{"id":2134,"date":"2025-09-12T20:12:27","date_gmt":"2025-09-13T01:12:27","guid":{"rendered":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/?post_type=enciclopedia_virtual&#038;p=2134"},"modified":"2025-09-22T13:35:37","modified_gmt":"2025-09-22T18:35:37","slug":"etica-feminista","status":"publish","type":"enciclopedia_virtual","link":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/etica-feminista\/","title":{"rendered":"\u00c9tica feminista"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00e9tica feminista tiene como objetivo \u201ccomprender, criticar y corregir\u201d c\u00f3mo opera el g\u00e9nero dentro de nuestras creencias y pr\u00e1cticas morales (Lindemann 2005, 11), as\u00ed como en nuestros enfoques metodol\u00f3gicos de la teor\u00eda \u00e9tica. M\u00e1s espec\u00edficamente, las \u00e9ticas feministas buscan comprender, criticar y corregir: (1) la visi\u00f3n binaria del g\u00e9nero, (2) el privilegio hist\u00f3ricamente asignado a los hombres y\/o (3) las formas en que las concepciones sobre el g\u00e9nero mantienen \u00f3rdenes o pr\u00e1cticas sociales opresivas que perjudican a otras personas, especialmente a ni\u00f1as y mujeres que hist\u00f3ricamente han sido subordinadas, en dimensiones dotadas de g\u00e9nero como la sexualidad y la identidad de g\u00e9nero. Dado que la opresi\u00f3n a menudo implica ignorar las perspectivas de las personas marginadas, los diferentes enfoques de la \u00e9tica feminista comparten un compromiso con una mejor comprensi\u00f3n de las experiencias de quienes son oprimidas en raz\u00f3n de su g\u00e9nero. Ese compromiso se traduce en una tendencia, dentro de la \u00e9tica feminista, a considerar informaci\u00f3n emp\u00edrica y realidades materiales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No todas las \u00e9ticas feministas corrigen todos los puntos (1) a (3). Algunas han asumido o mantenido el binarismo de g\u00e9nero (Wollstonecraft 1792; Firestone 1970). Estas cr\u00edticas buscan corregir el privilegio de los hombres como la mitad supuestamente m\u00e1s moralmente valiosa del binario, o bien cuestionan el mantenimiento de un orden social que oprime a otros de forma dotada de g\u00e9nero. M\u00e1s recientemente, es com\u00fan que la \u00e9tica feminista critique el propio binarismo de g\u00e9nero, argumentando que sostener una concepci\u00f3n fija del mundo compuesto \u00fanicamente por hombres y mujeres \u201cbiol\u00f3gicos\u201d contribuye a la reproducci\u00f3n de \u00f3rdenes sociales opresivos y generizados, especialmente cuando esta visi\u00f3n margina a quienes no se ajustan a los binarios de g\u00e9nero (Butler 1990; Bettcher 2014; Dea 2016a). Las \u00e9ticas feministas que prestan atenci\u00f3n a las intersecciones de m\u00faltiples dimensiones de la identidad\u2014como la raza, la clase y la discapacidad, adem\u00e1s del g\u00e9nero\u2014critican y corrigen la suposici\u00f3n de que todos los hombres est\u00e1n hist\u00f3ricamente privilegiados por igual, como si el privilegio se distribuyera uniformemente entre todos los hombres sin importar su posici\u00f3n social. En cambio, se enfocan en criticar y corregir las pr\u00e1cticas opresivas que perjudican y marginan a personas que viven en esas intersecciones, con el fin de reconocer las experiencias distintivas de mujeres cuyos recorridos no coinciden con los de los grupos culturalmente dominantes (Crenshaw 1991; Khader 2013). Sea cual sea el enfoque particular de cada \u00e9tica feminista, una caracter\u00edstica ampliamente compartida es la atenci\u00f3n expl\u00edcita al poder, el privilegio o el acceso limitado a bienes sociales. En un sentido amplio, entonces, la \u00e9tica feminista es fundamentalmente pol\u00edtica (Tong 1993, 160). Sin embargo, esto no la distingue necesariamente de la \u201c\u00e9tica tradicional\u201d, ya que los an\u00e1lisis feministas de la teor\u00eda \u00e9tica como surgida de contextos materiales y no ideales sugieren que toda \u00e9tica es pol\u00edtica, se reconozca o no.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dado que la \u00e9tica feminista no es meramente una rama de la \u00e9tica, sino m\u00e1s bien \u201cuna forma de hacer \u00e9tica\u201d (Lindemann 2005, 4), quienes participan de estas tareas pueden involucrarse en cualquier rama de la \u00e9tica, incluidas la meta\u00e9tica, la teor\u00eda normativa y la \u00e9tica pr\u00e1ctica o aplicada. El objetivo de la \u00e9tica feminista es, idealmente, transformar la \u00e9tica para mejorarla, refinando la teorizaci\u00f3n moral y ofreciendo mejores enfoques para temas que incluyen cuestiones de g\u00e9nero. La \u00e9tica feminista no se limita a temas generizados, ya que sus aportes son aplicables al an\u00e1lisis de experiencias morales que comparten caracter\u00edsticas con problemas de g\u00e9nero o que reflejan la intersecci\u00f3n del g\u00e9nero con otras bases de opresi\u00f3n. Las investigaciones filos\u00f3ficas feministas incluyen el uso de herramientas desarrolladas por la \u00e9tica feminista para abordar problemas \u00e9ticos en sentido amplio.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"indice\"><\/a><b>\u00cdndice<\/b><\/h2>\n<p><a href=\"#1h\">1. \u00c9tica feminista: contexto hist\u00f3rico<\/a><br \/>\n<a href=\"#1.1h\">1.1. Precursoras de la \u00e9tica feminista: siglos XVII y XVIII<\/a><br \/>\n<a href=\"#1.2h\">1.2. Influencias y temas: siglo XIX<\/a><br \/>\n<a href=\"#1.3h\">1.3. Influencias y temas: siglo XX<\/a><br \/>\n<a href=\"#2h\">2. Temas en la \u00e9tica feminista<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.1h\">2.1. Binarismo, esencialismo y separatismo de g\u00e9nero<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.2h\">2.2. La \u00e9tica del cuidado como una aproximaci\u00f3n femenina o generizada a la moralidad<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.3h\">2.3. Interseccionalidad<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.4h\">2.4. Cr\u00edticas y ampliaciones feministas de las teor\u00edas morales tradicionales<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.4.1h\">2.4.1. Deontolog\u00eda, derechos y deberes<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.4.2h\">2.4.2. Consecuencialismo y utilitarismo<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.4.3h\">2.4.3. Contractualismo moral<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.4.4h\">2.4.4. \u00c9tica de la virtud<\/a><br \/>\n<a href=\"#2.5h\">2.5. Rechazos al absolutismo: pragmatismo, feminismo transnacional y teor\u00eda no-ideal<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"1h\"><\/a><b>1. \u00c9tica feminista: contexto hist\u00f3rico<\/b><\/h2>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00e9tica feminista en tanto \u00e1rea acad\u00e9mica de estudio en el campo de la filosof\u00eda data de la d\u00e9cada de 1970, cuando las revistas filos\u00f3ficas comenzaron a publicar con mayor frecuencia art\u00edculos espec\u00edficamente relacionados con el feminismo y el sexismo (Korsmeyer 1973; Rosenthal 1973; Jaggar 1974), y luego de que comenzaran a establecerse programas curriculares de Estudios de la Mujer en algunas universidades (Young 1977; Tuana 2011). Las personas interesadas en los temas m\u00e1s saltantes durante los cincuenta a\u00f1os de \u00e9tica feminista en la filosof\u00eda encontrar\u00e1n esta discusi\u00f3n en la secci\u00f3n (2), \u201cTemas en la \u00c9tica Feminista\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Antes de 1970, \u201cno exist\u00eda un acervo reconocido de filosof\u00eda feminista\u201d (Card 2008, 90). Por supuesto, a lo largo de la historia, los fil\u00f3sofos han intentado comprender el papel que el g\u00e9nero puede desempe\u00f1ar en la vida moral. Sin embargo, estos fil\u00f3sofos presumiblemente se dirig\u00edan a lectores masculinos y sus reflexiones sobre las capacidades morales de las mujeres no sol\u00edan tener como objetivo el poner fin a la subordinaci\u00f3n de estas. En raras ocasiones se encuentran en la historia de la filosof\u00eda obras filos\u00f3ficas que tomen en cuenta el g\u00e9nero para criticar y corregir los privilegios hist\u00f3ricos de los hombres o para alterar los \u00f3rdenes y pr\u00e1cticas sociales que subordinan a los grupos en t\u00e9rminos generizados. Para la \u00e9tica feminista, es necesario, si bien no es suficiente, comprender que el sexo importa de alg\u00fan modo para la propia teorizaci\u00f3n \u00e9tica.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, algunas fil\u00f3sofas y escritoras de casi todos los siglos son precursoras de la \u00e9tica feminista. Algunas autoras representativas de los siglos XVII, XVIII y XIX que se presentan a continuaci\u00f3n abordan expl\u00edcitamente lo que perciben como errores morales derivados de la opresi\u00f3n por razones de sexo o errores meta\u00e9ticos de parte de los intelectuales p\u00fablicos al creer que las formas ideales de razonamiento moral est\u00e1n dentro de las capacidades de los hombres y no de las mujeres. A principios y mediados del siglo XX, al mismo tiempo que el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">feminismo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> se convert\u00eda en un t\u00e9rmino de uso m\u00e1s popular en Europa y Am\u00e9rica, un mayor n\u00famero de intelectuales abogaban de forma influyente por acabar con la injusta discriminaci\u00f3n basada en el sexo. Algunas autoras argumentaron concertadamente que los fil\u00f3sofos y te\u00f3ricos se equivocaban en su comprensi\u00f3n de lo que parec\u00edan ser diferencias de g\u00e9nero en el razonamiento \u00e9tico y moral.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"1.1h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">1.1. Precursoras de la \u00e9tica feminista: siglos XVII y XVIII<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el siglo XVII, algunas intelectuales publicaron tratados en los que sosten\u00edan que las mujeres eran tan racionales como los hombres y que deb\u00edan recibir la educaci\u00f3n que les permitiera desarrollar su car\u00e1cter moral. Sosten\u00edan que, puesto que las mujeres son racionales, su acceso desigual al aprendizaje era inmoral e injustificable. Exploraron cuestiones meta\u00e9ticas sobre las condiciones previas para la moralidad, incluyendo qu\u00e9 tipo de agentes pueden ser morales y si la moralidad es igualmente posible para los diferentes sexos. Por ejemplo, en 1694 se public\u00f3 la primera edici\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">A Serious Proposal to the Ladies for the Advancement of their True and Greatest Interest<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Mary Astell, que abogaba por el acceso a la educaci\u00f3n. Fue lo suficientemente controvertida como para que Astell publicara una ampliaci\u00f3n tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">A Serious Proposal, Part II<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que cuestionaba \u201cesos profundos supuestos filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos de fondo que niegan a las mujeres la capacidad de mejorar la mente\u201d (Springborg, \u201cIntroducci\u00f3n\u201d, en Astell 2002, 21). En aquel entonces, parece que algunas personas atribuyeron la primera <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Serious Proposal<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> no a Astell, sino a Damaris Cudworth Masham, una antigua compa\u00f1era de John Locke, ya que esas cr\u00edticas a la injusticia de la suerte de las mujeres y los supuestos de fondo que manten\u00edan su situaci\u00f3n de subordinaci\u00f3n le eran familiares a Masham (Springborg, \u201cIntroductci\u00f3n\u201d, en Astell 2002, 17). Si bien Masham discrepaba tajantemente con algunos aspectos de la obra de Astell, tambi\u00e9n a ella se le atribuir\u00edan m\u00e1s tarde \u201creivindicaciones expl\u00edcitamente feministas\u201d, incluidas las objeciones a \u201cla educaci\u00f3n inferior concedida a las mujeres\u201d (Frankel 1989, 84), especialmente cuando tales obst\u00e1culos se deb\u00edan a \u201cla ignorancia de los hombres\u201d (Masham 1705, 169, citado en Frankel 1989, 85). Masham tambi\u00e9n deploraba \u201cel doble rasero de moralidad impuesto a mujeres y hombres, especialmente&#8230; la afirmaci\u00f3n de que la &#8216;virtud&#8217; de la mujer consiste principalmente en la castidad\u201d (Frankel 1989, 85).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un siglo m\u00e1s tarde, Mary Wollstonecraft, en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Vindication of the Rights of Women<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ([1792] 1988), volvi\u00f3 a llamar la atenci\u00f3n sobre la falta de acceso de las ni\u00f1as a la educaci\u00f3n. Al cuestionar los supuestos filos\u00f3ficos que sustentaban las pr\u00e1cticas que negaban a las ni\u00f1as una educaci\u00f3n adecuada, Wollstonecraft articul\u00f3 un ideal de la Ilustraci\u00f3n sobre los derechos sociales y morales de las mujeres como iguales a los de los hombres. Wollstonecraft tambi\u00e9n ampli\u00f3 su cr\u00edtica de las estructuras sociales para abarcar la teor\u00eda \u00e9tica, especialmente en contra de los argumentos de algunos hombres influyentes que afirmaban que las virtudes de las mujeres eran diferentes de las de los hombres y que eran adecuadas para los supuestos deberes femeninos. Wollstonecraft afirm\u00f3: \u201cLes lanzo aqu\u00ed un desaf\u00edo y niego la existencia de virtudes sexuales\u201d, y a\u00f1adi\u00f3 que \u201clas mujeres, lo admito, pueden tener diferentes deberes que cumplir; pero son deberes<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> humanos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, y los principios que deben regular su cumplimiento&#8230; deben ser los mismos\u201d (51). Las revoluciones de la \u00e9poca de la Ilustraci\u00f3n motivaron tanto a hombres como a mujeres a reconsiderar las desigualdades en la educaci\u00f3n en un momento en el que las nociones de derechos humanos universales ganaban importancia. Como observa Joan Landes, Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, marqu\u00e9s de Condorcet, fue un extraordinario defensor de los derechos de la mujer en Francia durante el mismo periodo y abog\u00f3 en 1790 por \u201cla admisi\u00f3n de la mujer en los derechos de ciudadan\u00eda\u201d y \u201cla igualdad de la mujer en humanidad sobre la base de la raz\u00f3n y la justicia\u201d (Landes 2016). Al igual que muchas te\u00f3ricas de su \u00e9poca y lugar, entre ellas Catherine Macaulay (Tomaselli 2016), Olympe de Gouges y Madame de Sta\u00ebl (Landes 2016), Wollstonecraft y Condorcet admitieron que exist\u00edan diferencias materiales entre los sexos, pero presentaron argumentos morales contra los dobles est\u00e1ndares \u00e9ticos sobre la base del humanismo universal. Sin embargo, la noci\u00f3n de humanismo universal tend\u00eda a dar prioridad a las virtudes tradicionalmente consideradas masculinas. Wollstonecraft, por ejemplo, argument\u00f3 en contra de la percepci\u00f3n de que las mujeres carec\u00edan de las capacidades de los hombres para la moralidad, pero elogi\u00f3 la racionalidad y la \u201cmasculinidad\u201d como condiciones previas para la moralidad (Tong 1993, 44).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"1.2h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">1.2. Influencias y temas: siglo XIX<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En Europa y Norteam\u00e9rica, los argumentos morales del siglo XIX confluyeron en torno a cuestiones materiales que m\u00e1s tarde ser\u00edan apreciadas por las eticistas feministas como importantes intersecciones. Un conjunto extraordinariamente diverso de mujeres activistas e intelectuales p\u00fablicas presentaron argumentos reconocidamente feministas a favor de que el liderazgo moral de la mujer y la necesidad de mayores libertades sean reconocidos como imperativos morales. La resistencia de las mujeres esclavizadas y el activismo pol\u00edtico de sus descendientes, las organizaciones antiesclavistas de mujeres en Europa y Norteam\u00e9rica, la atenci\u00f3n prestada a la desigualdad en el acceso de las mujeres a los ingresos, la propiedad, la libertad sexual, la ciudadan\u00eda plena y el derecho al voto, y el auge de las teor\u00edas marxistas y socialistas contribuyeron a la participaci\u00f3n de las mujeres en los argumentos a favor de la reducci\u00f3n del militarismo, el capitalismo irrestricto, la violencia dom\u00e9stica y el abuso de las drogas y el alcohol, entre otras preocupaciones.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Con la primera aparici\u00f3n del t\u00e9rmino <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">feminismo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Offen 1988), el siglo XIX se ha caracterizado por una pluralidad de enfoques de la \u00e9tica protofeminista, es decir, teor\u00edas \u00e9ticas que anticiparon y sentaron las bases de los conceptos feministas modernos. Entre ellos se incluyen algunas teor\u00edas consistentes con el humanismo universal de Wollstonecraft y Condorcet y otras que ponen \u00e9nfasis en las diferencias entre los sexos con el fin de defender la superioridad de la moral femenina. Entre dichas teor\u00edas, las m\u00e1s conocidas en filosof\u00eda son <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Subjection of Women<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ([1869] 1987) de John Stuart Mill, cuya coautor\u00eda \u00e9l atribuye a Harriet Taylor Mill, y el ensayo de Harriet Taylor Mill, \u201cThe Enfranchisement of Women\u201d (H. T. Mill [1851] 1998). Al igual que sus precursores de la Ilustraci\u00f3n, Mill y Taylor sostienen que las mujeres deben tener los mismos derechos y el mismo acceso a las oportunidades pol\u00edticas y sociales. Como fil\u00f3sofo utilitarista, Mill subraya adem\u00e1s los beneficios para la sociedad y para la especie humana que supone mejorar la vida y la situaci\u00f3n social de las mujeres. Mill se muestra esc\u00e9ptico ante las afirmaciones de que las mujeres son moralmente superiores a los hombres, as\u00ed como ante las afirmaciones de que las mujeres son \u201cm\u00e1s propensas a los prejuicios morales\u201d, a la emocionalidad y a la falta de juicio en la toma de decisiones \u00e9ticas ([1869] 1987, 518 y 519). Mill y Taylor tienden a poner demasiado \u00e9nfasis en los roles de las mujeres que son esposas. Reconocen algunas diferencias entre hombres y mujeres que hoy resultan controvertidas; las obras de Mill destacan especialmente los beneficios para la familia y la vida dom\u00e9stica como razones para apoyar la liberaci\u00f3n de la mujer de la subyugaci\u00f3n. A pesar de estas opiniones, ambos defienden los beneficios de la liberaci\u00f3n de la mujer para las esferas acad\u00e9mica y pol\u00edtica. Por ejemplo, describen las diferencias en los logros y el comportamiento principalmente como consecuencia de la situaci\u00f3n social y la educaci\u00f3n de las mujeres, lo que hace que su punto de vista sea consistente con los argumentos tanto de las estudiosas de la Ilustraci\u00f3n antes mencionadas como de algunas de las autoras de los siglos XIX y XX, si bien no todas, que se mencionan a continuaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las actitudes sobre las razones de la bondad moral de tales logros eran diferentes. Algunos de los primeros movimientos ut\u00f3picos y socialistas en Europa, que influyeron en las activistas por los derechos de la mujer en Estados Unidos y que m\u00e1s tarde influir\u00edan en los pensadores brit\u00e1nicos, incluido John Stuart Mill, alababan las virtudes femeninas y la importancia de la mujer, pero lo hac\u00edan de un modo que reforzaba la visi\u00f3n de la mujer como \u201csuperior\u201d debido a sus cualidades innatas de dulzura, amor, espiritualidad y sentimentalismo (Moses 1982). Por el contrario, otros movimientos socialistas expresaron opiniones radicales sobre la igualdad de hombres y mujeres, sin atribuir virtudes morales distintivas o superiores a las mujeres, sino m\u00e1s bien desafiando los sistemas de privilegio debidos al sexo, la raza y la clase (Taylor 1993). Si bien Mill y Taylor argumentar\u00edan m\u00e1s tarde que \u201cla desigualdad sexual es un impedimento para el cultivo de la virtud moral\u201d, algunas activistas estadounidenses, como Catherine Beecher, propugnaron una visi\u00f3n \u201cseparada pero igual\u201d de hombres y mujeres como psicol\u00f3gica y esencialmente diferentes, una visi\u00f3n \u201cseg\u00fan la cual la virtud femenina es en \u00faltima instancia mejor que la virtud masculina\u201d (Tong 1993, 36 y 37). En el trascendental a\u00f1o de 1848, Frederick Douglass insisti\u00f3 en que \u201ctodo lo que distingue al hombre como ser inteligente y responsable, es igualmente cierto de la mujer\u201d (citado en Davis 2011, 51). Ese mismo a\u00f1o, se firm\u00f3 la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Declaraci\u00f3n de Sentimientos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en una convenci\u00f3n por los derechos de la mujer en Seneca Falls, Nueva York, y se produjeron revoluciones socialistas y anarquistas en Europa. Entre las revolucionarias hab\u00eda pensadoras p\u00fablicas que defend\u00edan la propiedad comunal y la igualdad sexual, y que criticaban la intervenci\u00f3n del Estado y la iglesia en el matrimonio. Sus argumentos sobre \u00e9tica pr\u00e1ctica y feminista influyeron en Emma Goldman y otras pensadoras de principios de siglo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En el siglo XIX, filosofas de distintas procedencias lograron un mayor acceso a la educaci\u00f3n y a la imprenta, lo que dio lugar a una pluralidad de enfoques del proyecto de comprender, criticar y corregir c\u00f3mo opera el g\u00e9nero en el marco de nuestras creencias y pr\u00e1cticas morales. Por ejemplo, la adhesi\u00f3n de algunas pensadoras protofeministas a las virtudes dom\u00e9sticas configur\u00f3 sus recomendaciones \u00e9ticas. Algunas activistas blancas y de clase media abogaron por el fin de la esclavitud y, m\u00e1s tarde, contra la subordinaci\u00f3n de las mujeres de color emancipadas, precisamente porque deseaban extender los privilegios de los que disfrutaban las mujeres blancas y de clase media en la esfera dom\u00e9stica y privada, manteniendo el orden social y valorando al mismo tiempo la bondad femenina dom\u00e9stica. Tal como dice Clare Midgley, \u201cel papel de la mujer se discut\u00eda en t\u00e9rminos de vida familiar. La emancipaci\u00f3n marcar\u00eda el fin de la explotaci\u00f3n sexual de las mujeres y de la perturbaci\u00f3n de la vida familiar, as\u00ed como la creaci\u00f3n de una sociedad en la que la mujer negra pudiera ocupar el lugar que le correspond\u00eda como Hija, Esposa y Madre\u201d (Midgley 1993, 351).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por el contrario, algunas antiguas esclavas, como Anna Julia Cooper e Ida B. Wells-Barnett, y descendientes de esclavas, como Mary Church Terrell, basaron su trabajo por los derechos de la mujer y sus argumentos a favor de la igualdad moral y sociopol\u00edtica de la mujer en prioridades bastante diferentes, manifestando un mayor inter\u00e9s por una igual protecci\u00f3n de parte de la ley, la liberaci\u00f3n econ\u00f3mica, la representaci\u00f3n pol\u00edtica y, en el caso de Wells-Barnett, la autodefensa y el ejercicio del derecho a portar armas, como algo necesario para la propia supervivencia y liberaci\u00f3n de los negros estadounidenses (Giddings 2007). Cooper, que critic\u00f3 con raz\u00f3n a las feministas blancas por sus declaraciones racistas (y supremacistas femeninas) cuando las ofrec\u00edan como razones para trabajar por los derechos de voto de las mujeres blancas y no por los de los hombres negros, adelant\u00f3 una visi\u00f3n de las virtudes y la verdad como si tuvieran aspectos masculinos y femeninos. Un siglo antes de que la \u00e9tica del cuidado se convirtiera en una corriente de la \u00e9tica feminista acad\u00e9mica, Cooper insisti\u00f3 en que tanto la raz\u00f3n masculina como la simpat\u00eda femenina \u201cson necesarias para trabajar en la formaci\u00f3n de la ni\u00f1ez, con el fin de que nuestros ni\u00f1os puedan complementar su virilidad con ternura y sensibilidad, y nuestras ni\u00f1as puedan completar su dulzura con fuerza y confianza en s\u00ed mismas\u201d (Cooper [1892] 2000, 60). Su eterna preocupaci\u00f3n por los Estados Unidos era que una naci\u00f3n o un pueblo \u201cdegenerar\u00e1 en un mero emocionalismo, por un lado, o en un esp\u00edritu prepotente, por otro, si es dominado exclusivamente por uno de los dos\u201d (61). El suyo es un argumento normativo que tiene el fin de apreciar las contribuciones que tanto los valores tradicionalmente femeninos como los masculinos podr\u00edan ofrecer a una \u00e9tica bien equilibrada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al argumentar expl\u00edcitamente que los puntos de vista son importantes para las demandas de conocimiento y la teorizaci\u00f3n moral, Cooper insisti\u00f3 en que el conocimiento hist\u00f3rico necesario para la autocomprensi\u00f3n de una naci\u00f3n depende de la representaci\u00f3n de las voces de los negros estadounidenses y especialmente de la \u201cmujer negra de Estados Unidos de ojos abiertos pero hasta ahora sin voz\u201d (Cooper [1892] 2000, 2; Gines 2015). Respondiendo al llamado de Cooper por las representaciones, Wells-Barnett incluy\u00f3 con determinaci\u00f3n relatos de ni\u00f1as y mujeres linchadas junto con narraciones sobre hombres y ni\u00f1os asesinados, y desafi\u00f3 las \u201capolog\u00edas raciales-sexuales de los linchamientos para desterrar los mitos gemelos de la pureza sexual blanca (femenina) y el salvajismo sexual negro (masculino)\u201d (James 1997, 80). El ejercicio de periodismo de investigaci\u00f3n de Wells- Barnett le llev\u00f3 a sugerir de manera rotunda que algunas de las relaciones sexuales, que daban pie a las portadas de violaciones como justificaci\u00f3n de los linchamientos, eran relaciones consentidas entre mujeres blancas y hombres negros, mientras que las violaciones de mujeres y ni\u00f1as negras, \u201cque comenzaron en la \u00e9poca de la esclavitud, a\u00fan contin\u00faan sin la reprobaci\u00f3n de la Iglesia, el Estado o la prensa\u201d (citado en Sterling 1979, 81).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"1.3h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">1.3. Influencias y temas: siglo XX<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al igual que Wells-Barnett, las escritoras anarquistas y socialistas, algunas procedentes de la clase trabajadora, presentaron argumentos claros para entender de forma diferente las capacidades y los deseos de las mujeres como seres sexuales que poseen su propia agencia moral. Entre sus l\u00edderes se encontraba Emma Goldman, cuyo anarquismo se desarroll\u00f3 como respuesta a Marx y al marxismo (Fiala 2018). Goldman abog\u00f3 por una comprensi\u00f3n m\u00e1s amplia del amor, la sexualidad y la familia, porque cre\u00eda que los c\u00f3digos sociales tradicionales de moralidad condujeron a la corrupci\u00f3n de la autocomprensi\u00f3n sexual de las mujeres (112). Al igual que Wells-Barnett, Goldman combin\u00f3 los argumentos en contra de la pureza sexual femenina con la atenci\u00f3n a la explotaci\u00f3n sexual y el tr\u00e1fico de mujeres que no gozaban de la protecci\u00f3n del Estado (Goldman 2012). El \u201c\u00e9nfasis en la moralidad femenina [de algunas sufragistas] le repugnaba a Goldman. Sin embargo, si bien ridiculizaba la afirmaci\u00f3n sobre que las mujeres eran moralmente superiores a los hombres&#8230; tambi\u00e9n enfatizaba que se deb\u00eda permitir y animar a las mujeres a expresar libremente su \u2018verdadera\u2019 feminidad\u201d (Marso 2010, 76).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si bien las protofeministas de principios del siglo XX difer\u00edan en sus creencias sobre si los hombres y las mujeres ten\u00edan un car\u00e1cter moralmente diferente, en general compart\u00edan la creencia en los ideales progresistas de mejora moral y social si la humanidad aplicaba un pensamiento justo y racional a las cuestiones \u00e9ticas. Las pragmatistas de la era progresista, entre ellas Wells-Barnett, Charlotte Perkins-Gilman, Jane Addams y Alice Paul, \u201cve\u00edan el entorno social como maleable, capaz de mejorar a trav\u00e9s de la acci\u00f3n humana y el pensamiento filos\u00f3fico\u201d (Whipps y Lake 2016). El comienzo del siglo se caracteriz\u00f3 por un pensamiento notablemente optimista, incluso de parte de los te\u00f3ricos m\u00e1s radicales que percib\u00edan los profundos da\u00f1os causados por las organizaciones sociales opresivas. La mayor\u00eda de las activistas y sufragistas progresistas de esa \u00e9poca nunca se describieron a s\u00ed mismas con el nuevo t\u00e9rmino \u201cfeminista\u201d, pero como precursoras inmediatas del feminismo, hoy se las describe como tales.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar de que la creencia en las posibilidades de cambio parece ampliamente compartida, las feministas de la era progresista no siempre compart\u00edan un terreno com\u00fan con respecto a la naturaleza moral de las mujeres o sobre la manera de lograr el progreso moral como naci\u00f3n. Por ejemplo, tanto Goldman como la sufragista Charlotte Perkins-Gilman defend\u00edan la autotransformaci\u00f3n individual y la autocomprensi\u00f3n como claves para mejorar el car\u00e1cter moral de las mujeres (Goldman 2012), al mismo tiempo que sosten\u00edan que los esfuerzos de una persona estaban mejor respaldados por un marco social y pol\u00edtico menos individualista y m\u00e1s comunitario (Gilman 1966). Si bien Goldman incluy\u00f3 un mayor acceso al control de la natalidad y a la elecci\u00f3n reproductiva entre las v\u00edas moralmente urgentes para el autodescubrimiento individual de las mujeres, Gilman y muchas feministas defendieron el acceso de las mujeres a la anticoncepci\u00f3n de un modo que reflejaba las pol\u00edticas eugen\u00e9sicas cada vez m\u00e1s populares en Norteam\u00e9rica, Sudam\u00e9rica y Europa (Gilman 1932). Las contribuciones favorables a la eugenesia que hicieron las mujeres blancas y que se incluyeron en los argumentos \u00e9ticos feministas para interrumpir el pronatalismo opresivo o para evitar los significativos costos de la paternidad en las sociedades sexistas, a menudo terminaron profundizando otras formas de marginaci\u00f3n, incluidas las basadas en la raza, la discapacidad y la clase social (Lamp y Cleigh 2011).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En los Estados Unidos, la centralidad de los temas de sexo y g\u00e9nero en la \u00e9tica p\u00fablica alcanz\u00f3 su punto \u00e1lgido durante la Era Progresista, lo que llev\u00f3 a una revista a publicar en 1914 que \u201cHa llegado el momento de definir el feminismo; ya no es posible ignorarlo\u201d (Cott 1987, 13). Desafortunadamente, este sentimiento decaer\u00eda con el inicio de la Primera Guerra Mundial y la consiguiente desaparici\u00f3n de las creencias optimistas en los poderes de la racionalidad humana para lograr el progreso moral. Sin embargo, a lo largo de las d\u00e9cadas de 1920, 1930 y 1940, a medida que las dificultades econ\u00f3micas, los conflictos militares y la disparidad de la riqueza fluctuaban internacionalmente, los grupos de mujeres y las activistas feministas de muchos pa\u00edses promover\u00edan, con cierto \u00e9xito, argumentos feministas y morales a favor del acceso al trabajo, la profesi\u00f3n, las elecciones y la educaci\u00f3n, y la liberalizaci\u00f3n de las leyes sobre anticoncepci\u00f3n, matrimonio y divorcio, y se expresaron en contra del militarismo. Algunos de sus logros en cuanto a un mayor acceso al voto, la educaci\u00f3n y la prosperidad pueden haber contribuido al amplio p\u00fablico que se mostr\u00f3 receptivo ante las publicaciones de Simone de Beauvoir en Europa y, una vez traducidas, en Estados Unidos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Beauvoir se autoidentific\u00f3 como feminista por primera vez en 1972 (Schwarzer 1984, 32), y rechaz\u00f3 sistem\u00e1ticamente la etiqueta de fil\u00f3sofa a pesar de haber impartido cursos de filosof\u00eda (Card 2003, 9). Sin embargo, a partir de la d\u00e9cada de 1950, tanto su obra <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ethics of Ambiguity<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ([1947] 1976) como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Second Sex<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ([1949] 2010) fueron ampliamente le\u00eddas y r\u00e1pidamente consideradas importantes para la \u00e9tica feminista (Card 2003, 1). Como obras de moralidad existencialista, enfatizaban que no todos somos simplemente sujetos y decisores individuales, sino tambi\u00e9n objetos moldeados por las fuerzas de la opresi\u00f3n (Andrew 2003, 37). Al igual que las protofeministas descritas antes, Beauvoir se centr\u00f3 en las experiencias corporeizadas y las situaciones sociales de las mujeres. En estas obras clave, defendi\u00f3 que la corporeidad y la situacionalidad social no solo son relevantes para la existencia humana, sino que son la esencia de la existencia humana, tan cruciales que la filosof\u00eda no deber\u00eda ignorarlas (Andrew 2003, 34). En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Second Sex<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, argument\u00f3 que algunos hombres dedicados a la filosof\u00eda llevaban a cabo el proyecto de mala fe de ignorar su propia situacionalidad sexual, al mismo tiempo que\u00a0 describ\u00edan a las mujeres como el Otro y a los hombres como el Yo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">(self)<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Dado que los hombres fil\u00f3sofos se consideran a s\u00ed mismos paradigm\u00e1ticamente humanos y se encargan de caracterizar la naturaleza de la mujer como diferente de la del hombre, Beauvoir afirma que los hombres construyen socialmente a la mujer como el Otro. Es famosa la afirmaci\u00f3n de Beauvoir de que \u201cno se nace, sino que se llega a ser mujer\u201d, es decir, se puede nacer siendo una hembra humana, pero \u201cla figura que la hembra humana asume en la sociedad\u201d, la de \u201cmujer\u201d, resulta de \u201cla mediaci\u00f3n de otro [que] puede constituir a un ser como un Otro\u201d (Beauvoir [1949] 2010, 329). La mujer humana corporeizada puede ser sujeto de sus propias experiencias y percepciones, pero \u201cser mujer significar\u00eda ser un objeto, el Otro\u201d (83), es decir, el receptor cosificado de las especulaciones y percepciones de los hombres. Beauvoir describi\u00f3 a una mujer que trascendiera esta situaci\u00f3n \u201ccomo vacilante entre el papel de objeto, del Otro que se le propone, y su reivindicaci\u00f3n de libertad\u201d (84), es decir, su libertad para afirmar su propia subjetividad, para tomar sus propias decisiones sobre qui\u00e9n es, especialmente cuando no se define con relaci\u00f3n a los hombres. La posici\u00f3n de la mujer es, por lo tanto, tan profundamente ambigua \u2014la de navegar \u201cuna condici\u00f3n humana definida en su relaci\u00f3n con el Otro\u201d (196)\u2014 que, si se quiere filosofar sobre la mujer, \u201ces indispensable comprender la estructura econ\u00f3mica y social\u201d en la que la mujer pretende ser aut\u00e9ntica o \u00e9tica, lo cual requiere \u201cun punto de vista existencial, que tenga en cuenta su situaci\u00f3n total\u201d (84). En otras palabras, los fil\u00f3sofos que especulan sobre las mujeres deben tener en cuenta los obst\u00e1culos que se les presentan a las oportunidades de subjetividad y elecci\u00f3n de las mujeres y que son creados por quienes construyeron una situaci\u00f3n opresiva en la que deben desenvolverse las mujeres.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las posturas de Beauvoir \u2014que la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">mujer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ha sido definida por los hombres y en t\u00e9rminos masculinos, que la teor\u00eda \u00e9tica debe prestar atenci\u00f3n a la situaci\u00f3n social de la mujer y a su capacidad para tomar decisiones morales, y que la opresi\u00f3n de la mujer le impide conocerse a s\u00ed misma y cambiar su situaci\u00f3n\u2014 reflejan las preocupaciones de muchas precursoras de la \u00e9tica feminista. La obra de Beauvoir determin\u00f3 profundamente la aparici\u00f3n de la \u00e9tica feminista como subcampo de la filosof\u00eda en un momento en el que los fil\u00f3sofos en general se hab\u00edan alejado de las tendencias de los siglos XVIII y XIX de describir a las mujeres como carentes de capacidades racionales moralmente dignas. En cambio, a mediados del siglo XX, algunos fil\u00f3sofos influyentes de Europa y de las Am\u00e9ricas hab\u00edan transitado hacia enfoques que a menudo llevaban a describir tanto el g\u00e9nero como la \u00e9tica como irrelevantes para el discurso filos\u00f3fico (Garry 2017).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"2h\"><\/a><b>2. Temas en la \u00e9tica feminista<\/b><\/h2>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A lo largo de los cincuenta a\u00f1os en los que la \u00e9tica feminista ha sido objeto de estudios filos\u00f3ficos en el discurso (inicialmente) occidental y (cada vez m\u00e1s) internacional, las te\u00f3ricas han considerado cuestiones meta\u00e9ticas, te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas. Las cuestiones que en siglos anteriores ocuparon a las pensadoras, especialmente las relativas a las capacidades naturales (y de g\u00e9nero) de los agentes morales para la deliberaci\u00f3n moral, fueron reconsideradas cr\u00edticamente en los debates que surgieron en las d\u00e9cadas de 1970 y 1980. Una de las principales \u00e1reas de investigaci\u00f3n aborda la cuesti\u00f3n de si existen en la teor\u00eda normativa, y por qu\u00e9,\u00a0 diferencias significativas en las prioridades femeninas y masculinas de cuidado y justicia. En esta \u00e9poca \u2014y hasta hoy\u2014\u00a0 surge la preocupaci\u00f3n por los m\u00e9todos feministas de articular teor\u00edas \u00e9ticas. Estos debates pueden encontrarse en la literatura sobre la interseccionalidad, el pensamiento feminista negro y el feminismo de las mujeres de color, el feminismo transnacional, la teor\u00eda queer, los estudios sobre la discapacidad y las cr\u00edticas del siglo XXI a la \u00e9tica feminista. Merece especial atenci\u00f3n el hecho de que las eticistas feministas parecen defender un binario de g\u00e9nero y conceptualizaciones simplistas de la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">mujer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> como categor\u00eda. Las preguntas sobre las deficiencias de las teor\u00edas \u00e9ticas tradicionales, sobre qu\u00e9 virtudes constituyen un car\u00e1cter moralmente bueno en contextos de opresi\u00f3n y sobre qu\u00e9 tipos de teor\u00edas \u00e9ticas aliviar\u00e1n las opresiones y los males generizados, han dado lugar a estudios cr\u00edticos en todas las d\u00e9cadas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"2.1h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.1. Binarismo, esencialismo y separatismo de g\u00e9nero<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El binarismo de g\u00e9nero, que es el punto de vista que considera que solo hay dos g\u00e9neros \u2014-masculino y femenino\u2014 y que cada persona es solo uno de ellos (Dea 2016a, 108), es asumido por la mayor\u00eda de las feministas \u00e9ticas de las d\u00e9cadas de 1970 y 1980 (Jaggar 1974; Daly 1979). Algunas de estas feministas critican la supremac\u00eda masculina sin preferir por ello la femenina (Frye 1983; Card 1986; Hoagland 1988). Argumentan que, si bien las categor\u00edas \u201chombres\u201d y \u201cmujeres\u201d son fisiol\u00f3gicamente distintas, el potencial del feminismo para liberar tanto a hombres como a mujeres de los opresivos acuerdos sociales generizados, sugiere que los hombres y las mujeres no tienen moralidades diferentes ni realidades separadas, y que no necesitamos articular capacidades separadas para la \u00e9tica (Jaggar 1974; Davion 1998).<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otras eticistas feministas ofrecen puntos de vista radicalmente distintos. Mary Daly, por ejemplo, sostiene en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gyn\/Ecology:<\/span><\/i> <i><span style=\"font-weight: 400;\">The Metaethics of Radical Feminism<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que las mujeres han sido definidas tradicionalmente a lo largo de la historia intelectual como subversivas ante la racionalidad, la imparcialidad y la moralidad tal y como se conciben tradicionalmente. Daly sostiene que las mujeres deben adoptar, como esenciales a la naturaleza y bien de las mujeres, algunas de las mismas cualidades que, seg\u00fan ella, los hombres han atribuido a las mujeres como esenciales a la naturaleza y mal de las mujeres. Daly sugiere que se valore tanto la capacidad de la mujer para tener hijos y dar a luz (en contraposici\u00f3n a las capacidades para participar en guerras y asesinatos), as\u00ed como la emocionalidad de la mujer (en contraposici\u00f3n a la racionalidad) (Daly 1979).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las feministas radicales y las feministas lesbianas que discrepan con Daly en cuanto a si la naturaleza moral de las mujeres es intr\u00ednsecamente mejor que la de los hombres, coinciden con Daly en defender el esencialismo (Griffin 1978; cf. Spelman 1988 y Witt 1995) o la separaci\u00f3n de las mujeres de los hombres (Card 1988; Hoagland 1988). Algunas de ellas sostienen que el separatismo permite un entorno en el cual se puede crear una \u00e9tica alternativa, en lugar de limitarse a responder a las teor\u00edas \u00e9ticas dominadas por los hombres que tradicionalmente se debaten en la academia. Sostienen tambi\u00e9n que el separatismo impulsa mejor la mayor conexi\u00f3n de las mujeres entre s\u00ed y niega a los hombres el acceso a las mujeres que los hombres podr\u00edan esperar (Daly 1979; Frye 1983; Hoagland 1988).<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">En profundo desacuerdo, fil\u00f3sofas como Alison Jaggar argumentan contra el separatismo como algo que no es productivo para un mundo diferente y moralmente mejor. Jaggar sostiene que \u201clo que debemos hacer en cambio es crear una nueva cultura andr\u00f3gina que incorpore los mejores elementos de ambos&#8230;, que valore tanto las relaciones personales como la eficiencia, tanto la emoci\u00f3n como la racionalidad. Este resultado no puede lograrse mediante la separaci\u00f3n sexual\u201d (Jaggar 1974, 288). Argumentos afines para sostener enfoques andr\u00f3ginos de la \u00e9tica influyen en los argumentos que apoyan la androginia, la transgresi\u00f3n de g\u00e9nero y la mezcla de g\u00e9neros que prevalecen en la d\u00e9cada de 1990 (Butler 1990; Butler 1993), y las aproximaciones g\u00e9nero-eliminativistas y humanistas de la \u00e9tica feminista y la filosof\u00eda social que prevalecen en el siglo XXI (LaBrada 2016; Mikkola 2016; Ayala y Vasilyeva 2015; Haslanger 2012).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una cr\u00edtica al binarismo de g\u00e9nero es que su adopci\u00f3n margina a las personas no conformistas. En los esfuerzos descritos como promotores de la coalici\u00f3n entre activistas trans y feministas no trans, algunas feministas argumentan que debemos examinar el privilegio de g\u00e9nero inherente cuando se presupone que un binarismo de g\u00e9nero refleja mejor la propia experiencia que las experiencias de otras\/os\u00a0 (Dea 2016a; Bettcher 2014). Sin embargo, estos enfoques \u201cm\u00e1s all\u00e1 del binario\u201d, a su vez, han suscitado advertencias en contra por ser bienintencionados pero, en ocasiones, invalidantes de las identidades trans, \u201cal invalidar las autoidentidades de las personas trans que no consideran que sus genitales sean incorrectos\u201d o \u201cal representar a todas las personas trans como problem\u00e1ticamente posicionadas con respecto al binario\u201d (Bettcher 2013). El reconocimiento de la \u201cimposici\u00f3n de la realidad\u201d y su interconexi\u00f3n con la opresi\u00f3n racista y sexista, puede paliar mejor los da\u00f1os de la normalizaci\u00f3n de un binario de g\u00e9nero (Bettcher 2013).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"2.2h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.2. La \u00e9tica del cuidado como una aproximaci\u00f3n femenina o generizada a la moralidad<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Jaggar argumenta en contra del separatismo o las realidades generizadas separadas, se\u00f1alando que no existe raz\u00f3n \u201cpara creer en una polaridad sexual que trascienda la distinci\u00f3n fisiol\u00f3gica\u201d (Jaggar 1974, 283). La obra de la psic\u00f3loga Carol Gilligan tiene, por lo tanto, una gran influencia en las fil\u00f3sofas interesadas precisamente en la evidencia de diferencias sustanciales entre sexos con respecto al razonamiento moral, a pesar de que la propia Gilligan no describe estas diferencias como polares. En su obra emblem\u00e1tica, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">In a Different Voice: Psychological Theory and Women&#8217;s Development <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(1982), Gilligan rebate los planteamientos sobre el desarrollo moral que no tienen en cuenta las experiencias morales de las ni\u00f1as (18-19), o que describen a las mujeres como estancadas en un estadio interpersonal que no alcanza el pleno desarrollo moral, como en las teor\u00edas de Lawrence Kohlberg (30). Gilligan argumenta que Kohlberg prioriza err\u00f3neamente una \u201cmoralidad de derechos\u201d y la independencia de los dem\u00e1s como algo mejor que, en lugar de simplemente diferente a, una \u201cmoralidad de responsabilidad\u201d y de relaciones \u00edntimas con los dem\u00e1s (19).<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">La investigaci\u00f3n de Gilligan sigue la l\u00ednea de Nancy Chodorow al sugerir que, para los chicos y los hombres, \u201cla separaci\u00f3n y la individuaci\u00f3n est\u00e1n estrechamente ligadas a la identidad de g\u00e9nero\u201d (Gilligan 1982, 8). Asimismo, el desarrollo de la masculinidad suele implicar la valoraci\u00f3n de la autonom\u00eda, los derechos, la desconexi\u00f3n de los dem\u00e1s y la independencia, al mismo tiempo que se considera a las dem\u00e1s personas y a las relaciones \u00edntimas como peligros u obst\u00e1culos para la consecuci\u00f3n de esos valores. Esta perspectiva se conoce como la \u201cperspectiva de la justicia\u201d (Held 1995; Blum 1988). Las mujeres, en los estudios de Gilligan, eran tan propensas a expresar la perspectiva de la justicia como a expresar una perspectiva que valoraba la intimidad, la responsabilidad, las relaciones y el cuidado de los dem\u00e1s, mientras que ve\u00edan la autonom\u00eda como \u201cla b\u00fasqueda ilusoria y peligrosa\u201d (Gilligan 1982, 48), en tensi\u00f3n con los valores del apego. Esta perspectiva se conoce como la perspectiva del \u201ccuidado\u201d (Friedman 1991; Driver 2005).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las fil\u00f3sofas que aplican los resultados emp\u00edricos de Gilligan a la teor\u00eda \u00e9tica difieren sobre el papel que debe desempe\u00f1ar la perspectiva del cuidado en las recomendaciones normativas. La influyente obra de Nel Noddings, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Caring: A Feminine Approach to Ethics and Moral Education<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1984), defiende la preferencia moral de una perspectiva del cuidado tanto femenina y \u2014tal como ella se\u00f1ala expl\u00edcitamente m\u00e1s tarde\u2014 como feminista (Noddings 2013, xxiv), orientando a los agentes morales a centrarse en las necesidades de aquellas personas a las que una cuida en contextos relacionales, antes que en principios abstractos y universales. Al igual que sus predecesoras hist\u00f3ricas mencionadas antes, Noddings hace hincapi\u00e9 en lo femenino \u201cpara dirigir la atenci\u00f3n hacia siglos de una experiencia que es m\u00e1s propia de las mujeres que de los hombres\u201d (xxiv), en parte para corregir el grado en el que \u201cla voz de la madre ha sido silenciada\u201d (1). La teor\u00eda normativa de Noddings respalda el valor moral de la parcialidad que justifica dar prioridad a las relaciones interpersonales frente a conexiones m\u00e1s distantes. Las diferentes aplicaciones de la perspectiva del cuidado de Virginia Held (1993; 2006) y Joan Tronto (1993) respaldan el cuidado como algo social y pol\u00edtico en lugar de limitarse a las relaciones interpersonales, y sugieren que una \u00e9tica del cuidado proporciona una v\u00eda para lograr mejores sociedades, as\u00ed como un mejor trato a los otros distantes. Tanto Held como Sara Ruddick (1989) instan a que se produzcan cambios societales para dar prioridad a las vulnerabilidades de la ni\u00f1ez y a las perspectivas de las madres como correctivos necesarios ante la negligencia moral y pol\u00edtica de las pol\u00edticas que garantizar\u00edan el bienestar de las personas vulnerables en relaciones que requieren cuidados. Esta preocupaci\u00f3n se desarrolla a\u00fan m\u00e1s en la atenci\u00f3n que presta Eva Feder Kittay a las personas cuidadoras como \u201cdependientes secundarias\u201d o \u201cderivativas\u201d (1999). En la teor\u00eda normativa y la \u00e9tica aplicada, las relaciones en el trabajo de cuidado y las relaciones de cuidado en el lugar de trabajo han recibido m\u00e1s atenci\u00f3n en la filosof\u00eda del siglo XXI que antes, puesto que el reconocimiento de las demandas \u00e9ticas de las profesiones de prestaci\u00f3n de apoyo relacional y centradas en el cliente o de ayuda se ve influido por las variaciones de la \u00e9tica del cuidado (Kittay 1999; Feder y Kittay 2002; Tronto 2005; Lanoix 2010; Reiheld 2015).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Robin Dillon se\u00f1ala que \u201cla \u00e9tica del cuidado fue durante alg\u00fan tiempo el enfoque dominante en la \u00e9tica feminista y, por lo tanto, en los debates feministas sobre la virtud\u201d (2017b, 574). Si bien la \u00e9tica del cuidado sigue estando fuertemente asociada con la \u00e9tica feminista, el trabajo de Gilligan en psicolog\u00eda y el de Noddings en filosof\u00eda fueron inmediatamente impugnados (Superson 2012). Algunas eticistas feministas han argumentado que la \u00e9tica del cuidado valoriza la agobiante historia de la feminidad asociada con el cuidado (Card 1996). La compleja historia de la feminidad y las pr\u00e1cticas de cuidado se configuraron en contextos de opresi\u00f3n que pueden permitir un \u201cda\u00f1o moral\u201d a la agencia de las mujeres (Tessman 2005). Si esa pesada historia femenina incluye la atenci\u00f3n a relaciones particulares a expensas de la atenci\u00f3n a instituciones sociales m\u00e1s amplias y a la injusticia pol\u00edtica sistem\u00e1tica, entonces la \u00e9tica del cuidado corre el riesgo de carecer de una visi\u00f3n feminista orientada a cambiar las formas sistem\u00e1ticas e institucionales de opresi\u00f3n (Hoagland 1990; Bell 1993). Otras preocupaciones sobre la \u00e9tica del cuidado incluyen si el cuidado unidireccional permite la explotaci\u00f3n de las personas cuidadoras (Houston 1990; Card 1990; Davion 1993), y si dicho cuidado excluye las responsabilidades morales hacia personas extra\u00f1as a quienes podemos afectar sin conocerlas de manera interpersonal (Card 1990), arriesg\u00e1ndonos as\u00ed a una \u00e9tica insular que ignora las realidades pol\u00edticas y materiales (Hoagland 1990). Otra preocupaci\u00f3n es si corremos el riesgo de generalizar para todas las mujeres el hecho de que algunas de ellas prioricen los cuidados, lo que no considera el complejo pluralismo de las voces de muchas mujeres (Moody-Adams 1991). Por \u00faltimo, la preocupaci\u00f3n por los sentimientos m\u00e1s amables y bondadosos de las mujeres puede impedir que se preste atenci\u00f3n a la capacidad de las mujeres para hacer da\u00f1o y cometer injusticias \u2014especialmente las injusticias derivadas del privilegio racial y de clase\u2014 o desviar la atenci\u00f3n de todo ello (Spelman 1991).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las cr\u00edticas mencionadas tienden a surgir de la idea de que es problem\u00e1tico que una \u00e9tica del cuidado se base en considerar valiosa la feminidad. Sugieren que las perspectivas feministas cr\u00edticas nos obligan a dudar del valor de la feminidad. Sin embargo, sigue siendo controvertido si la feminidad se define necesariamente en relaci\u00f3n con la masculinidad y, por lo tanto, es una perspectiva inaut\u00e9ntica o insuficientemente cr\u00edtica para la \u00e9tica feminista, o si la feminidad es una contribuci\u00f3n distintiva de agentes morales a un proyecto feminista que rechaza o corrige algunos de los errores y excesos de los legados de la masculinidad (Irigaray 1985; Harding 1987; Tong 1993; Bartky 1990).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"2.3h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.3. Interseccionalidad<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una manera en la que algunas fil\u00f3sofas proponen resolver la posible tensi\u00f3n entre las concepciones de feminidad y feminismo es aportar enfoques interseccionales a la cuesti\u00f3n acerca de la feminidad de qui\u00e9n se est\u00e1 hablando. La preocupaci\u00f3n de que la feminidad sea antit\u00e9tica a una perspectiva feminista cr\u00edtica parece presuponer una concepci\u00f3n de la feminidad como pasiva, amable, obediente, emocional y dependiente, en contraste con una concepci\u00f3n de la masculinidad como su opuesto. En una tradici\u00f3n filos\u00f3fica dominada por fil\u00f3sofos blancos y masculinos, describir la feminidad como necesariamente lo opuesto a la propia concepci\u00f3n de la masculinidad en un binario de g\u00e9nero tiene un sentido limitado. Sin embargo, las estudiosas de la interseccionalidad se\u00f1alan que las identidades no son binarias: \u201cla masculinidad y la feminidad en juego no est\u00e1n racialmente desmarcadas (Si bien solo sea por la raz\u00f3n de que el g\u00e9nero nunca est\u00e1 racialmente desmarcado)\u201d (James 2013, 752). Las ideas de las fil\u00f3sofas del feminismo negro, la interseccionalidad, la teor\u00eda queer, la teor\u00eda cr\u00edtica de la raza, los estudios sobre discapacidad y el transfeminismo, entre otros, contribuyen a la idea de que no existe una definici\u00f3n universal de feminidad o de la categor\u00eda \u201cmujer\u201d que se aplique claramente a todas las mujeres. Algunas de estas fil\u00f3sofas sugieren que las experiencias morales y valorativas distintivas de las mujeres y de las personas de todos los g\u00e9neros pueden ser injustamente ignoradas o negadas por una concepci\u00f3n de la mujer o de la feminidad que resulta ser blanca, capacitista y cisg\u00e9nero (Crenshaw 1991; Collins 1990; Wendell 1996; hooks 1992; Tremain 2000; Serano 2007; McKinnon 2014). Los enfoques interseccionales rechazan los binarios como \u201cmasculinidad\/feminidad\u201d que tienden a asumir las posiciones sociales de las personas privilegiadas como gen\u00e9ricas. Como m\u00ednimo, la interseccionalidad es \u201cla forma predominante de conceptualizar la relaci\u00f3n entre los sistemas de opresi\u00f3n que construyen nuestras m\u00faltiples identidades y nuestras ubicaciones sociales en t\u00e9rminos de jerarqu\u00edas de poder y privilegio\u201d, ofreciendo un correctivo a las historias de exclusiones en la teor\u00eda feminista (Carastathis 2014, 304).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar de que se pueden encontrar ideas interseccionales en las obras de escritoras incluso de un pasado lejano, el predominio de la interseccionalidad en la \u00e9tica feminista actual se debe en gran medida a las feministas negras y a las te\u00f3ricas cr\u00edticas de la raza, quienes fueron las primeras en defender la importancia de la interseccionalidad (Crenshaw 1989; Collins 1990; Gines 2014; Bailey 2009). Kimberl\u00e9 Crenshaw describe la interseccionalidad en diferentes sentidos: como una experiencia, un enfoque y un problema (Crenshaw 1989; Crenshaw 1991). La descripci\u00f3n de Crenshaw de la interseccionalidad como experiencia incluye los fen\u00f3menos de las pr\u00e1cticas opresivas y los da\u00f1os que se producen en, y debido a, las intersecciones de aspectos de la identidad. Por ejemplo, cuando a los hombres negros, pero no a una mujer, se les permit\u00eda trabajar en una f\u00e1brica de General Motors, y a las mujeres blancas, pero no una negra, se les permit\u00eda trabajar en la plantilla de secretarias de General Motors, las mujeres negras eran discriminadas como mujeres negras. Es decir, no se les permit\u00eda tener ning\u00fan trabajo en General Motors por vivir en una intersecci\u00f3n de categor\u00edas de identidad que se tratan por separado en la ley (Crenshaw 1989). La descripci\u00f3n de Crenshaw de la interseccionalidad como un enfoque incluye centrarse en las vidas y testimonios de las personas cuyas experiencias de vivir en intersecciones de opresiones han sido ignoradas o negadas en las teor\u00edas filos\u00f3ficas y pol\u00edticas tradicionales (Crenshaw 1989; Crenshaw 1991; hooks 1984; Dotson 2014; Lorde 1990; Lugones 1987; Lugones 2014). La descripci\u00f3n que Crenshaw hace de la interseccionalidad como problema incluye la opci\u00f3n de desbaratar la visi\u00f3n tradicional de las experiencias de las mujeres negras, y ofrecer las experiencias y los enfoques antes mencionados como desaf\u00edos a la doctrina de que la discriminaci\u00f3n se produce solo a lo largo de un eje de identidad (Crenshaw 1989, 141). Se busca la interseccionalidad en aras de ampliar la comprensi\u00f3n de las diferencias y dar cuenta de las experiencias de personas de las que antes se hablaba, si es que se hablaba, en lugar de ser consultadas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No todas las fil\u00f3sofas que aprecian las ideas de la interseccionalidad est\u00e1n de acuerdo en si aporta una metodolog\u00eda distinta o un punto de partida para una mejor investigaci\u00f3n, o una mejor concepci\u00f3n de las experiencias de opresi\u00f3n (Khader 2013; Garry 2011). Serene Khader sugiere que las teor\u00edas interseccionales \u201cest\u00e1n unidas por una cr\u00edtica de lo que Crenshaw (1991) llama modelos &#8216;aditivos&#8217; de identidad\u201d, los cuales asumen que las personas ubicadas en intersecciones de categor\u00edas de identidad tradicionalmente oprimidas est\u00e1n \u201cnecesariamente peor que la persona que enfrenta una sola opresi\u00f3n\u201d, como si cada dimensi\u00f3n en la que una pueda ser oprimida fuera f\u00e1cilmente separable en categor\u00edas tradicionalmente concebidas de manera aislada (Khader 2013, 75). Por el contrario, \u201clas te\u00f3ricas de la interseccionalidad sostienen que las opresiones a las que se enfrentan las m\u00faltiples mujeres oprimidas se co-constituyen entre s\u00ed y sit\u00faan a esas mujeres de tal manera que los intentos de promover los intereses de &#8216;todas las mujeres&#8217; pueden fracasar a la hora de promover los suyos\u201d (Khader 2013, 75).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La interseccionalidad no est\u00e1 exenta de cr\u00edticas en la \u00e9tica feminista. Por ejemplo, Naomi Zack (2005) sostiene que un enfoque interseccional de conceptos como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">mujer <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">demuestra con \u00e9xito los problemas del esencialismo con respecto a la naturaleza de las mujeres, pero degrada la categor\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">mujer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, \u201cmultiplicando los ejes de an\u00e1lisis y, por lo tanto, las categor\u00edas de g\u00e9nero, m\u00e1s all\u00e1 de lo necesario\u201d (Bailey 2009, 21) hasta un punto que puede fragmentar los intentos de defender a las mujeres (Zack 2005; Ludvig 2006; Sengupta 2006). Algunas feministas que apoyan la interseccionalidad han respondido a las preocupaciones de Zack argumentando que conceptos cotidianos como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">mujer<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> incluyen una serie de identidades, incluidas identidades de g\u00e9nero distintas que tienen un parecido familiar e incluyen una serie de manifestaciones (Garry 2011). Otras feministas han respondido a las preocupaciones de Zack por el movimiento feminista o la solidaridad argumentando a favor de las posibilidades de trabajar en coaliciones que no requieren una coincidencia ampliamente compartida, y optan para trabajar con el fin de aprender de y sobre posiciones de diferencia, y cultivando m\u00e1s humildad y menos arrogancia en la teorizaci\u00f3n (Lorde 1984; Lugones 1987; Reagon 2000; Bailey 2009; Carastathis 2014; Sheth 2014; Ru\u00edz y Dotson 2017). Otras eticistas feministas plantean tensiones en la teor\u00eda interseccional que no pretenden socavar el enfoque, sino pedir que se elaboren sus detalles, incluida su propia definici\u00f3n (Nash 2008). Sin embargo, el inter\u00e9s de estas clarificaciones puede reflejar tradiciones que la interseccionalidad busca desbaratar, puesto que esta se plantea en el contexto de una b\u00fasqueda de justificaci\u00f3n, h\u00e1bitos de oposici\u00f3n y un sentido estrecho del trabajo de definici\u00f3n que es t\u00edpico en filosof\u00eda, un campo que tiene fama de carecer de aprecio por las profesionales diversas (Dotson 2013).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"2.4h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.4. Cr\u00edticas y ampliaciones feministas de las teor\u00edas morales tradicionales<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si hay algo en com\u00fan entre todas las eticistas feministas mencionadas, es su inter\u00e9s en provocar la reconsideraci\u00f3n de las teor\u00edas \u00e9ticas que no se percataron o no se preocuparon cuando la perspectiva del fil\u00f3sofo objeto de la cr\u00edtica se tom\u00f3 por una verdad gen\u00e9rica sobre la teor\u00eda moral o por una descripci\u00f3n g\u00e9nero-espec\u00edfica y falsa de la naturaleza humana. Elena Flores Ru\u00edz observa que \u201cla filosof\u00eda profesional <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">camina dormida<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">; sus pr\u00e1cticas son\u00e1mbulas se pasean en silencio, vigilando puestos de control sin la carga de la conciencia de sus acciones y pr\u00e1cticas\u201d (2014, 199). En otras palabras, los fil\u00f3sofos han presumido en ocasiones que hablan a nombre de muchos sin prestar suficiente atenci\u00f3n a sus propias presunciones. La afirmaci\u00f3n de Ru\u00edz es similar a la observaci\u00f3n de Rosemarie Tong, formulada d\u00e9cadas atr\u00e1s, acerca de que la teor\u00eda \u00e9tica tradicional demuestra \u201cuna somnolienta falta de atenci\u00f3n a las preocupaciones de las mujeres\u201d (1993, 160). La incitaci\u00f3n a estar alertas es evidente en las cr\u00edticas que plantean las feministas a las teor\u00edas \u00e9ticas tradicionales como la deontolog\u00eda, el consecuencialismo, la teor\u00eda del contrato social y la \u00e9tica de la virtud. Algunas eticistas feministas extienden con simpat\u00eda el trabajo can\u00f3nico a preocupaciones que los te\u00f3ricos masculinos no abordaron, mientras que otras eticistas feministas rechazan rotundamente las teor\u00edas \u00e9ticas tradicionales porque estas se basan en una concepci\u00f3n de la agencia moral o del valor moral con la que no est\u00e1n de acuerdo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><a name=\"2.4.1h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.4.1. Deontolog\u00eda, derechos y deberes<\/span><\/h4>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas eticistas feministas apoyan las teor\u00edas morales deontol\u00f3gicas sobre la base de que conceder a las mujeres \u2014que han sido subordinadas en las esferas privada y p\u00fablica\u2014 los mismos derechos que se conceden habitualmente a los hombres en posiciones de poder, permitir\u00eda la libertad y el florecimiento de las mujeres, especialmente en contextos de liberalismo pol\u00edtico. Las eticistas feministas llevan mucho tiempo argumentando que deber\u00edamos reconocerles a las mujeres las mismas capacidades de agencia moral y extenderles a ellas derechos humanos (Astell 1694; Wollstonecraft 1792; Stanton [1848] 1997; Mill [1869] 1987; Nussbaum 1999; Baehr 2004; Stone- Mediatore 2004; Hay 2013). Si bien se basan en los marcos existentes del liberalismo, la teor\u00eda de los derechos y la deontolog\u00eda, las eticistas feministas han defendido la concesi\u00f3n de derechos all\u00ed donde anteriormente se hab\u00edan desatendido (Brennan 2010). Han defendido los derechos en las cuestiones de emancipaci\u00f3n (Truth [1867] 1995), reproducci\u00f3n (Steinbock 1994), aborto (Thomson 1971), integridad corporal (Varden 2012), sexualidad de las mujeres y las personas no heterosexuales (Goldman 2012; Cuomo 2007), acoso sexual (Superson 1993), pornograf\u00eda (Easton 1995), violencia contra las mujeres (Dauer y G\u00f3mez 2006), violaci\u00f3n (MacKinnon 2006) y m\u00e1s. Pese a reconocer los l\u00edmites de la universalidad de las experiencias de las mujeres, las fil\u00f3sofas feministas han defendido los derechos humanos globales como una reparaci\u00f3n de la opresi\u00f3n y deshumanizaci\u00f3n generizada (Cudd 2005; Meyers 2016).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las cr\u00edticas feministas a los marcos centrados en el deber, o deontolog\u00eda, incluyen aquellas articuladas por autoras de la \u00e9tica del cuidado, quienes argumentan en contra de una \u00e9tica del deber, especialmente la \u00e9tica kantiana, por varios motivos. En primer lugar, afirman que procede de principios absolutistas y universales que se priorizan indebidamente por sobre la consideraci\u00f3n de los contextos materiales que configuran las experiencias, particularidades y relaciones corporeizadas. En segundo lugar, afirman que separa de forma inexacta las capacidades para la racionalidad de las capacidades para la emoci\u00f3n, y que describe err\u00f3neamente estas \u00faltimas como poco informativas o sin valor en t\u00e9rminos morales, muy probablemente debido a su asociaci\u00f3n tradicional con las mujeres o la feminidad (Noddings 1984; Held 1993; Slote 2007). Adem\u00e1s, es probable que una \u00e9tica del deber idealice en exceso las capacidades de racionalidad y de elecci\u00f3n de los agentes morales (Tronto 1995; Tessman 2015). Algunas eticistas feministas adoptan modos de obligaci\u00f3n pero rechazan la deontolog\u00eda kantiana cuando niega la posibilidad de dilemas morales (Tessman 2015). Las feministas que sostienen que los deberes se construyen socialmente, y no <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">a priori,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> fundamentan la naturaleza de las obligaciones en las pr\u00e1cticas normativas del mundo no-ideal (Walker 1998; Walker 2003).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las feministas transnacionales, las estudiosas de la interseccionalidad y las feministas poscoloniales argumentan que las feministas defensoras de los derechos humanos globales imponen rutinariamente sus propias expectativas culturales y pr\u00e1cticas regionales a las mujeres que supuestamente son objeto de su preocupaci\u00f3n (Mohanty 1997; Narayan 1997; Narayan 2002; Silvey 2009; Narayan 2013; Khader 2018a; Khader 2018b). Los an\u00e1lisis cr\u00edticos de las preocupaciones de algunas deont\u00f3logas feministas incluyen argumentos en el sentido de que la moral, los derechos y los deberes universales no son el mejor baluarte contra la condonaci\u00f3n relativista de todos y cada uno de los tratamientos posibles a las mujeres y las personas subordinadas (Khader 2018b) y sugieren que la defensa de los derechos humanos es quiz\u00e1s bien intencionada pero \u201cest\u00e1 enmara\u00f1ada con pre-compromisos imperialistas en el Occidente contempor\u00e1neo\u201d (Khader 2018a, 19).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><a name=\"2.4.2h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.4.2. Consecuencialismo y utilitarismo<\/span><\/h4>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Dado que John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill argumentaron tanto a favor del utilitarismo como en contra del sometimiento de la mujer, se podr\u00eda decir que ha habido feministas desde que hay utilitaristas. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Subjection of Women<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ([1869] 1987), Mill sostiene que el resultado deseable del progreso moral humano se ve obstaculizado generalmente por la subordinaci\u00f3n legal y social de la mujer. A\u00f1ade que no solo el car\u00e1cter moral personal de cada mujer, sino tambi\u00e9n el de cada hombre, se ven directamente perjudicados por la injusticia de los acuerdos sociales desiguales (Okin 2005). Mill manifiesta su especial preocupaci\u00f3n por el hecho de que \u201cel objetivo de ser atractiva para los hombres se hab\u00eda convertido&#8230; en la estrella polar de la educaci\u00f3n femenina y de la formaci\u00f3n del car\u00e1cter\u201d, una inmoral \u201cinfluencia sobre las mentes de las mujeres\u201d (Mill [1869] 1987, 28-29), as\u00ed como una inmoral influencia sobre el entendimiento de los ni\u00f1os y las ni\u00f1as que cr\u00edan esas mujeres. En consonancia con el principio utilitarista de que todo el mundo cuenta por igual y de que las preferencias de una persona no cuentan m\u00e1s que las de otra, Mill sostiene que hombres y mujeres son fundamentalmente iguales en sus capacidades para los placeres superiores e inferiores y, posiblemente, en sus responsabilidades e intereses (Mendus 1994). En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Enfranchisement of Women,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Harriet Taylor tambi\u00e9n aboga por la mejora moral de la humanidad en general y \u201cla elevaci\u00f3n del car\u00e1cter [y] del intelecto\u201d que permitir\u00eda a cada mujer y a cada hombre ser moralmente mejores y m\u00e1s felices, consideraciones que son coincidentes e importantes para Taylor (1998, 65).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las eticistas feministas contempor\u00e1neas que abordan el utilitarismo, ya sea critican el trabajo de Mill en particular (Annas 1977; Mendus 1994; Morales 2005) o defienden una versi\u00f3n feminista del consecuencialismo (Driver 2005; Gardner 2012), o aplican los objetivos consecuencialistas a cuestiones feministas (Tulloch 2005; Dea 2016b). Algunas feministas consecuencialistas ofrecen razones para pensar que el utilitarismo puede adecuarse a los objetivos feministas porque responde a la informaci\u00f3n emp\u00edrica, puede adecuarse al valor de las relaciones en las buenas vidas y puede apreciar las vulnerabilidades espec\u00edficas (Driver 2005).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entre las cr\u00edticas al utilitarismo se incluyen aquellas que se resisten espec\u00edficamente a la expectativa de imparcialidad utilitaria, en la medida en la que la imparcialidad en la toma de decisiones ignora las conexiones emocionales o las relaciones personales con seres particulares. Las feministas han formulado cr\u00edticas a la imparcialidad desde el punto de vista de la \u00e9tica del cuidado (Noddings 1984; Held 2006; Ruddick 1989), la \u00e9tica ecofeminista o medioambiental (Adams 1990; Donovan 1990; George 1994; Warren 2000) y la \u00e9tica social anal\u00edtica (Baier 1994; Friedman 1994). La imparcialidad puede dar lugar a requisitos inveros\u00edmiles para valorar el bienestar de todas las personas por igual, independientemente de los compromisos de cada quien, de las circunstancias materiales en un mundo no ideal o de las obligaciones de cuidado (Walker 1998; Walker 2003). La imparcialidad como una cualidad deseable de los agentes morales puede idealizar excesivamente la agencia moral (Tessman 2015) o suponer t\u00e1citamente una perspectiva sesgada a favor de los agentes adultos, racialmente privilegiados y masculinos en una esfera formal o p\u00fablica cuyas decisiones no se ven obstaculizadas por relaciones de poder desigual (Kittay 1999).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas feministas critican el consecuencialismo por no captar la naturaleza cualitativamente problem\u00e1tica de las opresiones que no son reducibles a da\u00f1os (Frye 1983; Card 1996; Young 2009). Por ejemplo, Card argumenta que incluso si cierto comportamiento no produce m\u00e1s da\u00f1o que bien, su simbolismo podr\u00eda violar la propia dignidad de una persona. Su ejemplo es el caso de las mujeres a las que se les prohibi\u00f3 el acceso a la Biblioteca de Derecho Lamont de Harvard, incluso cuando sus atentos condisc\u00edpulos varones les proporcionaban fotocopias de las lecturas del curso (2002, 104-105). Card tambi\u00e9n objeta por motivos rawlsianos que lo malo de la esclavitud no era el balance entre beneficios y perjuicios \u2014contra el consecuencialismo\u2014 sino el hecho de que las compensaciones nunca podr\u00edan justificar la esclavitud (2002, 57).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las feministas antiimperialistas y no occidentales argumentan que los puntos de vista de Mill en particular pretenden ser universales pero incluyen \u201cprejuicios y razonamientos instrumentales europeos occidentales\u201d que establecen \u201cmodelos ret\u00f3ricos problem\u00e1ticos para los argumentos sobre los derechos de las mujeres\u201d (Botting y Kronewitter 2012). Por ejemplo, Eileen Botting y Sean Kronewitter sostienen que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Subjection of Women<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> contiene varios ejemplos de movimientos ret\u00f3ricos primitivistas y orientalistas, como asociar \u201cla barbarie del matrimonio patriarcal con las culturas y religiones orientales\u201d (2012, 471). Critican tambi\u00e9n que Mill ofrezca argumentos instrumentales a favor de los derechos de la mujer, como favorecer la reducci\u00f3n del ego\u00edsmo del hombre y el aumento de la estimulaci\u00f3n intelectual del hombre en el matrimonio, as\u00ed como duplicar los recursos mentales para el servicio superior de la humanidad (2012, 470), sugiriendo que la liberaci\u00f3n de la mujer es secundaria con respecto a prop\u00f3sitos mayores.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><a name=\"2.4.3h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.4.3. Contractualismo moral\u00a0<\/span><\/h4>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas eticistas feministas defienden formas de \u00e9tica contractualista, es decir, la visi\u00f3n \u201cde que las normas morales derivan su fuerza normativa de la idea de contrato o acuerdo mutuo\u201d (Cudd y Eftekhari 2018). La \u00e9tica contractualista permite a los agentes morales evaluar cr\u00edticamente el valor de cualquier relaci\u00f3n, especialmente las relaciones familiares que pueden ser opresivas en dimensiones generizadas (Okin 1989; Hampton 1993; Sample 2002; Radzik 2005). Otras feministas contractualistas aprecian la teor\u00eda del contrato social de Hobbes por su aplicabilidad a las mujeres en situaci\u00f3n de vulnerabilidad. Por ejemplo, Jean Hampton respalda la opini\u00f3n de Hobbes de que \u201cno tienes ninguna obligaci\u00f3n de convertirte en presa de los dem\u00e1s\u201d (Hampton 1998, 236). Hampton combina ideas tanto de Kant como de Hobbes en su versi\u00f3n del contractualismo feminista, \u201cbas\u00e1ndose en el supuesto kantiano de que todas las personas tienen un valor intr\u00ednseco y, por lo tanto, sus intereses deben ser respetados\u201d (Superson 2012; v\u00e9ase tambi\u00e9n Richardson 2007). Podr\u00eda decirse que el contractualismo corrige graves injusticias y desigualdades atribuibles a las opresiones generizadas y a los males m\u00e1s graves que se construyen socialmente (Anderson 1999; Hartley y Watson 2010).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas feministas defienden la utilidad de la \u00e9tica contractualista para evaluar las propias preferencias adaptativas de una persona, es decir, \u201clas preferencias formadas en respuesta inconsciente a la opresi\u00f3n\u201d (Walsh 2015, 829). Por ejemplo, Mary Barbara Walsh sostiene que la teor\u00eda del contrato social modela \u201clas condiciones de la elecci\u00f3n aut\u00f3noma, la independencia y la reflexi\u00f3n dial\u00f3gica\u201d y, por lo tanto, \u201cexpone las preferencias que no cumplen\u201d las condiciones de autonom\u00eda. De este modo, el contractualismo feminista puede generar nuevas interpretaciones de los contratos sociales basadas en la apreciaci\u00f3n de las condiciones materiales, los compromisos y el consentimiento (Stark 2007; Welch 2012). Las feministas contractualistas, cuyas teor\u00edas morales est\u00e1n influidas por la filosof\u00eda pol\u00edtica de John Rawls, sugieren que su metodolog\u00eda, que implica razonar tras un velo de ignorancia con el fin de decidir qu\u00e9 normas son racionales para que las personas las acepten, promueve la valoraci\u00f3n cr\u00edtica de las preferencias que una no mantendr\u00eda en un mundo mejor (Richardson 2007, 414).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las feministas cr\u00edticas del contractualismo tambi\u00e9n manifiestan su preocupaci\u00f3n por las preferencias adaptativas. En condiciones reales, no ideales, en las que se desarrollan las personas y los grupos, las perspectivas dominantes y los acuerdos sociales opresivos pueden hacer que las personas lleguen a preferir cosas que de otro modo no preferir\u00edan, de modo que las preferencias resultantes, cuando se satisfacen, no son para el propio bien de la\u00a0 persona, e incluso pueden contribuir a la opresi\u00f3n de su grupo (Superson 2012). Las feministas que est\u00e1n preocupadas por el hecho de que no todos los agentes morales puedan dar su consentimiento de forma significativa a los contratos, se\u00f1alan ejemplos de mujeres a las que se les niega el acceso a la esfera p\u00fablica, al mercado, a la educaci\u00f3n y a la informaci\u00f3n (Held 1987; Pateman 1988). Otras se\u00f1alan que, tradicionalmente, la teor\u00eda del contrato social no ha prestado atenci\u00f3n a la inclusi\u00f3n de las necesidades de la ni\u00f1ez, las personas discapacitadas de la comunidad o sus cuidadoras (Held 1987; Kittay 1999; Edenberg y Friedman 2013). Las feministas cr\u00edticas del contractualismo tienden a defender tanto la plena consideraci\u00f3n de las necesidades que nacen de las diferencias entre cuerpos y ubicaciones sociales, como el rechazo a describir el g\u00e9nero, la corporeidad o la dependencia como una mera caracter\u00edstica secundaria irrelevante para lo que un cuerpo necesitado de cuidados requiere para florecer y, por lo tanto, lo que un \u201chombre razonable\u201d elegir\u00eda detr\u00e1s de un velo de ignorancia (Nussbaum 2006; Pateman y Mills 2007).\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><a name=\"2.4.4h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.4.4. \u00c9tica de la virtud\u00a0<\/span><\/h4>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas eticistas feministas sostienen que la \u00e9tica de la virtud, que se enfoca en vivir una vida buena o florecer, ofrece el mejor acercamiento para asegurar que la teor\u00eda \u00e9tica represente correctamente las condiciones que permiten a los cuerpos vulnerables florecer en contextos opresivos. Si bien la \u00e9tica de la virtud se asocia m\u00e1s notablemente con Arist\u00f3teles, cuyo agente idealizado y masculino generalmente no se considera paradigm\u00e1ticamente feminista (Berges 2015, 3-4), las feministas y sus precursoras se han comprometido cr\u00edticamente durante varios siglos con preguntas sobre qu\u00e9 virtudes y caracter\u00edsticas del car\u00e1cter promover\u00edan una vida buena en el contexto de lo que ahora describimos como la subordinaci\u00f3n de las mujeres. A las fil\u00f3sofas que defienden las virtudes \u00e9ticas feministas les preocupa que la opresi\u00f3n sexista suponga un reto para el ejercicio de las virtudes por parte de las mujeres y las personas no conformes con su g\u00e9nero. Robin Dillon observa que la \u00e9tica feminista de la virtud \u201cidentifica problemas relacionados con el car\u00e1cter en contextos de dominaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n y propone formas de abordar esos problemas, y tambi\u00e9n identifica problemas de teor\u00eda irreflexiva y propone alternativas conscientes del poder\u201d (2017a, 381). Debido a que la historia de la \u00e9tica de la virtud tradicional est\u00e1 cargada de caracterizaciones anteriores de las virtudes ya sea como generizadas o como universales pero menos accesibles para las mujeres, Dillon propone lo que ella llama \u201c\u00e9tica feminista cr\u00edtica del car\u00e1cter\u201d como una alternativa a la \u00e9tica feminista de la virtud (2017a, 380). Las defensoras de la \u00e9tica feminista de la virtud y de la \u00e9tica cr\u00edtica del car\u00e1cter toman en cuenta las relaciones del g\u00e9nero con las consideraciones sobre el car\u00e1cter, las virtudes, los vicios y las vidas buenas (Baier 1994; Card 1996; Cuomo 1998; Calhoun 1999; Dillon 2017a; Snow 2002; Tessman 2005; Green y Mews 2011; Berges 2015; Broad 2015; Harvey 2018).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al igual que la \u00e9tica del cuidado, la \u00e9tica de la virtud se describe a menudo como una teor\u00eda que no se atiene a principios abstractos y universales (Groenhout 2014), sino que reconoce \u201cque el razonamiento moral puede ser un fen\u00f3meno extraordinariamente complejo&#8230;, un punto de vista en el que lo que la vida \u00e9tica requiere de nosotras no puede ser codificado o reducido a un solo principio o conjunto de principios\u201d (Moody-Adams 1991, 209-210). Otro punto en com\u00fan entre el cuidado y la virtud, que es de inter\u00e9s para las feministas, es que \u201cla teor\u00eda de la virtud, al igual que la \u00e9tica del cuidado, rechaza una dicotom\u00eda simplista entre raz\u00f3n y emoci\u00f3n, y no parte del supuesto de que todos los seres humanos son esencialmente iguales\u201d (Groenhout 2014, 487). Las teor\u00edas \u00e9ticas de la virtud o el car\u00e1cter tienden a apreciar la importancia de las emociones y las relaciones interpersonales para el desarrollo moral de una persona. Algunas \u00e9ticas de la virtud tambi\u00e9n se centran en determinar qu\u00e9 oportunidades para la virtud est\u00e1n disponibles para las agentes en contextos sociales particulares, lo cual es \u00fatil en la \u00e9tica feminista cuando se trata de delinear nuestras responsabilidades como seres relacionales y como personajes que pueden exhibir vicios resultantes de la opresi\u00f3n (Bartky 1990; Potter 2001; Bell 2009; Tessman 2009a; Slote 2011; Boryczka 2012).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De hecho, la \u00e9tica del cuidado tiene tantas similitudes importantes con la \u00e9tica de la virtud que algunas autoras han argumentado que una \u00e9tica feminista del cuidado no es m\u00e1s que una forma o un subconjunto de la \u00e9tica de la virtud (Groenhout 1998; Slote 1998; McLaren 2001; Halwani 2003). Otras creen que, como m\u00ednimo, la \u00e9tica del cuidado y la \u00e9tica de la virtud deben retroalimentarse mutuamente y son compatibles entre s\u00ed (Benner 1997; Sander-Staudt 2006). Sin embargo, tambi\u00e9n en este punto discrepan las eticistas feministas. Algunas sostienen que agrupar el cuidado y la virtud podr\u00eda hacer que la complejidad de las experiencias morales y las respuestas morales disponibles fueran menos comprensibles en lugar de m\u00e1s articuladas (Groenhout 2014). Otras sugieren que esta consolidaci\u00f3n podr\u00eda pasar por alto importantes distinciones te\u00f3ricas, incluida la capacidad de la \u00e9tica de la virtud de ser g\u00e9nero neutra, mientras que la \u00e9tica del cuidado mantiene un compromiso con las experiencias corporeizadas, particulares y generizadas (Sander-Staudt 2006).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La \u00e9tica de la virtud ofrece m\u00e1s posibilidades para que la \u00e9tica feminista preste atenci\u00f3n a virtudes como la integridad y la valent\u00eda en contextos opresivos que la \u00e9tica del cuidado tiende a no priorizar (Davion 1993; Sander-Staudt 2006). La resistencia en s\u00ed misma puede ser una \u201cvirtud agobiada o sobrecargada\u201d, que es el t\u00e9rmino que utiliza Lisa Tessman para las virtudes que permiten a las agentes morales, incluso a aquellas da\u00f1adas por la opresi\u00f3n, soportar y resistir la opresi\u00f3n, permitiendo una forma de nobleza que no llega a la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">eudemon\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Tessman 2005). Tessman sostiene que cuando las agentes viven bajo condiciones de injusticia sist\u00e9mica, sus oportunidades de florecer se ven bloqueadas y sus b\u00fasquedas pueden ser incluso desesperanzadas. Ella sugiere que \u201clas virtudes agobiadas o sobrecargadas incluyen todos aquellos rasgos que contribuyen al florecimiento humano \u2014si es que logran hacerlo\u2014 solo porque permiten la supervivencia o la resistencia a la opresi\u00f3n&#8230;, mientras que en otros aspectos restan bienestar a su portadora, en algunos casos tan profundamente que puede decirse que su portadora lleva una vida miserable\u201d (Tessman 2005, 95). Las eticistas feministas han explorado las virtudes que permiten el tipo de \u201cflorecimiento condicionado\u201d que describe Tessman (2009, 14), ampliando el debate sobre las virtudes a aplicaciones espec\u00edficas en circunstancias no ideales en las que la vulnerabilidad es fundamental para la naturaleza de una agente moral (Nussbaum 1986; Card 1996; Walker 2003). Por ejemplo, las feministas han defendido virtudes singulares en contextos como la denuncia de irregularidades y la resistencia organizativa (DesAutels 2009), la atenci\u00f3n sanitaria (Tong 1998) y el activismo ecol\u00f3gico (Cuomo 1998). Las cr\u00edticas feministas a los l\u00edmites de la \u00e9tica de la virtud se\u00f1alan que su \u00e9nfasis en lo personal es potencialmente problem\u00e1tico cuando se trata de \u201cdar cuenta de la posibilidad de cr\u00edtica social y resistencia por parte del yo que est\u00e1 constituido por las mismas relaciones sociales y tradiciones culturales que ser\u00edan el blanco de su resistencia\u201d (Friedman 1993). La \u00e9tica de la virtud tambi\u00e9n puede incluir exigencias intrusivas para autoevaluar cada uno de los propios sentimientos o pr\u00e1cticas hasta un punto que, por ejemplo, una \u00e9tica del deber no requerir\u00eda (Conly 2001). Algunas eticistas del cuidado, entre las que destaca Nel Noddings (1984), sostienen que la \u00e9tica de la virtud puede ser excesivamente egoc\u00e9ntrica y no prestar atenci\u00f3n al punto de vista del otro; asimismo, ubica la motivaci\u00f3n moral en concepciones racionales, abstractas e idealizadas de la vida buena antes que en la fuente natural de la motivaci\u00f3n moral que se genera en los encuentros con personas particulares.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"2.5h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">2.5. Rechazos al absolutismo: pragmatismo, feminismo transnacional y teor\u00eda no-ideal\u00a0<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tal como se desprende de lo anterior, la \u00e9tica feminista no es monol\u00edtica. En ocasiones, las feministas se han enfrentado por ser esencialistas o antiesencialistas. Algunas obras feministas est\u00e1n escritas por integrantes de grupos privilegiados, mientras que otras est\u00e1n escritas por miembros de grupos marginados y responden a sus preocupaciones. Algunas feministas han situado la solidaridad en la comunalidad, mientras que otras abogan por la coalici\u00f3n ante la presencia de la interseccionalidad. Los diferentes enfoques feministas de la \u00e9tica plantean cuestiones sobre si la \u00e9tica feminista puede ser universalista o absolutista. Las feministas han observado que al igual que algunos hombres en la historia de la filosof\u00eda han universalizado falsamente a partir de su propia experiencia para describir las experiencias de todos los seres humanos, algunas feministas han asumido falsas categor\u00edas universales de mujeres o feministas que eluden las diferencias entre las mujeres o presuponen que hablan por todas las mujeres (Grimshaw 1996; Herr 2014; Tremain 2015). En relaci\u00f3n con esto, algunas fil\u00f3sofas feministas han criticado el absolutismo en la teor\u00eda de la \u00e9tica, es decir, la priorizaci\u00f3n de aplicaciones rigurosas de principios a situaciones \u00e9ticas independientemente de las particularidades del contexto o las motivaciones de los personas afectadas, en parte porque el absolutismo, como el universalismo, toma las prioridades de las absolutistas como racionales para todas (Noddings 1984; Baier 1994). Las eticistas feministas que han respaldado visiones de los derechos humanos universales como liberadores para todas las mujeres, han sido criticadas por otras feministas por participar en el absolutismo de maneras que pueden prescribir soluciones para las mujeres en diferentes lugares y situaciones sociales, en lugar de prestar atenci\u00f3n a las perspectivas de las mujeres descritas como necesitadas de tales derechos (Khader 2018b; Herr 2014).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La asociaci\u00f3n predominante de la \u00e9tica feminista con una \u00e9tica del cuidado, que es dicot\u00f3mica con las teor\u00edas \u00e9ticas tradicionales en muchos niveles, junto con d\u00e9cadas de cr\u00edticas feministas al trabajo de los te\u00f3ricos absolutistas can\u00f3nicos, podr\u00eda llevar a la percepci\u00f3n de que la \u00e9tica feminista se opone fundamentalmente al universalismo y al absolutismo en la \u00e9tica. Esta percepci\u00f3n, sin embargo, no est\u00e1 integrada en la naturaleza de la \u00e9tica feminista, que ha sido empleada para comprender, criticar y corregir el papel del g\u00e9nero en nuestras creencias y pr\u00e1cticas morales por deontologistas, utilitaristas, contractualistas y eticistas de la virtud, quienes sostienen que algunos principios universales o requisitos absolutos son b\u00e1sicos para sus puntos de vista. Sin embargo, es evidente que la preponderancia de la producci\u00f3n acad\u00e9mica en la \u00e9tica feminista tiende a dar prioridad a todo lo que sigue: los contextos morales en los que operan agentes situados de forma diferente y agentes generizados de manera diferente, el testimonio y las perspectivas de la agente situada, las relaciones de poder y las relaciones pol\u00edticas que se manifiestan en los encuentros morales, las vulnerabilidades de las actoras corporeizados que dan lugar a una pluralidad de enfoques de las situaciones \u00e9ticas, y los grados de agencia o capacidad que est\u00e1n moldeados por las experiencias relacionadas con la opresi\u00f3n y la misoginia. Estas prioridades no suelen desembocar en el relativismo, aunque sin duda se alejan de formas r\u00edgidas de absolutismo. La \u00e9tica feminista se expresa a menudo en formas moralmente plurales, incluyendo el pragmatismo (Hamington y Bardwell-Jones 2012), el transnacionalismo (Jaggar 2013; Herr 2014; McLaren 2017; Khader 2018b), la teor\u00eda no ideal (Mills 2005; Schwartzman 2006; Tessman 2009b; Norlock 2016) y la teor\u00eda de la discapacidad (Wendell 1996; Garland- homson 2011; Tremain 2015).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","class_list":["post-2134","enciclopedia_virtual","type-enciclopedia_virtual","status-publish","hentry"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.0 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u00c9tica feminista - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/etica-feminista\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u00c9tica feminista - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La \u00e9tica feminista tiene como objetivo \u201ccomprender, criticar y corregir\u201d c\u00f3mo opera el g\u00e9nero dentro de nuestras creencias y pr\u00e1cticas morales (Lindemann 2005, 11), as\u00ed como en nuestros enfoques metodol\u00f3gicos de la teor\u00eda \u00e9tica. 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