{"id":2142,"date":"2025-09-12T21:36:50","date_gmt":"2025-09-13T02:36:50","guid":{"rendered":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/?post_type=enciclopedia_virtual&#038;p=2142"},"modified":"2025-09-22T13:39:18","modified_gmt":"2025-09-22T18:39:18","slug":"perspectivas-feministas-acerca-del-poder","status":"publish","type":"enciclopedia_virtual","link":"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-del-poder\/","title":{"rendered":"Perspectivas feministas acerca del poder"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque cualquier definici\u00f3n general del feminismo sin duda ser\u00eda pol\u00e9mica, parece innegable que gran parte del trabajo en la teor\u00eda feminista se dedica a tareas como criticar la subordinaci\u00f3n de las mujeres, analizar las intersecciones entre el sexismo y otras formas de subordinaci\u00f3n \u2014como el racismo, la heteronormatividad y la opresi\u00f3n de clase\u2014, as\u00ed como a imaginar las posibilidades tanto individuales como colectivas de resistir dicha subordinaci\u00f3n. En la medida en que el concepto de poder es central para cada una de estas tareas te\u00f3ricas, el poder es claramente tambi\u00e9n un concepto clave para la teor\u00eda feminista. Sin embargo, curiosamente, no es un tema que se discuta expl\u00edcitamente con frecuencia en el trabajo feminista (con algunas excepciones como Allen 1998, 1999; Caputi 2013; Hartsock 1983 y 1996; Yeatmann 1997 y Young 1992). Esto plantea un desaf\u00edo para evaluar las perspectivas feministas sobre el poder, ya que dichas perspectivas deben ser primero reconstruidas a partir de discusiones sobre otros temas. No obstante, es posible identificar tres formas principales en las que las feministas han conceptualizado el poder: como un recurso a ser (re)distribuido, como dominaci\u00f3n y como empoderamiento. Tras una breve discusi\u00f3n sobre los debates te\u00f3ricos entre te\u00f3ricos sociales y pol\u00edticos en torno a c\u00f3mo definir el concepto de poder, esta entrada presentar\u00e1 un recorrido por cada una de estas concepciones feministas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"indice\"><\/a><b>\u00cdndice<\/b><\/h2>\n<p><a href=\"#1h\">1. La definici\u00f3n del poder<\/a><br \/>\n<a href=\"#2h\">2. El poder como recurso: enfoques feministas liberales<\/a><br \/>\n<a href=\"#3h\">3. El poder como dominaci\u00f3n<\/a><br \/>\n<a href=\"#3.1h\">3.1. Enfoques feministas fenomenol\u00f3gicos<\/a><br \/>\n<a href=\"#3.2h\">3.2. Enfoques feministas radicales<\/a><br \/>\n<a href=\"#3.3h\">3.3. Enfoques feministas socialistas<\/a><br \/>\n<a href=\"#3.4h\">3.4. Enfoques interseccionales<\/a><br \/>\n<a href=\"#3.5h\">3.5. Enfoques feministas postestructuralistas<\/a><br \/>\n<a href=\"#3.6h\">3.6. Enfoques feministas anal\u00edticos<\/a><br \/>\n<a href=\"#4h\">4. El poder como empoderamiento<\/a><br \/>\n<a href=\"#5h\">5. Reflexiones finales<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"1h\"><\/a><b>1. La definici\u00f3n del poder<\/b><\/h2>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la teor\u00eda social y pol\u00edtica, el poder suele ser considerado como un concepto esencialmente controvertido (v\u00e9anse Lukes 1974 y 2005, y Connolly 1983). Si bien esta afirmaci\u00f3n es en s\u00ed misma controvertida (v\u00e9anse Haugaard 2010; Morriss 2002, 199-206 y Wartenberg 1990, 12-17), no cabe duda de que la literatura sobre el poder est\u00e1 marcada por desacuerdos profundos, generalizados y aparentemente intrincados sobre c\u00f3mo debe entenderse este t\u00e9rmino.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Uno de estos desacuerdos enfrenta a los que definen el poder como conseguir que otra persona haga lo que uno quiere que haga, es decir, como un ejercicio de poder-sobre, contra los que lo definen como una habilidad o una capacidad para actuar, es decir, como un poder-hacer algo. La formulaci\u00f3n cl\u00e1sica de la primera definici\u00f3n la ofrece Max Weber, quien define el poder como \u201cla probabilidad de que un actor dentro de una relaci\u00f3n social est\u00e9 en condiciones de llevar a cabo su propia voluntad a pesar de la resistencia&#8230;\u201d (1978, 53). Del manera similar, Robert Dahl ofrece lo que denomina una \u201cidea intuitiva del poder\u201d, seg\u00fan la cual \u201cA tiene poder sobre B en la medida en la que puede conseguir que B haga algo que de otro modo no har\u00eda\u201d (1957, 202-03). La definici\u00f3n de Dahl provoc\u00f3 un intenso debate que se prolong\u00f3 hasta mediados de los a\u00f1os 1970, pero incluso los cr\u00edticos m\u00e1s conocidos de Dahl parec\u00edan estar de acuerdo con su definici\u00f3n b\u00e1sica del poder como ejercicio de poder-sobre (v\u00e9anse Bachrach y Baratz 1962 y Lukes 1974). Como se\u00f1ala Steven Lukes, la visi\u00f3n unidimensional de Dahl sobre el poder, la visi\u00f3n bidimensional de Bachrach y Baratz y su propia visi\u00f3n tridimensional son todas variaciones de \u201cla misma concepci\u00f3n subyacente del poder, seg\u00fan la cual A ejerce poder sobre B cuando A afecta a B de manera contraria a los intereses de B\u201d (1974, 30). De manera similar, pero desde un trasfondo te\u00f3rico muy diferente, el muy influyente an\u00e1lisis de Michel Foucault presupone que el poder es una especie de poder-sobre, y dice: \u201csi hablamos de las estructuras o los mecanismos de poder, es solo en la medida en la que suponemos que ciertas personas ejercen el poder sobre otras\u201d (1983, 217). Obs\u00e9rvese que se presentan dos caracter\u00edsticas destacadas en esta definici\u00f3n del poder: el poder se entiende en t\u00e9rminos de relaciones de poder-sobre y se define en t\u00e9rminos de su ejercicio real.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las articulaciones cl\u00e1sicas de esta \u00faltima definici\u00f3n de poder (como poder-para) las ofrece Thomas Hobbes \u2014el poder es el \u201cmedio actual del que dispone una persona&#8230; para obtener alg\u00fan Bien aparente futuro\u201d (Hobbes 1985 (1641), 150)\u2014 y Hannah Arendt \u2014el poder es \u201cla capacidad humana no solo de actuar sino de actuar en conjunto\u201d (1970, 44)\u2014. Argumentando a favor de esta forma de conceptualizar el poder, Hanna Pitkin anota que el poder est\u00e1 relacionado etimol\u00f3gicamente con la palabra francesa <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pouvoir<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y la latina <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">potere<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, ambas de las cuales significan ser capaz. \u201cEso sugiere\u201d, ella escribe, \u201cque el poder es un algo \u2014cualquier cosa\u2014 que hace que alguien sea capaz o est\u00e9 en posibilidad de hacer algo. El poder es la capacidad, el potencial, la habilidad o los medios\u201d (1972, 276). De manera similar, Peter Morriss (2002) y Lukes (2005) definen el poder como un concepto disposicional, lo que significa, como dice Lukes, que el poder \u201ces una potencialidad, no una realidad \u2014en efecto, una potencialidad que puede que nunca se ejecute (2005, 69)<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014. (Esta afirmaci\u00f3n representa una importante revisi\u00f3n del anterior an\u00e1lisis de Lukes sobre el poder, en el que argumentaba en contra de definir el poder como poder-para sobre la base de que tal definici\u00f3n encubre \u201cel aspecto conflictivo del poder, el hecho de que se ejerce sobre las personas\u201d y, por lo tanto, no aborda lo que m\u00e1s nos importa cuando decidimos estudiar el poder (1974, 31). Para una \u00fatil discusi\u00f3n sobre si la reciente adopci\u00f3n de Lukes de la concepci\u00f3n disposicional del poder es compatible con sus otras dedicaciones te\u00f3ricas, v\u00e9ase Haugaard (2010)). Algunos de los te\u00f3ricos que analizan el poder como poder-para dejan totalmente fuera de su an\u00e1lisis el poder-sobre. Por ejemplo, Arendt distingue rotundamente el poder de la autoridad, la fuerza y la violencia, y ofrece un planteamiento normativo en el que el poder se entiende como un fin en s\u00ed mismo (1970). Tal como ha argumentado J\u00fcrgen Habermas, esto tiene el efecto de excluir de su an\u00e1lisis cualquier interpretaci\u00f3n estrat\u00e9gica del poder (en la que el poder se entiende en el sentido weberiano de imponer la propia voluntad sobre otro) (Habermas 1994). (Si bien Arendt define el poder como una capacidad, tambi\u00e9n sostiene que \u201cel poder surge entre los hombres cuando act\u00faan juntos y se desvanece en el momento en que se dispersan\u201d (1958, 200); por lo tanto, no queda claro si acepta plenamente una visi\u00f3n disposicional del poder). Otros sugieren que ambos aspectos del poder son importantes, pero centran su atenci\u00f3n en el poder-sobre (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">e.g.,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Connolly 1993) o en el poder-para (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">e.g.,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> Morriss 2002). Otros incluso definen el poder-sobre como un tipo particular de capacidad, a saber, la capacidad de imponer la propia voluntad a los dem\u00e1s; desde este punto de vista, el poder-sobre es una forma derivada del poder-para (Allen 1999, Lukes 2005). Sin embargo, otros han argumentado que el poder-sobre y el poder-para se refieren a significados fundamentalmente diferentes de la palabra \u201cpoder\u201d y que es un error intentar desarrollar una explicaci\u00f3n del poder que integre estos dos conceptos (Pitkin 1972, Wartenberg 1990).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otra forma de agrupar la literatura filos\u00f3fica relativa al poder es distinguir entre las concepciones te\u00f3ricas-de-la-acci\u00f3n del poder \u2014es decir, las que definen el poder en t\u00e9rminos de las acciones o de las habilidades disposicionales de actores particulares\u2014 y las concepciones sist\u00e9micas o constitutivas m\u00e1s amplias del poder \u2014es decir, las que ven el poder como estructurador sistem\u00e1tico de las posibilidades de acci\u00f3n o, m\u00e1s enf\u00e1ticamente, como constituyente de los actores y del mundo social en el que act\u00faan\u2014. En esta forma de distinguir diversas concepciones del poder, Hobbes y Weber est\u00e1n en el mismo lado, ya que ambos entienden el poder en t\u00e9rminos principalmente instrumentalistas, individualistas y de teor\u00eda de la acci\u00f3n (Saar 2010, 10). La concepci\u00f3n sist\u00e9mica, por el contrario, ve el poder como \u201clas maneras en las que los sistemas sociales dados confieren diferenciales de poder disposicional a los agentes, estructurando as\u00ed sus posibilidades de acci\u00f3n\u201d (Haugaard 2010, 425; v\u00e9ase Clegg 1989). La concepci\u00f3n sist\u00e9mica destaca, por lo tanto, las maneras en las que amplias fuerzas hist\u00f3ricas, pol\u00edticas, econ\u00f3micas, culturales y sociales permiten a algunos individuos ejercer el poder sobre otros, o inculcan ciertas habilidades y disposiciones en algunos actores pero no en otros. No obstante, Saar sostiene que la concepci\u00f3n sist\u00e9mica del poder debe entenderse no como una alternativa a la concepci\u00f3n te\u00f3rica de la acci\u00f3n del poder, sino como una variante m\u00e1s compleja y sofisticada de ese modelo; porque, como dice, su \u201cescenario b\u00e1sico sigue siendo individualista a nivel metodol\u00f3gico: el poder opera sobre los individuos en tanto que individuos, en forma de una \u2018puesta en acci\u00f3n\u2019 o determinaci\u00f3n externa\u201d (Saar 2010, 14).\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La concepci\u00f3n constitutiva del poder, por el contrario, se centra en las formas fundamentalmente transindividuales y relacionales en las que los individuos y los mundos sociales que habitan est\u00e1n ellos mismos constituidos por las relaciones de poder. Las ra\u00edces de esta concepci\u00f3n constitutiva se remontan a Spinoza (2002a y 2002b), y se hallan tambi\u00e9n en la obra de te\u00f3ricos m\u00e1s contempor\u00e1neos como Arendt y Foucault. En este punto es importante se\u00f1alar que la obra de Foucault sobre el poder contiene tanto una vertiente te\u00f3rica de la acci\u00f3n como otra constitutiva. La primera vertiente es evidente en su afirmaci\u00f3n, citada anteriormente, de que \u201csi hablamos de las estructuras o los mecanismos del poder, es solo en la medida en la que suponemos que ciertas personas ejercen el poder sobre otras\u201d (Foucault 1983, 217), mientras que la segunda vertiente es evidente en su definici\u00f3n del poder como \u201cla multiplicidad de relaciones de fuerza inmanentes a la esfera en la que operan y que constituyen su propia organizaci\u00f3n; como los procesos que, a trav\u00e9s de incesantes luchas y enfrentamientos, las transforman, fortalecen o invierten;&#8230; formando as\u00ed una cadena o sistema\u201d (Foucault 1979, 92).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfA qu\u00e9 se debe la naturaleza tan controvertida del concepto de poder? Una de las explicaciones es que la forma en la que conceptualizamos el poder viene determinada por los intereses pol\u00edticos y te\u00f3ricos que traemos al estudio del poder (Lukes 1986, Said 1986). Por ejemplo, los te\u00f3ricos democr\u00e1ticos est\u00e1n interesados en cosas diferentes cuando estudian el poder que los te\u00f3ricos del movimiento social o los te\u00f3ricos cr\u00edticos de la raza o los te\u00f3ricos postcoloniales, etc. Desde este punto de vista, una conceptualizaci\u00f3n espec\u00edfica del poder podr\u00eda ser m\u00e1s o menos \u00fatil dependiendo del contexto disciplinario o te\u00f3rico espec\u00edfico en el que se despliegue, donde la utilidad se eval\u00faa en t\u00e9rminos de cu\u00e1n bien \u201ccumple la tarea que los te\u00f3ricos se proponen\u201d (Haugaard 2010, 426). Desde este punto de vista, si suponemos que las feministas que abordan el tema del poder est\u00e1n interesadas en comprender y criticar las relaciones de dominaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n basadas en el g\u00e9nero, en la medida en la que estas se entrecruzan con otros ejes de opresi\u00f3n, e igualmente interesadas en pensar c\u00f3mo se pueden transformar dichas relaciones mediante la resistencia individual y colectiva, entonces concluir\u00edamos que las concepciones espec\u00edficas del poder deber\u00edan evaluarse en funci\u00f3n de cu\u00e1n bien permiten a las feministas lograr tales objetivos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lukes sugiere otra explicaci\u00f3n, m\u00e1s radical, sobre la naturaleza esencialmente controversial del concepto de poder: nuestras concepciones del poder est\u00e1n, seg\u00fan \u00e9l, moldeadas por las relaciones de poder. Como dice, \u201cla manera en la que pensamos acerca del poder puede servir para reproducir y reforzar las estructuras y relaciones de poder o, por el contrario, puede desafiarlas y subvertirlas. Puede contribuir a que sigan funcionando o puede desenmascarar sus principios de funcionamiento, cuya eficacia aumenta al quedar ocultos. En la medida en la que esto es as\u00ed, las cuestiones conceptuales y metodol\u00f3gicas son ineludiblemente pol\u00edticas y, por lo tanto, lo que significa \u2018poder\u2019 es \u2018esencialmente controversial\u2019&#8230;\u201d (Lukes 2005, 63). La idea de que las propias concepciones del poder est\u00e1n moldeadas por las relaciones de poder se encuentra detr\u00e1s de la afirmaci\u00f3n, hecha por muchas feministas, de que la influyente concepci\u00f3n del poder como poder-sobre es en s\u00ed misma un producto de la dominaci\u00f3n masculina (para m\u00e1s informaci\u00f3n, v\u00e9ase la secci\u00f3n 4 m\u00e1s adelante).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"2h\"><\/a><b>2. El poder como recurso: enfoques feministas liberales<\/b><\/h2>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quienes conceptualizan el poder como un recurso, lo entienden como un bien social positivo que en la actualidad est\u00e1 desigualmente distribuido entre mujeres y hombres. Para las feministas que entienden el poder de esta manera, el objetivo es redistribuir este recurso para que las mujeres tengan un poder igual al de los hombres. En este punto de vista est\u00e1 impl\u00edcito el supuesto de que el poder es \u201cuna especie de cosa que puede ser pose\u00edda por los individuos en mayor o menor medida\u201d (Young 1990, 31).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La concepci\u00f3n del poder como recurso puede encontrarse en la obra de algunas feministas liberales (Mill 1970, Okin 1989). Por ejemplo, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Justice, Gender, and the Family<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Susan Moller Okin sostiene que la familia contempor\u00e1nea, estructurada en funci\u00f3n del g\u00e9nero, distribuye injustamente los beneficios y las cargas de la vida familiar entre maridos y esposas. Okin incluye el poder en su lista de beneficios, que denomina \u201cbienes sociales cr\u00edticos\u201d. Como ella dice, \u201ccuando examinamos seriamente la distribuci\u00f3n entre maridos y esposas de bienes sociales cr\u00edticos como el trabajo (remunerado y no remunerado), el poder, el prestigio, la autoestima, las oportunidades de autodesarrollo y la seguridad tanto f\u00edsica como econ\u00f3mica, encontramos desigualdades socialmente construidas a trav\u00e9s de toda la lista\u201d (Okin, 1989, 136). En este caso, Okin parece presuponer que el poder es un recurso que est\u00e1 distribuido de forma desigual e injusta entre hombres y mujeres; por lo tanto, uno de los objetivos del feminismo ser\u00eda el de redistribuir este recurso de maneras m\u00e1s equitativas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque ella no discute expl\u00edcitamente el trabajo de Okin, Iris Marion Young argumenta en contra de esta forma de entender el poder, a la que se refiere como modelo distributivo del poder. En primer lugar, Young sostiene que es un error pensar en el poder como una especie de cosa que se puede poseer; en su opini\u00f3n, el poder es una relaci\u00f3n, no una cosa que se pueda distribuir o redistribuir. En segundo lugar, afirma que el modelo distributivo tiende a presuponer una comprensi\u00f3n di\u00e1dica y atomista del poder; como resultado, no logra iluminar los contextos sociales, institucionales y estructurales m\u00e1s amplios que dan forma a las relaciones individuales de poder. Seg\u00fan Young, esto hace que el modelo distributivo no sea \u00fatil para comprender las caracter\u00edsticas estructurales de la dominaci\u00f3n. En tercer lugar, el modelo distributivo concibe el poder en t\u00e9rminos est\u00e1ticos, como un patr\u00f3n de distribuci\u00f3n, mientras que Young, siguiendo a Foucault (1980), afirma que el poder solo existe en la acci\u00f3n y, por lo tanto, debe entenderse de forma din\u00e1mica, como existente en procesos o interacciones en curso. Por \u00faltimo, Young sostiene que el modelo distributivo del poder tiende a considerar la dominaci\u00f3n como la concentraci\u00f3n de poder en manos de unos pocos. Seg\u00fan Young, aunque este modelo puede ser apropiado para algunas formas de dominaci\u00f3n, no lo es para las formas que adopta la dominaci\u00f3n en las sociedades industriales contempor\u00e1neas como la de Estados Unidos (Young 1990a, 31-33). En su opini\u00f3n, en las sociedades industriales contempor\u00e1neas, el poder est\u00e1 \u201campliamente disperso y [es] difuso\u201d y, sin embargo, es cierto que \u201clas relaciones sociales est\u00e1n estrechamente definidas por la dominaci\u00f3n y la opresi\u00f3n\u201d (Young 1990a, 32-33).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"3h\"><\/a><b>3. El poder como dominaci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La cr\u00edtica de Young al modelo distributivo apunta a una forma alternativa de conceptualizar el poder, una que lo entiende no como un recurso o un bien social cr\u00edtico, sino como una relaci\u00f3n de dominaci\u00f3n. Si bien las feministas han utilizado a menudo una variedad de t\u00e9rminos para referirse a este tipo de relaci\u00f3n \u2014incluyendo \u201copresi\u00f3n\u201d, \u201cpatriarcado\u201d, \u201csujeci\u00f3n\u201d, etc.\u2014, el hilo com\u00fan en estos an\u00e1lisis es una comprensi\u00f3n del poder no solo como poder-sobre, sino como un tipo espec\u00edfico de relaci\u00f3n de poder-sobre, a saber, una que es injusta o ileg\u00edtima. En lo que sigue, utilizo el t\u00e9rmino \u201cdominaci\u00f3n\u201d simplemente para referirme a estas relaciones de poder-sobre injustas u opresivas. En la siguiente secci\u00f3n, discuto las formas espec\u00edficas en las que las feministas con diferentes compromisos pol\u00edticos y filos\u00f3ficos \u2014influenciadas por la fenomenolog\u00eda, el feminismo radical, el feminismo socialista, el feminismo interseccional, el postestructuralismo y la filosof\u00eda anal\u00edtica\u2014 han conceptualizado la dominaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"3.1h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">3.1. Enfoques feministas fenomenol\u00f3gicos\u00a0<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El locus cl\u00e1sico de los enfoques fenomenol\u00f3gicos feministas para teorizar la dominaci\u00f3n masculina es <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Second Sex<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Simone de Beauvoir. El texto de Beauvoir ofrece un brillante an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n de las mujeres: las condiciones sociales, culturales, hist\u00f3ricas y econ\u00f3micas que definen su existencia. El diagn\u00f3stico b\u00e1sico de Beauvoir sobre la situaci\u00f3n de las mujeres se basa en la distinci\u00f3n entre el ser para s\u00ed \u2014la subjetividad autoconsciente que es capaz de libertad y trascendencia\u2014 y el ser en s\u00ed \u2014lo no autoconsciente que es incapaz de libertad y est\u00e1 sumido en la inmanencia\u2014. Beauvoir sostiene que, mientras los hombres han asumido el estatus de sujeto trascendente, las mujeres han sido relegadas al estatus del Otro inmanente. Como dice en un famoso pasaje de la Introducci\u00f3n a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Second Sex<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cElla se define y se diferencia con referencia al hombre y no \u00e9l con referencia a ella; ella es lo incidental, lo inesencial como opuesto a lo esencial. \u00c9l es el Sujeto, \u00e9l es el Absoluto \u2014ella es lo Otro\u201d (Beauvoir, xxii) \u2014. Esta distinci\u00f3n \u2014entre el hombre como Sujeto y la mujer como Otro\u2014 es la clave para la comprensi\u00f3n que tiene Beauvoir de la dominaci\u00f3n o la opresi\u00f3n. Ella escribe: \u201ccada vez que la trascendencia recae en la inmanencia, en el estancamiento, hay una degradaci\u00f3n de la existencia hacia el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u2018en-soi\u2019<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u2014la vida bruta de la sujeci\u00f3n ante las condiciones dadas\u2014 y de la libertad hacia la coacci\u00f3n y la contingencia. Esta degradaci\u00f3n representa una falta moral si el sujeto la consiente; si se le inflige, significa frustraci\u00f3n y opresi\u00f3n. En ambos casos es un mal absoluto\u201d (Beauvoir, xxxv). Aunque Beauvoir sugiere que las mujeres son en parte responsables de someterse al estatus del Otro con el fin de evitar la angustia de la existencia aut\u00e9ntica (de ah\u00ed que ellas tengan mala fe) (v\u00e9ase Beauvoir xxvii), sostiene que las mujeres est\u00e1n oprimidas porque se ven obligadas a asumir el estatus del Otro, conden\u00e1ndose a la inmanencia (xxxv). As\u00ed, la situaci\u00f3n de las mujeres est\u00e1 marcada por una tensi\u00f3n b\u00e1sica entre la trascendencia y la inmanencia; como seres humanos autoconscientes, son capaces de trascender, pero se ven obligadas a la inmanencia por las condiciones culturales y sociales que les niegan esa trascendencia (v\u00e9ase Beauvoir, cap\u00edtulo 21).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En tiempos m\u00e1s recientes, las fenomen\u00f3logas feministas se han comprometido cr\u00edticamente con el trabajo pionero de Beauvoir y, al hacerlo, han ampliado sus ideas sobre el poder. Por ejemplo, Iris Young sostiene que Beauvoir presta relativamente poca atenci\u00f3n al papel que desempe\u00f1a la corporeizaci\u00f3n femenina en la opresi\u00f3n de las mujeres (Young 1990b, 142-3). Aunque Beauvoir s\u00ed habl\u00f3 del cuerpo de la mujer en relaci\u00f3n con su estatus de Otro inmanente, tiende a centrarse en la fisiolog\u00eda de la mujer y en c\u00f3mo las caracter\u00edsticas fisiol\u00f3gicas, como la menstruaci\u00f3n y el embarazo, vinculan a la mujer m\u00e1s estrechamente con la naturaleza y, por lo tanto, con la inmanencia. En su ensayo \u201cThrowing Like a Girl\u201d, Young se basa en el an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico del cuerpo vivido propuesto por Maurice Merleau-Ponty para analizar \u201cla situacionalidad del movimiento corporal real de la mujer y su orientaci\u00f3n hacia su entorno y su mundo\u201d (Young 1990b, 143). Se\u00f1ala que las ni\u00f1as y las mujeres a menudo no utilizan plenamente el potencial espacial de sus cuerpos (por ejemplo, lanzan como ni\u00f1as), intentan no ocupar demasiado espacio y tienden a abordar la actividad f\u00edsica de forma tentativa e incierta (Young 1990b, 145-147). Young sostiene que el comportamiento corporal, el movimiento y la orientaci\u00f3n espacial femeninos exhiben la misma tensi\u00f3n entre la trascendencia y la inmanencia que Beauvoir diagnostica en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Second Sex.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u201cEn la ra\u00edz de esas modalidades\u201d, escribe Young, \u201cest\u00e1 el hecho de que la mujer vive su cuerpo como objeto y como sujeto. La fuente de esto es que la sociedad patriarcal define a la mujer como objeto, como mero cuerpo, y que en la sociedad sexista las mujeres son de hecho frecuentemente consideradas por los dem\u00e1s como objetos y meros cuerpos\u201d (Young 1990b, 155). Sin embargo, las mujeres tambi\u00e9n son sujetos y, por lo tanto, no pueden pensarse a s\u00ed mismas como meros objetos corporales. En consecuencia, la mujer \u201cno puede estar en unidad consigo misma\u201d (Young 1990b, 155). Young explora con m\u00e1s detalle la tensi\u00f3n entre la trascendencia y la inmanencia y la falta de unidad caracter\u00edstica de la subjetividad femenina en otros ensayos que exploran la corporeizaci\u00f3n del\u00a0 embarazo, la experiencia de la mujer con su ropa y la experiencia con su seno (v\u00e9ase Young 1990b, cap\u00edtulos 9-11).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Gran parte de los trabajos importantes de la fenomenolog\u00eda feminista siguen a Young al inspirarse en los an\u00e1lisis de Merleau-Ponty sobre la corporeizaci\u00f3n y la intercorporalidad (v\u00e9anse Heinamaa 2003, Weiss 1999); al igual que Young, estas autoras utilizan un enfoque merleau-pontyano de la fenomenolog\u00eda para explorar las modalidades fundamentales de la corporeizaci\u00f3n femenina o el comportamiento corporal femenino. Las feministas tambi\u00e9n han extra\u00eddo de la obra de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenolog\u00eda, recursos \u00fatiles para la fenomenolog\u00eda feminista (Al-Saji 2010 y Oksala 2016).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En t\u00e9rminos m\u00e1s generales, el trabajo reciente de Oksala defiende la importancia de la fenomenolog\u00eda feminista como una exploraci\u00f3n de la experiencia generizada frente a las cr\u00edticas postestructuralistas que consideran dicho proyecto como irremediablemente esencialista. Aunque Oksala reconoce que el esencialismo es un peligro que se encuentra en algunos trabajos de la fenomenolog\u00eda feminista \u2014por ejemplo, critica a Sonia Kruks (2001) por \u201cconsiderar la \u2018experiencia femenina\u2019 como algo dado, irreductible, basado en un cuerpo femenino\u201d (Oksala 2016, 72)\u2014, insiste tambi\u00e9n en que un an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico de la experiencia es crucial para el feminismo. Tal como ella expresa, \u201csostengo que la teor\u00eda feminista debe \u2018recuperar la experiencia\u2019, pero esto no puede significar un retorno a una experiencia femenina prediscursiva basada en los elementos comunes de la corporeizaci\u00f3n de las mujeres\u201d (40). Desde su punto de vista, la experiencia siempre se construye de tal manera que \u201crefleja los discursos opresivos y las relaciones de poder\u201d (43); no obstante, la experiencia y el pensamiento o el discurso no son coextensivos. Esto quiere decir que siempre existe una brecha entre nuestra experiencia personal y las representaciones ling\u00fc\u00edsticas que empleamos para dar sentido a esa experiencia, y es esta brecha la que brinda el espacio para el cuestionamiento y la cr\u00edtica. Por lo tanto, concluye Oksala, \u201clas experiencias pueden cuestionar los discursos incluso si, o precisamente porque, son conceptuales de principio a fin\u201d (50). Seg\u00fan Oksala, la experiencia desempe\u00f1a un papel crucial en el reforzamiento y la reproducci\u00f3n de las relaciones de poder opresivas, pero la reflexi\u00f3n radical sobre nuestra experiencia abre un espacio para la resistencia individual y colectiva a esas relaciones de poder y para lograr su transformaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para otros an\u00e1lisis feministas-fenomenol\u00f3gicos de la dominaci\u00f3n, v\u00e9anse Bartky 1990, 2002, Bordo 1993 y Kruks 2001. Para una visi\u00f3n general reciente del estado actual de la fenomenolog\u00eda feminista, v\u00e9anse Fisher y Embree 2000, y Heinamaa y Rodemeyer 2010. Para una articulaci\u00f3n muy influyente de la fenomenolog\u00eda queer, basada en la obra de Husserl, Heidegger, Merleau-Ponty y Fanon, v\u00e9ase Ahmed (2006). Para un an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico convincente de la transexualidad, v\u00e9ase Salamon (2010).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"3.2h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">3.2. Enfoques feministas radicales<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A diferencia de las feministas liberales, que ven el poder como un recurso social positivo que debe ser distribuido equitativamente, y de las fenomen\u00f3logas feministas, que entienden la dominaci\u00f3n en t\u00e9rminos de una tensi\u00f3n entre trascendencia e inmanencia, las feministas radicales tienden a entender el poder en t\u00e9rminos de relaciones di\u00e1dicas de dominaci\u00f3n\/subordinaci\u00f3n, a menudo comprendidas por analog\u00eda con la relaci\u00f3n entre amo y esclavo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por ejemplo, en la obra de la te\u00f3rica del derecho Catharine MacKinnon, la dominaci\u00f3n est\u00e1 estrechamente ligada a su concepci\u00f3n de la diferencia de g\u00e9nero. Seg\u00fan MacKinnon, la diferencia de g\u00e9nero es simplemente el efecto reificado de la dominaci\u00f3n. Seg\u00fan ella, \u201cla diferencia es el guante de terciopelo del pu\u00f1o de hierro de la dominaci\u00f3n\u201d. El problema no es que no se valoren las diferencias; el problema es que est\u00e1n definidas por el poder\u201d (MacKinnon 1989, 219). Si la diferencia de g\u00e9nero es en s\u00ed misma una funci\u00f3n de la dominaci\u00f3n, entonces la implicaci\u00f3n es que los hombres son poderosos y las mujeres carecen de poder por definici\u00f3n. Como dice MacKinnon, \u201cmujeres\/hombres es una distinci\u00f3n no solo de diferencia, sino de poder y carencia de poder&#8230;. El poder\/carencia de poder es la diferencia de sexo\u201d (MacKinnon 1987, 123). (En este pasaje, MacKinnon pasa por alto la distinci\u00f3n, articulada por muchas feministas de la segunda ola, entre el sexo \u2014los rasgos biol\u00f3gicamente arraigados que hacen de una persona un hombre o una mujer, rasgos que a menudo se suponen naturales e inmutables\u2014 y el g\u00e9nero \u2014los rasgos, caracter\u00edsticas, disposiciones y pr\u00e1cticas social y culturalmente arraigadas, por lo tanto contingentes y mutables, que hacen de una persona una mujer o un hombre\u2014. Este pasaje sugiere que MacKinnon, al igual que Judith Butler (1990) y otros cr\u00edticos de la distinci\u00f3n entre sexo y g\u00e9nero, piensa que la diferencia de sexo, al igual que la diferencia de g\u00e9nero, se construye socialmente y est\u00e1 moldeada por las relaciones de poder). Si los hombres son poderosos y las mujeres carecen de poder como tales, entonces la dominaci\u00f3n masculina es, desde este punto de vista, omnipresente. De hecho, MacKinnon afirma que es un \u201checho b\u00e1sico de la supremac\u00eda masculina\u201d que \u201cninguna mujer escapa al significado de ser mujer dentro de un sistema social de g\u00e9nero, y la desigualdad basada en el sexo no solo es omnipresente, sino que puede ser universal (en el sentido de que nunca ha dejado de serlo de alguna forma\u201d (MacKinnon 1989, 104- 05). Para MacKinnon, el coito heterosexual es el paradigma de la dominaci\u00f3n masculina; como ella dice, \u201cla relaci\u00f3n social entre los sexos est\u00e1 organizada de manera tal que los hombres puedan dominar y las mujeres deban someterse y esta relaci\u00f3n es sexual \u2014de hecho, es sexo\u2014\u201d (MacKinnon 1987, 3). En consecuencia, ella tiende a presuponer una concepci\u00f3n di\u00e1dica de la dominaci\u00f3n, una seg\u00fan la cual las mujeres individuales est\u00e1n sometidas a la voluntad de los hombres individuales. Si la dominaci\u00f3n masculina es omnipresente y las mujeres carecen de poder por definici\u00f3n, entonces se deduce que el poder femenino es \u201cuna contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos, socialmente hablando\u201d (MacKinnon 1987, 53). La afirmaci\u00f3n de que el poder femenino es una contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos ha llevado a muchas feministas a criticar a MacKinnon porque niega la agencia de las mujeres y las presenta como v\u00edctimas indefensas (para una versi\u00f3n paradigm\u00e1tica de esta cr\u00edtica, v\u00e9ase Butler 1997).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De manera similar, Marilyn Frye ofrece un an\u00e1lisis feminista radical del poder que parece presuponer un modelo di\u00e1dico de dominaci\u00f3n. Frye identifica varias caras del poder, siendo una de las m\u00e1s importantes el acceso. Frye se\u00f1ala que \u201cel poder total es el acceso incondicional; la carencia total de poder es ser incondicionalmente accesible. La creaci\u00f3n y manipulaci\u00f3n del poder est\u00e1 constituida por la manipulaci\u00f3n y el control del acceso\u201d (Frye 1983, 103). Si el acceso es una de las caras m\u00e1s importantes del poder, entonces el separatismo feminista, en tanto es una forma de negar el acceso al cuerpo de las mujeres, el apoyo emocional, el trabajo dom\u00e9stico, y as\u00ed por el estilo, representan un profundo desaf\u00edo al poder masculino. Por esta raz\u00f3n, Frye sostiene que todo feminismo que se precie conlleva alguna forma de separatismo. Sugiere tambi\u00e9n que esta es la verdadera raz\u00f3n por la que los hombres se molestan tanto por los actos de separatismo: \u201csi est\u00e1s haciendo algo que est\u00e1 tan estrictamente prohibido por los patriarcas, debes estar haciendo algo bien\u201d (Frye 1983, 98). Frye compara con frecuencia la dominaci\u00f3n masculina con una relaci\u00f3n amo\/esclavo (v\u00e9ase, por ejemplo, 1983, 103-105), y define la opresi\u00f3n como \u201cun sistema de barreras y fuerzas interrelacionadas que reducen, inmovilizan y moldean a las personas que pertenecen a un determinado grupo, y hacen efectiva su subordinaci\u00f3n a otro grupo (de forma individual a los individuos del otro grupo, y como grupo, a ese grupo)\u201d (Frye 1983, 33). Adem\u00e1s del acceso, Frye habla de la definici\u00f3n como otra cara, relacionada, del poder. Frye afirma que \u201clos poderosos normalmente determinan lo que se dice y lo que es decible\u201d (105). Por ejemplo, \u201ccuando el Secretario de Defensa llama a algo negociaci\u00f3n de paz&#8230; entonces lo que sea que haya llamado negociaci\u00f3n de paz es una instancia de la negociaci\u00f3n de paz\u201d (105). Bajo condiciones de subordinaci\u00f3n, las mujeres normalmente no tienen el poder de definir los t\u00e9rminos de su situaci\u00f3n, pero al controlar el acceso, argumenta Frye, pueden empezar a afirmar el control sobre su propia autodefinici\u00f3n. Ambas cosas \u2014el control del acceso y la definici\u00f3n\u2014 son formas de tomar el poder. Si bien no va tan lejos como lo hace MacKinnon al afirmar que el poder femenino es una contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos, Frye afirma que \u201csi hay algo que a las mujeres les inquieta es en realidad tomar el poder\u201d (Frye 1983, 107).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Puede decirse que una concepci\u00f3n di\u00e1dica similar de la dominaci\u00f3n masculina se encuentra en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Sexual Contract<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1988) de Carole Pateman (aunque en otros aspectos la obra de Pateman podr\u00eda describirse con mayor precisi\u00f3n como socialista-feminista en lugar de radical-feminista). Al igual que MacKinnon, Pateman sostiene que la diferencia de g\u00e9nero est\u00e1 constituida por la dominaci\u00f3n; en sus propias palabras, \u201cla construcci\u00f3n patriarcal de la diferencia entre masculinidad y feminidad es la diferencia pol\u00edtica entre libertad y sujeci\u00f3n\u201d (Pateman 1988, 207). Tambi\u00e9n afirma que la dominaci\u00f3n masculina es omnipresente, y apela expl\u00edcitamente a un modelo de amo\/s\u00fabdito para entenderla; como dice, \u201cen la sociedad civil moderna todos los hombres son considerados lo suficientemente buenos como para ser los amos de las mujeres\u201d (Pateman 1988, 219). Desde el punto de vista de Pateman, el contrato social que inicia la sociedad civil y proporciona el ejercicio leg\u00edtimo de los derechos pol\u00edticos, es tambi\u00e9n un contrato sexual que establece lo que ella llama \u201cla ley del derecho sexual masculino\u201d, asegurando el acceso sexual masculino a, y el dominio sobre, las mujeres (1988, 182). Como ha argumentado Nancy Fraser, desde el punto de vista de Pateman, el contrato sexual \u201cinstituye una serie de d\u00edadas amo\/s\u00fabdito masculino\/femenino\u201d (Fraser 1993, 173). Fraser es muy cr\u00edtica del an\u00e1lisis de Pateman, al que denomina \u201cmodelo de amo\/s\u00fabdito\u201d, un modelo que presenta la subordinaci\u00f3n de la mujer \u201cante todo como la condici\u00f3n de estar sujeta al mando directo de un hombre individual\u201d (1993, 173). El problema con este planteamiento di\u00e1dico de la subordinaci\u00f3n de la mujer, seg\u00fan Fraser, es que \u201cla desigualdad de g\u00e9nero se est\u00e1 transformando hoy en d\u00eda por el cambio de las relaciones di\u00e1dicas de dominio y sujeci\u00f3n a mecanismos estructurales m\u00e1s impersonales que se viven a trav\u00e9s de formas culturales m\u00e1s fluidas\u201d (1993, 180). Fraser sugiere que, para entender la subordinaci\u00f3n de las mujeres en las sociedades occidentales contempor\u00e1neas, las feministas tendr\u00e1n que ir m\u00e1s all\u00e1 del modelo de amo\/s\u00fabdito para analizar c\u00f3mo se garantiza la subordinaci\u00f3n de las mujeres a trav\u00e9s de normas culturales, pr\u00e1cticas sociales y otros mecanismos estructurales impersonales. (Para la respuesta de Pateman a la cr\u00edtica de Fraser, v\u00e9ase Pateman y Mills (2007, 205-06)).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"3.3h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">3.3. Enfoques feministas socialistas\u00a0<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seg\u00fan el planteamiento marxista tradicional del poder, la dominaci\u00f3n se entiende seg\u00fan el modelo de explotaci\u00f3n de clase; la dominaci\u00f3n resulta de la apropiaci\u00f3n capitalista de la plusval\u00eda que producen los trabajadores. Sin embargo, tal como han se\u00f1alado muchas cr\u00edticas feministas de la segunda ola con respecto a Marx, las categor\u00edas de Marx no tienen en cuenta el g\u00e9nero (v\u00e9ase, por ejemplo, Firestone 1970, Hartmann 1980, Hartsock 1983, Rubin 1976). Marx ignora las formas en las que la explotaci\u00f3n de clase y la subordinaci\u00f3n de g\u00e9nero est\u00e1n entrelazadas; como se centra \u00fanicamente en la producci\u00f3n econ\u00f3mica, Marx pasa por alto el trabajo reproductivo de las mujeres en el hogar y la explotaci\u00f3n de este trabajo en los modos de producci\u00f3n capitalistas. Como resultado de esta ceguera de g\u00e9nero, las feministas socialistas han argumentado que el an\u00e1lisis de Marx sobre la dominaci\u00f3n de clase debe complementarse con una cr\u00edtica feminista radical del patriarcado para obtener una explicaci\u00f3n satisfactoria de la opresi\u00f3n de las mujeres; la teor\u00eda resultante se denomina teor\u00eda de sistemas duales (v\u00e9anse, por ejemplo, Eisenstein 1979, Hartmann 1980). Como dice Iris Young, \u201cla teor\u00eda de los sistemas duales afirma que la opresi\u00f3n de la mujer surge de dos sistemas distintos y relativamente aut\u00f3nomos. El sistema de dominaci\u00f3n masculina, m\u00e1s a menudo denominado \u2018patriarcado\u2019, produce la opresi\u00f3n de g\u00e9nero espec\u00edfica de las mujeres; el sistema del modo de producci\u00f3n y las relaciones de clase produce la opresi\u00f3n de clase y la alienaci\u00f3n laboral de la mayor\u00eda de las mujeres\u201d (Young 1990b, 21). Aunque Young est\u00e1 de acuerdo con el objetivo de teorizar la dominaci\u00f3n de clase y de g\u00e9nero en una \u00fanica teor\u00eda, critica la teor\u00eda de los sistemas duales porque \u201cpermite que el marxismo conserve, b\u00e1sicamente sin cambios, su teor\u00eda de las relaciones econ\u00f3micas y sociales, a la que simplemente incorpora una teor\u00eda de las relaciones de g\u00e9nero\u201d (Young 1990b, 24). Young reclama en cambio una teor\u00eda m\u00e1s unificada, un materialismo hist\u00f3rico verdaderamente feminista que ofrezca una cr\u00edtica de la sociedad y de las relaciones sociales de poder en su conjunto.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En un ensayo posterior, Young ofrece un an\u00e1lisis m\u00e1s sistem\u00e1tico de la opresi\u00f3n, un an\u00e1lisis que se basa en su anterior propuesta de un feminismo socialista integral. Young identifica cinco caras de la opresi\u00f3n: la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica, la marginaci\u00f3n socioecon\u00f3mica, la carencia de poder o autonom\u00eda sobre el propio trabajo, el imperialismo cultural y la violencia sistem\u00e1tica (Young 1992, 183-193). Las tres primeras caras de la opresi\u00f3n de esta lista ampl\u00edan el planteamiento marxista de la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica, y las dos \u00faltimas van m\u00e1s all\u00e1 de ese planteamiento, poniendo de manifiesto otros aspectos de la opresi\u00f3n que no se explican bien en t\u00e9rminos econ\u00f3micos. Seg\u00fan Young, estar sometido a cualquiera de estas formas de poder es suficiente para llamar a un grupo oprimido, pero la mayor\u00eda de los grupos oprimidos en Estados Unidos experimentan m\u00e1s de una de estas formas de poder, y algunos experimentan las cinco (Young 1992, 194). Tambi\u00e9n afirma que esta lista es exhaustiva, tanto en el sentido de que \u201cabarca todos los grupos que los movimientos sociales de la nueva izquierda dicen que est\u00e1n oprimidos\u201d como de que \u201cabarca todas las formas en que est\u00e1n oprimidos\u201d (Young 1992, 181; para un debate cr\u00edtico, v\u00e9ase Allen 2008b).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Nancy Hartsock ofrece una visi\u00f3n diferente del materialismo hist\u00f3rico feminista en su libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Money, Sex, and Power: Toward a Feminist Historical Materialism<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1983). En este libro, Hartsock se preocupa por \u201c(1) c\u00f3mo se construyen y mantienen las relaciones de dominaci\u00f3n en funci\u00f3n del g\u00e9nero y (2) si la comprensi\u00f3n social de la propia dominaci\u00f3n ha sido distorsionada por la dominaci\u00f3n de los hombres sobre las mujeres\u201d (Hartsock 1983, 1). Siguiendo la concepci\u00f3n de Marx sobre la ideolog\u00eda, Hartsock sostiene que las ideas y teor\u00edas imperantes en una \u00e9poca est\u00e1n arraigadas en las relaciones materiales y econ\u00f3micas de esa sociedad. En su opini\u00f3n, esto se aplica tambi\u00e9n a las teor\u00edas del poder. As\u00ed, critica las teor\u00edas del poder en la ciencia pol\u00edtica dominante por presuponer un modelo de mercado de las relaciones econ\u00f3micas, un modelo que entiende la econom\u00eda principalmente en t\u00e9rminos de intercambio, que es como se percibe desde la perspectiva de la clase dominante, y no en t\u00e9rminos de producci\u00f3n, que es como se percibe desde la perspectiva del trabajador. Argumenta tambi\u00e9n que el poder y la dominaci\u00f3n se han asociado consistentemente con la masculinidad. Dado que el poder se ha entendido desde la posici\u00f3n de los socialmente dominantes \u2014la clase dominante y los hombres\u2014, la tarea feminista, seg\u00fan Hartsock, es reconceptualizar el poder desde un punto de vista espec\u00edficamente feminista, uno que est\u00e9 arraigado en la experiencia vital de las mujeres, concretamente, en su papel en la reproducci\u00f3n. Conceptualizar el poder desde este punto de vista puede, seg\u00fan Hartsock, \u201capuntar m\u00e1s all\u00e1 de la comprensi\u00f3n del poder como poder sobre otros\u201d (Hartsock 1983, 12). (Volveremos sobre este punto en la secci\u00f3n 4).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"3.4h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">3.4. Enfoques interseccionales\u00a0<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed como las feministas socialistas trataron de ampliar el marco te\u00f3rico para analizar el poder de manera que pudiera abarcar tanto la explotaci\u00f3n de clase como la subordinaci\u00f3n de las mujeres, las te\u00f3ricas de la interseccionalidad han tratado de ampliar el marco a\u00fan m\u00e1s. El objetivo de las teor\u00edas de la interseccionalidad es desarrollar un marco \u00fanico para analizar el poder, un marco que abarque el sexismo, el racismo, la opresi\u00f3n de clase, el heterosexismo y otros ejes de opresi\u00f3n en sus complejas interconexiones. El proyecto del feminismo interseccional surgi\u00f3 del feminismo negro que, tal como han se\u00f1alado recientemente las acad\u00e9micas, tiene una larga tradici\u00f3n de an\u00e1lisis de las interconexiones entre el racismo y el sexismo, la cual se remonta a los escritos y el activismo de las feministas negras del siglo XIX, como Maria W. Stewart, Ida. B. Wells, Anna Julia Cooper y Sojourner Truth (v\u00e9ase Gines 2014). Dado que estas pensadoras y activistas no utilizaron el t\u00e9rmino interseccionalidad, Gines caracteriza su trabajo como proto-interseccional, y lo define de la siguiente manera: \u201cidentificar y combatir el racismo y el sexismo \u2014a trav\u00e9s de la organizaci\u00f3n y las campa\u00f1as activistas\u2014, no solo como categor\u00edas separadas que afectan a la identidad y la opresi\u00f3n, sino tambi\u00e9n como sistemas de opresi\u00f3n que funcionan juntos y se refuerzan mutuamente, presentando problemas \u00fanicos para las mujeres negras que experimentan ambos, simult\u00e1neamente y de forma diferente a las mujeres blancas y\/o los hombres negros\u201d (Gines 2014, 14). Otros antecedentes importantes de la teor\u00eda contempor\u00e1nea de la interseccionalidad incluyen la noci\u00f3n del Colectivo del R\u00edo Combahee de \u201csistemas de opresi\u00f3n entrelazados\u201d (CRC 1977), el an\u00e1lisis de Deborah King de los peligros m\u00faltiples y la conciencia m\u00faltiple (King 1988), y el trabajo de los a\u00f1os 1980 de feministas negras como Audre Lorde, Angela Davis (1984) y bell hooks (1981).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En otras palabras, el concepto de interseccionalidad tiene una larga historia y una compleja genealog\u00eda (para un relato de esa genealog\u00eda, v\u00e9ase Collins 2011). Sin embargo, el debate y el uso contempor\u00e1neos del t\u00e9rmino interseccionalidad fueron impulsados por el trabajo de la te\u00f3rica jur\u00eddica Kimberle Crenshaw (Crenshaw 1991a y 1991b), espec\u00edficamente por su cr\u00edtica a los marcos de eje \u00fanico para entender la dominaci\u00f3n en el contexto de la discriminaci\u00f3n legal. Un marco de eje \u00fanico trata la raza y el g\u00e9nero como categor\u00edas de experiencia mutuamente excluyentes. Al hacerlo, dicho marco privilegia impl\u00edcitamente la perspectiva de los miembros m\u00e1s privilegiados de los grupos oprimidos \u2014los negros privilegiados por el sexo o la clase en los casos de discriminaci\u00f3n racial; las mujeres privilegiadas por la raza o la clase en los casos de discriminaci\u00f3n sexual\u2014. Por lo tanto, un marco de eje \u00fanico distorsiona las experiencias de las mujeres negras, que est\u00e1n sujetas simult\u00e1neamente a m\u00faltiples e interseccionadas formas de subordinaci\u00f3n. Como explica Crenshaw, \u201cla intersecci\u00f3n del racismo y el sexismo influye en la vida de las mujeres negras de maneras que no pueden ser captadas en su totalidad si se examinan por separado las dimensiones de raza o g\u00e9nero de esas experiencias\u201d (Crenshaw 1991b, 1244).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En los veinte a\u00f1os transcurridos desde la publicaci\u00f3n de los ensayos de Crenshaw sobre la interseccionalidad, este marco se ha convertido en algo extraordinariamente influyente en los estudios sobre la mujer, el g\u00e9nero y la sexualidad. De hecho, se ha calificado como \u201cla contribuci\u00f3n m\u00e1s importante que los estudios sobre la mujer, en conjunci\u00f3n con otros campos, han hecho hasta ahora\u201d (McCall 2005, 1771). Sin embargo, las fil\u00f3sofas feministas han se\u00f1alado que esta influencia a\u00fan no se ha hecho sentir dentro de la corriente principal de la disciplina filos\u00f3fica, donde \u201cla interseccionalidad es ampliamente ignorada como tema o marco filos\u00f3fico\u201d (Goswami, O&#8217;Donovan y Yount 2014, 6). Adem\u00e1s, la interseccionalidad no est\u00e1 exenta de cr\u00edticas feministas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Algunas defensoras de la interseccionalidad han sugerido que el concepto es limitado porque se centra principalmente en el nivel te\u00f3rico de la acci\u00f3n. Un an\u00e1lisis completo del entrelazamiento de la subordinaci\u00f3n racial, de g\u00e9nero y de clase requiere tambi\u00e9n, seg\u00fan esta opini\u00f3n, un concepto sist\u00e9mico o de nivel macro que se corresponda con el concepto de interseccionalidad. Inspir\u00e1ndose en el Colectivo del R\u00edo Combahee (CRC 1977), Patricia Hill Collins propone el t\u00e9rmino \u201csistemas de opresi\u00f3n entrelazados\u201d para cumplir esta funci\u00f3n. Como ella explica, \u201cla noci\u00f3n de opresiones entrelazadas se refiere a las conexiones a nivel macro que vinculan los sistemas de opresi\u00f3n como la raza, la clase y el g\u00e9nero. En segundo lugar, la noci\u00f3n de interseccionalidad describe los procesos a nivel micro, es decir, el modo en el que cada persona y grupo ocupa una posici\u00f3n social dentro de las estructuras de opresi\u00f3n entrelazadas descritas por la met\u00e1fora de la interseccionalidad. En conjunto dan forma a la opresi\u00f3n\u201d (Collins <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">et al<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. 2002, 82).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A otras proponentes de la interseccionalidad les preocupa que los debates sobre la misma tiendan a centrarse demasiado en las relaciones y los lugares de opresi\u00f3n y subordinaci\u00f3n, sin tener en cuenta tambi\u00e9n las relaciones de privilegio y dominio. Como ha argumentado Jennifer Nash, esto ha conducido a \u201cla cuesti\u00f3n de si <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">todas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> las identidades son interseccionales o si solo los sujetos con m\u00faltiples marginaciones tienen una identidad interseccional\u201d (Nash 2008, 9). Si bien algunas acad\u00e9micas feministas afirman que la interseccionalidad abarca todas las posiciones de sujeto, no solo las de los marginados u oprimidos, Nash se\u00f1ala que \u201cla inmensa mayor\u00eda de los estudios interseccionales se han centrado en las posiciones particulares de los sujetos marginados de manera m\u00faltiple\u201d (Nash 2008, 9-10). Nash argumenta que el \u00e9nfasis excesivo en la opresi\u00f3n presente en las teor\u00edas de la interseccionalidad lleva a que las te\u00f3ricas \u201cignoren las conexiones estrechas entre el privilegio y la opresi\u00f3n\u201d, por ejemplo, \u201ccuando ignoran las formas en las que los sujetos pueden ser v\u00edctimas del patriarcado y privilegiados por la raza\u201d (Nash 2008, 12). En respuesta a esta preocupaci\u00f3n, fil\u00f3sofas como Ann Garry han ofrecido una concepci\u00f3n m\u00e1s amplia e inclusiva de la interseccionalidad, la cual hace hincapi\u00e9 tanto en la opresi\u00f3n como en el privilegio (v\u00e9ase Garry 2011).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En lugar de complementar la noci\u00f3n de interseccionalidad con un concepto de nivel macro de sistemas de opresi\u00f3n entrelazados o ampliarla para incluir las relaciones de opresi\u00f3n y privilegio, Naomi Zack sostiene que las feministas deber\u00edan ir m\u00e1s all\u00e1. Ella sostiene que la interseccionalidad socava su propio objetivo de hacer que el feminismo sea m\u00e1s inclusivo. Lo hace, en opini\u00f3n de Zack, al dividir a las mujeres en grupos cada vez m\u00e1s peque\u00f1os, formados por intersecciones espec\u00edficas de raza, clase, g\u00e9nero, sexualidad, etc. Como dice Zack, \u201ccomo teor\u00eda de la identidad de las mujeres, la interseccionalidad no es inclusiva en la medida en la que las integrantes de intersecciones espec\u00edficas de raza y clase crean <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">tan solo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> sus propios feminismos\u201d (Zack 2005, 2). Dado que se tiende a \u201cla reificaci\u00f3n de las intersecciones como identidades inconmensurables\u201d, Zack sostiene que \u201cla interseccionalidad no ha dado frutos pol\u00edticos impresionantes\u201d (Zack 2005, 18).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde una perspectiva muy diferente, las feministas queer Lynne Huffer y Jasbir Puar han criticado tambi\u00e9n la interseccionalidad como una teor\u00eda de la identidad. Sin embargo, a diferencia de Zack, su preocupaci\u00f3n no es la proliferaci\u00f3n de identidades inconmensurables, sino las maneras en las que permanece la noci\u00f3n de interseccionalidad, como dice Puar, \u201cprincipalmente atrapada dentro de la l\u00f3gica de la identidad\u201d (Puar 2012, 60). Como lo expresa Huffer: \u201cla institucionalizaci\u00f3n de la interseccionalidad como <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">la \u00fanica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> aproximaci\u00f3n al g\u00e9nero y a la sexualidad que considera seriamente la diferencia, enmascara la dedicaci\u00f3n de la interseccionalidad a una forma de creaci\u00f3n de contenidos de poder-conocimiento que corre el riesgo de perpetuar precisamente los problemas que la interseccionalidad esperaba aliviar\u201d (Huffer 2013, 18).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Finalmente, Anna Carastathis ha sostenido que el problema de la teor\u00eda de la interseccionalidad radica en su propio \u00e9xito (Carastathis 2013 y 2014). En su opini\u00f3n, la teor\u00eda feminista dominada por personas blancas se ha apropiado con demasiada facilidad de la interseccionalidad, la ha desvinculado de sus ra\u00edces en el feminismo negro y de las mujeres de color, y la ha incorporado a una narrativa progresista autocomplaciente seg\u00fan la cual \u201cla interseccionalidad es celebrada como un triunfo metodol\u00f3gico sobre las \u2018anteriores\u2019 aproximaciones esencialistas y excluyentes dirigidas a la teorizaci\u00f3n de la identidad y las relaciones de poder\u201d (Carastathis 2014, 59; para cr\u00edticas relacionadas, v\u00e9anse Nash 2008 y Puar 2012). Carastathis cita el lamento de Kimberle Crenshaw sobre que el alcance de la interseccionalidad es amplio pero no muy profundo, y sugiere que esto puede ser el resultado de un racismo aversivo \u2014es decir, un deseo de afirmar o establecer la inocencia racial, pero sin llegar realmente a resolver su propio racismo interiorizado\u2014 por parte de las feministas blancas (Carastathis, 2014, 68-69).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En respuesta a este tipo de cr\u00edticas a la interseccionalidad, algunas investigadoras han intentado reformular el concepto, ya sea como un concepto de parecido de familia (Garry 2011) o destacando su provisionalidad (Carastathis, 2014). Otras han argumentado por una ampliaci\u00f3n del marco de la interseccionalidad para dar cuenta de mejor manera de las experiencias de los sujetos de la di\u00e1spora (Sheth 2014) o un replanteamiento de este marco en relaci\u00f3n con una noci\u00f3n deleuziana de ensamblaje (Puar 2007 y 2012).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"3.5h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">3.5. Enfoques feministas postestructuralistas\u00a0<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La mayor\u00eda de los trabajos sobre el poder realizados por las feministas postestructuralistas se han inspirado en Foucault. En sus obras del periodo medio (Foucault 1977, 1978 y 1980), Foucault analiza el poder moderno como un conjunto m\u00f3vil y en constante cambio de relaciones de fuerza que surgen de toda interacci\u00f3n social y que, por lo tanto, impregnan el cuerpo social. Como dice, \u201cel poder est\u00e1 en todas partes, no porque lo abarque todo, sino porque viene de todas partes\u201d (1978, 93). Foucault se esfuerza por ofrecer una \u201cmicrof\u00edsica\u201d del poder moderno (1977, 26), un an\u00e1lisis que no se centra en la concentraci\u00f3n del poder en manos del soberano o del Estado, sino en c\u00f3mo el poder fluye por los capilares del cuerpo social. Foucault critica los an\u00e1lisis previos sobre el poder (principalmente marxistas y freudianos) por suponer que el poder es fundamentalmente represivo, una creencia que denomina \u201chip\u00f3tesis represiva\u201d (1978, 17-49). Aunque Foucault no niega que el poder funcione a veces de forma represiva (v\u00e9ase 1978, 12), sostiene que es principalmente productivo; como dice, \u201cel poder produce; produce realidad; produce dominios de objetos y rituales de verdad\u201d (1977, 194). Tambi\u00e9n, seg\u00fan Foucault, produce sujetos. Como dice, \u201cel individuo no est\u00e1 frente al poder; es, creo, uno de sus principales efectos\u201d (1980, 98). Seg\u00fan Foucault, el poder moderno sujeta a los individuos, en ambos sentidos del t\u00e9rmino; los crea simult\u00e1neamente como sujetos al sujetarlos al poder. Como veremos a continuaci\u00f3n, la explicaci\u00f3n de Foucault sobre la sujeci\u00f3n y su explicaci\u00f3n del poder en general han sido extremadamente fruct\u00edferas, pero tambi\u00e9n bastante controvertidas, para las feministas interesadas en analizar la dominaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No deber\u00eda sorprender que tantas feministas se hayan basado en el an\u00e1lisis del poder de Foucault. Podr\u00eda decirse que el an\u00e1lisis del poder que realiz\u00f3 Foucault ha dado lugar al debate m\u00e1s influyente sobre el tema en los \u00faltimos treinta a\u00f1os; incluso aquellas te\u00f3ricas del poder que son muy cr\u00edticas de la obra de Foucault reconocen esta influencia (Lukes 2005 y, de una manera un tanto solapada, Morriss 2002). Adem\u00e1s, el \u00e9nfasis de Foucault en la naturaleza local y capilar del poder moderno resuena claramente con los esfuerzos feministas por redefinir el alcance y los l\u00edmites de lo pol\u00edtico, esfuerzos que se resumen en el lema \u201clo personal es pol\u00edtico\u201d. En este punto, el trabajo feminista que se ha inspirado en el an\u00e1lisis del poder de Foucault es tan extenso y variado que desaf\u00eda cualquier resumen (v\u00e9anse, por ejemplo, Allen 1999 y 2008a, Bartky 1990, Bordo 2003, Butler 1990, 1993, 1997, Diamond y Quinby (eds) 1988, Fraser 1989, Hekman (ed) 1996, Heyes 2007, McLaren 2002, McNay 1992, McWhorter 1999, Sawicki 1990 y Young 1990). Me concentrar\u00e9 en destacar algunas cuestiones centrales de este abundante y diverso corpus acad\u00e9mico.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Varios de los m\u00e1s destacados an\u00e1lisis foucaultianos sobre el poder se basan en su explicaci\u00f3n del poder disciplinario para analizar cr\u00edticamente la feminidad normativa. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Vigilar y castigar<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Foucault analiza las pr\u00e1cticas disciplinarias que se desarrollaron en las prisiones, escuelas y f\u00e1bricas en el siglo XVIII \u2014incluyendo regulaciones minuciosas de los movimientos corporales, horarios obsesivamente detallados y t\u00e9cnicas de vigilancia\u2014 y c\u00f3mo estas pr\u00e1cticas moldean los cuerpos de los presos, estudiantes y trabajadores para convertirlos en cuerpos d\u00f3ciles (1977, 135-169). En su influyente ensayo, Sandra Bartky critica a Foucault por no haberse dado cuenta de que las pr\u00e1cticas disciplinarias est\u00e1n condicionadas por el g\u00e9nero y que, a trav\u00e9s de esa disciplina generizada, los cuerpos de las mujeres se vuelven m\u00e1s d\u00f3ciles que los de los hombres (1990, 65). Bas\u00e1ndose en el planteamiento de Foucault sobre el poder disciplinario y ampli\u00e1ndolo, Bartky analiza las pr\u00e1cticas disciplinarias que engendran los cuerpos d\u00f3ciles espec\u00edficamente femeninos, incluidas las pr\u00e1cticas diet\u00e9ticas, las limitaciones en los gestos y la movilidad, y la ornamentaci\u00f3n corporal. Tambi\u00e9n ampl\u00eda el an\u00e1lisis de Foucault sobre el Pan\u00f3ptico, el dise\u00f1o de Jeremy Bentham para la prisi\u00f3n ideal, un edificio cuya disposici\u00f3n espacial fue dise\u00f1ada para obligar al recluso a vigilarse a s\u00ed mismo, convirti\u00e9ndose as\u00ed, como dijo Foucault, en \u201cel principio de su propia sujeci\u00f3n\u201d (1977, 203). Con respecto a las pr\u00e1cticas disciplinarias generizadas, como hacer dieta, restringir el movimiento para no ocupar demasiado espacio y mantener el cuerpo vestido, adornado, maquillado y sin vello, Bartky observa que \u201cson las propias mujeres las que practican esta disciplina sobre y contra sus propios cuerpos&#8230; La mujer que comprueba su maquillaje media docena de veces al d\u00eda para ver si se le ha corrido la base o el r\u00edmel, que se preocupa de que el viento o la lluvia puedan estropear su peinado, que comprueba con frecuencia si sus medias se han embolsado en el tobillo, o que, al sentirse gorda, controla todo lo que come, se ha convertido, con la misma seguridad que el recluso del Pan\u00f3ptico, en un sujeto que se autovigila, un yo comprometido con la autovigilancia implacable. Esta autovigilancia es una forma de obediencia al patriarcado\u201d (1990, 80).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Como se\u00f1ala Susan Bordo, este modelo de autovigilancia no ilustra de forma adecuada todas las formas de subordinaci\u00f3n femenina: con demasiada frecuencia las mujeres se ven obligadas a someterse por medio de la fuerza f\u00edsica, la coacci\u00f3n econ\u00f3mica o la manipulaci\u00f3n emocional. Sin embargo, Bordo est\u00e1 de acuerdo con Bartky en que \u201ccuando se trata de la pol\u00edtica de la apariencia, estas ideas son adecuadas y esclarecedoras\u201d (1993, 27). Bordo explica que, en su propio trabajo, el an\u00e1lisis de Foucault sobre el poder disciplinario ha sido \u201cextremadamente \u00fatil tanto para mi an\u00e1lisis de las disciplinas contempor\u00e1neas de la dieta y el ejercicio, como para mi comprensi\u00f3n de los trastornos alimentarios como algo que surge de las pr\u00e1cticas femeninas normativas de nuestra cultura y las reproduce, pr\u00e1cticas que entrenan al cuerpo femenino en la docilidad y la obediencia a las demandas culturales y que, al mismo tiempo, se experimentan en t\u00e9rminos de poder y control\u201d (ibid). Bordo tambi\u00e9n destaca y hace uso de la comprensi\u00f3n de Foucault de las relaciones de poder como inherentemente inestables, estando siempre acompa\u00f1adas por, incluso generando, resistencia (v\u00e9ase Foucault 1983). \u201cAs\u00ed, por ejemplo, la mujer que se somete a un riguroso programa de entrenamiento con pesas para conseguir el aspecto m\u00e1s elegante del momento, puede descubrir que sus nuevos m\u00fasculos le dan confianza en s\u00ed misma, lo que le permite imponerse con m\u00e1s fuerza en el trabajo\u201d (1993, 28).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mientras que Bartky y Bordo se centran en el planteamiento de Foucault sobre el poder disciplinario, Judith Butler se basa principalmente en su an\u00e1lisis de la sujeci\u00f3n. Por ejemplo, en su primer e influyente libro, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Gender Trouble<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1990), Butler observa que \u201cFoucault se\u00f1ala que los sistemas jur\u00eddicos de poder producen los sujetos que posteriormente llegan a representar. Las nociones jur\u00eddicas de poder parecen regular la vida pol\u00edtica en t\u00e9rminos puramente negativos&#8230;&#8230; Pero los sujetos regulados por dichas estructuras, por el hecho de estar sometidos a ellas, se forman, se definen y se reproducen de acuerdo con los requisitos de esas estructuras\u201d (1990, 2). La consecuencia de esto para las feministas es, seg\u00fan Butler, que \u201cla cr\u00edtica feminista tambi\u00e9n debe comprender c\u00f3mo la categor\u00eda \u2018mujer\u2019, el sujeto del feminismo, es producida y restringida por las mismas estructuras de poder a trav\u00e9s de las cuales se busca la emancipaci\u00f3n\u201d (1990, 2). Esta visi\u00f3n foucaultiana de la naturaleza de la sujeci\u00f3n \u2014de las formas en las que convertirse en sujeto significa al mismo tiempo estar sometido a las relaciones de poder\u2014 constituye, por lo tanto, la base de la mordaz cr\u00edtica de Butler a la categor\u00eda mujer, y de su llamado a una performance subversiva de las normas de g\u00e9nero que rigen la producci\u00f3n de la identidad de g\u00e9nero. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Bodies that Matter<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1993), Butler ampl\u00eda este an\u00e1lisis para considerar el impacto de la sujeci\u00f3n en la materialidad corporal del sujeto. Como ella dice, \u201cel poder opera para Foucault en la constituci\u00f3n de la propia materialidad del sujeto, en el principio que forma y regula simult\u00e1neamente el \u2018sujeto\u2019 de la subjetivaci\u00f3n\u201d (1993, 34). As\u00ed, para Butler, el poder entendido como sujeci\u00f3n est\u00e1 implicado en el proceso de determinar qu\u00e9 cuerpos llegan a importar, qu\u00e9 vidas son vivibles y qu\u00e9 muertes son lamentables. En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">The Psychic Life of Power<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (1997), Butler ampl\u00eda la noci\u00f3n foucaultiana de sujeci\u00f3n, poni\u00e9ndola en di\u00e1logo con un planteamiento freudiano de la psique. En la introducci\u00f3n de ese texto, Butler se\u00f1ala que la sujeci\u00f3n es una forma parad\u00f3jica de poder. Tiene un elemento de dominaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n, sin duda, pero, escribe, \u201csi, siguiendo a Foucault, entendemos que el poder tambi\u00e9n forma al sujeto, al proporcionar la condici\u00f3n misma de su existencia y la trayectoria de su deseo, entonces el poder no es simplemente aquello a lo que nos oponemos sino tambi\u00e9n, en un sentido fuerte, aquello de lo que dependemos para nuestra existencia y lo que albergamos y preservamos en los seres que somos\u201d (1997, 2). Aunque Butler atribuye a Foucault el reconocimiento del car\u00e1cter fundamentalmente ambivalente de la sujeci\u00f3n, tambi\u00e9n argumenta que \u00e9l no ofrece una explicaci\u00f3n de los mecanismos espec\u00edficos por los que se forma el sujeto <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">(subject)<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> sometido <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">(subjected)<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Para ello, Butler sostiene que necesitamos un an\u00e1lisis de la forma ps\u00edquica que adopta el poder, ya que solo un an\u00e1lisis de este tipo puede iluminar el apasionado apego al poder que es caracter\u00edstico del sometimiento <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">(subjection)<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Aunque muchas feministas han encontrado que el an\u00e1lisis del poder que hace Foucault es extremadamente fruct\u00edfero y productivo, Foucault tambi\u00e9n ha tenido su cuota de cr\u00edticas feministas. En una evaluaci\u00f3n temprana muy influyente, Nancy Fraser sostiene que, aunque la obra de Foucault ofrece algunas ideas emp\u00edricas interesantes sobre el funcionamiento del poder moderno, es \u201cnormativamente confusa\u201d (Fraser 1989, 31). En sus escritos sobre el poder, Foucault parece evitar las categor\u00edas normativas, prefiriendo en su lugar describir el modo en el que el poder funciona en las pr\u00e1cticas locales, para luego argumentar sobre la metodolog\u00eda adecuada para estudiar el poder. Incluso parece sugerir que nociones normativas como la autonom\u00eda, la legitimidad, la soberan\u00eda, etc., son en s\u00ed mismas efectos del poder moderno (este punto ha sido discutido recientemente en la literatura sobre Foucault; v\u00e9anse Allen 2008a y Oksala 2005). Fraser afirma que este intento de permanecer normativamente neutral, o incluso cr\u00edtico con la normatividad, es incompatible con el car\u00e1cter pol\u00edticamente comprometido de los escritos de Foucault. As\u00ed, por ejemplo, aunque Foucault afirma que el poder siempre va acompa\u00f1ado de resistencia, Fraser sostiene que no puede explicar por qu\u00e9 hay que resistirse a la dominaci\u00f3n. Tal como ella dice, \u201csolo con la introducci\u00f3n de nociones normativas de alg\u00fan tipo podr\u00eda Foucault empezar a responder a esas preguntas. Solo con la introducci\u00f3n de nociones normativas podr\u00eda empezar a decirnos qu\u00e9 es lo que est\u00e1 mal en el r\u00e9gimen moderno de poder\/saber y por qu\u00e9 deber\u00edamos oponernos a \u00e9l\u201d (1989, 29). Otras feministas han criticado la afirmaci\u00f3n foucaultiana de que el sujeto es un efecto del poder. Seg\u00fan feministas como Linda Mart\u00edn Alcoff y Seyla Benhabib, tal afirmaci\u00f3n implica una negaci\u00f3n de la agencia que es incompatible con las exigencias del feminismo como movimiento social emancipador (Alcoff 1990, Benhabib 1992 y Benhabib et al. 1995; para una respuesta a esta l\u00ednea de cr\u00edtica, v\u00e9ase Allen 2008a caps. 2 y 3). Por \u00faltimo, Nancy Hartsock (1990 y 1996) pone en duda la utilidad de la obra de Foucault como herramienta anal\u00edtica. Hartsock presenta dos argumentos relacionados contra Foucault. En primer lugar, sostiene que su an\u00e1lisis del poder no es una teor\u00eda para las mujeres porque no examina el poder desde el punto de vista epistemol\u00f3gico de los subordinados; en su opini\u00f3n, Foucault analiza el poder desde la perspectiva del colonizador, en lugar de la del colonizado (1990). En segundo lugar, el an\u00e1lisis del poder de Foucault no teoriza adecuadamente las relaciones estructurales de desigualdad y dominaci\u00f3n que sustentan la subordinaci\u00f3n de las mujeres; esto est\u00e1 relacionado con el primer argumento porque \u201cla dominaci\u00f3n, vista desde arriba, es m\u00e1s probable que parezca igualdad\u201d (1996, 39; para una respuesta a esta cr\u00edtica, v\u00e9ase Allen 1996 y 1999).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A pesar de estas y otras cr\u00edticas feministas mordaces a Foucault (v\u00e9anse, por ejemplo, Hekman, ed. 1996 y Ramazanoglu, ed. 1993), su an\u00e1lisis del poder sigue siendo un recurso extremadamente \u00fatil para las concepciones feministas de la dominaci\u00f3n. Sobre importantes trabajos feministas recientes que se basan en el m\u00e9todo geneal\u00f3gico de Foucault para ofrecer un an\u00e1lisis interseccional del racismo y la opresi\u00f3n sexual o de g\u00e9nero, v\u00e9anse Feder (2007) y McWhorter (2009).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><a name=\"3.6h\"><\/a><span style=\"font-weight: 400;\">3.6. Enfoques feministas anal\u00edticos<\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Importantes contribuciones a la literatura feminista sobre el poder han llegado desde una perspectiva metodol\u00f3gica muy diferente a la perspectiva postestructuralista\/foucaultiana discutida en la secci\u00f3n anterior. Por ejemplo, en su libro de 2006, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Analyzing Oppression<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, Ann Cudd se basa en el marco de la teor\u00eda de la elecci\u00f3n racional para analizar la opresi\u00f3n (para trabajos relacionados con la teor\u00eda de la elecci\u00f3n racional y el poder, v\u00e9anse Dowding 2001 y 2009; para una discusi\u00f3n cr\u00edtica, v\u00e9ase Allen 2008c).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cudd define la opresi\u00f3n en t\u00e9rminos de cuatro condiciones: 1) la condici\u00f3n de grupo, que establece que los individuos son sometidos a un trato injusto debido a su pertenencia (o adscripci\u00f3n) a determinados grupos sociales (Cudd 2006, 21); 2) la condici\u00f3n de da\u00f1o, que estipula que los individuos son sistem\u00e1tica e injustamente perjudicados como resultado de dicha pertenencia (Cudd 2006, 21); 3) la condici\u00f3n de coerci\u00f3n, que especifica que los da\u00f1os que sufren esos individuos se producen a trav\u00e9s de una coerci\u00f3n injustificada (Cudd 2006, 22); y 4) la condici\u00f3n de privilegio, que establece que esos da\u00f1os coercitivos, basados en el grupo, solo cuentan como opresi\u00f3n cuando existen otros grupos sociales que obtienen un privilegio o beneficio rec\u00edproco de ese da\u00f1o injusto (Cudd 2006, 22-23). Cudd define entonces la opresi\u00f3n como \u201cun fen\u00f3meno social objetivo\u201d caracterizado por estas cuatro condiciones (Cudd 2006, 23).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seg\u00fan Cudd, la cuesti\u00f3n m\u00e1s dif\u00edcil e interesante a la que debe enfrentarse un an\u00e1lisis de la opresi\u00f3n es la \u201ccuesti\u00f3n de la perdurabilidad: \u00bfc\u00f3mo perdura la opresi\u00f3n a lo largo del tiempo a pesar de la basta igualdad natural de los humanos?\u201d (Cudd 2006, 25). Cualquier respuesta satisfactoria a esta pregunta debe basarse en una combinaci\u00f3n de investigaci\u00f3n emp\u00edrica y cient\u00edfica y de teorizaci\u00f3n filos\u00f3fica normativa, ya que una teor\u00eda de la opresi\u00f3n es una teor\u00eda explicativa de un concepto normativo (Cudd 2006, 26). (Que la opresi\u00f3n es un concepto normativo \u2014y no puramente descriptivo\u2014 es evidente por el hecho de que se define como un conjunto de relaciones de poder injustas o inequitativas). Cudd sostiene que los marcos te\u00f3ricos sociales como el funcionalismo, el psicoan\u00e1lisis y la psicolog\u00eda evolutiva son inadecuados para teorizar la opresi\u00f3n (Cudd 2006, 39-45). En su opini\u00f3n, la teor\u00eda estructural de la elecci\u00f3n racional es la que mejor se ajusta a los criterios razonables de adecuaci\u00f3n explicativa y, por lo tanto, proporciona el mejor marco te\u00f3rico-social para analizar la opresi\u00f3n. Al apelar a una teor\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">estructural<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la elecci\u00f3n racional, el an\u00e1lisis de la opresi\u00f3n de Cudd evita basarse en supuestos sobre la psicolog\u00eda de los agentes individuales. M\u00e1s bien, como se\u00f1ala Cudd, \u201cla teor\u00eda estructural de la elecci\u00f3n racional eval\u00faa las recompensas y penalizaciones sociales objetivas que son consecuentes con\u201d las interacciones y el estatus social de los miembros de un grupo espec\u00edfico, y \u201cutiliza estas evaluaciones para imputar preferencias y creencias a los individuos bas\u00e1ndose \u00fanicamente en su pertenencia a un grupo social\u201d (Cudd 2006, 45). Pero, como teor\u00eda estructural de la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">elecci\u00f3n racional<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el marco asume \u201cque los agentes se comportan racionalmente en el sentido de que eligen acciones que maximizan sus utilidades esperadas (inducidas)\u201d (Cudd 2006, 46). En otras palabras, la teor\u00eda de la elecci\u00f3n racional estructural modela las acciones humanas como \u201cuna elecci\u00f3n individual (b\u00e1sicamente racional desde el punto de vista instrumental) restringida dentro de los beneficios socialmente estructurados\u201d (Cudd 2006, 37). Cuando se utiliza para analizar la opresi\u00f3n, la teor\u00eda de la elecci\u00f3n racional estructural sugiere que la clave para responder a la cuesti\u00f3n de la resistencia reside en el hecho de que \u201clos oprimidos son cooptados mediante sus propias elecciones racionales a corto plazo para reforzar la opresi\u00f3n a largo plazo a su grupo social\u201d (Cudd 2006, 21-22).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El trabajo de Sally Haslanger sobre la opresi\u00f3n racial y de g\u00e9nero, al igual que el de Cudd, se basa en gran medida en las herramientas de la filosof\u00eda anal\u00edtica, aunque Haslanger tambi\u00e9n sit\u00faa su trabajo dentro de la tradici\u00f3n de la teor\u00eda cr\u00edtica (v\u00e9ase Haslanger 2012, 22-30). Ella distingue entre dos tipos de casos de opresi\u00f3n: la opresi\u00f3n del agente, en la que \u201cuna persona o personas (el opresor o los opresores) infligen equivocada o injustamente un da\u00f1o sobre otro (\u201cel oprimido\u201d) (314), y la opresi\u00f3n estructural, en la que \u201cla opresi\u00f3n no constituye un da\u00f1o individual sino un da\u00f1o social\/pol\u00edtico; es decir, es un problema que reside en nuestros acuerdos colectivos, una injusticia en nuestras pr\u00e1cticas o instituciones\u201d (314). Hecha esta distinci\u00f3n, Haslanger aboga por un an\u00e1lisis mixto de la opresi\u00f3n, uno que no intente reducir la opresi\u00f3n del agente a la opresi\u00f3n estructural o viceversa. El peligro de reducir la opresi\u00f3n estructural a la opresi\u00f3n del agente \u2014lo que Haslanger llama el enfoque individualista de la opresi\u00f3n\u2014 es que al hacerlo no se reconoce que \u201ca veces el problema son las propias estructuras, no los individuos\u201d (320). El peligro de reducir la opresi\u00f3n del agente a la opresi\u00f3n estructural \u2014lo que Haslanger denomina enfoque institucionalista\u2014 es que dicha aproximaci\u00f3n \u201cno distingue entre quienes abusan de su poder para hacer da\u00f1o y quienes son privilegiados pero no explotan su poder\u201d (320). El enfoque mixto de Haslanger, por el contrario, est\u00e1 \u201catento simult\u00e1neamente [y, podr\u00edamos a\u00f1adir, no de manera reductiva] tanto a los agentes como a las estructuras\u201d (11).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Haslanger tambi\u00e9n conecta su planteamiento de la dominaci\u00f3n y la opresi\u00f3n estructurales con su an\u00e1lisis del g\u00e9nero. Haslanger ofrece lo que llama un \u201can\u00e1lisis focal\u201d del g\u00e9nero, seg\u00fan el cual el n\u00facleo del g\u00e9nero es \u201cel patr\u00f3n de relaciones sociales que constituyen las clases sociales de los hombres como dominantes y las mujeres como subordinadas\u201d (228). Otras cosas \u2014como las normas, las identidades, los s\u00edmbolos, etc.\u2014 son entonces generizadas en relaci\u00f3n con esas relaciones sociales. Seg\u00fan su an\u00e1lisis, las categor\u00edas de g\u00e9nero se definen en funci\u00f3n de c\u00f3mo se posiciona una persona socialmente con respecto a un amplio complejo de relaciones opresivas entre grupos que se distinguen entre s\u00ed por medio de la diferencia sexual (v\u00e9ase 229-230). Como explica Haslanger, la \u201cidea de fondo\u201d que sustenta esta explicaci\u00f3n del g\u00e9nero es \u201cque las mujeres est\u00e1n <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">oprimidas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, y que est\u00e1n oprimidas <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">como mujeres<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d (231).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al afirmar que las mujeres est\u00e1n oprimidas por ser mujeres, Haslanger reitera una afirmaci\u00f3n anterior hecha por feministas radicales como Catharine MacKinnon (v\u00e9ase, por ejemplo, MacKinnon 1987, 56-57. De hecho, el an\u00e1lisis de Haslanger est\u00e1 muy en deuda con el trabajo de MacKinnon (v\u00e9ase Haslanger 2012,35-82), aunque no suscribe las fuertes afirmaciones de MacKinnon sobre el v\u00ednculo entre objetividad y masculinidad, ni adopta una comprensi\u00f3n di\u00e1dica de la opresi\u00f3n (o, para usar la terminolog\u00eda de Haslanger, centrada en el agente de forma reductiva). Pero, al igual que MacKinnon, Haslanger cree que \u201clas categor\u00edas de g\u00e9nero se definen relacionalmente \u2014una es mujer (u hombre) en virtud de su posici\u00f3n en un sistema de relaciones sociales\u2014\u201d (58). Esto significa que \u201cel propio g\u00e9nero es una propiedad extr\u00ednseca, y&#8230; no es necesario que tengamos el g\u00e9nero que tenemos ahora, o que tengamos alguno\u201d (58). Dado que las relaciones sociales en las que se definen las categor\u00edas de g\u00e9nero son relaciones de dominaci\u00f3n jer\u00e1rquica y de opresi\u00f3n estructural, \u201cel g\u00e9nero es, por definici\u00f3n, jer\u00e1rquico: quienes funcionan socialmente como hombres tienen poder sobre quienes funcionan socialmente como mujeres\u201d (61). Tal como Haslanger admite, refiri\u00e9ndose a la distinci\u00f3n de sexo\/g\u00e9nero, esto no significa que todos los hombres tienen poder sobre todas las mujeres \u2014pero s\u00ed significa que las mujeres que no est\u00e1n subordinadas a los hombres no son, estrictamente hablando, mujeres, y viceversa\u2014. Adem\u00e1s, tal como se\u00f1ala esta autora, \u201cel planteamiento sobre el g\u00e9nero que hace MacKinnon, al igual que otros que definen el g\u00e9nero en t\u00e9rminos jer\u00e1rquicos, tiene como consecuencia que el feminismo busca socavar la propia distinci\u00f3n de la que depende. Si el feminismo tiene \u00e9xito, dejar\u00e1 de haber una distinci\u00f3n de g\u00e9nero como tal porque ya no existir\u00e1 el complejo de relaciones sociales de dominaci\u00f3n y opresi\u00f3n estructural que dan sentido al g\u00e9nero (62). Si bien suscribe la conclusi\u00f3n radical de MacKinnon con respecto a las categor\u00edas de g\u00e9nero actualmente existentes de \u201chombre\u201d y \u201cmujer\u201d, el propio planteamiento de Haslanger ofrece una visi\u00f3n algo m\u00e1s matizada que permite la posibilidad futura de un tipo de diferencia de g\u00e9nero que no se basar\u00eda en el dominio del g\u00e9nero: \u201cel g\u00e9nero se puede entender de manera fruct\u00edfera como un genus de orden superior que incluye no solo las posiciones sociales jer\u00e1rquicas de hombre y mujer, sino potencialmente otras posiciones sociales no jer\u00e1rquicas definidas en parte con referencia a la funci\u00f3n reproductiva. Creo que el g\u00e9nero, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">tal como lo conocemos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, adopta formas jer\u00e1rquicas como hombre y mujer; pero el hecho te\u00f3rico que supone tratar a los hombres y a las mujeres como solo dos tipos de g\u00e9nero ofrece recursos para pensar en otros g\u00e9neros (reales), y la posibilidad pol\u00edtica de construir g\u00e9neros no jer\u00e1rquicos\u201d (235)<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"4h\"><\/a><b>4. El poder como empoderamiento\u00a0<\/b><\/h2>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hasta este punto, gran parte de esta exposici\u00f3n se ha centrado, al igual que gran parte de la literatura feminista sobre este tema, en el poder entendido en t\u00e9rminos de una relaci\u00f3n opresiva o injusta de poder-sobre. He utilizado el t\u00e9rmino \u201cdominaci\u00f3n\u201d para hacer referencia a este tipo de relaciones, aunque algunas de las te\u00f3ricas mencionadas anteriormente prefieren los t\u00e9rminos \u201copresi\u00f3n\u201d o \u201csujeci\u00f3n\u201d, y otras se refieren a este fen\u00f3meno simplemente como \u201cpoder\u201d. Sin embargo, una vertiente importante de la teorizaci\u00f3n feminista del poder parte de la consideraci\u00f3n de que la concepci\u00f3n del poder como poder-sobre, dominaci\u00f3n o control es impl\u00edcitamente masculinista. Para evitar estas connotaciones masculinistas, muchas feministas de diversos or\u00edgenes te\u00f3ricos han defendido una reconceptualizaci\u00f3n del poder como capacidad o habilidad, espec\u00edficamente, la capacidad de empoderarse o transformarse a una misma y a las dem\u00e1s personas. As\u00ed, estas feministas han tendido a entender el poder no como poder-sobre, sino como poder-para. (Wartenberg (1990) plantea que esta comprensi\u00f3n feminista del poder, que \u00e9l denomina poder transformador, es en realidad un tipo de poder-sobre, aunque distinto de la dominaci\u00f3n porque tiene como objetivo empoderar a aquellas personas sobre las que se ejerce. Sin embargo, la mayor\u00eda de las feministas que acogen esta concepci\u00f3n transformadora del poder o basada en el empoderamiento, lo definen expl\u00edcitamente como una habilidad o capacidad y lo presentan como una alternativa a las nociones putativamente masculinas del poder-sobre. Por lo tanto, en lo que sigue, adoptar\u00e9 su uso en lugar del de Wartenberg).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por ejemplo, Jean Baker Miller afirma que \u201cel estudio del poder por parte de las mujeres&#8230; puede aportar una nueva comprensi\u00f3n de todo el concepto de poder\u201d (Miller 1992, 241). Miller rechaza la definici\u00f3n de poder como dominaci\u00f3n; en su lugar, lo define como \u201cla capacidad de producir un cambio, es decir, de trasladar algo del punto A o estado A al punto B o estado B\u201d (Miller 1992, 241). Miller sugiere que el poder entendido como dominaci\u00f3n es particularmente masculino; desde la perspectiva de las mujeres, el poder se entiende de manera diferente: \u201chay una enorme validez en el hecho de que las mujeres no quieran utilizar el poder tal y como se concibe y utiliza actualmente. M\u00e1s bien, las mujeres pueden querer ser poderosas de manera que simult\u00e1neamente aumenten, en lugar de que disminuya, el poder de otras personas\u201d (Miller 1992, 247-248).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Del manera similar, Virginia Held argumenta en contra de la concepci\u00f3n masculinista del poder como \u201cel poder de hacer que otros se sometan a la propia voluntad, el poder que llev\u00f3 a los hombres a buscar el control jer\u00e1rquico y&#8230; las restricciones contractuales\u201d (Held 1993, 136). Ella considera que las experiencias \u00fanicas de las mujeres como madres y cuidadoras son la base de nuevas ideas sobre el poder; como ella dice, \u201cla capacidad de dar a luz y de nutrir y empoderar podr\u00eda ser la base de concepciones nuevas y m\u00e1s humanamente prometedoras que las que ahora prevalecen sobre el poder, el empoderamiento y el crecimiento\u201d (Held 1993, 137). Seg\u00fan Held, \u201cel poder de una persona que materniza para empoderar a otros, para fomentar el crecimiento transformador, es un tipo de poder diferente al de una espada m\u00e1s fuerte o una voluntad dominante\u201d (Held 1993, 209). En opini\u00f3n de Held, un an\u00e1lisis feminista de la sociedad y la pol\u00edtica lleva a entender el poder como la capacidad de transformaci\u00f3n y empoderamiento de una misma y de otras personas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta concepci\u00f3n del poder como transformador y empoderador es tambi\u00e9n un tema destacado en el feminismo l\u00e9sbico y el ecofeminismo. Por ejemplo, Sarah Lucia Hoagland critica la concepci\u00f3n masculina del poder, centrada en \u201cla autoridad estatal, la polic\u00eda y las fuerzas armadas, el control de los recursos econ\u00f3micos, el control de la tecnolog\u00eda y la jerarqu\u00eda y la cadena de mando\u201d (Hoagland 1988, 114). En cambio, Hoagland define el poder como \u201cpoder-desde-dentro\u201d, que entiende como \u201cel poder de la capacidad, de la elecci\u00f3n y del compromiso. Es creativo y, por lo tanto, es un poder que afecta y transforma, pero no es un poder que controla\u201d (Hoagland 1988, 118). Del mismo modo, Starhawk afirma que est\u00e1 \u201cdel lado del poder que emerge del interior, que es inherente a nosotras como el poder de crecer es inherente a la semilla\u201d (Starhawk 1987, 8). Tanto para Hoagland como para Starhawk, el poder desde dentro es una fuerza positiva, de afirmaci\u00f3n de la vida y de empoderamiento, que contrasta con el poder entendido como dominaci\u00f3n, control o imposici\u00f3n de la propia voluntad sobre otra persona.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Una comprensi\u00f3n similar del poder puede encontrarse tambi\u00e9n en la obra de las destacadas feministas francesas Luce Irigaray y H\u00e9l\u00e8ne Cixous. Irigaray, por ejemplo, insta a las feministas a cuestionar la definici\u00f3n del poder presente en las culturas falocr\u00e1ticas, ya que si las feministas \u201caspiran simplemente a un cambio en la distribuci\u00f3n del poder, dejando intacta la estructura de poder en s\u00ed misma, entonces se est\u00e1n sometiendo de nuevo, deliberadamente o no, a un orden falocr\u00e1tico\u201d (Irigaray 1985, 81), es decir, a un orden discursivo y cultural que privilegia lo masculino, representado por el falo. Si queremos subvertir el orden falocr\u00e1tico, seg\u00fan Irigaray, tendr\u00edamos que rechazar \u201cuna definici\u00f3n del poder de tipo masculino\u201d (Irigaray 1985, 81). Algunas feministas interpretan que el trabajo de Irigaray sobre la diferencia sexual sugiere una concepci\u00f3n alternativa del poder como transformador, una concepci\u00f3n que se basa en una econom\u00eda espec\u00edficamente femenina (v\u00e9anse Irigaray 1981 y Kuykendall 1983). De manera similar, Cixous afirma que \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">les pouvoirs de la femme<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d no consisten en dominar o ejercer el poder sobre otros, sino que son una forma de \u201cpoder sobre una misma\u201d (Cixous 1977, 483-84).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En una perspectiva similar, Nancy Hartsock se refiere a la comprensi\u00f3n del poder \u201ccomo energ\u00eda y competencia m\u00e1s que como dominio\u201d, como \u201cla teor\u00eda feminista del poder\u201d (Hartsock 1983, 224). Hartsock sostiene que los antecedentes de esta teor\u00eda pueden encontrarse en la obra de algunas mujeres que no se consideraban feministas, en particular Hannah Arendt, cuyo rechazo al modelo de poder de obediencia al mando y su definici\u00f3n del \u201cpoder\u201d como \u201cla capacidad humana no solo de actuar, sino de actuar de forma concertada\u201d se superpone significativamente con la concepci\u00f3n feminista del poder como empoderamiento (1970, 44). La definici\u00f3n de \u201cpoder\u201d de Arendt pone de manifiesto otro aspecto de la definici\u00f3n de \u201cpoder\u201d como empoderamiento debido a su \u00e9nfasis en el empoderamiento comunitario o colectivo (sobre la relaci\u00f3n entre poder y comunidad, v\u00e9ase Hartsock 1983, 1996). Este aspecto del empoderamiento es evidente en la distinci\u00f3n que hace Mary Parker Follett entre poder-sobre y poder-con; para Follett, el poder-con es una capacidad colectiva que est\u00e1 en funci\u00f3n de las relaciones de reciprocidad entre las personas pertenecientes a un grupo (Follett 1942). Hartsock considera significativo que el tema del poder como capacidad o empoderamiento haya sido tan destacado en la obra de las mujeres que han escrito sobre el poder. En su opini\u00f3n, esto apunta en la direcci\u00f3n de un punto de vista feminista que \u201cdeber\u00eda permitirnos entender por qu\u00e9 la comunidad masculina construy\u00f3&#8230; el poder, como dominaci\u00f3n, represi\u00f3n y muerte, y por qu\u00e9 los planteamientos de las mujeres sobre el poder difieren de manera espec\u00edfica y sistem\u00e1tica de los planteados por los hombres&#8230;. tal punto de vista podr\u00eda permitirnos plantear una comprensi\u00f3n del poder que apunte en direcciones m\u00e1s liberadoras\u201d (Hartsock 1983, 226).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00e1s recientemente, la noci\u00f3n de empoderamiento ha sido adoptada ampliamente por las defensoras del \u201cfeminismo del poder\u201d. El feminismo del poder, que es una reacci\u00f3n a la percepci\u00f3n de que el feminismo de la d\u00e9cada de 1980 pon\u00eda demasiado \u00e9nfasis en la victimizaci\u00f3n y la opresi\u00f3n de las mujeres, surgi\u00f3 en la d\u00e9cada de 1990 con los escritos de feministas como Camille Paglia, Katie Roiphe, Christina Hoff Sommers y Naomi Wolf. Aunque este movimiento ha tenido m\u00e1s influencia en los medios de comunicaci\u00f3n dominantes y en la cultura que en el mundo acad\u00e9mico \u2014de hecho, en muchos aspectos, puede leerse como una cr\u00edtica al feminismo acad\u00e9mico\u2014, tambi\u00e9n ha suscitado un debate acad\u00e9mico. Como sostiene Mary Caputi en su reciente libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Feminism and Power: The Need for Critical Theory<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (2013), las feministas del poder rechazan no solo el excesivo \u00e9nfasis en la victimizaci\u00f3n de las mujeres, sino tambi\u00e9n la afirmaci\u00f3n, hecha por anteriores especialistas de la teor\u00eda del empoderamiento, de que las mujeres son \u201ccriaturas sensibles m\u00e1s dadas a una red de relaciones humanas solidarias e interconectadas que al rudo individualismo propugnado por los hombres\u201d (Caputi 2013, 4). Por el contrario, las feministas del poder respaldan una concepci\u00f3n m\u00e1s individualista, autoafirmativa e incluso agresiva del empoderamiento, una que tiende a definir el empoderamiento en t\u00e9rminos de elecci\u00f3n individual, con poca preocupaci\u00f3n por los contextos en los que se realizan las elecciones o las opciones entre las que las mujeres pueden elegir. Caputi sostiene que el feminismo del poder se basa en una concepci\u00f3n problem\u00e1ticamente masculina del poder y la reproduce mim\u00e9ticamente, una \u201ccautivada por el despliegue del \u2018poder sobre\u2019 en lugar del \u2018poder con\u2019&#8230;\u201d (Kaput 2013, xv). Como ella dice: \u201cel feminismo debe cuestionar el respaldo acr\u00edtico a un empoderamiento alineado con una voluntad de poder masculinista, y repudiar a la \u2018feminista\u2019 dura, impetuosa, segura de s\u00ed misma, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pero irreflexiva<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d (Caputi 2013, 17). Debido a su tendencia a imitar una concepci\u00f3n individualista, soberana y masculinista del poder-sobre, el feminismo del poder, seg\u00fan Caputi, \u201chace poco, si algo, para repensar nuestra concepci\u00f3n del poder\u201d (Caputi 2013, 89). Para impulsar ese replanteamiento, Caputi recurre a los recursos de la teor\u00eda cr\u00edtica de la primera Escuela de Frankfurt y a la obra de Jacques Derrida.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Adaptive Preferences and Women&#8217;s Empowerment<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Serene Khader, ofrece otro reciente replanteamiento del empoderamiento en la teor\u00eda feminista. Centr\u00e1ndose en el empoderamiento en el contexto de la pr\u00e1ctica del desarrollo internacional, Khader desarrolla un planteamiento perfeccionista deliberativo de las preferencias adaptativas. En lugar de definir las preferencias adaptativas en t\u00e9rminos de d\u00e9ficits de autonom\u00eda, Khader las define como preferencias \u201cinconsistentes con el florecimiento b\u00e1sico&#8230; que se forman bajo condiciones no conducentes al florecimiento b\u00e1sico y&#8230; que creemos que la gente podr\u00eda ser persuadida a transformar tras un escrutinio normativo de sus preferencias y la exposici\u00f3n a condiciones m\u00e1s conducentes al florecimiento\u201d (Khader 2011, 42). En su planteamiento, el perfeccionismo la lleva a enfatizar la distinci\u00f3n entre las preferencias meramente adaptativas \u2014aquellas que se forman a trav\u00e9s de la adaptaci\u00f3n a las condiciones sociales existentes\u2014 y lo que ella llama \u201cpreferencias inapropiadamente adaptativas\u201d (PIA) \u2014preferencias que se adaptan a condiciones sociales malas u opresivas y que son perjudiciales para quienes las adoptan (52-53)\u2014. Insiste tambi\u00e9n en que las PIA suelen ser d\u00e9ficits de autoestima selectivos m\u00e1s que globales (109), lo que significa que afectan al sentido de la propia val\u00eda de las personas y a su derecho a ciertos bienes, no en t\u00e9rminos globales, sino en \u00e1mbitos y contextos concretos y con relaci\u00f3n a ciertos individuos o grupos espec\u00edficos. Esto le permite reconocer los efectos psicol\u00f3gicos de la opresi\u00f3n que operan a trav\u00e9s del mecanismo de las PIA sin negar la posibilidad de agencia de las personas oprimidas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Khader se basa en su planteamiento perfeccionista deliberativo de las PIA para diagnosticar y superar ciertas controversias sobre la noci\u00f3n de empoderamiento que han surgido en la pr\u00e1ctica y la teorizaci\u00f3n feminista del desarrollo. A medida que el concepto de empoderamiento de las mujeres se ha convertido en un elemento central de la pr\u00e1ctica del desarrollo internacional, las feministas han planteado su preocupaci\u00f3n por los efectos ideol\u00f3gicos de este cambio. Si bien ella reconoce que el lenguaje del empoderamiento en la pr\u00e1ctica del desarrollo puede tener efectos ideol\u00f3gicos, Khader aborda estas preocupaciones proporcionando una concepci\u00f3n m\u00e1s clara del empoderamiento que la que est\u00e1 impl\u00edcita en la literatura sobre el desarrollo y enfatizando lo que ella entiende como el n\u00facleo normativo de este concepto, su relaci\u00f3n con el florecimiento humano. Ella define el empoderamiento como el \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">proceso de superaci\u00f3n de una o varias PIA a trav\u00e9s de procesos que mejoran alg\u00fan elemento del concepto de autodeterminaci\u00f3n de una persona y aumentan su capacidad de procurar su propio florecimiento\u201d<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Khader 2011, 176). Esta definici\u00f3n de empoderamiento le permite repensar ciertos dilemas del empoderamiento que han surgido en la teor\u00eda y las pr\u00e1cticas del desarrollo. Por ejemplo, muchos profesionales del desarrollo definen el empoderamiento en t\u00e9rminos de elecci\u00f3n, y luego luchan por dar sentido a las elecciones aparentemente auto-subordinadas. Si la elecci\u00f3n se equipara al empoderamiento, \u00bfsignifica esto que la decisi\u00f3n de subordinarse o desempoderarse es un caso de empoderamiento? El minucioso an\u00e1lisis de Khader ofrece una salida elegante a este dilema al enfatizar las condiciones en las que se hacen las elecciones y en las compensaciones entre los distintos \u00e1mbitos o aspectos del bienestar que estas condiciones puedan requerir. Al hablar de un caso de mujeres j\u00f3venes en Tanzania que eligieron someterse a una clitoridectom\u00eda <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">despu\u00e9s<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de recibir educaci\u00f3n sobre la pr\u00e1ctica con el fin de empoderarlas, Khader escribe: \u201c\u00bfLas mujeres j\u00f3venes que eligen la clitoridectom\u00eda est\u00e1n desempoderadas porque tienen pocas opciones para perseguir inequ\u00edvocamente su florecimiento o est\u00e1n empoderadas porque han ejercido capacidades agenciales al hacer una elecci\u00f3n? Mi an\u00e1lisis de las PIA nos permite decir que ambas cosas\u201d (187). Para Khader, el empoderamiento es un concepto desordenado, complejo e incremental. Su an\u00e1lisis del empoderamiento nos permite ver que \u201clas elecciones de autosubordinaci\u00f3n pueden tener efectos selectivos de empoderamiento en condiciones de desempoderamiento\u201d (189). Pero el n\u00facleo normativo de su planteamiento, su perfeccionismo deliberativo, insiste en que \u201ces tr\u00e1gica una situaci\u00f3n en la que una no puede buscar su florecimiento b\u00e1sico a trav\u00e9s de m\u00faltiples \u00e1mbitos\u201d (189).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"5h\"><\/a><b>5. Reflexiones finales\u00a0<\/b><\/h2>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tal como he afirmado en la introducci\u00f3n, y como espero que muestre esta rese\u00f1a, el concepto de poder es central en una gran variedad de debates en la filosof\u00eda feminista. De hecho, la propia centralidad de este concepto para la teorizaci\u00f3n feminista conlleva dificultades a la hora de escribir una rese\u00f1a como esta: dado que el concepto de poder es operativo de un modo u otro en casi todos los trabajos de la teor\u00eda feminista, es extremadamente dif\u00edcil poner l\u00edmites a las fuentes relevantes. A lo largo de todo el art\u00edculo, he tratado de destacar aquellos textos y debates en los que el concepto de poder es un tema central, aunque sea impl\u00edcito. Tambi\u00e9n he intentado dar prioridad a aquellas autoras y textos que han sido m\u00e1s influyentes dentro de la filosof\u00eda feminista, en contraposici\u00f3n al terreno m\u00e1s amplio de la teor\u00eda feminista o los estudios de g\u00e9nero, aunque reconozco que esta distinci\u00f3n es dif\u00edcil de mantener y quiz\u00e1s no siempre sea extremadamente \u00fatil. Por muy cuestionables que sean estas opciones de presentaci\u00f3n, constituyen una ayuda muy necesaria para delimitar el abanico de fuentes relevantes y proporcionar un marco y una estructura para la discusi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","class_list":["post-2142","enciclopedia_virtual","type-enciclopedia_virtual","status-publish","hentry"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.0 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Perspectivas feministas acerca del poder - C\u00e1tedra UNESCO de Igualdad de G\u00e9nero en Instituciones de Educaci\u00f3n Superior<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/catedra.pucp.edu.pe\/unesco\/enciclopedia_virtual\/perspectivas-feministas-acerca-del-poder\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Perspectivas feministas acerca del poder - 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