00e1cticas y relaciones sexuales que reflejen valores igualitarios (Eaton 2017; v\u00e9ase tambi\u00e9n Stewart 2019). Robin Zheng explora el trabajo de las mujeres de color en la industria pornogr\u00e1fica, y considera la capacidad de la pornograf\u00eda tanto para reforzar como para resistir los estereotipos racistas y los valores est\u00e9ticos. En contra de los argumentos de quienes alegan que los riesgos de participar en la industria pornogr\u00e1fica son mayores que los beneficios, Zheng escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">si debemos esperar hasta que el patriarcado sea&#8230; desmantelado para obtener placeres sexuales moralmente puros, entonces no se nos permitir\u00e1 ning\u00fan placer en absoluto. Adem\u00e1s, no nos dedicaremos al tipo de experimentaci\u00f3n y juego \u2014que, sin duda, al principio puede llevar a m\u00e1s errores que a aciertos\u2014 que en \u00faltima instancia conducir\u00e1 a la pornograf\u00eda transformadora que las feministas tanto han anhelado. Si bien es cierto que podemos criticar determinados elementos y obras de la pornograf\u00eda, las pornograf\u00edas como industrias de mercado y formas de producci\u00f3n cultural seguir\u00e1n desempe\u00f1ando un papel importante al facilitar el desarrollo y el cultivo del yo sexual activo que deseamos ser&#8230; (Zheng 2017)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"2h\"><\/a><b>2. Prostituci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<h3><a name=\"2.1h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.1. \u00bfDeben prohibirse algunos mercados del sexo?\u00a0<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seg\u00fan Debra Satz, deben suprimirse los mercados que subvierten o erosionan valores morales y pol\u00edticos fundamentales. Estos mercados tienden a explotar las vulnerabilidades sociales de otras personas, carecen de transparencia informativa, plantean riesgos inaceptablemente altos para algunos participantes o contribuyen a la marginaci\u00f3n social de algunos grupos. Por ejemplo, tienen un valor cuestionable los mercados de servicios sexuales que (i) buscan personas proveedoras de clases sociales estigmatizadas o desempoderadas, (ii) no crean condiciones para el consentimiento informado, (iii) da\u00f1an la salud de las personas participantes, o (iv) refuerzan estereotipos perniciosos sobre las mujeres u otros grupos. Si bien estas caracter\u00edsticas de los mercados suelen ser contingentes, cuando persisten se justifica que los Estados restrinjan o regulen dichos mercados, especialmente si pueden hacerlo sin producir m\u00e1s da\u00f1os que beneficios (Satz 2010). Anne Phillips sostiene que los mercados de servicios sexuales solo surgen en condiciones de desigualdad social. Escribe que \u201cla desigualdad que acompa\u00f1a a estos mercados no es solo contingente; es una caracter\u00edstica intr\u00ednseca\u201d (Phillips 2011: 738). Las personas ofrecen intimidad sexual u \u00f3rganos o sustancias corporales principalmente como actos de compasi\u00f3n, y en circunstancias normales no mercantilizan dichas capacidades corporales. Phillips se\u00f1ala que pocos clientes de estos mercados estar\u00edan dispuestos a entrar como vendedores. Quienes comercializan sus capacidades sexuales, reproductivas u otras capacidades corporales b\u00e1sicas solo lo hacen cuando las circunstancias de contexto les obligan a ello.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Carole Pateman sostiene que el trabajo de una prostituta es diferente de otros trabajos, ya que expresa el estatus social y pol\u00edtico inferior de las mujeres. Es m\u00e1s, dado que los cuerpos y las capacidades sexuales de las personas son parte integrante de su identidad como hombres y mujeres, la mujer que trabaja como prostituta vende su ser-mujer y, por lo tanto, a s\u00ed misma (Pateman 1988: 207). Christine Overall argumenta de forma similar que la prostituci\u00f3n es una transacci\u00f3n en la que una persona debe definirse como un subordinado social que satisface los deseos de otra persona. Afirma que el trabajo de la prostituta difiere del de otros trabajadores de bajo estatus en que es una forma de trabajo que no puede ser reciprocada (Overall 1992: 718). Elizabeth Anderson desarrolla esta idea y sostiene que el bien del sexo<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">solo se realiza cuando cada miembro de la pareja reciproca en especie el don del otro, ofreciendo su propia sexualidad con el mismo esp\u00edritu con el que recibi\u00f3 la del otro \u2014como una genuina ofrenda de s\u00ed mismo\u2014. La mercantilizaci\u00f3n de los \u201cservicios\u201d sexuales destruye el tipo de reciprocidad necesaria para que la sexualidad humana sea un bien compartido,<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">y puede corromper las relaciones sexuales no mercantiles al promover la valoraci\u00f3n de la mujer en t\u00e9rminos de su valor de mercado (Anderson 1993: 154-55; v\u00e9ase tambi\u00e9n Radin 1996: 133).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si bien Phillips, Pateman, Overall y Anderson consideran que la comercializaci\u00f3n de las propias capacidades sexuales es intr\u00ednsecamente degradante y opresiva, otras te\u00f3ricas feministas sostienen que estas caracter\u00edsticas del trabajo son contingentes. Shrage sostiene que los mercados del sexo, al igual que otros mercados, explotan a menudo ideas sexistas que relegan a la mujer a papeles serviles, y su existencia en esta forma puede perpetuar mitos sociales perniciosos que estigmatizan a las mujeres. No obstante, las condiciones de fondo de estos mercados pueden cambiar, especialmente a medida que las normas de g\u00e9nero y sexualidad evolucionan hacia formas menos sexistas (Shrage 1989: 357). Debra Satz escribe que:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Si la prostituci\u00f3n est\u00e1 mal es debido a sus efectos sobre c\u00f3mo los hombres perciben a las mujeres y sobre c\u00f3mo las mujeres se perciben a s\u00ed mismas. En nuestra sociedad, la prostituci\u00f3n representa a las mujeres como sirvientas sexuales de los hombres. (Satz 1995: 78)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Satz sugiere que la imagen negativa de la mujer que es promovida por la prostituci\u00f3n \u201cmoldea e influye en la forma en la que se ve a la mujer en su conjunto\u201d (Satz 1995: 79). Sin embargo, si la industria se reestructurara para ser menos sexista, su impacto en la sociedad ser\u00eda diferente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Martha Nussbaum se pregunta si la venta de servicios sexuales perjudica realmente a las personas que los prestan o a las mujeres en su conjunto. Nussbaum se\u00f1ala que, hace dos siglos, el uso de los talentos art\u00edsticos propios a cambio de una remuneraci\u00f3n, como cantar o actuar, se consideraba una forma de prostituci\u00f3n (Nussbaum 1999: 277). Nussbaum reconoce que actualmente las trabajadoras del sexo est\u00e1n estigmatizadas por su profesi\u00f3n, pero\u00a0 cuestiona si el estigma que acompa\u00f1a a su trabajo est\u00e1 justificado. Al rastrear este estigma tanto en los prejuicios aristocr\u00e1ticos hacia los trabajadores asalariados como en las actitudes moralistas y las ansiedades con respecto a la expresi\u00f3n sexual femenina, Nussbaum cuestiona la base racional de este estigma social (Nussbaum 1999: 278-79, 286-88). Concluye que las feministas deber\u00edan oponerse a la estigmatizaci\u00f3n del trabajo sexual, en lugar de oponerse al trabajo sexual por su contribuci\u00f3n a la estigmatizaci\u00f3n de las mujeres. Nussbaum tambi\u00e9n cuestiona siete afirmaciones comunes contra la prostituci\u00f3n: que implica riesgos excesivos, que la prostituta tiene poca autonom\u00eda, que viola la integridad corporal de la prostituta, que la prostituci\u00f3n tiene un efecto destructivo en las relaciones \u00edntimas no comerciales, que la prostituci\u00f3n viola el derecho inalienable de una persona a su sexualidad, que contribuye a un orden social dominado por los hombres y que se basa en la coerci\u00f3n econ\u00f3mica de quienes trabajan. Nussbaum sostiene que los problemas asociados a la prostituci\u00f3n son componentes de muchos otros tipos de trabajo y pr\u00e1cticas sociales, y que estos problemas no son inherentes al trabajo, sino que a menudo son una funci\u00f3n de las condiciones de trabajo de la prostituta y del trato que recibe de los dem\u00e1s (Nussbaum 1999: 288-97, v\u00e9ase tambi\u00e9n Moen 2012).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Scott Anderson se opone a la tendencia a tratar la prostituci\u00f3n como otras formas de trabajo. \u00c9l sostiene que normalizar la prostituci\u00f3n socava el derecho de las personas a la autonom\u00eda sexual, que es un importante valor defendido por las feministas radicales. Las prostitutas renuncian a su derecho a la autonom\u00eda sexual porque su trabajo las obliga contractualmente a mantener relaciones sexuales y, por lo tanto, disminuye su control sobre cu\u00e1ndo y con qui\u00e9n las mantienen. Anderson reconoce que todos los trabajos, en cierta medida, disminuyen diversas formas de autonom\u00eda. \u00c9l sostiene que la autonom\u00eda sexual deber\u00eda valorarse de forma diferente a otras formas de autonom\u00eda, como el control de una persona sobre cu\u00e1ndo y a qui\u00e9n sirve comida, da masajes o baila, ofrece asesoramiento experto o habla de filosof\u00eda. El autor escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">la sexualidad de una persona casi siempre ocupa un lugar destacado como un\u00a0 aspecto de su autoconcepto, su estatus en la sociedad y sus perspectivas econ\u00f3micas y sociales&#8230; Debido a que el sexo desempe\u00f1a un papel tan fundamental en la vida de la mayor\u00eda de los adultos&#8230; crea su propio \u00e1mbito especial&#8230; en el que uno puede ser m\u00e1s o menos aut\u00f3nomo. (Anderson 2006: 386)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Anderson hace eco aqu\u00ed de la afirmaci\u00f3n de Pateman sobre que nuestras capacidades y pr\u00e1cticas sexuales son una parte integral de lo que somos como hombres y mujeres. Por esta raz\u00f3n, la autonom\u00eda sexual de una persona deber\u00eda ser inalienable, porque alienarla es destruir la totalidad o integridad de una persona.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En respuesta a Anderson, Hallie Liberto distingue tres formas de alienar un derecho o un bien. En primer lugar, se puede renunciar al derecho sobre x (en un sentido d\u00e9bil) concediendo a alguien acceso a x con el entendido de que, en cualquier momento, el permiso para utilizar x puede ser revocado. En segundo lugar, se puede renunciar a un derecho sobre x (en sentido fuerte) concediendo a alguien acceso a x durante un periodo de tiempo, entendiendo que el permiso para utilizar x no puede revocarse durante ese periodo (presumiblemente si se cumplen otras condiciones del contrato de arrendamiento). En tercer lugar, se puede renunciar al derecho sobre x transfiri\u00e9ndolo, por ejemplo, mediante una venta o una donaci\u00f3n. En este caso, el permiso para utilizar x se concede de forma permanente y no puede revocarse si se cumplen otras condiciones de la transferencia. Liberto se\u00f1ala que quienes consideran la comercializaci\u00f3n de servicios sexuales como una forma leg\u00edtima de trabajo asumen que la trabajadora sexual, al igual que otros trabajadores, solo estar\u00e1 alienando su derecho de control sobre su cuerpo y su trabajo sexual en un sentido d\u00e9bil (Liberto 2009: 141-43; v\u00e9ase tambi\u00e9n Schwarzenbach 1991: 112). En una sociedad en la que est\u00e1 prohibida cualquier forma de trabajo forzado (por ejemplo, la esclavitud, el r\u00e9gimen de servidumbre), a los trabajadores se les permite rescindir los contratos laborales, aunque al hacerlo suelen renunciar a todos los beneficios esperados (Shrage 2016).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los activistas y defensores de las trabajadoras del sexo llevan mucho tiempo argumentando que no est\u00e1n alienando (vendiendo) permanentemente sus capacidades sexuales, sino que m\u00e1s bien est\u00e1n intercambiando trabajo sexual por beneficios (Schwarzenbach 1991: 112-14). El derecho de una trabajadora sexual a la autonom\u00eda sexual no se ve menoscabado en contextos en los que conserva el derecho a rescindir sus contratos laborales en cualquier momento (Tuana y Shrage 2003: 33; Shrage 2016). Carol Leigh y Norma Jean Almodovar sugieren que las leyes contra la prostituci\u00f3n socavan la autonom\u00eda sexual al no permitir que los adultos lleguen a acuerdos sexuales mutuamente ventajosos (Leigh 2004; Almodovar 2002). Peter de Marneffe aboga por limitar los contratos de las\/los trabajadoras\/es del sexo de forma similar a otras formas de trabajo da\u00f1ino y potencialmente peligroso. Restringir y regular la prostituci\u00f3n equilibrar\u00eda el respeto por la autonom\u00eda de las personas proveedoras de servicios sexuales (y consumidoras de estos servicios) con el inter\u00e9s de la sociedad de proteger a sus miembros de cualquier da\u00f1o (de Marneffe 2010).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"2.2h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.2. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPodemos distinguir entre trata de personas y trabajo sexual consensuado?<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunos mercados de servicios sexuales explotan a las personas proveedoras que manifiestan una agencia d\u00e9bil (Satz 2010), como las personas j\u00f3venes, sin hogar, drogadictas, pobres, pertenecientes a minor\u00edas oprimidas, inmigrantes, indocumentadas, y as\u00ed por el estilo. Gerda Lerner sostiene que para entender c\u00f3mo evolucion\u00f3 hist\u00f3ricamente la prostituci\u00f3n, necesitamos comprender \u201csu relaci\u00f3n con la regulaci\u00f3n sexual de todas las mujeres en los Estados arcaicos y su relaci\u00f3n con la esclavitud de las mujeres\u201d (Lerner 1986: 124). Lerner escribe:\u00a0<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Es probable que la prostituci\u00f3n comercial derivara directamente de la esclavizaci\u00f3n de las mujeres y de la consolidaci\u00f3n y formaci\u00f3n de clases. La conquista militar condujo, en el tercer milenio a.C., a la esclavitud y al abuso sexual de las mujeres cautivas. Cuando la esclavitud se convirti\u00f3 en una instituci\u00f3n establecida, los propietarios de esclavos alquilaron a sus esclavas como prostitutas, y algunos amos establecieron burdeles comerciales atendidos por esclavas. (Lerner 1986: 133)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lerner especula que las prostitutas y concubinas eran utilizadas por los gobernantes como s\u00edmbolos de riqueza y poder, y esta pr\u00e1ctica fue luego emulada por otros hombres acaudalados y de estatus (Lerner 1986: 133). A menudo se obligaba a los indigentes a vender ni\u00f1as o ni\u00f1os, lo que aumentaba la oferta de mano de obra para este fin. Adem\u00e1s, a medida que la respetabilidad social de las mujeres y su posibilidad de contraer matrimonio se vinculaban a su castidad, \u201cla prostituci\u00f3n comercial lleg\u00f3 a considerarse una necesidad social para satisfacer las necesidades sexuales de los hombres\u201d (Lerner 1986: 134). En resumen, las mujeres que se prostitu\u00edan en las sociedades antiguas sol\u00edan ser esclavas, cautivas o pobres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Gayle Rubin rastrea los or\u00edgenes de la prostituci\u00f3n moderna hasta el auge de los sistemas patriarcales de parentesco en los que las mujeres se intercambiaban como dones entre las familias para cimentar los lazos sociales (Rubin 1975: 175). Rubin escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">Si las mujeres son los dones, entonces, son los hombres quienes son los socios del intercambio. Y son los socios, y no los dones, a quienes el intercambio rec\u00edproco les confiere su poder casi m\u00edtico de vinculaci\u00f3n social. Las relaciones de dicho sistema son tales que las mujeres no est\u00e1n en posici\u00f3n de conseguir los beneficios de su propia circulaci\u00f3n. Mientras las relaciones especifiquen que los hombres intercambian mujeres, son los hombres los beneficiarios del producto de tales intercambios \u2014la organizaci\u00f3n social\u2014. (Rubin 1975: 174)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En otras palabras, en la creaci\u00f3n misma de la sociedad, las mujeres fueron supuestamente subordinadas a trav\u00e9s del intercambio ritual con el fin de crear lazos de parentesco entre los hombres como fundamento del orden social. Rubin escribe:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">El \u201cintercambio de mujeres\u201d es un concepto seductor y poderoso. Es atractivo porque sit\u00faa la opresi\u00f3n de la mujer en los sistemas sociales, y no en la biolog\u00eda. Adem\u00e1s, sugiere que busquemos el origen \u00faltimo de la opresi\u00f3n de la mujer en el tr\u00e1fico de mujeres, en vez de hacerlo en el tr\u00e1fico de mercanc\u00edas. (Rubin 1975: 175)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En opini\u00f3n de Rubin, el tr\u00e1fico de mujeres para crear v\u00ednculos sociales entre hombres explica la subordinaci\u00f3n social de las mujeres como esposas y, en \u00faltima instancia, como sirvientas sexuales no familiares.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tanto el planteamiento de Lerner como el de Rubin vinculan el auge de la prostituci\u00f3n a la subordinaci\u00f3n de la mujer y pasan por alto la esclavitud y la prostituci\u00f3n de los hombres, tanto en las sociedades antiguas como en las modernas. Lerner no explica por qu\u00e9 las esclavas eran m\u00e1s explotadas sexualmente que los esclavos. Rubin no explica por qu\u00e9 las mujeres, y no los hombres o las parejas de sexo opuesto, eran objeto de intercambio o \u201ctr\u00e1fico\u201d en los primeros sistemas de parentesco, por lo que su planteamiento suscita dudas con respecto al surgimiento de los sistemas pol\u00edticos y de parentesco patriarcales (Shrage 1994: 105, 131-32). Si bien a lo largo de la historia los consumidores de servicios sexuales comerciales han sido predominantemente hombres, otros factores distintos a la subordinaci\u00f3n de g\u00e9nero han influido en el trabajo sexual de qui\u00e9n se intercambiaba o vend\u00eda, como el colonialismo y la subordinaci\u00f3n racial (Kempadoo 1999). Al tratar de explicar el comercio sexual contempor\u00e1neo en t\u00e9rminos de la subordinaci\u00f3n de la mujer, estos planteamientos pasan por alto importantes discontinuidades hist\u00f3ricas y culturales. Por ejemplo, las proveedoras de sexo comercial no siempre han sido consideradas no aptas para el matrimonio y, en algunos lugares, han estado integradas en gran medida en sus comunidades (Shrage 1994: 109, 115; White 1990: 19; Rossiaud 1988: 70).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Carol Pateman utiliza los conceptos de la teor\u00eda pol\u00edtica liberal para explicar la existencia de la prostituci\u00f3n en las sociedades modernas. Ella argumenta que el contrato social, que establece los derechos y libertades de los hombres en un orden pol\u00edtico liberal, tambi\u00e9n establece los t\u00e9rminos de la sujeci\u00f3n de las mujeres. En particular, el orden social patriarcal incluye un acuerdo impl\u00edcito entre los hombres que les concede acceso sexual a las mujeres (Pateman 1988: 2). Los hombres adquieren derechos sexuales sobre determinadas mujeres a trav\u00e9s del matrimonio y la prostituci\u00f3n. En otras palabras, los hombres tienen un privilegio de clase \u2014un derecho al desahogo sexual con las mujeres\u2014 que pueden ejercer haciendo valer sus derechos como maridos o clientes. Al igual que Lerner y Rubin, Pateman cuestiona la noci\u00f3n de que la prostituci\u00f3n es el resultado del comportamiento biol\u00f3gico de los hombres y, en su lugar, explica la prostituci\u00f3n como la incorporaci\u00f3n de una concepci\u00f3n particular de la masculinidad en las estructuras pol\u00edticas y sociales modernas (Pateman 1988: 198-99). De este modo, la prostituci\u00f3n moderna representa la supervivencia de algunos aspectos de antiguos \u00f3rdenes sociales no-liberales dentro del estado liberal moderno. Tanto el matrimonio tradicional como la prostituci\u00f3n, para Pateman, Lerner y Rubin, dan a los hombres acceso y control sobre las capacidades sexuales de las mujeres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Kamala Kempadoo sostiene que \u201cel comercio mundial del sexo no puede reducirse simplemente a una explicaci\u00f3n monol\u00edtica de la violencia contra las mujeres\u201d (Kempadoo 2001: 28). Kempadoo afirma que los antiguos modelos feministas, que ven la prostituci\u00f3n como reflejo del poder masculino respaldado por el monopolio del uso de la fuerza f\u00edsica, son \u201cinadecuados para captar las diversas historias, opresiones y experiencias de las mujeres de color\u201d (Kempadoo 2001: 35, 37). Kempadoo examina c\u00f3mo las historias de racismo, colonialismo, militarismo y globalizaci\u00f3n estructuran las elecciones de las mujeres de color del primer y tercer mundo. Si bien insta a las feministas a entender la prostituci\u00f3n en t\u00e9rminos de una gama m\u00e1s amplia de fuerzas sociales, la autora sostiene que la teorizaci\u00f3n feminista sobre la prostituci\u00f3n debe evitar pasar por alto la agencia de las mujeres de color al tratarlas como meras v\u00edctimas pasivas de la opresi\u00f3n (Kempadoo 2001: 43). Kempadoo expresa:<\/span><\/p>\n<blockquote><p><span style=\"font-weight: 400;\">En el discurso te\u00f3rico dominante sobre el comercio sexual mundial y la prostituci\u00f3n se ha evitado o pasado por alto la agencia de las mujeres marrones y negras en la prostituci\u00f3n y se han marginado las perspectivas derivadas de estas experiencias. Nuestras percepciones, conocimientos y comprensi\u00f3n del trabajo sexual se han visto en gran medida empa\u00f1ados o dominados por an\u00e1lisis feministas radicales blancos, neomarxistas o feministas socialistas occidentales que han sido incapaces de abordar las complejidades de las vidas de las mujeres de color o no han estado dispuestos a hacerlo. (Kempadoo 2001: 40)<\/span><\/p><\/blockquote>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En lugar de conceptualizar la prostituci\u00f3n en t\u00e9rminos de explotaci\u00f3n sexual y degradaci\u00f3n de la mujer, Kempadoo aboga por entender la prostituci\u00f3n como un tipo de trabajo que a menudo realizan personas marginadas (Kempadoo 2001: 45; Kempadoo y Doezema 1998: 4-5; v\u00e9ase tambi\u00e9n Leigh 1997). En este sentido, la prostituci\u00f3n es similar al trabajo realizado en otras industrias, como la agricultura, la manufactura o el transporte. Al analizar la prostituci\u00f3n como una forma de trabajo, y no como una forma de decadencia o mal social, las feministas pueden evitar planteamientos abolicionistas poco realistas (Kempadoo y Doezema 1998; White 1990; Shrage 1996).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Varias te\u00f3ricas feministas analizan la prostituci\u00f3n y la trata en t\u00e9rminos de relaciones econ\u00f3micas neoliberales y neocoloniales, en las que mujeres de pa\u00edses pobres del sur global son reclutadas para proporcionar \u201cconfort y recreaci\u00f3n\u201d al personal militar y a otros hombres de naciones ricas del norte global. A veces, las \u00e9lites sociales de las naciones pobres toleran y promueven sus propias empresas de \u201cturismo sexual\u201d, en las que las mujeres locales ofrecen trabajo sexual para atraer capital extranjero (Enloe 1989: 36, 86; O&#8217;Connell Davidson 1998: 75; Bishop y Robinson 1998). Laura Agust\u00edn advierte a las feministas que no deben confundir a las migrantes voluntarias (aunque ilegales) que buscan formas m\u00e1s lucrativas de trabajo sexual con las mujeres v\u00edctimas de la trata (Agust\u00edn 2007). Aunque las mujeres pobres del Tercer Mundo (y del Segundo Mundo) suelen ser explotadas por los traficantes, es posible que algunas opten por emigrar y trabajar en negocios sexuales en lugar de otras ocupaciones a su disposici\u00f3n (trabajo en f\u00e1bricas o dom\u00e9stico), tanto en su pa\u00eds de origen como en el de destino. Las duras leyes contra la trata a menudo agravan la dif\u00edcil situaci\u00f3n de las trabajadoras sexuales migrantes voluntarias que pueden estar indocumentadas y trabajar ilegalmente (Kotiswaran 2011; Rajan 2003; Kempadoo y Doezema 1998). Los esfuerzos contra la trata y la prostituci\u00f3n deben centrarse en eliminar el trabajo y la migraci\u00f3n forzados, el trabajo infantil, las condiciones laborales de explotaci\u00f3n y los entornos legales hostiles para las migrantes y las trabajadoras del sexo (Kotiswaran 2011: 47-8).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dado que las trabajadoras del sexo a menudo proceden de grupos sociales marginados, sus derechos b\u00e1sicos como trabajadoras y ciudadanas se vulneran con frecuencia (Butler, C. 2015). Las te\u00f3ricas feministas que reconocen el trabajo sexual como una elecci\u00f3n leg\u00edtima que realizan algunas personas entre un conjunto restringido de oportunidades para ganarse la vida, tambi\u00e9n reconocen que los mercados del sexo pueden adoptar muchas formas. En algunos casos, quienes proveen el trabajo son agentes relativamente libres y empoderadas y, en otros, no lo son. El reto consiste en dise\u00f1ar pol\u00edticas que impidan la contrataci\u00f3n como proveedoras de infantes y personas socialmente vulnerables, y que tambi\u00e9n protejan los derechos de quienes entran en esos mercados incluso con consentimiento informado.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"2.3h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.3. \u00bfPueden regularse eficazmente los mercados de servicios sexuales?<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La trata de personas (esclavitud humana) con cualquier fin, incluido el comercio sexual, es condenada universalmente y con raz\u00f3n. Las feministas discrepan con respecto a si todos los mercados del sexo implican trabajo y sexo forzados. Las que consideran el comercio sexual de modo categ\u00f3rico como una forma de servidumbre involuntaria y de violencia contra las mujeres, suelen apoyar las leyes que castigan a las personas que intercambian dinero por sexo en todas las circunstancias (Jeffreys 1998; Barry 1996; Stark y Whisnant 2004). Las feministas que sostienen que parte del trabajo sexual es realizado por personas que ejercen la autonom\u00eda y la agencia moral, generalmente apoyan las pol\u00edticas que permiten los intercambios de sexo por dinero entre adultos que consienten (Shrage 1996; Nussbaum 1999; Ditmore 2005; Leigh 2004). La adopci\u00f3n de este tipo de pol\u00edticas es coherente con los en\u00e9rgicos esfuerzos por detener la trata de seres humanos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Peter de Marneffe distingue cuatro enfoques de la legislaci\u00f3n que regula la prostituci\u00f3n. (1) La prohibici\u00f3n implica penalizar tanto la compra como la venta de servicios sexuales, junto con las actividades relacionadas, como la prostituci\u00f3n o el funcionamiento de un burdel. (2) La abolici\u00f3n implica penalizar solo la compra de servicios sexuales, junto con actividades relacionadas, como la b\u00fasqueda de prostitutas desde un carro o el proxenetismo. (3) La regulaci\u00f3n (legalizaci\u00f3n) implica la concesi\u00f3n de licencias gubernamentales y la regulaci\u00f3n de las empresas de trabajo sexual. (4) La despenalizaci\u00f3n implica la eliminaci\u00f3n de las prohibiciones penales para los actos de compra o venta de sexo entre personas adultas que dan su consentimiento (de Marneffe 2010: 28-30; v\u00e9ase tambi\u00e9n Kotiswaran 2011: 16). Seg\u00fan de Marneffe, se puede abogar por la despenalizaci\u00f3n apelando al derecho moral a la autosoberan\u00eda, sin apoyar la legalizaci\u00f3n, especialmente de las empresas a gran escala (de Marneffe 2013).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La mayor\u00eda de las feministas que se oponen a todo comercio sexual apoyan la abolici\u00f3n en lugar de la prohibici\u00f3n, porque el enfoque de la abolici\u00f3n trata al proveedor de servicios sexuales como una v\u00edctima y no como un delincuente. Perseguir a las mujeres por vender sexo, argumentan algunas, solo agrava su victimizaci\u00f3n y opresi\u00f3n. Suecia fue el primer pa\u00eds en adoptar este enfoque (Watson 2019). Otras feministas apoyan la regulaci\u00f3n, porque la abolici\u00f3n puede poner en peligro a las trabajadoras sexuales al forzarlas a realizar su trabajo en la clandestinidad para proteger a los clientes. Los Pa\u00edses Bajos y Alemania han adoptado alguna forma de regulaci\u00f3n, que b\u00e1sicamente pretende reducir los da\u00f1os de la prostituci\u00f3n en lugar de eliminarla. Algunas feministas apoyan la despenalizaci\u00f3n (el enfoque adoptado ahora en Nueva Zelanda) porque la mayor\u00eda de los enfoques reguladores (por ejemplo, el registro obligatorio y los controles sanitarios de quienes ejercen la prostituci\u00f3n, la restricci\u00f3n de los lugares de trabajo mediante la zonificaci\u00f3n y los burdeles, etc.) tienen como objetivo proteger a los clientes y a terceros, no a las trabajadoras del sexo, y contribuyen a la estigmatizaci\u00f3n de las prostitutas como enfermas y pecadoras (Nagle 1997; Kempadoo y Doezema 1998; Almod\u00f3var 2002; Leigh 2004). Por el contrario, a las regulacionistas les preocupa que un enfoque de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">laissez-faire<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> deje a las trabajadoras sexuales vulnerables ante una explotaci\u00f3n extrema, y algunas se centran en\u00a0 c\u00f3mo la legislaci\u00f3n y la pol\u00edtica laboral pueden proteger a las trabajadoras sexuales, as\u00ed como a los clientes y a terceros (Davis 2015; Shrage 1994 y 1996).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Estados Unidos muchas proveedoras de servicios sexuales trabajan para agencias de acompa\u00f1antes, con lo que consiguen eludir las leyes contra la prostituci\u00f3n. Como el cliente paga a la agencia por el tiempo de la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">escort<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y la prestadora no recibe dinero directamente del cliente, sino \u00fanicamente de la agencia, las relaciones sexuales entre una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">escort<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> profesional y su cliente suelen ser ignoradas por las fuerzas del orden. Cuando las agencias se vuelven agresivas y descaradas en su publicidad o en sus pr\u00e1cticas comerciales, a veces son perseguidas como pantallas de la prostituci\u00f3n. Sin embargo, toda la fuerza de las leyes contra la prostituci\u00f3n suele recaer sobre las mujeres indigentes, drogadictas o simplemente novatas que solicitan clientes directamente o en lugares p\u00fablicos. En los reg\u00edmenes de prohibici\u00f3n, las leyes contra la prostituci\u00f3n suelen utilizarse contra las personas que practican sexo de supervivencia, como las mujeres sin hogar o las menores que no pueden trabajar en lugares m\u00e1s seguros. Rara vez se utilizan contra mujeres de clase media que salen con hombres para conseguir regalos caros, matr\u00edculas universitarias o gastos de manutenci\u00f3n (Shrage 2015). Las leyes contra la prostituci\u00f3n tambi\u00e9n se utilizan para perseguir a los hombres que explotan sexual y comercialmente a las mujeres (por ejemplo, clientes y proxenetas), pero a veces se utilizan para perseguir a los novios y compa\u00f1eros de trabajo de las prostitutas con los que mantienen relaciones consentidas y de apoyo (Almod\u00f3var 1993). Hist\u00f3ricamente, las pr\u00e1cticas policiales en Estados Unidos se han centrado en detener y procesar a las prostitutas, especialmente a las trabajadoras callejeras que pueden recibir penas mayores si saben que son seropositivas. Las mujeres constituyen la mayor\u00eda de las prostitutas y la mayor\u00eda de las personas detenidas, y las mujeres pertenecientes a minor\u00edas est\u00e1n sobrerrepresentadas entre las personas detenidas (Marganski 2012).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En las \u00faltimas d\u00e9cadas, algunos pa\u00edses han optado por la tolerancia y la regulaci\u00f3n de las actividades laborales de las prostitutas, pero la tendencia general ha sido hacia la criminalizaci\u00f3n, a menudo con penas mayores para clientes y proxenetas (v\u00e9ase 100 pa\u00edses y sus pol\u00edticas sobre prostituci\u00f3n). Las campa\u00f1as feministas contra la prostituci\u00f3n y la trata se han organizado para conseguir la aprobaci\u00f3n de pol\u00edticas abolicionistas. En gran medida, el movimiento feminista contra la pornograf\u00eda de las d\u00e9cadas de 1970 y 1980 ha evolucionado hasta convertirse en el movimiento feminista contra la trata de personas del siglo XXI. Ambos movimientos tratan los mercados de materiales y servicios sexualmente expl\u00edcitos como una forma de violencia contra las mujeres, y afirman que tolerarlos perpet\u00faa la subordinaci\u00f3n social de las mujeres. Al igual que el movimiento contra la pornograf\u00eda en la d\u00e9cada de 1980, el movimiento contra la trata est\u00e1 encontrando un terreno com\u00fan con los conservadores sociales que tienen objeciones religiosas al sexo no marital y, m\u00e1s recientemente, con los conservadores pol\u00edticos que quieren mantener fuera de sus pa\u00edses a las personas que migran por razones econ\u00f3micas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En respuesta a estos y otros esfuerzos previos para bloquear los mercados del sexo, se ha formado un movimiento internacional por los derechos de las trabajadoras del sexo que aboga por la despenalizaci\u00f3n del trabajo sexual consentido entre adultos. Las trabajadoras sexuales activistas, muchas de las cuales son tambi\u00e9n feministas, han cuestionado la investigaci\u00f3n acad\u00e9mica sobre sus vidas y su trabajo, y sostienen que la criminalizaci\u00f3n les resta capacidad para proteger su salud y ejercer sus derechos (Almod\u00f3var 1993; Pendleton 1997; Highleyman 1997; Queen 1997; Sprinkle 1998; Quan 2001; Bernstein 2000; Leigh 2004). Las organizaciones de trabajadoras sexuales est\u00e1n formando alianzas con activistas queer, sindicatos y defensores de los derechos humanos para lograr sus objetivos pol\u00edticos (Beloso 2012). En 2015, una influyente organizaci\u00f3n de derechos humanos, Amnist\u00eda Internacional, aprob\u00f3 una resoluci\u00f3n en la que ped\u00eda a los pa\u00edses que despenalizaran el trabajo sexual consentido entre personas adultas, lo que representa una enorme victoria para el movimiento por los derechos de las personas que se dedican al trabajo sexual.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Adrienne Davis sostiene que el movimiento abolicionista ha obtenido m\u00e1s victorias pol\u00edticas porque este grupo est\u00e1 m\u00e1s unido en sus prop\u00f3sitos. Por el contrario, las feministas que apoyan los derechos de las trabajadoras del sexo est\u00e1n profundamente divididas sobre si apoyar la regulaci\u00f3n o la despenalizaci\u00f3n. Davis muestra que quienes defienden la regulaci\u00f3n exageran las similitudes entre el trabajo sexual y otros tipos de trabajo, mientras que quienes defienden la despenalizaci\u00f3n exageran las diferencias. Davis propone un enfoque del trabajo sexual basado en las \u201cgeograf\u00edas sexuales\u201d, el cual reconoce que los da\u00f1os potenciales dependen de d\u00f3nde y c\u00f3mo se realice el trabajo. El trabajo sexual virtual, en el que las personas proveedoras son relativamente an\u00f3nimas y se re\u00fanen con los clientes \u00fanicamente por Internet, es relativamente seguro. El trabajo a domicilio, en el que las trabajadoras del sexo se re\u00fanen con los clientes en espacios privados, como habitaciones de hotel, y tienen contacto f\u00edsico con ellos, es mucho m\u00e1s arriesgado. Las bailarinas ex\u00f3ticas que act\u00faan en lugares p\u00fablicos, como bares y clubes, y tienen un contacto f\u00edsico limitado con los clientes, se enfrentan a un nivel intermedio de riesgo. Las normas de salud y seguridad deben contemplar distintos tipos de lugares de trabajo y riesgos, e incluir medidas adecuadas para cada uno de ellos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Davis se\u00f1ala que la legislaci\u00f3n laboral vigente en los Estados Unidos es insuficiente para abordar algunos de los riesgos a los que se enfrentan las trabajadoras del sexo, como las agresiones por parte de clientes y compa\u00f1eros de trabajo, y la discriminaci\u00f3n injusta (Davis 2015). La normativa laboral suele ofrecer mayor protecci\u00f3n para las lesiones adquiridas en el desempe\u00f1o del trabajo que para la violencia y las agresiones fortuitas. Davis tambi\u00e9n se\u00f1ala que el acoso sexual ser\u00e1 m\u00e1s dif\u00edcil de definir en contextos de trabajo sexual. Adem\u00e1s, dado que las preferencias por la raza, al igual que el g\u00e9nero, pueden estar incorporadas en los gustos y fantas\u00edas sexuales de los clientes, los empresarios y los tribunales podr\u00edan considerar de buena fe caracter\u00edsticas personales generalmente irrelevantes como cualificaciones ocupacionales. No obstante, Davis est\u00e1 a favor de la despenalizaci\u00f3n con regulaci\u00f3n, y reta a las feministas a mejorar la regulaci\u00f3n del empleo para que haya mejores salvaguardias para el trabajo sexual y otros trabajos realizados en lugares de trabajo no tradicionales y diversos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En su visi\u00f3n te\u00f3ricamente matizada y ecu\u00e1nime tanto de la oposici\u00f3n feminista radical a la prostituci\u00f3n como de la defensa feminista liberal de los derechos de las trabajadoras del sexo, Prabha Kotiswaran esboza una posici\u00f3n feminista \u201cintermedia\u201d. El feminismo de centro presta atenci\u00f3n a las realidades emp\u00edricas de los distintos oficios del sexo y a los esfuerzos de las organizaciones de trabajadoras del sexo por proteger los derechos civiles y econ\u00f3micos de sus miembros. Las feministas de posici\u00f3n intermedia son conscientes de la forma en la que la industria del sexo est\u00e1 condicionada por el g\u00e9nero y, en ocasiones, se comprometen de forma cr\u00edtica y respetuosa con las propuestas de las defensoras de quienes se dedican al trabajo sexual. Por ejemplo, pueden mostrarse esc\u00e9pticas ante las supuestas necesidades de los hombres a las que la industria del sexo pretende servir, al tiempo que reconocen que las trabajadoras del sexo no son incautas pasivas, sino agentes que explotan unas condiciones de fondo menos que ideales. Las feministas de posici\u00f3n intermedia no tratan el comercio sexual como algo monol\u00edtico, sino que prestan atenci\u00f3n a las diferentes formas en las que el trabajo y el capital se organizan en los distintos oficios. Reconocen que gran parte del trabajo sexual, al igual que otros trabajos en el sector servicios de baja categor\u00eda, es servil y a veces desagradable, pero no es un trabajo intr\u00ednsecamente degradante o violento para quienes lo realizan voluntariamente. Tambi\u00e9n reconocen que el trabajo sexual es similar a gran parte del trabajo de cuidados que realizan las mujeres, como esposas, madres, enfermeras, maestras, ni\u00f1eras y empleadas dom\u00e9sticas, y no culpan a la industria del sexo de asignar a las mujeres una parte desproporcionada del trabajo de cuidados en la sociedad. De este modo, no tratan el trabajo sexual como algo excepcional en cuanto a sus riesgos, dificultades y efectos sociales m\u00e1s amplios. Por \u00faltimo, es menos probable que las feministas de centro hagan causa com\u00fan con los moralistas sexuales antifeministas y los conservadores antiinmigraci\u00f3n, y es m\u00e1s probable que encuentren una causa com\u00fan con los sindicatos de trabajadoras del sexo que se enfrentan a condiciones de trabajo y realidades econ\u00f3micas dif\u00edciles (Kotiswaran 2011).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","class_list":["post-2141","enciclopedia_virtual","type-enciclopedia_virtual","status-publish","hentry"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.0 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Perspectivas feministas sobre los mercados sexuales - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/en\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-sobre-los-mercados-sexuales\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_US\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Perspectivas feministas sobre los mercados sexuales - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Los mercados de materiales sexualmente expl\u00edcitos (pornograf\u00eda) y de servicios sexuales (prostituci\u00f3n) generan numerosas preocupaciones para fil\u00f3sofos y feministas. 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